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Cuba,
con un brillante
desempeño en el arte del
ballet, cuenta también
con una trayectoria
destacada en el mundo de
la danza moderna y
contemporánea, al que
nuestro país se acercó,
no sin tropiezos, de la
mano de Ramiro Guerra.
Este artista incursionó
en el arte como
bailarín, coreógrafo,
maestro, crítico,
teórico, historiador y
director fundador de la
actual Danza
Contemporánea de Cuba.
Como bailarín, se
decidió por la danza
moderna, la menos
conocida y aceptada en
el país, y batalló desde
fechas bien tempranas
por su difusión y por
acercar a ella a los
públicos más diversos.
Nacido en 1922, este
creador incansable
penetró en el mundo del
teatro cubano y percibió
la necesidad de abarcar
la multirracialidad en
nuestra danza y dar
importancia en la escena
a la riqueza y variedad
del folclore de
procedencia africana. Su
carrera en la danza
comienza en la Sociedad
de Pro Arte Musical,
junto con Alicia,
Fernando y Alberto
Alonso, los creadores de
la Escuela Cubana de
Ballet.
En la búsqueda de nuevos
senderos dentro de la
danza, continúa sus
estudios con la maestra
Nina Verchinina, figura
importante de los
ballets rusos del
coronel De Basil,
establecida en Cuba.
Hace su primera
presentación escénica el
cuatro de diciembre de
1943, en los ballets de
Alberto Alonso,
Sinfonía y
Rascacielos; al año
siguiente, toma parte en
Petrouchka y El
príncipe Igor, de
Mijaíl Fokine, en ambas
ocasiones utilizando
como seudónimo el nombre
de Pedro Suárez.
En 1946, guiado por la
maestra Nina Verchinina,
se incorpora como
bailarín a los
Ballets Rusos del
coronel De Basil.
Posteriormente, luego de
viajar por varios
países, continuó sus
estudios en los EE.UU.,
ya vinculado a la danza
moderna. Allí fue alumno
de Martha Graham, y
recibe clases e
influencias de Doris
Humphrey, Charles
Weidman, José Limón y
Francisca Boas, entre
otros grandes maestros.
Desde temprana edad
inicia su labor como
divulgador, teórico e
historiador de la danza,
algo poco frecuente
entre los bailarines.
Escribe en 1949, para la
revista teatral
Prometeo, los
artículos: “La danza
como expresión vital”,
“La danza y su
proyección histórica”,
“Tradición evolutiva de
la Danza Moderna” y
“Posible aporte de la
danza negra a la danza
universal”.
Sus inquietudes lo
vinculan a la Sociedad
Nuestro Tiempo, que
reunió en la década del
50 a los intelectuales y
artistas interesados en
mantener actualizada,
desarrollar y ampliar la
cultura cubana en sus
diferentes
manifestaciones.
La promoción de la
música, el cine, la
literatura, la danza y
el teatro cubanos fue
una de las acciones más
frecuentes de este grupo
de creadores. Entre
ellos, Ramiro divulga la
danza moderna, realiza
recitales de danza,
escribe artículos, dicta
conferencias y organiza
presentaciones danzarias.
A finales de la década
del 50 ofrece un
cursillo de danza dentro
de la Escuela de Verano
de la Universidad de La
Habana y dirige el
Teatro Experimental de
la Danza creado dentro
de la escuela del Ballet
Alicia Alonso para el
cual monta El Llanto
por Ignacio Sanchez
Mejías sobre el
texto de Federico García
Lorca.
En 1957, funda el
conjunto de danza de
cámara que denominó
Grupo Nacional de Danza
Moderna, el cual
presentó en una
temporada de tres fines
de semana en la Sala
Teatro El Sótano.
Las inquietudes
coreográficas de Ramiro
Guerra son variadas
desde sus inicios, se le
puede encontrar ocupado
en el montaje de danzas
de Latinoamérica con las
que gira por el interior
del país, lo mismo que
concibiendo coreografías
para obras teatrales,
óperas y para el Ballet
Alicia Alonso, al tiempo
que continúa impartiendo
clases de danza moderna.
Entre sus preocupaciones
constantes está el
interés por favorecer la
utilización de la música
de compositores cubanos
tanto para el ballet
como para la danza,
incluso incorpora la
percusión cubana a las
clases de técnica y
promueve la mirada
respetuosa al folclore
cubano y
latinoamericano.
Su labor como coreógrafo
abarca también la
televisión, siendo
galardonado en 1960 como
el mejor creador del año
en la TV por la prensa
nacional. Todo esto
sucedió sin detener su
quehacer divulgativo
publicando valiosos
artículos sobre la
danza, su historia y
actualidad en diversas
revistas especializadas
y periódicos.
Igualmente, imparte
conferencias sobre estos
temas a artistas e
intelectuales.
Al triunfo de la
Revolución, en 1959,
Ramiro es nombrado
director y coreógrafo
del Departamento de
Danza Moderna del Teatro
Nacional, agrupación que
reunió a un grupo de
intérpretes de muy
variada procedencia y
que constituye el
antecedente del Conjunto
de Danza Moderna.
La fundación de esta
compañía se concreta en
1960 y allí comienza, a
partir de las técnicas
de Marta Graham, José
Limón y Doris Humphrey,
a desarrollar una
técnica de la danza
moderna cubana, con
aportes en el trabajo
del torso, el uso de las
contracciones y la
utilización de la
pelvis, elementos de las
raíces africanas y la
influencia española.
El maestro, en los
momentos iniciales,
trazó objetivos
ambiciosos para la
compañía de danza
moderna, que resumió
así:
…la búsqueda de una
danza cubana basada
fundamentalmente en la
fusión de las técnicas
contemporáneas con
nuestras raíces
danzarias, provenientes
de nuestro antecedente
africano y nuestra
propia manera de
movernos, de sentir…….1
Con este propósito se
fue a la búsqueda de la
síntesis de elementos de
algunas de las técnicas
más conocidas en el
mundo, la idiosincrasia
del cubano y la
experimentación
constante, que fueron
decisivos para formar
bailarines, crear un
repertorio y fomentar un
público, con el apoyo de
importantes profesores
que se sumaron a la
labor fundacional de
Ramiro Guerra.
Dirigió el Conjunto de
Danza Moderna hasta 1971
y creó grandes obras
como: Mulato, Mambí,
El milagro de Anaquillé,
Auto sacramental,
Rítmicas, La
rebambaramba y Suite
yoruba; formó a la
primera generación de
bailarines, logró
conjugar las técnicas
aprendidas en EE.UU. con
el movimiento del cubano
e introdujo los tambores
batá en el
acompañamiento de las
clases de técnica; formó
una agrupación danzaria
que, a lo largo de 50
años, ha ido concretando
un lenguaje propio,
distintivo de la manera
cubana de bailar la
danza moderna y
contemporánea.
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Suite Yoruba |
Como maestro, buscó en
elementos de la
pedagogía que todavía
hoy resultan novedosos
para la enseñanza de la
danza en general,
relacionados con los
vínculos entre el
maestro y el alumno, la
atención individual y
colectiva en las clases,
la creación de hábitos
físicos y mentales en el
bailarín y la relación
entre teoría y práctica.
La labor de este maestro
se centró en la
preparación de un
sistema de entrenamiento
que respondiera a la
necesidad de los cubanos
y estuviera a la altura
de lo que ocurría en el
mundo de la danza.
Ramiro trabajó también
los principios que deben
regir el desarrollo
técnico de la clase y
sus bases para el
trabajo del cuerpo, las
leyes de la didáctica
aplicadas a la danza y
los requisitos para el
trabajo colectivo.
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Orfeo antillano |
La metodología que
desarrolló la ha
impartido en varios
lugares, incluido el
Instituto Superior de
Arte, centro del que es
Profesor Titular. Allí
definió la estructura de
la clase que comprende
la concentración
inicial, el estiramiento
y calentamiento, los
ejercicios en la barra,
el centro, el intermedio
con ejercicios rítmicos
y el espacio con sus
frases.
Su obra coreográfica es
muy amplia, abarca temas
y estilos múltiples;
entre sus creaciones
destacan otras muchas
concebidas para la
compañía, a lo largo de
su carrera como
director, tales como
Entreacto barroco,
Impromptu negro, Saeta,
Invención para cinco,
Orfeo antillano,
Chacona, Medea y los
negreros y
Ceremonial de la danza.
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Medea y los
negreros |
En la década del 70
concibe para el
Conjunto, las obras Impromptu
galante y
el Decálogo del
Apocalipsis. En
homenaje al trigésimo
aniversario de la
compañía Danza
Contemporánea de Cuba,
de la que fuera
fundador, realiza el
montaje de su obra De
la memoria fragmentada,
en la que los bailarines
muestran una especie de
collage de sus
creaciones, con un
interesante resultado
visual y emotivo.
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Impromptu
galante |
Dentro de su trayectoria
como coreógrafo concibe
obras para otras
compañías cubanas como
el Ballet Nacional de
Cuba, el Conjunto
Folclórico Nacional, el
Teatro de Pantomima, el
Ballet de Camagüey y
Danza Voluminosa, con
títulos como Crónica
nupcial, Refranes,
dicharachos y
trabalenguas, Tríptico
oriental, El reino de
este mundo, El canto del
ruiseñor y ¿Fedra?.
Es importante advertir
que como coreógrafo se
adelantó 20 años a su
tiempo, por eso no lo
comprendieron. La
crítica y ciertas
tendencias de la cultura
cubana de los 70,
frustraron su desarrollo
al frente de la compañía
y lo impulsaron a
refugiarse en la
escritura, a la que
debemos valiosos textos
de apreciación,
historia, análisis,
teoría y crítica de la
danza cubana y
universal.
En 1978 se reincorpora a
la vida cultural como
coreógrafo principal del
Conjunto Folclórico
Nacional de Cuba. Allí
ofreció seminarios para
los profesores y
supervisó el trabajo
técnico de las clases de
danza moderna que se
impartían a sus
integrantes; como
resultado de esa labor,
publica el folleto
Fundamentos de la danza.
Es nombrado miembro de
la Comisión Nacional de
Evaluación Artística, en
la especialidad de
folclore.
Se ha dedicado también,
a la traducción de
textos sobre la danza
para ponerlos al alcance
de los cubanos. Sus
enfoques, como teórico,
han sido muy
revolucionarios y entre
ellos destacan los
análisis sobre la danza
primitiva y su
influencia en la
actualidad y sobre el
erotismo en la danza de
todos los tiempos y
regiones.
Ramiro Guerra es un
intelectual, además, que
ha abordado con amplitud
y rigor las más
disímiles formas de la
danza en sus textos,
conferencias y
artículos. Es graduado
en Derecho desde el año
1949 y recibió la
categoría de Doctor
Honoris Causa en el
Instituto Superior de
Arte de La Habana.
Su incansable accionar
lo lleva a continuar
creando, escribiendo,
ofreciendo clases y
conferencias en las
instituciones más
diversas, como el Centro
de Desarrollo de la
Danza (CEDEDANZA) y el
tabloide Toda la
danza, la danza toda,
con materiales danzarios,
pedagógicos, criticas y
noticias de la danza
latinoamericana.
Los textos sobre la
danza constituyen uno de
sus principales aportes
a la bibliografía
especializada en Cuba y
el mundo, desde su texto
inicial Apreciación
de la Danza, de
1961, hasta la
publicación de numerosos
artículos y los libros
Calibán Danzante,
Coordenadas Danzarias y
Eros Baila, que
recibió el Premio Alejo
Carpentier de Ensayo en
el año 2000.
En el 2003 salen sus
textos De la
narratividad al
abstraccionismo en la
danza, El
síndrome del placer y
Apreciación de la danza,
este último con el texto
e imágenes del curso
televisivo ofrecido para
Universidad para todos,
del Canal Educativo de
la TV Nacional.
La presencia de Ramiro
Guerra es fundamental en
la danza cubana, por su
labor artística,
pedagógica e
investigativa y su
espíritu innovador que
introdujo en Cuba lo más
novedoso de la creación
danzaria; sus
coreografías se
caracterizan por la
profundidad de la
dramaturgia y la
genialidad que despliega
en el uso de los
recursos teatrales,
logrando siempre en sus
obras un sello de
identidad y una nueva
perspectiva del
movimiento, desde una
visión nacional e
identitaria que sentó
pautas para los
coreógrafos cubanos
hasta hoy.
Nota:
1- Guerra,
Ramiro.
Entrevista. En
lunes de
Revolución, La
Habana, 4 de
abril de 1960.
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