La Habana. Año XI.
4 al 10 de AGOSTO
de 2012

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Ramiro Guerra:
Pionero de la danza en Cuba
Iliana Polo Díaz • La Habana
Fotos: Cortesía de Isidro Rolando y Danza Contemporánea de Cuba

Cuba, con un brillante desempeño en el arte del ballet, cuenta también con una trayectoria destacada en el mundo de la danza  moderna y contemporánea, al que nuestro país se acercó, no sin tropiezos, de la mano de Ramiro Guerra.

Este artista incursionó en el arte como bailarín, coreógrafo, maestro, crítico, teórico, historiador y director fundador de la actual Danza Contemporánea de Cuba. Como bailarín, se decidió por la danza moderna, la menos conocida y aceptada en el país, y batalló desde fechas bien tempranas por su difusión y por acercar a ella a los públicos más diversos.

Nacido en 1922, este creador incansable penetró en el mundo del teatro cubano y percibió la necesidad de abarcar la multirracialidad en nuestra danza y dar importancia en la escena a la riqueza y variedad del folclore de procedencia africana. Su carrera en la danza comienza en la Sociedad de Pro Arte Musical, junto con Alicia, Fernando y Alberto Alonso, los creadores de la Escuela Cubana de Ballet.

En la búsqueda de nuevos senderos dentro de la danza, continúa sus estudios con la maestra Nina Verchinina, figura importante de los ballets rusos del coronel De Basil, establecida en Cuba. Hace su primera presentación escénica el cuatro de diciembre de 1943, en los ballets de Alberto Alonso, Sinfonía y Rascacielos; al año siguiente, toma parte en Petrouchka y El príncipe Igor, de Mijaíl Fokine, en ambas ocasiones utilizando como seudónimo el nombre de Pedro Suárez.

En 1946, guiado por la maestra Nina Verchinina, se incorpora como bailarín a los Ballets Rusos del coronel De Basil. Posteriormente, luego de viajar por varios países, continuó sus estudios en los EE.UU., ya vinculado a la danza moderna. Allí fue alumno de Martha Graham, y recibe clases e influencias de Doris Humphrey, Charles Weidman, José Limón y Francisca Boas, entre otros grandes maestros.

Desde temprana edad inicia su labor como divulgador, teórico e historiador de la danza, algo poco frecuente entre los bailarines. Escribe en 1949, para la revista teatral Prometeo, los artículos: “La danza como expresión vital”, “La danza y su proyección histórica”, “Tradición evolutiva de la Danza Moderna” y “Posible aporte de la danza negra a la danza universal”.

Sus inquietudes lo vinculan a la Sociedad Nuestro Tiempo, que reunió en la década del 50 a los intelectuales y artistas interesados en mantener actualizada, desarrollar y ampliar la cultura cubana en sus diferentes manifestaciones.

La promoción de la música, el cine, la literatura, la danza y el teatro cubanos fue una de las acciones más frecuentes de este grupo de creadores. Entre ellos, Ramiro divulga la danza moderna, realiza recitales de danza, escribe artículos, dicta conferencias y organiza presentaciones danzarias.

A finales de la década del 50 ofrece un cursillo de danza dentro de la Escuela de Verano de la Universidad de La Habana y dirige el Teatro Experimental de la Danza creado dentro de la escuela del Ballet Alicia Alonso para el cual monta El Llanto por Ignacio Sanchez Mejías sobre el texto de Federico García Lorca.

En 1957, funda el conjunto de danza de cámara que denominó Grupo Nacional de Danza Moderna, el cual presentó en una temporada de tres fines de semana en la Sala Teatro El Sótano.

Las inquietudes coreográficas de Ramiro Guerra son variadas desde sus inicios, se le puede encontrar ocupado en el montaje de danzas de Latinoamérica con las que gira por el interior del país, lo mismo que concibiendo coreografías para obras teatrales, óperas y para el Ballet Alicia Alonso, al tiempo que continúa impartiendo clases de danza moderna.

Entre sus preocupaciones constantes está el interés por favorecer la utilización de la música de compositores cubanos tanto para el ballet como para la danza, incluso incorpora la percusión cubana a las clases de técnica y promueve la mirada respetuosa al folclore cubano y latinoamericano.

Su labor como coreógrafo abarca también la televisión, siendo galardonado en 1960 como el mejor creador del año en la TV por la prensa nacional. Todo esto sucedió sin detener su quehacer divulgativo publicando valiosos artículos sobre la danza, su historia y actualidad en diversas revistas especializadas y periódicos. Igualmente, imparte conferencias sobre estos temas a artistas e intelectuales.

Al triunfo de la Revolución, en 1959, Ramiro es nombrado director y coreógrafo del Departamento de Danza Moderna del Teatro Nacional, agrupación que reunió a un grupo de intérpretes de muy variada procedencia y que constituye el antecedente del Conjunto de Danza Moderna.

La fundación de esta compañía se concreta en 1960 y allí comienza, a partir de las técnicas de Marta Graham, José Limón y Doris Humphrey, a desarrollar una técnica de la danza moderna cubana, con aportes en el trabajo del torso, el uso de las contracciones y la utilización de la pelvis, elementos de las raíces africanas y la influencia española.

El maestro, en los momentos iniciales, trazó objetivos ambiciosos para la compañía de danza moderna, que resumió así:

…la búsqueda de una danza cubana basada fundamentalmente en la fusión de las técnicas contemporáneas con nuestras raíces danzarias, provenientes de nuestro antecedente africano y nuestra propia manera de movernos, de sentir…….1

Con este propósito se fue a la búsqueda de la síntesis de elementos de algunas de las técnicas más conocidas en el mundo, la idiosincrasia del cubano y la experimentación constante, que fueron decisivos para formar bailarines, crear un repertorio y fomentar un público, con el apoyo de importantes profesores que se sumaron a la labor fundacional de Ramiro Guerra.

Dirigió el Conjunto de Danza Moderna hasta 1971 y creó grandes obras como: Mulato, Mambí, El milagro de Anaquillé, Auto sacramental, Rítmicas, La rebambaramba y Suite yoruba; formó a la primera generación de bailarines, logró conjugar las técnicas aprendidas en EE.UU. con el movimiento del cubano e introdujo los tambores batá en el acompañamiento de las clases de técnica; formó una agrupación danzaria que, a lo largo de 50 años, ha ido concretando un lenguaje propio, distintivo de la manera cubana de bailar la danza moderna y contemporánea.


Suite Yoruba

Como maestro, buscó en elementos de la pedagogía que todavía hoy resultan novedosos para la enseñanza de la danza en general, relacionados con los vínculos entre el maestro y el alumno, la atención individual y colectiva en las clases, la creación de hábitos físicos y mentales en el bailarín y la relación entre teoría y práctica.

La labor de este maestro se centró en la preparación de un sistema de entrenamiento que respondiera a la necesidad de los cubanos y estuviera a la altura de lo que ocurría en el mundo de la danza. Ramiro trabajó también los principios que deben regir el desarrollo técnico de la clase y sus bases para el trabajo del cuerpo, las leyes de la didáctica aplicadas a la danza y los requisitos para el trabajo colectivo.


Orfeo antillano

La metodología que desarrolló la ha impartido en varios lugares, incluido el Instituto Superior de Arte, centro del que es Profesor Titular. Allí definió la estructura de la clase que comprende la concentración inicial, el estiramiento y calentamiento, los ejercicios en la barra, el centro, el intermedio con ejercicios rítmicos y el espacio con sus frases.

Su obra coreográfica es muy amplia, abarca temas y estilos múltiples; entre sus creaciones destacan otras muchas concebidas para la compañía, a lo largo de su carrera como director, tales como Entreacto barroco, Impromptu negro, Saeta, Invención para cinco, Orfeo antillano, Chacona, Medea y los negreros y  Ceremonial de la danza.


Medea y los negreros

En la década del  70 concibe para el Conjunto,  las  obras Impromptu galante  y el Decálogo del Apocalipsis. En homenaje al trigésimo aniversario de la compañía Danza Contemporánea de Cuba, de la que fuera fundador, realiza el montaje de su obra De la memoria fragmentada, en la que los bailarines muestran una especie de collage de sus creaciones, con un interesante resultado visual y emotivo.


Impromptu galante

Dentro de su trayectoria como coreógrafo concibe obras para otras compañías cubanas como el Ballet Nacional de Cuba, el Conjunto Folclórico Nacional, el Teatro de Pantomima, el Ballet de Camagüey y Danza Voluminosa, con títulos como Crónica nupcial, Refranes, dicharachos y trabalenguas, Tríptico oriental, El reino de este mundo, El canto del ruiseñor y ¿Fedra?.

Es importante advertir que como coreógrafo se adelantó 20 años a su tiempo, por eso no lo comprendieron. La crítica y ciertas tendencias de la cultura cubana de los 70, frustraron su desarrollo al frente de la compañía y lo impulsaron a refugiarse en la escritura, a la que debemos valiosos textos de apreciación, historia, análisis, teoría y crítica de la danza cubana y universal.

En 1978 se reincorpora a la vida cultural como coreógrafo principal del Conjunto Folclórico Nacional de Cuba. Allí ofreció seminarios para los profesores y supervisó el trabajo técnico de las clases de danza moderna que se impartían a sus integrantes; como resultado de esa labor, publica el folleto Fundamentos de la danza. Es nombrado miembro de la Comisión Nacional de Evaluación Artística, en la especialidad de  folclore.

Se ha dedicado también, a la traducción de textos sobre la danza para ponerlos al alcance de los cubanos. Sus enfoques, como teórico, han sido muy revolucionarios y entre ellos destacan los análisis sobre la danza primitiva y su influencia en la actualidad y sobre el erotismo en la danza de todos los tiempos y regiones.

Ramiro Guerra es un intelectual, además, que ha abordado con amplitud y rigor las más disímiles formas de la danza en sus textos, conferencias y artículos. Es graduado en Derecho desde el año 1949 y recibió la categoría de Doctor Honoris Causa en el Instituto Superior de Arte de La Habana.

Su incansable accionar lo lleva a continuar creando, escribiendo, ofreciendo clases y conferencias en las instituciones más diversas, como el Centro de Desarrollo de la Danza (CEDEDANZA) y el tabloide Toda la danza, la danza toda, con materiales danzarios, pedagógicos, criticas y noticias de la danza latinoamericana.
 

Los textos sobre la danza constituyen uno de sus principales aportes a la bibliografía especializada en Cuba y el mundo, desde su texto inicial Apreciación de la Danza, de 1961, hasta la publicación de numerosos artículos y los libros Calibán Danzante, Coordenadas Danzarias y Eros Baila, que recibió el Premio Alejo Carpentier de Ensayo en el año 2000.

En el  2003 salen sus textos  De la narratividad al abstraccionismo en la danza, El síndrome del placer y Apreciación de la danza, este último con el texto e imágenes del curso televisivo ofrecido para Universidad para todos, del Canal Educativo de la TV Nacional.

La presencia de Ramiro Guerra es fundamental en la danza cubana, por su labor artística, pedagógica e investigativa y su espíritu innovador que introdujo en Cuba lo más novedoso de la creación danzaria; sus coreografías se caracterizan por la profundidad de la dramaturgia y la genialidad que despliega en el uso de los recursos teatrales, logrando siempre en sus obras un sello de identidad y una nueva perspectiva del movimiento, desde una visión nacional e identitaria que sentó pautas para los coreógrafos cubanos hasta hoy.

Nota:


1- Guerra, Ramiro. Entrevista. En lunes de Revolución, La Habana, 4 de abril de 1960. 

 
 
 
 


GALERÍA de imágenes

90 años de Ramiro Guerra

 


GALERÍA de bocetos
Diseños de Eduardo Arrocha para obras
de Ramiro Guerra

 
 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.