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En 1961 concluí un curso
de diseño teatral que
brindó la Biblioteca
Nacional y ahí conocí a
Ramiro, cuando solicitó
a mi antiguo profesor,
Rubén Vigón, una persona
que pudiera trabajar con
su compañía como jefe
técnico, pues habían
regresado de un viaje
por Europa y estaban
reestructurándose. A
medida que iba
realizando los trabajos
del curso, se los
mostraba a Ramiro y él
me aconsejaba. Fue una
relación más allá de un
jefe con un empleado, él
continuó el magisterio
de mi profesor de diseño
escenográfico.
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Crónica
Nupcial,
1962 |
Por esos tiempos
coreografió con el
Ballet Nacional de Cuba
una obra llamada
Crónica Nupcial, con
música de Manuel Saumell,
y me invitó a realizar
un trabajo profesional
con esa compañía, de
alto nivel y prestigio.
Yo, con un poco de
audacia juvenil, le dije
que podría afrontarlo
perfectamente. Empezamos
entonces un trabajo
gracias al cual me di
cuenta que estaba ante
una persona que no
solamente sabía lo que
quería, sino cómo
expresarlo. Esa obra
pasó sin penas ni
glorias por el
repertorio del Ballet
Nacional de Cuba; pero a
partir de ella me fue
encargando diseños
específicos para la
danza. Colaboramos desde
1961 hasta 1971 y en
esos diez años diseñé
toda la producción
coreográfica de Ramiro,
aproximadamente 20
títulos.
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Chacona,
1966 |
Luego él abandonó el
Conjunto Folclórico,
pero yo me quedé
trabajando ahí. Sin
embargo, eché de menos
el método de trabajo que
tenía; un método
investigativo, donde el
trabajo de mesa era
determinante. Antes de
diseñar, buscábamos
láminas, grabados, si
pasaban una película que
trataba la época que
estábamos abordando nos
íbamos todos al cine, y
de ahí nos nutríamos.
Era una etapa de Ramiro
todavía de búsqueda, de
mucha incertidumbre en
sus planteamientos. En
su comienzo estaba muy
apegado al folclor y
aquello fluía; pero
cuando entramos en el
campo de la danza
moderna, abordamos temas
abstractos, con otro
tratamiento.
Trabajar juntos fue
maravilloso, y después
del 71, aunque han
pasado 40 años, no he
encontrado un director
que logre transmitir
como él la claridad de
sus ideas. Algo
fundamental en su manera
de dirigir es que había
una relación muy
estrecha entre ofertar y
recibir; llegado el
momento, cuando
sacábamos cuentas de lo
hecho, no sabía dónde
estaba el aporte de
Ramiro a mis diseños, ni
hasta dónde había
aportado yo a su
coreografía.
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Orfeo Antillano,
1967 |
Con el Conjunto
Folclórico Nacional se
planteó en una ocasión
un proyecto muy
ambicioso, sobre el
folclor danzario en
Trinidad. En ese afán de
investigación que tenía,
organizó un safari y nos
fuimos un grupo de siete
personas para esa
ciudad, unos para
estudiar la música,
otros los tambores, yo
para entrevistarme con
los señores que habían
sacado varias comparsas
en su juventud,
totalmente olvidadas.
Trajimos incluso a un
artesano que hacía
trabajos de cestería en
yarey y realizaba todas
las piezas que yo
diseñaba.
Ramiro veía la danza
como un concepto. Entre
sus planteamientos, muy
discutidos en su
momento, estaba el
cuestionar las
manifestaciones de danza
folclórica muy apegadas
a la realidad. A su
juicio tenía que existir
una elaboración, porque
este tipo de danza, tal
cual, puede tener valor
cuando se baila en un
solar o en un
espectáculo de
aficionados, pero cuando
se retrotrae a un
escenario debe seguir
las reglas del
espectáculo.
Años después hicimos
Tríptico Oriental,
utilizando las distintas
manifestaciones de las
danzas folclóricas en el
Oriente cubano. Hicimos
una investigación de
campo muy fuerte, porque
él tomaba ese estudio
como un medio y no como
un fin. No le interesaba
la transcripción directa
de esas danzas al
escenario.
Ha sido muy
satisfactorio ver cómo,
después de muchos años,
los coreógrafos de la
danza folclórica se
rigen por un manual que
se llama El folclor
en la escena, donde
Ramiro indica los
elementos que se deben
conservar y cuáles
trascender.
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Medea y los
negreros |
En una obra como
Medea y los negreros,
hizo una
extrapolación del mito
griego al Caribe, pues
Medea era una negra
esclava de un
terrateniente haitiano
que sale huyendo durante
la revolución hacia
Cuba, y conoce a una
mujer blanca. El estudio
de toda esa etapa lo
hicimos en los vasos
griegos de la colección
del Conde de Lagunilla.
Era agotador, porque
tenía que llevar
acuarelas y tomar con
exactitud los tonos para
después reproducirlos en
la escena.
Ramiro tenía conciencia
de la integralidad entre
las especialidades de la
danza. Fue una de las
personas que nunca tuvo
reparos para hacer que
los bailarines cantaran,
hablaran, bajaran al
público y se metieran
con la gente. Para él
nunca hubo fronteras,
nunca vió la danza como
algo exclusivo de
bailarines y
coreógrafos. Su cultura
del teatro y de la
música le permitía hacer
unos libretos muy
orgánicos. Estuvo
vinculado desde joven al
movimiento Nuestro
Tiempo, con Argeliers
León y Juan Blanco. Sus
primeras obras fueron
con Caturla, con Roldán,
porque siempre tuvo una
preocupación por que lo
cubano apareciera en su
obra; pero no el vuelo,
la mulata y el tambor,
sino las esencias.
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Medea y los
negreros |
Estaba al tanto sobre lo
que se publicaba en
Europa y EE.UU. con
respecto a la danza. En
cuanto a la iluminación
trajo a Cuba muchos
métodos desconocidos.
Cuando planteó en
Medea y los Negreros
el uso del contraluz en
la escena, los técnicos
del teatro le decían que
no se podía lograr; pero
él insistió, porque lo
había leído en un libro
de un diseñador
reconocido. Lo mismo
sucedió con la luz
lateral, que estaba
reservada para los
espectáculos de sainete,
pero que rescató para
darle volumen al
bailarín. Cuando, con el
Conjunto, hice mi primer
viaje a Europa del Este,
los presupuestos de
iluminación que
manejábamos eran
perfectamente asimilados
y entendidos.
Precisamente, algunos
luminotécnicos del
teatro se asombraban de
las últimas tendencias
utilizadas por nosotros,
a pesar de provenir de
una isla tan pequeña.
Nuestra amistad ha sido
muy estrecha. Como vivo
en Alamar, cada dos o
tres domingos va por mi
casa y conversamos
mucho. Es una persona de
una cultura vastísima,
actualizado sobre lo que
se está haciendo en la
danza mundial en todo
momentos. Donde haya una
persona que mueva una
pierna, él la analiza,
la estudia. En los más
de diez libros que tiene
publicados aparecen
reminiscencias de esas
investigaciones.
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Decálogo del
apocalipsis,
1970 |
Todo el mundo dice que
es una persona muy
difícil y puede pasar
por inaccesible; pero a
la vez es capaz de
entregar su caudal de
inteligencia y pasar
horas ayudando a un
muchacho que está
haciendo una tesis sobre
danza. A veces son dos o
tres en la semana.
Hace 40 años que soy su
amigo, y me alegra mucho
haberlo conocido, no
solo como creador, sino
como persona. Ramiro es
un ser humano muy
íntegro, aunque tiene la
boca dura, porque dice
la verdad sin importar
que lo comprometa.
Testimonio concedido a La
Jiribilla el 1 de
agosto de 2012. |