Nunca creí que viajaría
a Puerto Rico. Sería
difícil por su condición
política cubrir la no
muy larga distancia, que
va de la Punta de Maisí
a Punta Jigüero. Pero en
la distancia la amaba.
La suponía una isla
maravillosa, como la
mía. Me parecía una
parte de Cuba, con otras
dos patrias, Santo
Domingo y Haití, por
medio. Por muchas
razones comprensibles
para ustedes, la creía
la tierra cubana más
alejada de nuestra masa
insular o a Cuba la
tierra puertorriqueña
más separada de los
parajes boricuas. Debe
recordarse que uno de
los motivos de Céspedes
para ir a la
independencia en 1868,
fue el grito de Lares,
en septiembre. Solo en
octubre resonó el grito
de La Demajagua.
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Al estudiar la Historia,
sufrí al leer los
intentos frustrados de
Bolívar por liberar a
Cuba y Puerto Rico.
Volví a sentir un gran
dolor al ver que el
sueño de Martí por
liberar a ambas tierras
no se había cumplido.
Nunca dejé de pensar que
el Partido
Revolucionario Cubano se
había fundado, según
decía el primero de los
artículos de sus
Bases, para lograr
la independencia de Cuba
y fomentar la de Puerto
Rico. Martí había tenido
la virtud de unir con
voluntad y amor a todos
los cubanos enredados en
disputas, después del
fracaso de la Guerra de
los Diez Años. Tuvo que
sufrir indeciblemente
para lograrlo y siempre
dijo: “Aquí
está la carne. Mi gusto
está en el deber, y en
cumplirlo sin fatiga y
sin ira...”.
Pero su éxito fue
servir, expresó: “…yo no
sé que haya gusto mayor
que servir de algo a los
demás”. Y otro más fue
su logro: fundar un
medio de comunicación de
la época para trasmitir
ideas, Patria,
desde el cual deshacer
los prejuicios creados
por los anexionistas,
los autonomistas, los
racistas, porque cubano
era más que blanco, más
que mulato, más que
negro. Él primó a los
pobres, a los
tabaqueros; pero no dejó
de acudir a los ricos
para rogar por la causa
independentista.
Los patriotas boricuas
habían constituido en el
PRC la agrupación Guerra
de Independencia de Cuba
y Puerto Rico. Sección
Puerto Rico, y a su
frente colocaron un
directorio presidido,
como delegado general,
por Ramón Emeterio
Betances. Cómo puedo
olvidar que hubo
generales
cubano-puertorriqueños
en la guerra de
independencia, como Juan
Ríus Rivera, que había
sido capaz de sustituir
a Maceo, y que hubo un
poeta, como Pachín
Marín, quien al
preguntársele de dónde
era, dijo que de Cuba, y
al interrogarlo de qué
provincia, respondió que
de Puerto Rico.
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Ríus Rivera, quien había
estado en la Guerra de
los Diez Años en Cuba y
en la Protesta de
Baraguá, ya con grados
de general, había
tratado de organizar una
expedición y alzamiento
en Puerto Rico, en mayo
de 1896, al amparo de
aquel artículo I, en que
lanzó un manifiesto, en
el cual exponía su plan
de lucha. Pero, más
adelante, desistió por
no creer que en la isla
había condiciones para
la lucha. No supo, como
Martí, Fidel y Chávez,
que se hace camino al
andar, como dijo el
poeta Machado. No sería
ese el único intento
mambí. En agosto, los
tenientes coroneles
cubanos Enrique Loynaz
del Castillo y Enrique
Villuendas, en nombre de
un grupo de cubanos,
puertorriqueños y
dominicanos, pidieron
autorización al consejo
de gobierno para marchar
a Puerto Rico con una
expedición armada.
Pedían 30 000 pesos y la
participación de 30
oficiales cubanos
voluntarios para
concurrir a la empresa.
El plan fue cancelado
pues el consejo de
gobierno lo consideró
arriesgado por tratarse
de una revolución
exportada y desconocerse
la opinión del pueblo de
la pequeña Antilla.
Incluso, el general
Gómez le señaló a Loynaz
que para que el plan
hubiese tenido éxito se
necesitaba reserva y ya
había recibido demasiada
divulgación. Otro
intento fue el de los
generales José Lacret
Morlot y José Miró
Argenter, en combinación
con patriotas boricuas,
para lo cual el consejo
de gobierno cubano
asignó fondos, 500
fusiles y medio millón
de cartuchos; pero lo
detuvo la constituyente
de La Yaya por haber
invadido el consejo de
gobierno terreno
estrictamente militar.
Nunca podríamos olvidar
que nuestro padre Maceo
dijo que no le gustaría
envainar su espada, al
terminar la guerra
victorioso, dejando
esclava a nuestra
hermana Puerto Rico.
Nunca pude perdonar la
idea de que Estrada
Palma hizo todo lo que
pudo para impulsar la
intervención de EE.UU.
en la guerra de Cuba, y
por dejar a un lado el
caso de Puerto Rico.
Pobre Betances que luchó
a brazo partido por la
independencia cubana y
sospechó cuando vio la
intervención
estadounidense en la
guerra entre Cuba y
España que su patria
quedaría varada en el
camino y al final, el
artículo II del tratado
de Paz de París la
dejaría en manos
extrañas. Sin dudas, eso
apresuró el final de su
vida.
Hoy, que conmemoramos el
nacimiento de Bolívar,
tenemos el
extraordinario honor de
dedicar esta fiesta del
espíritu al monumento
viviente de la patria
puertorriqueña, de Cuba
y de nuestra América:
Rafael Cancel Miranda.
Tenía 14 años cuando
cuatro abnegados
patriotas
puertorriqueños, Lolita
Lebrón, Irving Flores,
Andrés Figueroa y
nuestro homenajeado,
pusieron a la patria de
Hostos en el mapa del
mundo. Para entonces, yo
era un admirador de Don
Pedro Albizu Campos, y
Fidel Castro, en la
Universidad de La Habana
había sido integrante
del Comité
Proindependencia de
Puerto Rico. Entonces,
estaba en la cárcel por
el asalto al Cuartel
Moncada. En las
conversaciones con
EE.UU. cuando estos han
protestado por el apoyo
de Cuba a la causa de la
independencia de Puerto
Rico, Fidel siempre ha
dicho que la
independencia de Puerto
Rico es una cuestión de
principios y con los
principios no se
negocia. Los cubanos
siempre sabremos decir
que Puerto Rico es parte
de nuestra Gran Patria
Latinoamericana y
mientras haya un
puertorriqueño dispuesto
a luchar por la
independencia, los
cubanos estaremos a su
lado. Siempre
recordaremos que Lola
Rodríguez de Tió
escribió estos
hermosísimos versos:
“Cuba y Puerto Rico son/
de un pájaro las dos
alas/ reciben flores y
balas/ sobre un mismo
corazón”.
Gracias Sixto por tu
invitación. Recordemos
con Martí, quien dijo
visionariamente en
Patria en 1894:
“Cuba y Puerto Rico
entrarán en la libertad
con composición muy
diferente y en época muy
distinta, y con
responsabilidades mucho
mayores que los demás
pueblos
hispanoamericanos”.
Discurso pronunciado en
la conmemoración del 229
aniversario del
natalicio de Simón
Bolívar. San Juan de
Puerto Rico,
23 de julio de 2012.
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