La Habana. Año XI.
4 al 10 de AGOSTO
de 2012

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Poesía de corazón universal

Roberto Manzano • La Habana

La presencia poética de Basilia Papastamatíu durante los últimos 40 años entre nosotros ha significado la posibilidad permanente de acceder dentro de nuestra propia casa a una manera diferente de enfrentar la sustancia lírica. Quiera o no, su argentinidad es inconmovible, aunque el concepto no le resulte nada atrayente; como, de igual modo, su impronta bonaerense es visible para un ojo entrenado, incluso rechazando el paisaje, aunque sea urbano, casi cosmopolita. Esa manera de escribir como si se estuviera en todas partes pareció convertirse en la manera de algunos escritores argentinos durante la ascensión del siglo XX. Lo que el estar en todas partes de Basilia Papastamatíu no es pose o alarde de occidentalidad, sino naturaleza emancipatoria y expresiva de su destino, pues no se puede apresar verdaderamente la sustancia de su poesía si no se reconocen sus huellas argentinas, griegas, parisinas o habaneras, entre otras muchas que le bordan sus tramas más profundas. Poeta que parece haber tenido siempre voz propia, desde los días universitarios iniciales, pues el contacto del que disfrutó tempranamente con voces cuajadas de varias lenguas no le enajenó sus caminos, ha evolucionado como todo buen mortal que cumple lealmente con sus demandas interiores y las coyunturas de su tiempo. Así, lo heracliteano vivido no ha disuelto, sino acendrado, lo parmenídeo estético. Y hoy tenemos el honor de que haya alcanzado entre nosotros un nivel artístico que se le reconoce en muchas partes. Así que, en lo que nos concierne, debemos agradecerle siempre esa útil permanencia ofrecida. A finales de los 70 actuó como partera, desde la crítica periodística, de una generación de poetas cubanos que humanizó el concepto de poesía social en boga y auspició el advenimiento de nuevas actitudes expresivas; los acompañó a través de los 80 atenta al surgimiento de nuevas voces; y en décadas sucesivas continuó su labor crítica y promocional características. Hoy mismo se le ve disponiendo espacio para los que crecen o se incorporan ya al coro lírico del país. Su servicio a la poesía cubana es indudable, y hemos de reconocerlo como lo merece. Con ello nos honramos, y aprendemos a sostener una vocación contra todos los embates, como su obra inclaudicable lo confirma. Su poesía, escrita con lenguaje intelectivo fuerte, tiende a preguntar al destino individual y a la marcha íntegra de la época qué rumbo toman los sueños y las utopías. Atenta a lo que sucede, decanta sus impresiones de activa participante en enunciados de honda reflexión íntima. Su distancia expresiva es la solidaridad más viva. Su capacidad de síntesis prolonga la misma indagación dramática: ¿quiénes somos, a dónde vamos? Las respuestas, indirectas como corresponde a la elocución lírica, se encuentran en sus textos desmedulados y simbólicos. Poesía de sugerencias, se desenvuelve en la página empleando el silencio de su blancura a fondo, y suprime para añadir con vigor. Detrás de sus poemas está el ser humano que es Basilia, a quien los poetas cubanos hemos aprendido a amar y a considerar como parte inalienable de nuestra comunidad creadora. Y en sus textos de sobria emotividad captamos la cálida temperatura que emana de su corazón universal.  
 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.