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Poesía de
corazón universal |
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Roberto Manzano • La Habana |
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La presencia poética de
Basilia Papastamatíu
durante los últimos 40
años entre nosotros ha
significado la
posibilidad permanente
de acceder dentro de
nuestra propia casa a
una manera diferente de
enfrentar la sustancia
lírica. Quiera o no, su
argentinidad es
inconmovible, aunque el
concepto no le resulte
nada atrayente; como, de
igual modo, su impronta
bonaerense es visible
para un ojo entrenado,
incluso rechazando el
paisaje, aunque sea
urbano, casi
cosmopolita. Esa manera
de escribir como si se
estuviera en todas
partes pareció
convertirse en la manera
de algunos escritores
argentinos durante la
ascensión del siglo XX.
Lo que el estar en todas
partes de Basilia
Papastamatíu no es pose
o alarde de
occidentalidad, sino
naturaleza emancipatoria
y expresiva de su
destino, pues no se
puede apresar
verdaderamente la
sustancia de su poesía
si no se reconocen sus
huellas argentinas,
griegas, parisinas o
habaneras, entre otras
muchas que le bordan sus
tramas más profundas.
Poeta que parece haber
tenido siempre voz
propia, desde los días
universitarios
iniciales, pues el
contacto del que
disfrutó tempranamente
con voces cuajadas de
varias lenguas no le
enajenó sus caminos, ha
evolucionado como todo
buen mortal que cumple
lealmente con sus
demandas interiores y
las coyunturas de su
tiempo. Así, lo
heracliteano vivido no
ha disuelto, sino
acendrado, lo parmenídeo
estético. Y hoy tenemos
el honor de que haya
alcanzado entre nosotros
un nivel artístico que
se le reconoce en muchas
partes. Así que, en lo
que nos concierne,
debemos agradecerle
siempre esa útil
permanencia ofrecida. A
finales de los 70 actuó
como partera, desde la
crítica periodística, de
una generación de poetas
cubanos que humanizó el
concepto de poesía
social en boga y
auspició el advenimiento
de nuevas actitudes
expresivas; los acompañó
a través de los 80
atenta al surgimiento de
nuevas voces; y en
décadas sucesivas
continuó su labor
crítica y promocional
características. Hoy
mismo se le ve
disponiendo espacio para
los que crecen o se
incorporan ya al coro
lírico del país. Su
servicio a la poesía
cubana es indudable, y
hemos de reconocerlo
como lo merece. Con ello
nos honramos, y
aprendemos a sostener
una vocación contra
todos los embates, como
su obra inclaudicable lo
confirma. Su poesía,
escrita con lenguaje
intelectivo fuerte,
tiende a preguntar al
destino individual y a
la marcha íntegra de la
época qué rumbo toman
los sueños y las
utopías. Atenta a lo que
sucede, decanta sus
impresiones de activa
participante en
enunciados de honda
reflexión íntima. Su
distancia expresiva es
la solidaridad más viva.
Su capacidad de síntesis
prolonga la misma
indagación dramática:
¿quiénes somos, a dónde
vamos? Las respuestas,
indirectas como
corresponde a la
elocución lírica, se
encuentran en sus textos
desmedulados y
simbólicos. Poesía de
sugerencias, se
desenvuelve en la página
empleando el silencio de
su blancura a fondo, y
suprime para añadir con
vigor. Detrás de sus
poemas está el ser
humano que es Basilia, a
quien los poetas cubanos
hemos aprendido a amar y
a considerar como parte
inalienable de nuestra
comunidad creadora. Y en
sus textos de sobria
emotividad captamos la
cálida temperatura que
emana de su corazón
universal. |
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