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Siguiendo los ecos que
estallaba en el mundo la
Revolución Cubana en los
años 60, llegó a la Isla
la poeta argentina
Basilia Papastamatíu.
Nacida en 1940 en Buenos
Aires, la escritora
comenzó a despuntar en
las letras con la
revista Airón,
que funda junto con
otros jóvenes escritores
en 1959, en la cual
publicó sus primeros
poemas. Bajo ese sello
salió su libro
El pensamiento común,
de 1966, al cual
siguieron otros como
Paisaje habitual,
1986; Allí donde,
1996; Dónde estábamos
entonces, 1998;
Espectáculo privado,
2003; Interpretación
de la historia, 2008
y Cuando ya el
paisaje es otro,
2008, que alcanzó el
Premio de la Crítica
Literaria en Cuba.
Ávida de conectarse con
lo más novedoso de la
intelectualidad
contemporánea, vivió en
París de 1966 a 1969,
donde recibió seminarios
de grandes pensadores
contemporáneos como
Roland Barthes y A.J.
Greimas, interesada en
los campos de la
lingüística, la
semiótica y los estudios
literarios. Allí entabló
amistad con algunos de
los grandes escritores
latinoamericanos del
momento, entre ellos
Julio Cortázar, y
estableció vínculos con
intelectuales cubanos,
como Roberto Fernández
Retamar, quien publicó
uno de sus ensayos en la
Revista Casa de las
Américas.
Una vez en La Habana,
motivada por el proceso
social que emprendía el
país, la vida le llevó a
establecerse y formar su
familia lejos de su
natal Argentina, hasta
convertirse en una
presencia de orden
dentro del panorama
literario nacional. Ha
trabajado como
periodista, editora,
traductora, crítica,
escritora y actualmente
comanda la revista La
Letra del Escriba;
coordina el Premio
Iberoamericano de Cuento
Julio Cortázar y el Café
Literario Aire de Luz,
que promueve la nueva
poesía cubana.
Recientemente, el
Instituto Cubano del
Libro le dedicó el
homenaje del espacio El
autor y su obra, en el
cual convergieron opiniones sobre su legado literario. La
Jiribilla se suma,
desde este breve
intercambio electrónico,
al agasajo de una de las
más entusiastas
defensoras de la poesía
en Cuba.
Papastamatíu es un
apellido griego,
cuénteme un poco de sus
orígenes. ¿Qué le aportó
en materia literaria
este legado?
Además del apellido
paterno, también el
materno es griego,
Stavrou, porque mis
padres eran griegos que
emigraron a la Argentina
a finales de la década
del 30. Como supones,
aunque yo haya nacido en
Argentina, este origen
totalmente griego tuvo
mucha influencia en mi
formación, sobre todo en
mi infancia. Por
empezar, mi primera
lengua fue el griego.
Hasta llegué a leer los
cuentos infantiles
universales en ediciones
en griego que mandaban
los familiares. Y tenía
un tío empecinado en
enseñarme diariamente la
mitología y la historia
de la Grecia clásica.
Recién después de la
adolescencia, como
siempre sucede, construí
—o reconstruí— mi
identidad personal según
mis inclinaciones y
preferencias; pero
pienso que todo lo
aprendido en esa primera
etapa de mi vida me
quedó como un sustrato.
Y más que como sustrato,
hay dos cosas de Grecia
que amo definitivamente:
su música y su comida.
Y, por supuesto, la
literatura clásica y la
poesía contemporánea
griega, de excepcional
calidad, son lecturas
que siempre me
acompañaron.
¿Cómo se decidió por la
literatura? ¿De qué
influencias se nutrió?
Desde muy niña mi
vocación fue claramente
artística, fui pasando
sucesivamente de querer
ser pianista, a
bailarina, actriz,
pintora, etc., hasta que
al final decidí ser
escritora. Tuve la
suerte de haber tenido
excelentes profesores en
la secundaria y en la
universidad que me
alentaron y orientaron
mucho.
Sobre sus viajes de
juventud, ¿cuáles fueron
los enriquecimientos de
ciudades como París?
Quizá te sorprenda mi
respuesta, pero he sido
una viajera nada curiosa
y nada ávida de conocer
las bellezas
geográficas, los
paisajes, las ciudades;
soy algo así como una “antiturista”.
Lo único que me ha
interesado siempre de
los lugares a los que he
ido han sido los centros
culturales, de
investigación
literaria, las
bibliotecas, librerías,
y sus publicaciones.
Pienso que iba más que a
ver, a leer, aunque
parezca raro.
¿Cómo llega entonces a
Cuba? ¿Qué le ha hecho
permanecer en la Isla
desde entonces?
Llegué a la Isla,
también, para decirlo de
algún modo, por lo que
sabía y había leído
sobre la Revolución.
Era una de los tantos
jóvenes que admirábamos
el proceso de cambios
que se inauguraba, y
quise venir para beber
directamente de esta
fuente. Pero como ya
puedes comprobar,
resulté atrapada por el
país, y no solo por
razones ideológicas,
sino afectivas, formé
una familia, etc. Y así,
desde hace más de 40
años soy, podría decir,
una cubana más…
Lina de Feria se refiere
a Ud. como formadora de
generaciones poéticas en
Cuba. ¿A qué se debe
esta afirmación?
Seguramente a mi interés
permanente por lo que
pueden ser capaces de
escribir y ofrecernos
las más recientes
generaciones de autores,
y a mi deseo de
contribuir, si me es
posible, a estimular su
creatividad. Porque lo
que más me gusta no es
leer lo que se ha
escrito en el pasado
sino lo que pueda
escribirse de diferente,
descubrir esa nueva
literatura que nos dice
lo nunca antes dicho y
que lo haga también de
modos nunca antes
vistos.
Para ser poeta, ¿qué
hace falta aprender?
No se aprende a ser
poeta, se es o no poeta,
es un don con el que se
nace, irremediablemente.
No es poeta el que
quiere sino el que
puede; pero, por
supuesto, es una gracia
que hay que cultivar,
desarrollar, y eso
requiere lecturas y
estudios tenaces, y una
gran voluntad de llegar
a serlo de verdad.
Desde Airón hasta
La Letra del Escriba,
ha trabajado en diversas
revistas literarias.
¿Qué importancia tienen
estas publicaciones
dentro del panorama
cultural de un país?
La función esencial de
las revistas literarias
es informar a los
lectores sobre lo que
ocurre en el tan
heterogéneo mundo
literario, sobre las
tendencias, autores y
obras más significativas
que se publican; de tal
manera, que las
opiniones vertidas en
sus artículos sirvan
como recomendación, para
que los lectores sepan
qué autores valen
realmente y qué libros
buscar.
Ha trabajado
como
periodista cultural y
crítica literaria en
varios medios de prensa.
Según su experiencia,
¿cómo se ejercen hoy en
Cuba estos oficios? ¿Qué
propone para mejorar el
estado de la crítica en
la Isla?
Contrariamente a lo que
suele pensarse, hay
espacios disponibles en
las publicaciones
literarias, impresas o
digitales, para ejercer
la crítica, incluso hay
más espacios que textos
que se presentan. Y
quienes hacemos revistas
coincidimos en constatar
la escasez de buenos
trabajos, que sean
objetivos y de buen
nivel. En cambio, los
escritos laudatorios,
complacientes y de
pobreza conceptual y de
lenguaje, son
lamentablemente los que
más recibimos.
Para que mejore la
calidad de la crítica,
habría que empezar por
estimular su ejercicio,
reconociendo, por
ejemplo, a los críticos
más talentosos y
lúcidos, proponiendo
también, a los mejores,
columnas permanentes en
determinadas
publicaciones, que
resultarían
paradigmáticas para los
demás. Al mismo tiempo,
hay que dejar de ser
indulgentes al dar
indiscriminado crédito a
supuestos críticos sin
ninguna capacidad como
tales.
En cuanto a la poesía,
¿a qué le confiere más
importancia, al lenguaje
o a la imagen?
En poesía todo es
importante. Que
predomine lo uno sobre
lo otro depende de la
intencionalidad del
autor, del carácter de
sus búsquedas estéticas.
¿Con qué corriente,
generación o
manifestación poética se
siente identificada?
¿Por qué?
En mi juventud fueron
para mí muy formadores
la épica clásica,
comenzando por Homero,
Rabelais y los grandes
renacentistas; luego
Lautréamont, los
surrealistas, el
existencialismo. Me fui
interesando
sucesivamente por
diferentes tendencias,
pero más que por tal o
cual escuela literaria,
me he sentido atraída
por determinados autores
en particular, y de
estéticas muy disímiles;
lo curioso es que creo
que mi escritura ha sido
más influida por la
narrativa y el cine que
por la poesía.
¿Cuál debe ser para Ud.
la ética de la poesía?
Obedecer al dictado de
la palabra, no torcerla,
no traicionarla, dar
libertad plena al acto
de escribir, sin
prejuicios ni tabúes,
sin frenarlo por razones
extraliterarias, o por
concesiones para
facilitar su recepción o
comunicabilidad.
¿Y la esencia?
La esencia de la poesía
es simplemente la
poesía…
Luego de tantos años en
Cuba, ¿qué opina de los
conceptos de literatura
nacional?
Todo país necesita
fabricarse una
literatura nacional;
como una historia
nacional válida,
verdadera, forma parte
de la construcción y
afirmación de su
identidad y fortalece su
independencia.
Tanto en lo personal
como en la literatura,
¿qué nuevas búsquedas la
seducen?
En realidad no te las
podría definir, lo
importante es que sean
búsquedas y nuevas…
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