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Nos encontramos ante uno
de los más interesantes
y singulares pintores
modernos cubanos.
Modernidad dada, entre
otras cuestiones, por su
enclave citadino. El
lector podrá comprobar
la modernidad de
Pogolotti, su sentido
urbano y a la vez
cosmopolita adquirido en
todo ese tráfico
americano y europeo. La
ciudad estaba estampada
desde las plumillas
habaneras; desde las
esquinas y rincones de
una ciudad que se
modernizaba y en la cual
lo colonial convivía
como recuerdo, testigo
de una época asociada a
un pasado de tradición.
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"Aquí se trabaja
para nada"
("Cortadores de
caña" o
"Colonia"), 1931
De la serie
Nuestro tiempo |
De otra manera se
muestra la ciudad en la
serie de dibujos
Nuestro tiempo. Se
valoriza ahora un
escenario en el cual
conviven, se enfrentan y
luchan los personajes:
perseguidos y
perseguidores;
explotados y
explotadores; enmarcados
de manera referencial en
la urbe a través de
anuncios, construcciones
o avenidas, motivos que
forcejean en la escena
al referir el contexto
pictórico. Hasta cuando
alude a los
trabajadores, estos se
sitúan en el espacio de
la fábrica, área
vinculada también al
desarrollo poblacional y
urbano.
Con él estamos ante
nuestro primer pintor de
la modernidad cultural.
Pogolotti sincroniza con
esta nueva iconografía
que coloca al obrero en
un primer plano,
consecuencia de los
acontecimientos
económicos que
diagramaron los últimos
años de la década del
20, con el crac
bancario y la posterior
Depresión. Así deja
plasmado el tiempo del
enfrentamiento, el de la
verdadera crisis, el de
la denuncia. Su obra
vibra en dicho contexto
dentro de una
iconografía que entonces
se posiciona de los
acontecimientos.
En ese sentido será el
primer artista americano
o al menos uno de los
primeros en trabajar la
estética de la máquina y
esta como emblema de la
fábrica, de la
enajenación del
trabajador, pero también
de una nueva dimensión
artística. Todos estos
factores conducen a una
obra en tiempo
histórico, desde la
misma creación con la
incorporación de los
discursos más modernos
como el futurismo, el
cubo-futurismo, el
maquinismo, el
expresionismo, el
montaje paralelo, con
ediciones de planos que
remiten a Tiempos
modernos y
Metrópolis, con lo
cual la novedad es
también correlato con
otras artes.
A todo lo anterior se
suma la técnica, la
invención del collage
metálico para ofrecer
una singularidad a este
aporte de la modernidad
y lograr así un
contraste de grises. El
cromatismo de una obra
que no es estridente
sino por el contrario
sobria, donde los
enfrentamientos
cromáticos están
atemperados por un
diseño de contrapuntos
de líneas y volúmenes,
manos y cuerpos soportan
el equilibrio y, a la
vez, contribuyen a la
dinámica del espacio.
Fragmentos de las
palabras de introducción
al libro Marcelo
Pogolotti. Un aventurero
de la modernidad,
cortesía Museo Nacional
de Bellas Artes. |