La Habana. Año XI.
28 de JULIO
al 3 de AGOSTO de 2012

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Nuestro primer pintor
de la modernidad cultural
Luz Merino • La Habana

Nos encontramos ante uno de los más interesantes y singulares pintores modernos cubanos. Modernidad dada, entre otras cuestiones, por su enclave citadino. El lector podrá comprobar la modernidad de Pogolotti, su sentido urbano y a la vez cosmopolita adquirido en todo ese tráfico americano y europeo. La ciudad estaba estampada desde las plumillas habaneras; desde las esquinas y rincones de una ciudad que se modernizaba y en la cual lo colonial convivía como recuerdo, testigo de una época asociada a un pasado de tradición.
 


"Aquí se trabaja para nada" ("Cortadores de caña" o "Colonia"), 1931
De la serie Nuestro tiempo

De otra manera se muestra la ciudad en la serie de dibujos Nuestro tiempo. Se valoriza ahora un escenario en el cual conviven, se enfrentan y luchan los personajes: perseguidos y perseguidores; explotados y explotadores; enmarcados de manera referencial en la urbe a través de anuncios, construcciones o avenidas, motivos que forcejean en la escena al referir el contexto pictórico. Hasta cuando alude a los trabajadores, estos se sitúan en el espacio de la fábrica, área vinculada también al desarrollo poblacional y urbano.

Con él estamos ante nuestro primer pintor de la modernidad cultural. Pogolotti sincroniza con esta nueva iconografía que coloca al obrero en un primer plano, consecuencia de los acontecimientos económicos que diagramaron los últimos años de la década del 20, con el crac bancario y la posterior Depresión. Así deja plasmado el tiempo del enfrentamiento, el de la verdadera crisis, el de la denuncia. Su obra vibra en dicho contexto dentro de una iconografía que entonces se posiciona de los acontecimientos.

En ese sentido será el primer artista americano o al menos uno de los primeros en trabajar la estética de la máquina y esta como emblema de la fábrica, de la enajenación del trabajador, pero también de una nueva dimensión artística. Todos estos factores conducen a una obra en tiempo histórico, desde la misma creación con la incorporación de los discursos más modernos como el futurismo, el cubo-futurismo, el maquinismo, el expresionismo, el montaje paralelo, con ediciones de planos que remiten a Tiempos modernos y Metrópolis, con lo cual la novedad es también correlato con otras artes.

A todo lo anterior se suma la técnica, la invención del collage metálico para ofrecer una singularidad a este aporte de la modernidad y lograr así un contraste de grises. El cromatismo de una obra que no es estridente sino por el contrario sobria, donde los enfrentamientos cromáticos están atemperados por un diseño de contrapuntos de líneas y volúmenes, manos y cuerpos soportan el equilibrio y, a la vez, contribuyen a la dinámica del espacio.

Fragmentos de las palabras de introducción al libro Marcelo Pogolotti. Un aventurero de la modernidad, cortesía Museo Nacional de Bellas Artes.

 
 
 
 


GALERÍA de OBRAS

Pogolotti en el camino
del arte

 
 
 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.