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"Siglo XX (o El
regalo a la
querida)", 1933 |
En la pintura de Cuba se
destacan nombres de
creadores que han hecho
aportes trascendentes, y
la figura de Marcelo
Pogolotti ocupa un lugar
prominente entre los
forjadores de la
modernidad pictórica de
la Isla.
El artista, nacido en la
Habana el 12 de julio de
1902, puede ser
considerado
legítimamente como un
anticipador de los
logros estéticos
fraguados con
posterioridad en la
visualidad artística
cubana de proyección
universal.
Con una obra rica en
temas nunca antes
tratados, abordados
desde una aparente
frialdad y una estudiada
distancia —detrás de las
cuales se hizo evidente
el compromiso del
artista con su firme
creencia en las
urgencias de la
transformación social—,
y con la inclusión de
sectores entonces
marginados del mundo de
la iconografía cubana,
el legado de Pogolotti
deviene indispensable en
el conocimiento de una
marca plástica
identitaria, espejo de
preocupaciones cívicas,
éticas, políticas y
estéticas.
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"La caridad (o
Caridad de mal
metal)", 1930 |
La fragmentación de los
elementos que integran
sus obras a modo de
secuencias fílmicas es
característica de su
pintura en los años 30.
Logra así una visión
abarcadora del tema que
trata, y con un discurso
objetivo, analítico,
profundo, carente de
apasionamiento, aborda
de manera directa y muy
singular la crítica
social, el movimiento
obrero y la marcada
diferencia de clases
sociales a través de una
realización pictórica
cercana a Léger, rica en
elementos
arquitectónicos.
Pogolotti es uno de los
pintores que, como parte
de ese proceso continuo
de afirmación y cambio
en las artes plásticas,
va más allá del arte
mismo y en el que
resulta evidente la
relación arte-vida, la
actitud crítica del
artista, de
transformación de la
sociedad, consecuente
con su momento y función
social.
Principio y fin de la
creación de Pogolotti lo
fueron el afán por
renovar el lenguaje
plástico y el interés
por situar el arte en
función de la
emancipación humana.
Supo resolver las
tensiones entre lo
artístico y lo
conceptual, entre la
anticipación estética y
la premonición
revolucionaria.
Diez años de activa
creación pictórica lo
llevaron al indiscutible
lugar que ocupa en las
artes plásticas cubanas.
Diez años pródigos que
valen una eternidad por
sus aires renovadores.
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"Evasión", 1937 |
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