La Habana. Año XI.
20 al 27 de JULIO de 2012

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Vicente Bonachea, pintor de su tiempo

Jorge R. Bermúdez • La Habana

“Todas las cosas tienen su tiempo (…) Hay tiempo de nacer y tiempo de morir”, dice El Eclesiastés. Aunque acepto la sabiduría eterna contenida en el libro que más admiro del Viejo Testamento, junto al Cantar de los Cantares y los Salmos de David, no entiendo —o no está al alcance del entendimiento humano— por qué una persona en plenitud de facultades se le anticipa su tiempo de morir. Este es el caso del pintor Vicente Bonachea. Su muerte nos sorprendió a todos. Estaba en provincia cuando me enteré de la noticia. Hace ya más de un cuarto de siglo que conocí al artista y al amigo en el Instituto Politécnico de Diseño Industrial, sita en Belascoaín entre Estrella y Maloja. Él impartía clases de dibujo e ilustración en dicha institución docente; yo, Historia del Diseño Gráfico. Desde el primer momento admiré en él su voluntad para crear una obra. De tiempo en tiempo me mostraba sus ilustraciones para libros de cuento y poesía. Vi cómo el artista crecía a despecho de las dificultades que a diario nos imponía —y nos impone— la vida. Creaba con humildad, sin hacer ostentación alguna de un quehacer que iba ubicándose con voz propia en el ámbito artístico de inicios de los 90. Todo el vocabulario expresivo que entonces logró concebir en la ilustración, lo llevó a la pintura con lenta pero progresiva organicidad, tanto en lo formal como en lo conceptual. De la narración poética pasó a la poesía contada. Su identidad visual, enriquecida con las fabulaciones aprehendidas de los libros que con verdadero oficio ilustró, devino una poética cada vez más personal. En un momento en que las fronteras entre géneros empezaron a hacerse cada vez más imprecisas y la diversidad de lenguajes, desde las posiciones más tradicionales hasta las más trasgresoras y originales, generó una verdadera marea visual, no ajena del todo a un mercado del arte en ciernes, la obra de Bonachea se insertó con valores muy propios en el firmamento visual de la época, sin alboroto ni inmodestia alguna, tal y como él era en persona.
 


"Como un divino reptil"

En tal contexto Vicente Bonachea también fue de los pintores que asumieron la renovación de la imagen de nuestro icono mayor, José Martí, con la misma voluntad poética con que ponía a una salamandra a tocar el violín en una noche de luna. Su flora y su fauna se erigieron únicas en su momento, y, entre ambas, Martí fue más nuestro, más hijo del arroyo y de la palma. De ahí que cuando concebí la Antología visual de José Martí (Editorial Letras Cubanas, 2004), no dudé en darle a Vicente el espacio que, por derecho propio, le pertenecía, aun cuando las limitaciones económicas y el inmenso caudal de obras relativas al Apóstol, me obligó a solo elegir una imagen por auto, lo que hizo en extremo difícil la selección, sobre todo, en el período correspondiente al arte de los 90. “En un carro de hojas verdes” (óleo / madera, 2000), fue mi elección con respecto a Vicente. En esta obra asume la interpretación pictórica de los conocidos versos “Yo quiero salir del mundo / por la puerta natural / en un carro de hojas verdes / a morir me han de llevar”. Esta obra fue la escogida por el escritor villaclareño Yamil Díaz Gómez, para la cubierta de su libro Crónicas martianas (Editorial Capiro, 2007). “Hazme el favor de hablar con Vicente, para que me autorice a usar su obra en mi libro”, me pidió Yamil, a quien le había hecho entrega de un ejemplar de mi Antología visual. “No te preocupes —le respondí—, con Vicente no hay problema”. Y no lo hubo. Por el contrario, se sintió dichoso de ser el preferido por el joven autor. Siempre aceptó toda convocatoria a exposiciones relacionadas con las efemérides de nuestro Hombre Mayor, sin poner reparo alguno en la galería elegida ni en la juventud de los artistas que iban a exponer su obra junto a la suya. Para él la única jerarquía posible fue la humana. “Todas las cosas tienen su tiempo”, reza la prédica del sagrado texto. Sin duda, él tuvo el suyo… Y lo tendrá por siempre no solo entre los que lo conocieron, sino también entre los que han hecho grande nuestra historia del arte.   

 
 
 
 
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ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.