La Habana. Año XI.
20 al 27 de JULIO de 2012

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La conmovedora historia de un corazón helado

Laidi Fernández de Juan • La Habana

Almudena Grandes, narradora madrileña de 52 años, conocida internacionalmente por sus novelas Las edades de Lulú, Te llamaré viernes, Malena es un nombre de tango, Atlas de geografía humana e Inés y la alegría, con la cual obtuvo el Premio de la Crítica de Madrid en el año 2010, escribió hace un lustro el libro que hoy nos disponemos a presentar, publicado cuidadosamente por la editorial Arte y Literatura. Esta novela, que nos llega precedida por las distinciones Fundación Manuel Lara y la del Gremio de Libreros de Madrid que alcanzara en el año 2008, puede considerarse, como hizo la propia autora, una obra de ficción en la cual los episodios más inverosímiles y dramáticos, se inspiran en hechos reales.
 

Al contrario de muchos escritores y escritoras que utilizan la Historia como telón de fondo o apoyatura para sus narraciones centrales, en esta novela Almudena le otorga vida autónoma a los acontecimientos que se refieren a dos momentos concretos de España: los años inmediatos al zarpazo franquista, con toda la carga de angustia, decepciones y espantos a que condujo, y la actualidad, vistos ambos períodos a través de sendas familias, que, al estilo de los Montescos y los Capuletos, parecen estar irremediablemente enemistadas.

Antes de adentrarme en la motivación literaria del mundo familiar, que resulta imprescindible para el agarre que esta novela consigue, permítanseme algunas consideraciones acerca del primero de los momentos históricos al cual hace referencia. En el valiosísimo libro Ve y cuenta lo que pasó en España, antología de documentos realizada en el año 2000 por la catedrática Aránzazu Usandizaga, esta refiere en la introducción que “las generaciones españolas posteriores a la guerra tenemos un sentimiento ambivalente hacia el conflicto porque hemos crecido a la sombra del recuerdo privado y público de la tragedia, en la conciencia cultural común de un pasado reciente a menudo silenciado, de un punto de la historia intencionadamente olvidado que determinó un final y un principio para tantos. Aunque sean ya pocos los combatientes que sobreviven, la guerra civil sigue siendo parte íntima de nuestra historia, una experiencia remota y próxima, una vivencia reconstruida entre silencios y palabras entrecortadas [….] pero, aunque profundamente enraizada en la historia de España, cultural e históricamente, la guerra civil, es además de española, propiedad internacional”.

Precisamente el carácter definitorio que encierra la división de España en dos profundas franjas ideológicas donde coexiste la sensación de lejanía y de proximidad en los hijos y en los nietos de quienes protagonizaron dicha incisión, determina el lecho palpitante que borbotea por debajo de la trama de esta novela, de modo que el público lector percibe el peligro de una tragedia causada por heridas cerradas en falso. Muy a propósito he evadido hasta aquí el título de esta ambiciosa y apasionante obra. Ello se debe a que antes, he de señalar que nunca han sido más explícitos los endeudamientos que un autor o autora reconoce haber contraído, que en el caso de El corazón helado. Once cuartillas dedica Almudena Grandes a sus agradecimientos, con lo cual no solo da muestras de su honestidad como escritora, sino, sobre todo, como ser humano. Además de encontrar allí nombres conocidos por los cubanos como el cantautor Joaquín Sabina, el editor Chus Visor, el poeta Luis García Montero, la señora María Teresa León, madre de nuestra querida Aitana Alberti, aparecen otros personajes, como esos dos inmensos maestros que son Benito Pérez Galdós (a quien la autora agradece por haber escrito), y Antonio Machado, por todo y por el título.

Fue así que me di a la tarea de buscar el último poema de “Proverbios y Cantares” donde aparecen los versos que, como exergo, dan inicio a las casi 900 páginas de la novela:

Ya hay un español que quiere
Vivir y a vivir empieza,
Entre una España que muere
Y otra España que bosteza.
Españolito que vienes
Al mundo, te guarde Dios.
Una de las dos Españas
Ha de helarte el corazón.

Luego de la agudeza de mostrarnos la amarga advertencia que hiciera el poeta, Almudena nos deja en la disyuntiva de escoger cuál de sus dos países ha de helarnos a todos, porque, como bien señalara Aránzazu, aquella guerra fue y sigue siendo internacional, y en lo que nos atañe a los cubanos, España es tan cercana a nosotros para bien y para mal, que nada de ella nos puede resultar ajeno. Baste señalar cuando Pablo de la Torriente Brau se incorporó a la guerra y allí perdió la vida en 1936, los mil combatientes cubanos que integraron las Brigadas Internacionales, y los lazos familiares que nos han unido desde siempre.

Así como la novela El hombre que amaba los perros, de Leonardo Padura ofrece un panorama del terror estalinista, El corazón helado descubre, quizá por primera vez, los turbios telones tras los cuales se esconde un elenco macabro integrado por quienes robaron, delataron, contribuyeron al desfalco material de muchas familias españolas y a la ruina física y moral de un considerable número de víctimas.

Inevitablemente existen puntos comunes entre estas dos novelas, dado el hecho de que abordan similares épocas. Invito a los lectores y a las lectoras al encuentro de dichas coincidencias, aunque me permito el siguiente adelanto, de la boca de la propia Almudena: “Es verdad que, al final de la Segunda Guerra Mundial, los aliados volvieron a traicionar de una manera vergonzosa, por segunda y definitiva vez, a la democracia española en general, y, en particular, a las decenas de miles de antifascistas españoles que habían combatido contra los nazis y que se encontraron con que su lucha, y su sacrificio, solo habían servido para afianzar a Francisco Franco en el poder”. A través de la descripción objetiva de las condiciones en que vivieron los refugiados españoles que habían apoyado a la República o sido ellos mismos militantes rojos, la escritora ofrece el panorama desolador de esas sobrevivencias, donde la añoranza por el país natal y la rabia de la derrota actuaron como fantasmas aniquiladores.

La otra España, la actual, es mostrada según el buen vivir de que lo pudiera calificarse “una familia pija”, utilizando términos que nos llegan en seriales españoles de última hora. La habilidad de esta autora para tejer la complicada urdimbre donde llegan a entrelazarse los rencores del pasado con las pasiones del presente, representadas ambas emociones por cada clan familiar, desborda todo intento de encasillamiento. Con elementos de un buen melodrama, de un cuidadoso suspense, y también con recursos de la novela negra, elabora un complicadísimo argumento que atrapa a los lectores de principio a fin. No solo es su capacidad de fabular respetando la Historia dentro de su versión novelada en el sentido más clásico del término lo que nos atrae, sino su hábil modo para regresar a la narración inicial sin que nos percatemos de este juego literario hasta que no hemos concluido la lectura. Sucede un raro dejá vu que lejos de incomodarnos, nos complace sobremanera, ya que es fácil comprender que en 900 páginas, hasta el más acucioso espectador puede sentirse extraviado en algún momento de la lectura. El corazón helado no permite semejante pérdida. Si alguna duda nos asalta cuando vamos llegando al final, Almudena Grandes, hace honor a su apellido y nos conduce tierna, discretamente al punto de partida, vuelve a repasarnos su narración, hasta que llegamos satisfechos al punto del desenlace definitivo. Para concluir esta aproximación que espero motive la lectura de tan abarcadora novela, quisiera citar de nuevo a Machado, en estos otros versos que resumen lo que padecí cuando no supe si sentir pena por lo que se ha perdido, o entusiasmo por lo que debemos alcanzar:

Que el mismo albo lino
Que te vista, sea
Tu traje de duelo,
Tu traje de fiesta.

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.