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Leonardo da Vinci fue
una de las figuras más
geniales de la
humanidad. Ya lo sería
por derecho propio si
solo tuviéramos en
cuenta sus cualidades
artísticas como pintor y
escultor: la “Mona
Lisa”, el retrato más
famoso y enigmático
en la historia de la
pintura; “La última
cena”; “La dama
del armiño”, o la
estatua ecuestre de
Francesco Sforza, así lo
demuestran. Pero lo
realmente sorprendente
de Leonardo es su
naturaleza multifacética,
la conjugación en una
misma persona de la
mente curiosa y ordenada
de un científico con la
sensibilidad poética del
artista, ambas al más
alto nivel,
sobresaliendo un buen
palmo sobre el resto de
sus contemporáneos.
Sin embargo, los méritos
de da Vinci,
el
científico, son mucho
menos conocidos que los
del artista. Esto
difícilmente debe
sorprendernos. Vivimos
en un mundo donde un
buen deportista o un
cantante, no solo
reciben mucha más
retribución material,
sino también más
notoriedad que un buen
científico. Era así en
los siglos XV y XVI en
los que vivió
Leonardo y lo sigue
siendo en el XXI.
Dentro del quehacer
científico del genio
florentino lo más
popular quizá se
corresponda con su labor
ingenieril;
desde los novedosos
artefactos de guerra
diseñados para Ludovico Sforza —Leonardo,
incluso, puso su genio
al servicio de la
muerte—, hasta los
ingenuos prototipos de
máquinas voladoras,
helicópteros, tanques, concentradores de
energía solar y
calculadoras, todos
proyectos sin concretar
y demasiado avanzados
para la ciencia de su
época. Sin embargo, sus
estudios de anatomía han
sido, mucho menos
divulgados y puestos en
relieve.
De la mirada del artista
a la búsqueda de “la luz
de la verdad”
El interés anatómico de
Leonardo surge en el
taller de
Verrocchio,
donde se formó como
pintor y escultor. El
maestro
Verrocchio
incentivaba en sus
pupilos el conocimiento
profundo de la anatomía
humana como forma de
perfeccionar sus
pinturas. Sin embargo,
en algún punto de su
vida estos estudios
iniciales dejaron de ser
para Leonardo una
exigencia meramente
artística y se
convirtieron en una
necesidad
epistemológica. Según
sus propias palabras, a
Leonardo lo sedujo “la
luz de la verdad”;
quería buscar el
conocimiento, descifrar
los enigmas que
encerraba el cuerpo
humano. Y solo había una
forma de hacerlo:
disecando cadáveres. Los
trabajos de anatomía de
Leonardo se concentran
alrededor de 1490 y
entre los años 1507 y
1513, período en el que
llegó a disecar
alrededor de 30
cadáveres.
La herejía de la
disección
En aquella época aun
bastante oscura, donde
la peste negra campeaba
por sus respetos,
Leonardo se jugó la vida
constantemente en sus
meticulosas disecciones.
No hubo parte de la
anatomía humana que
escapara a su curiosidad
científica. Sus
extraordinarios bocetos
iban acompañados de
notas muy precisas y
metódicas, siempre junto
a los dibujos, de
izquierda a derecha y en
escritura especular.
¿Por qué escribir de
esta forma tan bizarra?
Algunos estudiosos
consideran que con el
afán de ocultar sus
observaciones de miradas
indiscretas, quizá del
Vaticano; otros opinan
que al ser zurdo le era
más fácil hacerlo así
para ganar tiempo. Sea
cual sea la razón es
coherente con el sello
de su genialidad.
Los dibujos de Leonardo
representan de forma tan
perfecta y detallada la
disección del cuerpo
humano que muchos de
ellos son usados hoy en
ilustraciones
científicas. Siempre
prefirió la imagen
acuciosa a la palabra
escrita para exponer sus
hallazgos. Sus cuadernos
y apuntes, olvidados por
sus contemporáneos, son
objeto de análisis en la
actualidad, cinco siglos
después de su muerte.
Ochenta y siete de los
dibujos y manuscritos
resultantes de los
estudios anatómicos de
Leonardo han sido
exhibidos este año en la
Galería de la Reina en
Londres, en lo que
constituye la mayor
presentación de sus
trabajos de anatomía
celebrada hasta la
fecha.
Bajo el manto del
oscurantismo
eclesiástico
En 1514, Leonardo fue
acusado de brujería y
necromancia a causa de
sus estudios de anatomía
con cadáveres. Sus
cuadernos fueron
requisados y estudiados
por el Vaticano. Le
ordenaron detener sus
pesquisas o enfrentaría
las consecuencias
directas. Es muy posible
que solo su reconocida
genialidad como artista
lo salvara de la muerte
en aquellas
circunstancias.
Pero Leonardo estaba
orgulloso de su trunca
carrera como anatomista.
“Los 120 capítulos
compuestos por mí, darán
fe de que no he sido
impedido por la avaricia
o la negligencia sino
solo por el tiempo.
Adiós.” Escribió
después de la
Prohibición. Y
más o menos sobre la
misma fecha exponía este
inquietante pensamiento:
“Díganme, ¿habré hecho
yo algo que valga la
pena? Díganme si alguien
ha hecho en realidad
algo alguna vez.”
Si una persona tan
extraordinaria como
Leonardo da Vinci acunó
semejantes dudas, ¿qué
podríamos esperar
nosotros? El pintor
cubano Ignacio Nazábal
Cowan expresó en el
texto que acompañó su
exposición Las alas
del polvo que los
seres humanos somos
polvo con alas.
Aplicando su metáfora a
Leonardo da Vinci
diríamos: “Descansa en
paz, Maestro, son
contados quienes en
estos cinco siglos se
han acercado al vuelo de
tus alas”.
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El hombre de
Vitruvio
Este es uno de
sus dibujos más
famosos y donde
mejor se expresa
la naturaleza
dual de
Leonardo.
Construido para
representar las
dimensiones
ideales del
cuerpo humano,
este hombre fue
estampado a
partir de los
textos de
Vitruvio, un
arquitecto de la
antigua Roma. Su
figura ha pasado
ha ser uno de
los símbolos del
Renacimiento
como movimiento
sociocultural
que vuelve a
colocar al ser
humano en el
centro de la
atención,
desplazando el
largo predominio
de Dios. Las
dimensiones del
hombre de
Vitruvio no son
producto del
mero capricho
del artista,
sino el
resultado de una
profunda
investigación
anatómica que lo
llevó a exponer
las proporciones
entre las
diferentes
partes del
cuerpo en forma
de fórmulas
matemáticas. Por
esta razón
también
se le ha llamado
el Canon de las
Proporciones
Humanas.
Corazón
A
partir de los
estudios
anatómicos del
músculo
cardiaco,
Leonardo llegó a
descubrir que la
causa principal
de esta
enfermedad era
el
estrechamiento
de las arterias
por la
acumulación de
material en sus
paredes. De
haber sido
publicados estos
hallazgos y
tomados en serio
por sus
contemporáneos,
se habrían
salvado millones
de vidas desde
el siglo XV
hasta el XX.
También dejó
dibujos muy
exactos de las
válvulas
cardíacas y
notas que
permiten suponer
que interpretó
de forma
correcta su
funcionamiento y
se acercó
bastante a la
comprensión de
la circulación
sanguínea.
Hígado
A
Leonardo se debe
también la
primera
descripción de
lo que fue sin
duda un caso de
cirrosis
mediante la
observación del
hígado de uno de
los cadáveres
estudiados.
Huesos y
Músculos
En colaboración
con Marcantonio
della Torre,
profesor de
anatomía de la
Universidad de
Pavia, Leonardo
emprendió un
profuso estudio
de todos los
huesos del
cuerpo excepto
los del cráneo y
una buena parte
de la
musculatura. En
uno de los
dibujos el genio
anotó que para
1510 pensaba
culminar estas
investigaciones
pero la guerra y
la muerte
prematura de
Marcantonio por
la peste lo
impidieron. Su
tratado de
anatomía nunca
llegó a
publicarse.
Embriología
La sed de
conocimientos de
Leonardo lo
llevo al área
por aquel tiempo
tabú de la
embriología. Fue
el primero en
estudiar el feto
humano y
registrar
sistemáticamente
sus
observaciones.
Los hallazgos de
este padre
informal de la
embriología se
perdieron para
las generaciones
posteriores y
fueron
redescubiertos
por los
científicos del
siglo XX.
|
Bibliografía consultada:
-
Anónimo. Leonardo da
Vinci. En:
http://en.wikipedia.org/wiki/Leonardo_da_Vinci
- Clayton M. Medicine:
Leonardo's anatomy
years.
Nature, 484: 314–316.
Gómez N. Anatomía
Humana. En:
http://www.upf.edu/pdi/dcom/xavierberenguer/recursos/fig_calc/_4_/estampes/3_3.htm
- Pappas S. The Human
Body Parts that Stumped
Leonardo da Vinci.
Discovery News. En:
http://www.livescience.com/20157-anatomy-drawings-leonardo-da-vinci.html |