La Habana. Año XI.
20 al 27 de JULIO de 2012

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El Nobel tecnológico de Linus Torvalds
Miguel Ernesto Gómez • La Habana

Cuando en 1991 el entonces estudiante de la Universidad de Helsinki, Linus Torvalds, subió a una incipiente Internet un novedoso sistema operativo de código abierto, que denominó Linux, probablemente nunca imaginara el gran impacto que provocaría esa invención. Dos décadas más tarde, su idea está presente en los teléfonos móviles Android y forma la base de las plataformas de Facebook, Twitter, Google o Amazon.
 

Millones de personas utilizan Linux a diario —aunque no siempre lo noten—; además, a diferencia del software propietario, la filosofía que sustenta a Linux permite su uso, copia, modificación y libre distribución. Estas concepciones marcaron un notable cambio en el mundo de la informática y convirtieron a Torvalds en una figura de culto.

Cada tres meses llega a la red, para su descarga gratuita, una nueva versión del núcleo de Linux, supervisada por Torvalds. Desde 2005, cerca de 8 mil desarrolladores y casi mil compañías han aportado 15 millones de líneas de código, con las cuales se ha enriquecido el sistema operativo.

Con Linux, Torvalds ha ganado diversos premios; aunque ninguno tan importante como el que le acaba de otorgar la Academia de Tecnología de Finlandia. Esta prestigiosa institución decidió entregarle al finés, de forma compartida, el Premio Millennium 2012, considerado el Nobel de las nuevas tecnologías. En la justificación de esa selección se tuvo en cuenta “el gran impacto de sus logros en el desarrollo del software de código abierto y el trabajo en red”.

Los Nobel se entregan en seis categorías: Física, Química, Medicina, Literatura, Economía y la Paz; sin embargo, varias disciplinas han establecido reconocimientos del mismo rango. El Millennium se entrega cada dos años a la invención tecnológica que haya aportado una importante mejoría en la calidad de vida de las personas. Las propuestas salen de un comité de expertos y, finalmente, las selecciona un consejo de la Academia de Tecnología de Finlandia.

El primer Premio Millennium lo recibió, en 2004, el físico Tim Berners-Lee, considerado el creador de la “world wide web”. Luego lo han obtenido el profesor Shuji Nakamura, inventor de las luces LED blancas y azules, en 2006; el ingeniero Robert Langer, quien diseñó sistemas inteligentes de administración de fármacos, en 2008 y el físico suizo Michael Grätzel, creador de las células solares sensibilizadas por colorante, con las que se podrían desarrollar nuevas soluciones energéticas, en 2010.

En la ceremonia de premiación, junto a Torvalds, estuvo el otro triunfador de 2012: el doctor japonés Shinya Yamanaka quien investiga las células madre pluripotentes inducidas. Sus estudios han sido muy llamativos, porque el profesor evita las polémicas alrededor del uso de embriones. Los resultados de sus análisis podrían cambiar la manera en que se tratan diversas enfermedades en la actualidad.

Yamanaka y Torvalds recibieron 600 mil dólares y un reconocimiento simbólico insuperable. Sus nombres están en una corta, pero muy prestigiosa lista de científicos que ayudaron a cambiar el mundo. Desde el anonimato en muchas ocasiones, sus creaciones median o podrían mediar en un futuro no lejano en la vida de las personas.

Linux es el sistema operativo abierto más implantado en el mundo y uno de los motores del software libre. No ha podido acercarse a Windows de Microsoft, en las PC domésticas; sin embargo, domina ampliamente en centros de datos y en los teléfonos móviles. Casi el 80% de las transacciones bursátiles se realizan en plataformas que contienen al pingüino —la imagen gráfica que identifica al sistema— y gracias a la Licencia pública general, las posibilidades de desarrollo parecen ilimitadas.

En 1991 Torvalds tenía 21 años y en su habitación de la universidad inició “un pequeño proyecto” del que emergió Linux. Veinte años después, esa idea le permitió tener en sus manos uno de los premios más prestigiosos que se concede en el mundo de las nuevas tecnologías. Para el finés, aquel proyecto era solo “un divertimento para aprender”. Quizá lo siga siendo.

 
 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.