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Cuando en 1991 el
entonces estudiante de
la Universidad de
Helsinki, Linus Torvalds,
subió a una incipiente
Internet un novedoso
sistema operativo de
código abierto, que
denominó Linux,
probablemente nunca
imaginara el gran
impacto que provocaría
esa invención. Dos
décadas más tarde, su
idea está presente en
los teléfonos móviles
Android y forma la base
de las plataformas de
Facebook, Twitter,
Google o Amazon.
Millones de personas
utilizan Linux a diario
—aunque no siempre lo
noten—; además, a
diferencia del software
propietario, la
filosofía que sustenta a
Linux permite su uso,
copia, modificación y
libre distribución.
Estas concepciones
marcaron un notable
cambio en el mundo de la
informática y
convirtieron a Torvalds
en una figura de culto.
Cada tres meses llega a
la red, para su descarga
gratuita, una nueva
versión del núcleo de
Linux, supervisada por
Torvalds. Desde 2005,
cerca de 8 mil
desarrolladores y casi
mil compañías han
aportado 15 millones de
líneas de código, con
las cuales se ha
enriquecido el sistema
operativo.
Con Linux, Torvalds ha
ganado diversos premios;
aunque ninguno tan
importante como el que
le acaba de otorgar la
Academia de Tecnología
de Finlandia. Esta
prestigiosa institución
decidió entregarle al
finés, de forma
compartida, el Premio
Millennium 2012,
considerado el Nobel de
las nuevas tecnologías.
En la justificación de
esa selección se tuvo en
cuenta “el gran impacto
de sus logros en el
desarrollo del software
de código abierto y el
trabajo en red”.
Los Nobel se entregan en
seis categorías: Física,
Química, Medicina,
Literatura, Economía y
la Paz; sin embargo,
varias disciplinas han
establecido
reconocimientos del
mismo rango. El
Millennium se entrega
cada dos años a la
invención tecnológica
que haya aportado una
importante mejoría en la
calidad de vida de las
personas. Las propuestas
salen de un comité de
expertos y, finalmente,
las selecciona un
consejo de la Academia
de Tecnología de
Finlandia.
El primer Premio
Millennium lo recibió,
en 2004, el físico Tim
Berners-Lee, considerado
el creador de la “world wide web”. Luego lo han
obtenido el profesor Shuji Nakamura, inventor
de las luces LED blancas
y azules, en 2006; el
ingeniero Robert Langer,
quien diseñó sistemas
inteligentes de
administración de
fármacos, en 2008 y el
físico suizo Michael
Grätzel, creador de las
células solares
sensibilizadas por
colorante, con las que
se podrían desarrollar
nuevas soluciones
energéticas, en 2010.
En la ceremonia de
premiación, junto a
Torvalds, estuvo el otro
triunfador de 2012: el
doctor japonés Shinya
Yamanaka quien investiga
las células madre
pluripotentes inducidas.
Sus estudios han sido
muy llamativos, porque
el profesor evita las
polémicas alrededor del
uso de embriones. Los
resultados de sus
análisis podrían cambiar
la manera en que se
tratan diversas
enfermedades en la
actualidad.
Yamanaka y Torvalds
recibieron 600 mil
dólares y un
reconocimiento simbólico
insuperable. Sus nombres
están en una corta, pero
muy prestigiosa lista de
científicos que ayudaron
a cambiar el mundo.
Desde el anonimato en
muchas ocasiones, sus
creaciones median o
podrían mediar en un
futuro no lejano en la
vida de las personas.
Linux es el sistema
operativo abierto más
implantado en el mundo y
uno de los motores del
software libre. No ha
podido acercarse a
Windows de Microsoft, en
las PC domésticas; sin
embargo, domina
ampliamente en centros
de datos y en los
teléfonos móviles. Casi
el 80% de las
transacciones bursátiles
se realizan en
plataformas que
contienen al pingüino
—la imagen gráfica que
identifica al sistema— y
gracias a la Licencia
pública general, las
posibilidades de
desarrollo parecen
ilimitadas.
En 1991 Torvalds tenía
21 años y en su
habitación de la
universidad inició “un
pequeño proyecto” del
que emergió Linux.
Veinte años después, esa
idea le permitió tener
en sus manos uno de los
premios más prestigiosos
que se concede en el
mundo de las nuevas
tecnologías. Para el
finés, aquel proyecto
era solo “un
divertimento para
aprender”. Quizá lo siga
siendo. |