La Habana. Año XI.
20 al 27 de JULIO de 2012

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Veni, vidi
Eduardo del Llano • La Habana
Fotos: Cortesía del autor, ICAIC

I

Siempre admiré a Leonardo da Vinci, desde mis estudios de Historia del Arte, en la Universidad de La Habana, durante la primera mitad de los 80. Era un rey Midas, un profeta, un inmortal. El tipo de artista que, de nacer en la Cuba de hoy, se las vería moradas para que le evaluaran y pagaran por todo lo que hacía. Sobre todo cuando interpretaba por la libre los encargos, y algunos de sus inventos no parecían tener utilidad inmediata.

Hay figuras de la historia que parecen exactamente eso, y otras que uno sospecha serían gente con swing. Leonardo era, decididamente, un tipo con swing. Adelantado a su época, gruñón y conflictivo, dotado con un genio milagroso para encontrar la suprema belleza, creaba a Dios con las manos y la idea.
 


Rodaje de la película: Vinci

¿Cómo puede la “Mona Lisa” ser un eterno misterio? No el misterio ramplón de los best sellers, sino el de una atmósfera y una sonrisa que nos inquietan porque casi podemos reconocerlos. ¿Cómo pueden estar vivos sus animales, ser pétreas sus rocas y vibrar la carne de niños, mujeres, mancebos y ángeles? ¿Cómo se pueden inventar todas las máquinas, funcionen o no? ¿Qué había en ese chico provinciano llegado a Florencia con las ambiciones bajo el brazo, como tantos otros, para ser el Creador, el Demiurgo, el Artista supremo?

                                                        II

Vinci constituye mi opera prima como realizador de películas de (más o menos) largometraje. La anécdota que vertebra el relato es rigurosamente histórica. En 1476, a la edad de 24 años, Leonardo es víctima de una denuncia anónima que lo conduce a prisión. Aprendiz por entonces en la bottega florentina de Verrocchio —y, a esas alturas, ya mejor pintor que su maestro, según las habladurías— la acusación era lo bastante grave como para terminar con su carrera y, eventualmente, con su vida. Un par de meses después fue liberado; se ignora lo que ocurrió dentro de la prisión. Mi película aventura lo que podría haber sucedido.
 


Rodaje de la película: Vinci

La convivencia del genio por excelencia del Renacimiento —del cual el espectador conoce, al menos a grandes rasgos, el desempeño futuro— con un par de delincuentes de poca monta, individuos sin educación y que nunca antes se expusieron al arte, y con el carcelero que les vigila, constituye el hilo y el escenario de esta pieza de cámara. Los criminales reaccionan al arte de Leonardo; el joven toma de ellos conocimientos que luego le serán útiles, en tanto el guardia mira con recelo cómo el jovencito brillante mete ideas incómodas en la cabeza de sus, hasta entonces, mansos inquilinos.
 


Fotograma de la película: Vinci

Vinci es una metáfora acerca de la creación artística, el sentido de la belleza, las relaciones entre el artista y el poder. Tiene una lectura universal, lo que de ninguna manera excluye interpretaciones locales. El cine cubano se ha mirado demasiado el ombligo; Vinci da un paso hacia un cine nacional que no excluya personajes y temas que pertenecen a la humanidad entera, y que con lamentable frecuencia asociamos en exclusiva a iconos hollywoodenses. 

 
 
 
 


GALERÍA de IMÁGENES

El genio de Leonardo
da Vinci

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.