Caravana
a Inkta
Inkta contó que su
madre había vuelto
de
los campos y
que apenas hablaba:
días en
el jardín, a la caza
de minúsculas
orugas,
en el detalle de una
rama quebrada o sed
de la tierra ansiosa
de agua.
Ancianas que tejen,
mudas y en éxtasis,
abrigos para los
nietos que recién
ahora
conocen.
Son imágenes de
quienes pudieron
salvarse:
amos de lenguaje o
raídos igual a
huesos
chupados.
La frente afiebrada
recibe la caricia de
ese
silencio y a que el
sueño nos venza
esperan
para salir, siempre
creyendo que es la
última
vez —en largas y
ordenadas caravanas.
Composición
…ciertamente, aún no
has encontrado a
Dios.
Meister Eckhart,
Treinta días con un
gran maestro
espiritual
El sobresalto de
puntos de brillo al
caer,
puntos que son
cuerpos.
Creo que no leído
bien.
La expresión de
sorpresa porque
esto,
ningún signo
anterior sirvió para
predecirlo
o ese terror, cual
hormiguero, de que
sean
destinadas nuestras
vidas.
Así debió de ser el
sonido de frutas
contra
el suelo y
pertenencias que los
preceden.
Así, como los
perros, aguardarían
la llegada
de amo y lamer, al
caído entre las
cosas,
para reconocerlo.
El modo en que se
acumulan bultos que
ya
nadie puede
distinguir y la
rajadura de
armazón de cuerpos
luego de que
chocaron.
¿Es eso lo que dice?
No puede ser que
haya leído bien.
La ciencia de los
instantes
Acumulación en la
biblioteca del amigo
igual que en
pasarela
las modelos célebres
y conocí el desorden
de embajadas: un
piano eléctrico,
paquetes de ropa
todavía sin abrir,
rostros de
infierno en las
máscaras mexicanas,
una estera de
musulmán
y estantes —hasta el
techo— con tal ansia
de sabiduría que una
vida no iba a ser
suficiente. El labio
de acumulación y
recuerdo
que me pregunté
entre autores ¿para
qué servía todo
aquello?
O esa noche en la
que te conocí mejor,
cuando enrollaste un
periódico en el
lavamanos para que
escapara una
cucaracha
pequeña y así
quedaron explicados
el gusto de poseer,
gestos
indeseados, viajes a
través de idiomas y
—siempre— como una
madre muerta que
nunca termina de
flotar encima de la
casa,
la sombra del hambre
que te aterraba aún
más que morir. Es
frágil el huevo
vacío y seco, huele
durante días en la
punta del
dedo que, con una
ligera presión, lo
quiebra.
Lo he descubierto,
detrás de libros,
mientras buscaba
algo caído,
y entonces supe que
el esfuerzo de una
vida, como un
relámpago,
iba a ser arrasado.
Tenías razón, amigo,
sobre esto —que
nunca
discutimos— de
cucarachas. La
humanidad se define
cuando hay
la posibilidad de
salvarlas y es
desolado seguir.
Fuegos de artificio
para Kenneth Anger
Todavía las bocas y
las manos son de
inocencia,
ahora que terminaron
los juegos
y se exploran en la
escalera semioscura.
No se me esconde el
sudor,
como metáfora del
deseo,
y también que no
podrían explicar
cómo
llegaron aquí;
solo el flujo entre
los cuerpos y la
certeza
de que es eso lo que
hay que hacer.
Entonces los
sorprenden.
II
En fuegos de
artificio la
historia es narrada
mediante
el agua: un jardín
lleno de fuentes, el
agua cayendo
de la boca de las
estatuas y una
figura, suponemos
que de mujer,
enmascarada.
Visto de cerca,
demasiado cerca, el
líquido amenaza,
pero también es la
delicadeza; como
mismo, en suma
de años, se
terminará
descubriendo qué
ocurre con el
placer.
La sucesión de
figuras parece
escupir, condenar, y
la
enmascarada huye.
III
Robaron la
delicadeza: el
griterío cuando no
había
más meta que el
conocimiento, la
coloración de una
culpa en lo adelante
arrastrada.
Con esa energía,
como en un drenaje,
los cuerpos
tomaron su camino.
No coincidió y ni
siquiera se
reconocerían,
no sabe si la
interrupción es
muerte,
pero todavía está
allí y se sorprende
en la escena
rota, preguntando
—como quien olvida
el número de
teléfono
del primer amante—
qué pudo ser.
Víctor
Fowler Calzada:
En 1987 se graduó
como Licenciado en
Pedagogía
(especialidad Lengua
y Literatura
Españolas) en el
Instituto Superior
Pedagógico Enrique
José Varona de La
Habana. Durante
varios años ejerció
como profesor en el
nivel secundario. En
los 80 formó parte
del colectivo de
autores de la
publicación
Naranja Dulce,
en la cual dio a
conocer diversos
trabajos sobre
cultura y erotismo.
También se integró
al proyecto de
promoción cultural
Paideia,
surgido en 1989. Ha
publicado los
poemarios El
próximo que venga
(1986, Editorial
Extramuros),
Estudios de cerámica
griega (1991,
Editorial Letras
Cubanas),
Confesionario
(1993, Editorial
Abril),
Descensional
(1994, autoedición),
Visitas
(1996, Editorial
Extramuros),
Malecón Tao
(Ediciones UNIÓN,
2001), Caminos de
piedra (Centro
Provincial del Libro
de Ciudad de La
Habana, 2001),
Historias del cuerpo
(2001; Premio de
Poesía en el
Concurso Luis
Rogelio Nogueras en
1999, y el Premio de
la Crítica Literaria
2001) y El
maquinista de
Auschwitz
(Unión, 2004; Premio
UNEAC de Poesía 2003
Julián del Casal y
el Premio de la
Crítica Literaria
2004). Su poemario
La obligación de
expresar resultó
ganador del Premio
Nicolás Guillén en
2008, convocado por
la Editorial Letras
Cubanas, la
Fundación Nicolás
Guillén y el
Instituto Cubano del
Libro.