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El reciente coloquio
1912 en la memoria,
celebrado en la ciudad
de Santiago de Cuba,
conmemoró el
centenario de la
protesta del Partido
Independiente de Color
que terminó con la
masacre de cientos de
sus miembros. Dicho
encuentro fue altamente
enriquecedor desde su
primer día, al visitar
el cementerio Santa Efigenia; allí guardamos
minutos de silencio
evocando los nombres de
Evaristo Estenoz y de
Pedro Ivonet, los dos
líderes principales del
PIC, y también se evocó
a Serafín Portuondo
Linares, el primero en
reivindicarlos y darlos
a conocer, despojándolos
de las falsas
acusaciones de racistas
y anexonistas a traves
de su libro Los
Independientes de Color,
en 1950.
El conocimiento
adquirido durante la
primera jornada se amplió
significativamente al
siguiente mediante las
ponencias debatidas en
los paneles 1912 en la
Memoria. Miradas
múltiples, y El
alzamiento de los
independientes de color
en el camino de su reconstruccion
histórica, que
estuvieron precedidos de
una conferencia
introductoria del Dr.
Eduardo Torres Cuevas y
de los cuales formaron
parte los historiadores,
investigadores y/o
ensayistas Olga
Portuondo, Israel
Escalona Chadez, Hebert
Pérez Concepción,
Rolando Rensoli Medina,
Víctor Fowler, Tomás
Fernández Robaina,
Rafael Duharte Jiménez,
Pedro Castro Monterrey,
Joel Mourlot y
Alcibiades Poveda Díaz.
El último día del
Coloquio se realizó el
acto de clausura en el
poblado de Micara. Allí
se develó una tarja que
narra la mayor masacre
sufrida por los
independientes a manos
del Ejército
Constitucional. Se
oyeron las palabras
grabadas de una anciana
que testimoniaba su
juvenil recuerdo de la
llegada al pueblo del
cuerpo sin vida de
Evaristo Estenoz, y como
los relatos de su madre
y abuela evocaban los
puercos jíbaros
depredando los cadáveres
de los masacrados. La
Premio Nacional de
Ciencias Sociales Olga
Portuodo pronunció
sentidas palabras
concluyentes del evento,
que expresaron la
trascendencia de las
actividades y de los
debates.
¿Qué nos ha aportado
1912 en la memoria?
El balance crítico de
los temas debatidos
evidencian la existencia
de muy diversas y
novedosas valoraciones,
así como la permanencia
de otras que reiteran
criterios prejuiciados y
análisis sin tener en
cuenta las
contextualidades con las
que el PIC convivió. No
resulta difícil
comprender la necesidad
de ampliar y profundizar
los estudios que abordan
nuevas aristas de manera
objetiva, para
debatirlos y llegar a un
consenso sobre el PIC,
sus ideólogos, sus
líderes, sus miembros,
su receptividad por
parte de la población,
en pueblos y ciudades
del país donde se
constituyeron o no, sus
comités partidistas.
Lo anterior es
rigurosamente necesario
para perfilar de manera
objetiva los orígenes
clasistas,
educacionales,
generacionales y
religiosos, entre otros
aspectos de los que
militaron o apoyaron al
PIC.
Este acercamiento es de
extrema urgencia para
verificar la hipótesis
del no apoyo de la
comunidad negra. La
anterior se enarbola
como una tesis por
aquellos que demandan
una mayor cientificidad
en los estudios sobre el
PIC, y que asumen la
acusación a sus máximos
líderes de politiqueros,
carentes de verdaderos
ideales y principios
nobles en pro de la
mejoría social que
padecía la mayoría de la
población negra de
entonces.
La carencia del tan
socorrido apoyo se
evidenció en algunas de
las intervenciones del
primer y segundo días.
Sus exponentes citaron
nombres de
personalidades negras
que criticaron
fuertemente el
alzamiento; para
demostrar aún más ese
rechazo, se recalcó la
cantidad de negros
provenientes de los
sectores populares y
pobres que se enrolaron
como voluntarios para
combatir a los
independientes de color.
Ese hecho ya había sido
señalado por otros
historiadores, como lo
hace Alejandro de la
Fuente, al recordar que
Orum había dicho que el
partido había contado
con el apoyo de una
minoría de la comunidad
negra. También cita el
testimonio de un
afrodescendiente
entrevistado en 1969 por
Oscar Lewis, quien al
referirse a los hechos
de 1912 afirmó: “Luché
convencido contra los
Independientes porque
creía firmemente que la
Constitución reconocía
en su primer artículo
que todos los cubanos
eran iguales, por lo
tanto, nosotros, los
negros, nunca
deberíamos organizar un
partido político de una
sola raza. (Citado por
Alejandro de la Fuente.
A Nation for
all.
The Universiy of North
Caroline Press, Chapell
Hill& London,2001, pp.
76-77)
Estos elementos se toman
como una prueba decisiva
de la no identificación
de la comunidad negra
con las ideas de Estenoz
e Ivonet. ¿Puede
generalizarse y
aceptarse el fracaso del
PIC únicamente por la
supuesta falta de
solidaridad por parte de
cierto sector de la
comunidad negra? ¿Qué
fin persiguen los que
enfatizan esa actitud en
contra de los
Independientes?
Los contenidos de
algunas de las ponencias
debatidas evidenciaron
el impacto de ambas
figuras en la población
santiaguera al
describirse los trasladados al
cementerio, primero el
cadáver de Estenoz, y
posteriormente el de
Pedro Ivonet. La
información tomada de la
prensa subraya la
muchedumbre que acompañó
al féretro; en esa misma
dirección, pero en una
cantidad mayor se
describe el itinerario
seguido por el féretro
de Ivonet, a tal punto
que no todos los
participantes en el
entierro pudieron entrar
en el camposanto.
¿Qué nos llama la
atención de ambos
entierros? A pesar de la
tensión existente aún, y
del temor a posibles
ataques por parte de los
blancos racistas, no
pocos negros salieron a
la calle para
acompañarlos. Por
supuesto, de lo anterior
se puede inferir que en
la ciudad de Santiago
de Cuba no hubo
represión al negro
urbano, del modo como se
manifestó en La Habana y
en otras ciudades y
pueblos del país,
patentizado esto último,
sobre todo por las
caricaturas que la
aludían.
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“¡Alto, este es un negro
amigo!” |
Teniendo en cuenta lo
anterior emerge una
contradicción acerca de
la no solidaridad con el
PIC. Debe recordarse que
dicha organización tuvo
varias publicaciones
periódicas durante su
existencia: Previsión
(1908-1910), su órgano
oficial en La Habana;
Reivindicación
(1909-1910?), en la
ciudad de Sagua La
Grande, y Libertad,
que circula en Santiago
durante los primeros
meses de 1912. ¿Cómo era
posible la existencia de
tales publicaciones si
no se contaba con
simpatizantes, y
financiamiento para la
impresión y circulación
de tales colecciones?
Además, los partes
noticiosos de la llamada
prensa grande,
informando sobre los
mítines políticos del
PIC antes y después de
su ilegalización, nos
dan una imagen bien
diferente en esa
dirección.
Otro aspecto reflejado
en los debates fue la
unanimidad de que fueron
asesinados miles de
independientes, no
obstante la objetiva
investigación de María
de los Ángeles Meriño,
que demostró, a partir
de los certificados de
defunción, y las
noticias de los muertos
tomados de la prensa, la
cifra mucho menor a un
millar. Realmente no
hubo alusiones directas
a la investigación de la
historiadora Meriño,
pero la reiterada
afirmación de que fueron
miles, dejaba ver de
forma clara la adhesión
al criterio
históricamente
generalizado. No
obstante, en este campo
específico se debe
profundizar aún más, y
formular posibles
hipótesis que con el
tiempo puedan
verificarse del porqué
el escaso número de
datos objetivos que
confirmen una cifra
mayor de asesinados.
Todo parece indicar que
muchos de los masacrados
fueron enterrados en
fosas colectivas, aunque
no hay declaraciones en
ese sentido, pero la
grabación escuchada en
Micara abre la gran
posibilidad de tales
hechos y, por supuesto,
el hecho de que
sirvieran de alimentos a
los puercos y auras
tiñosas, le dan gran
fuerza y validez a los
testimonios tanto
oficiales como los de
los propios
sobrevivientes. Se ha
pasado por alto que no
hubo una reacción
oficial desmintiendo que
los muertos fueran
tantos; por el
contrario, se leyeron
documentos dirigidos al
Presidente de la
República, que
subrayaban los supuestos
combates y encuentros
del Ejército
Constitucional con los
alzados como verdaderas
carnicerías.
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Los resultados del
Coloquio nos sitúan ante
un reto imposible de
soslayar. La necesidad
de mapear a lo largo y
ancho del país toda la
documentación existente
en nuestros archivos
municipales y
provinciales
relacionados con el
tema. Afortunadamente,
se ha dado un paso
importantísimo con la
cronología confeccionada
acerca de los
Independientes de color,
y el catálogo de la
documentación
consultable en el
Archivo Nacional de
Cuba. Ambos resultados
han sido gracias al
esfuerzo de los
especialistas Bárbara
Danzey, Raúl Ramos
Cárdenas e Iván Vázquez
Moya.
No es posible pasar por
alto dos aspectos
ampliamente debatidos
desde su fundación: los
criterios de que eran
racistas, y que
procuraban la
intervención y posterior
anexión a los EE.UU. En
muy buena medida esos
dos tópicos han sido
abordados en libros,
ensayos y artículos
escritos tanto por
quienes pretenden
demostrar estas
acusaciones, como por
los que tratamos de
demostrar la falsedad de
ambas. Por tal razón,
sugerimos que se revisen
los textos
“Importancia
de la fundación del
Partido Independiente de
Color y la amplitud de
su programa”,
“Partido
Independiente de Color.
¿Eran racistas,
anexionistas?”, y
¿Morúa
tenía la razón?, entre
otros artículos de
diversos autores,
consultables desde las
páginas de La
Jiribilla. Estas
líneas tienen únicamente
el objetivo de
posibilitar un debate
más participativo entre
los interesados en el
tema.
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