La Habana. Año XI.
7 al 13 de JULIO de 2012

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Rita, no únicamente escultora
Manuel López Oliva • La Habana
Fotos: Archivo de Rita Longa

La escultura cubana cuenta en su historia con el nombre de una mujer que no solo hizo obra destacada destinada a espacios interiores y para la decoración de diversos ambientes públicos del territorio nacional, sino que fue una infatigable fundadora de proyectos en pos del desarrollo y el uso social  de esa manifestación del arte visual. Decir su nombre es suficiente para  abarcar una vertiente cultural de importancia en el oficio escultórico. Relieves, estatuaria, fuentes de agua, señalización histórica tridimensional, sitios de interés turístico provistos de figuras suyas cuyas formas y ritmos reencarnan simbólicamente a las etnias que poblaron nuestro archipiélago antes de la llegada de los europeos, parecen repetirnos su nombre: Rita Longa.
 


Toques finales a la escultura "Virgen del camino", 1951

Rita Longa se sitúa generacionalmente dentro de la hornada artística —de pintores, dibujantes y escultores— que irrumpen en el medio cultural habanero a mediados de la década de los 30. Se trata de creadores que le dieron mayor calado, variabilidad individual y alcance temático a la posición moderna y nacionalista que a partir de la mitad de los años 20 había generado una nueva perspectiva estética en la plástica de Cuba. Artistas, esos de la llamada “primera Vanguardia”, que superaron la Academia impuesta en tiempos coloniales y recibieron las improntas de los ismos europeos de la primera etapa, para dar paso a un arte entonces nuevo y capaz de expresar con universalidad la conciencia de cubanía.

Ese punto de vista sobre el arte encarnado por la joven Rita y  sus colegas (Mariano, Portocarrero, Carreño, Martínez Pedro, Cundo Bermúdez, Lozano, Estupiñán, Mijares, Mirta Cerra y otros) les permitió dar continuidad a las búsquedas metafóricas de la nación para sí en términos de poética visual. Y algunos de ellos, incluso, se sintieron conectados con preocupaciones sociológicas y formativas en lo artístico, como el Estudio Libre de Pintura y Escultura, donde la Longa figuró como instructora de una manera conceptualmente más avanzada que lo que en los 60 fue la fabricación de un ejército de instructores de arte. No obstante, tener que depender de  encargos publicitarios (como el diseño del “indio” de la Cerveza Hatuey) y propios de los intereses y afanes de simbología y lucro de los sectores económicamente poderosos de la República, lógicos en una vertiente nacional del arte —la escultura— que no contaba con los medios necesarios para su desarrollo autónomo como hecho creador, Rita siempre se identificó espiritualmente con acciones que ponían de manifiesto las ansias de soberanía y libertad de la gente de su país.


"Náyade", 1943

La obra de Rita Longa —tanto la realizada antes de la existencia del Estado Revolucionario, como la que corresponde a su funciones como partícipe escultórica de este— ha estado signada por su sentido de indagación en la memoria insular, el interés hedonista, la inserción de piezas fuertes en el paisaje  natural, la suma de lo alegórico con lo ornamental y al estructuración de un sistema de producción-promoción-encargo estatal-valoración y estética ambiental que permitiera a los escultores cubanos no solo vivir y realizar sus obras, sino igualmente establecerla en espacios donde tuvieran algún tipo de utilidad práctica o espiritual. Por ello, podemos decir que los aportes de  esa escultora nuestra fueron de dos tipos: intraartísticos (personales, verificados por las imágenes de sur realizaciones) y de proyección pública del movimiento nacional de escultura (compartido con otros artífices, sobre todo de generaciones posteriores, que la respetaban y seguían).

En lo concreto de su hacer, Rita desplegó numerosas series de piezas de salón, de monumentaria y decorativas que abarcaron contenidos religiosos, históricos, arqueológicos, mitológicos y románticos. Todo ello mediante una tectónica y estilo que fue variando de lo acentuadamente figurativo a figuraciones en cuyo diseño participaba la abstracción tridimensional  como recurso plástico. Formas suaves en algunas obras contrastaron con otras donde ángulos y planos participaban de la imagen con dinamismo casi “futurista”, pero dentro  de un hacer de profesión que tendía al sentido de los ritmos, la composición estable y una especie de acceso al espacio real desde la orientación de las líneas de fuerza de sus estructuraciones. Rasgos aparentemente opuestos de su personalidad artística —dureza y ternura, lo apolíneo y lo racional, lo ilustrativo y el acercamiento a la gestualidad lírica— están presentes, de una u otra manera, dentro de toda su producción: en lo hecho como exteriorización de una percepción lírica, en las visiones que dieron presencia plástica a determinado tema encomendado, en sus fuentes y en diseños escultóricos embellecedores o resueltos en pos de trazar señalizaciones para sitios de la memoria histórica.


"Bosque de los héroes", 1973

Cuando los que la conocimos recordamos a Rita Longa, la vemos como siempre fue: solícita con sus conocidos, escrutadora de morfologías que la naturaleza y la vida histórica aportan constantemente al ojo adiestrado, en diálogo franco que exponía su modo de imaginar y concebir la función pública de lo escultórico, exigente con la calidad del carácter material de la obra propia y ajena, identificada de esencia con un proyecto de utopías sociales que ella había aceptado como suyo. Sin dejar el don de mando que le caracterizaba, asomaban en la escultora su transparencia y una sensibilidad que ponía en actos tanto cuando se afanaba por  lograr algún propósito de alcance y servicio nacional, como en sus piezas concebidas como  obra autónoma o en las destinadas a sitios institucionales y ámbitos abiertos. Rita Longa aceptó el reto de aquella manifestación considerada “cenicienta” y quiso hacer de la escultura, en su obra y en la de sus colegas compatriotas, un crisol paisajístico acompañante de la vida del hombre común, un reservorio de sueños y testimonios subjetivos que proyectara el presente hacia las aspiraciones de futuro. Lo que hizo en su trabajo de artista y lo que impulsó desde la CODEMA que cofundó y presidió, le asignan un significativo sitial en el patrimonio cultural cubano generado durante la segunda mitad del siglo XX.

 
 
 
 


GALERÍA de IMÁGENES

Rita Longa Aróstegui

 


GALERÍA de Esculturas

La forma en el espacio

 
 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.