Un viaje con Eliseo
¿Qué hay en las
viejas puertas?
La familia
trajinando tus
afanes,
las naderías.
un juego extraño a
soledad
como el rincón que
huele más que a
otoño.
No entiendes a tu
sombra, va más allá
de las puertas
y como Enkidu,
el silencio hiere.
Sentémonos a
reflexionar sobre la
piedra,
el tiempo, cierra un
ciclo,
los muertos
resucitan.
Una casa está por
venderse
Por Dulce María
Loynaz
Nadie mira la casa.
Solo la ceniza rasga
las paredes
la luz,
penetra como un
párvulo
corteja el silencio
que tiene muchos
nombres,
y un espacio
donde el polvo marca
el vicio.
Una fila de
huérfanos insectos
muelen la luz como
jinetes,
todos tienen alas
tienen prisa,
para horadar la
muerte.
Me sumerjo en el
sillón
invade mi cabeza un
botín de huellas.
La obediencia de una
taza de café
como único recurso,
anticipa un eco
sin días,
sin palabras,
con la indefensa
virtud del que habla
a solas
mientras la voz es
un motivo para
buscar la calma.
No sé por qué la
casa muere, y siento
miedo.
Miedo de los cuatro
momentos.
Miedo del tiempo
donde las risas
vienen a nacer.
Una taza de café no
puede alejar una
idea fija.
Cerca de mí, el
perro
guarda los antojos
de una paz perfecta.
Veo mi cara,
un coro entona el
happy birthday
cuando bastan los
dioses atados a mi
nuca.
Como desalojar la
memoria,
si el tiempo burló
el polvo
con un antifaz,
mientras los
dormidos perforan la
noche
y la cadena,
genética cadena,
parte el pan con la
ausencia,
entre los fieles
pájaros que fueron.
No me ha faltado la
costumbre
un discurso entre
ellos y yo
unidos a mí, “la
noche negra”,
sin importar que el
tiempo torce el hilo
y la ironía, la
conciencia.
Será la casa un
mito, como antes
o un cascarón con la
raída sed
donde cercena la luz
lo que se nombra
y la manera de estar
cuando no estamos.
¿Quiero decir que la
casa sueña
y nos conmueve el
buenas tardes
donde vienen las
abejas,
hablamos del mar,
con el mismo reloj,
vacías las manos
de tribuna voz, de
siglos?
Cerca de mí, están
las fechas
con la cólera que
trastorna “el antes”
a pesar del sueño y
los peces
soy la misma.
Doy las
instrucciones.
Vendan mis muebles,
y la casa;
pero no el espejo,
donde aún soy joven.
Impongo un precio
antes de irme.
Al borde de un
domingo
"Estoy
cribando mis cariños
más puros"
César
Vallejo
I
La memoria en
hojas recién lavadas
vuelve
como una mujer de
grandes moretones,
una matriz fija las
esporas de la vida
entera;
pegando grittttos.
Guarda para sí los
365 días en que puso
huevos la nostalgia.
Ahora no soy más que
un nudo de sombras.
La casa oferta los
guarismas:
nada puede evitar
el café,
el milagro de los
frijoles negros
la boca abierta de
la niña Equis
(buen momento para
los palillos de
dientes)
Quién hubiera
pensado en los
domingos lamiéndonos
los codos.
II
Madre dijo que no
demoraría.
Algo poseen las
personas mayores
el don obligatorio,
la sordera de
imposibles.
No ceso un minuto de
parar el reloj
como quien graba un
domingo a la tres de
la tarde.
Alquilo un mundo al
borde de las
piedras,
y nazco otra vez.
III
Éramos todos
dentro de la casa
―copias de
generaciones―
devorando la mesa
con tanta cana tía
hablando y tanta
muerte diminuta.
El humo doméstico
algoritza la
nanicienta falda
(me acuerdo de los
pantaloncitos
bombaches)
el pan nos cobra sus
999 calorías (a las
12 de la noche),
labinomia fe, a
pulso,
sugiere probar el
agua del azul más
triste.
IV
No sirve de nada
el sírvete materno
que sale de la
tumba.
Amalgama de ovarios
transparentes
la indigencia
espiritual
del que pasa entre
sus propias baterías
genitales
y busca un leviatán
bíblico arrepentido.
No sirve de nada el
dogma humano
neutralizando el
cuerpo
con la guardamiopía,
el hambre de memoria
con la perspicacia
de quién vive y
quién muere.
Cuando se ha
quebrado el propio
hogar
las pupilas: dos
puertas que al
viento van y vienen
sombra...a...sombra,
rallándome las uñas,
las 61 uñas que
contaron los junios,
con la indiferencia
de las paredes,
sin olvidar los
retratos y...
toda la mudez bajo
la tierra.
V
La vida nos
lleva demasiada
ventaja.
Habla cierta lengua
de pájaros
como una políglota,
como un responso
como no sé qué
espanto.
Nombre, nombre de
sus nombres: pedazos
Mamá,
Papá,
abuela Julia,
Charles, Miriam,
Martica,
Luz María, Dulce
María y todas las
ecuménicas Marías
cosiéndome los
brazos y las muelas.
Pensamos que vendría
/ el domingo bocón
y la vegetal memoria
a servir de musgos,
nada más, rezando la
pura yema infantil
con sus nalgas
y su anillo
inconfundible.
VI
No veo a Dios
tocándome los
hombros,
No oigo las lenguas
que se van y llegan
muriéndose de
risa....
La extraña manera de
ser los niños azules
con una frágil
oración en los
pulgares
Extraño el: ¿di
mamá?
Ignoro la manera de
versar la
transparencia
para alzarnos solo
de espejo a espejo
con la única opción
de sonreír,
(volver a sonreír,
reír mucho)
ya no tengo Marías
que se van
ya no tengo TRIL
ya no tengo CE
ya no tengo nada,
nada,
nada.
Tomado de Alas Cuba
Thais Margarita
Ballenilla Rodríguez:
La Habana, 1950.
Poeta. Licenciada en
Bioquímica. Máster
en Ciencias
Toxicológicas,
Experta en Fármaco
toxicología del Buró
de Protección de la
Salud y Miembro de
la Comisión Asesora
Nacional de Equipos
Médicos del MINSAP
(Investigadora
Titular jubilada).
Ha publicado el
libro de poemas “Inventaré
una despedida”,
Editorial
Extramuros, 2010; y
el libro en
multimedia “Amar.
He aquí la poesía”,
Sociedad Cultural
José Martí y Oficina
del Programa
Martiano, 2010. Por
su obra y
actividades
literarias ha sido
distinguida, entre
otros
reconocimientos,
con: Diploma de la
Casa de Cultura de
Plaza por la
integración a las
actividades
literaria de la
Comunidad y premios
obtenidos en el
2005; y Premio de
Poesía Oros Nuevos
2009, auspiciado por
la Sociedad Cultural
José Martí y la
Oficina del Programa
Martiano, por el
cuaderno Amar. He
aquí la poesía.