La Habana. Año XI.
30 de JUNIO al 6 de JULIO
de 2012

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Thais Ballenilla
(La Habana, 1950)
 

Un viaje con Eliseo

¿Qué hay en las viejas puertas?

La familia trajinando tus afanes,
las naderías.
un juego extraño a soledad
como el rincón que huele más que a otoño.

No entiendes a tu sombra, va más allá de las puertas
y como Enkidu,
el silencio hiere.

Sentémonos a reflexionar sobre la piedra,
el tiempo, cierra un ciclo,
los muertos resucitan.


Una casa está por venderse

                                       
             Por Dulce María Loynaz

Nadie mira la casa.
Solo la ceniza rasga las paredes
la luz,
penetra como un párvulo
corteja el silencio
que tiene muchos nombres,
y un espacio
donde el polvo marca el vicio.

Una fila de huérfanos insectos
muelen la luz como jinetes,
todos tienen alas
tienen prisa,
para horadar la muerte.

Me sumerjo en el sillón
invade mi cabeza un botín de huellas.
La obediencia de una taza de café
como único recurso, anticipa un eco
sin días,
sin palabras,
con la indefensa virtud del que habla a solas
mientras la voz es un motivo para buscar la calma.

No sé por qué la casa muere, y siento miedo.
Miedo de los cuatro momentos.
Miedo del tiempo donde las risas vienen a nacer.

Una taza de café no puede alejar una idea fija.

Cerca de mí, el perro
guarda los antojos de una paz perfecta.
Veo mi cara,
un coro entona el happy birthday
cuando bastan los dioses atados a mi nuca.

Como desalojar la memoria,
si el tiempo burló el polvo
con un antifaz,
mientras los dormidos perforan la noche
y la cadena, genética cadena,
parte el pan con la ausencia,
entre los fieles pájaros que fueron.

No me ha faltado la costumbre
un discurso entre ellos y yo
unidos a mí, “la noche negra”,
sin importar que el tiempo torce el hilo
y la ironía, la conciencia.

Será la casa un mito, como antes
o un cascarón con la raída sed
donde cercena la luz lo que se nombra
y la manera de estar cuando no estamos.

¿Quiero decir que la casa sueña
y nos conmueve el buenas tardes
donde vienen las abejas,
hablamos del mar,
con el mismo reloj, vacías las manos
de tribuna voz, de siglos?

Cerca de mí, están las fechas
con la cólera que trastorna “el antes”
a pesar del sueño y los peces
soy la misma.

Doy las instrucciones.
Vendan mis muebles,
y la casa;
pero no el espejo, donde aún soy joven.

Impongo un precio antes de irme.


Al borde de un domingo

                                         "Estoy cribando mis cariños más puros"
                                                                            César Vallejo

I
La memoria en hojas recién lavadas vuelve
como una mujer de grandes moretones,
una matriz fija las esporas de la vida entera;
pegando grittttos.
Guarda para sí los 365 días en que puso huevos la nostalgia.

Ahora no soy más que un nudo de sombras.

La casa oferta los guarismas:
nada puede evitar
el café,
el milagro de los frijoles negros
la boca abierta de la niña Equis
                          (buen momento para los palillos de dientes)

Quién hubiera pensado en los domingos lamiéndonos los codos.

II
Madre dijo que no demoraría.
Algo poseen las personas mayores
el don obligatorio,
la sordera de imposibles.

No ceso un minuto de parar el reloj
como quien graba un domingo a la tres de la tarde.
Alquilo un mundo al borde de las piedras,
y nazco otra vez.

III
Éramos todos dentro de la casa
―copias de generaciones―
devorando la mesa
con tanta cana tía hablando y tanta muerte diminuta.
El humo doméstico algoritza la nanicienta falda
(me acuerdo de los pantaloncitos bombaches)
el pan nos cobra sus 999 calorías (a las 12 de la noche),
labinomia fe, a pulso,
sugiere probar el agua del azul más triste.

IV
No sirve de nada el sírvete materno que sale de la tumba.
Amalgama de ovarios transparentes
la indigencia espiritual
del que pasa entre sus propias baterías genitales
y busca un leviatán bíblico arrepentido.

No sirve de nada el dogma humano
neutralizando el cuerpo
con la guardamiopía,
el hambre de memoria
con la perspicacia de quién vive y quién muere.

Cuando se ha quebrado el propio hogar
las pupilas: dos puertas que al viento van y vienen
sombra...a...sombra, rallándome las uñas,
las 61 uñas que contaron los junios,
con la indiferencia de las paredes,
sin olvidar los retratos y...
toda la mudez bajo la tierra.

V
La vida nos lleva demasiada ventaja.
Habla cierta lengua de pájaros
como una políglota,
como un responso
como no sé qué espanto.

Nombre, nombre de sus nombres: pedazos
Mamá,
Papá,
abuela Julia,
Charles, Miriam, Martica,
Luz María, Dulce María y todas las ecuménicas Marías
cosiéndome los brazos y las muelas.

Pensamos que vendría / el domingo bocón
y la vegetal memoria a servir de musgos,
nada más, rezando la pura yema infantil con sus nalgas
y su anillo inconfundible.

VI
No veo a Dios tocándome los hombros,
No oigo las lenguas que se van y llegan muriéndose de risa....
La extraña manera de ser los niños azules
con una frágil oración en los pulgares
Extraño el: ¿di mamá?

Ignoro la manera de versar la transparencia
para alzarnos solo de espejo a espejo
con la única opción de sonreír,
                                               (volver a sonreír, reír mucho)
ya no tengo Marías que se van
ya no tengo TRIL
ya no tengo CE
ya no tengo nada, nada,
nada.

Tomado de Alas Cuba


Thais Margarita Ballenilla Rodríguez: La Habana, 1950. Poeta. Licenciada en Bioquímica. Máster en Ciencias Toxicológicas, Experta en Fármaco toxicología del Buró de Protección de la Salud y Miembro de la Comisión Asesora Nacional de Equipos Médicos del MINSAP (Investigadora Titular jubilada). Ha publicado el libro de poemas “Inventaré una despedida”, Editorial Extramuros, 2010; y el libro en multimedia “Amar. He aquí la poesía”, Sociedad Cultural José Martí y Oficina del Programa Martiano, 2010. Por su obra y actividades literarias ha sido distinguida, entre otros reconocimientos, con: Diploma de la Casa de Cultura de Plaza por la integración a las actividades literaria de la Comunidad y premios obtenidos en el 2005; y Premio de Poesía Oros Nuevos 2009, auspiciado por la Sociedad Cultural José Martí y la Oficina del Programa Martiano, por el cuaderno Amar. He aquí la poesía.

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.