La Habana. Año XI.
30 de JUNIO al 6 de JULIO
de 2012

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La voz del siglo
Un periódico cubano circuló en Madrid apenas iniciada la Guerra de los Diez Años
Cira Romero • La Habana

Hurgar en nuestra prensa plana del siglo xix, más que una aventura, es adentrarse también en el mundo complejo, posible en cualquier circunstancia y lugar, de la política.

Dieciséis de noviembre de 1868. Apenas 36 días antes, el 10 de octubre, había ocurrido el levantamiento de Carlos Manuel de Céspedes en su finca La Demajagua. El día citado un cubano, Nicolás Azcárate (1828-1894), vio con orgullo cómo por las calles de la capital española se voceaba La Voz del Siglo, en cuyo editorial, redactado por él, y bajo el título de “Declaración de principios”, se lee:

La Voz del Siglo viene a defender los principios proclamados por la revolución, o lo que es lo mismo, la libertad de cultos, entendiendo que si verdadera fórmula es la separación de la Iglesia y del Estado. La libertad de enseñanza. La libertad industrial y comercial”.

Y comentaba más adelante:

“Nuestras doctrinas tendrán especialmente por objeto su defensa y aplicación a las provincias de ultramar. Ellas son, como todas las demás, parte de la nación; pero habiendo vivido largos años bajo un odioso y funesto sistema político y administrativo, exigen de nuestra parte especial predilección a que son acreedores los que han estado privados de los bienes del progreso. Además, en ellas existe la esclavitud, y La Voz del Siglo no podría escribir una sola línea, después de su programa, si no proclamara su abolición. Creemos sinceramente que la revolución, que viene a reparar tantas injusticias, tiene por misión gloriosa la de borrar de las Antillas los amargos recuerdos que allí ha dejado el despotismo, vinculando para siempre la unidad nacional entre aquellas provincias y las de la Península, con lazos estrechos de fraternidad y de confianza; tal es la vehemente aspiración de La Voz del Siglo.”

¿Quién era Nicolás Azcárate, fundador de este periódico, de cuyas palabras se teje y se desteje cierto, pero muy lejano, aire separatista unido a un innegable efluvio reformista? Había nacido en La Habana en 1828. En 1854 se graduó de abogado en Madrid y a su regreso a Cuba fundó en 1856, junto con José Manuel Mestre y Francisco Fesser, la Revista de Jurisprudencia. En 1861 organizó el Liceo de Guanabacoa, de cuya sección de literatura fue presidente, pero la sociedad cayó bajo la sospecha de las autoridades españolas debido a reuniones que allí se efectuaban, que, aunque de carácter literario, provocaron el recelo de las autoridades.  Decidió entonces Azcárate que esas tertulias se organizaran en su propia casa de Guanabacoa, que se convirtió en un verdadero centro cultural: recitales, audiciones musicales y hasta un pequeño escenario se levantó donde actuaron, entre otras figuras, la poetisa Julia Pérez  Montes de Oca, hermana de Luisa Pérez de Zambrana, que representó allí el proverbio dramático Antes que te cases mira lo que haces, de la autoría de Carlos Navarrete y Romay, posteriormente recogido en los dos volúmenes que forman Noches literarias en casa de Nicolás Azcárate (1866), donde se agruparon, a modo de florilegio, muchas de las composiciones, preferentemente las poéticas, que allí se declamaron. En el propio año 1866, viajó a Madrid y fundó el citado periódico, además de colaborar en el titulado La Constitución.

La Voz del Siglo publicó en el mencionado primer número una larga lista de colaboradores residentes en Cuba, tales como Luisa Pérez de Zambrana, el conde de Pozos Dulces, por entonces director del periódico habanero El Siglo (1862-1868), vocero del movimiento reformista, Anselmo Suárez y Romero, José Morales Lemus, Juan Clemente Zenea, José Antonio Echeverría, José Ignacio Rodríguez y Enrique Piñeyro, aunque no apareció en el periódico ningún trabajo de ellos.

En el número correspondiente al 20 de noviembre de 1868, apareció un trabajo titulado “Advertencias”, en el que se señalaba: “La identidad de doctrinas, propósitos y aspiraciones de La Voz del Siglo y La Gaceta Economista hace innecesaria la publicación de esta, que se refunde en nuestro diario [...] La Voz del Siglo será, pues, desde hoy, como antes lo era La Gaceta Economista, órgano oficial de la Sociedad Libre de Economía Política y de la Asociación para la reforma de los aranceles de Aduana”.

No se caracterizó La Voz del Siglo por publicar materiales literarios, sino que prefirió dedicarse a cuestiones económicas, crónicas políticas y algunos trabajos sobre música y teatro. Entre los dedicados a la música, hay aportes de autores españoles y cubanos.

La publicación cesó con el número 57, correspondiente a enero de 1869, ejemplar en el que apareció una nota que decía:

“Causas ajenas a nuestra voluntad nos obligan a suspender la publicación de nuestro diario. Fundado con el noble propósito de defender las conquistas de la revolución, y su extensión a las provincias de América, como medio de consolidar su unión con la metrópoli, que ha sido siempre la vehemente aspiración de su Dirección, suspende sus tareas con la satisfacción de haber cumplido lealmente, durante su corta vida, los fines que se propuso”.

Nicolás Azcárate regresó a La Habana en 1875, pero se vio obligado a trasladarse a México por las amenazas recibidas del conde de Valmaseda, por entonces, y por segunda vez, Capitán General de la Isla, enfrascado en ese momento en contener el avance de las tropas mambisas. En la capital azteca, redactó, junto con Antenor Lezcano, quien sería cercano amigo de José Martí, El Eco de Ambos Mundos. En 1878 regresó a Cuba y reanudó sus reuniones literarias, esta vez en la casa de José María Céspedes, entre 1882 y 1886. Fundó el Liceo de La Habana y, junto con otros intelectuales y artistas, creó la Asociación de Escritores y Artistas Cubanos. Falleció en La Habana en 1894.

En tanto político reformista, Nicolás Azcárate contribuyó con su quehacer a través de la prensa a afincar el sentido de cubanía ya adquirido por nuestra sociedad en los albores mismos del estallido revolucionario. Si no se le puede dar la cualidad de revolucionario separatista del yugo español, estuvo imbuido de la necesidad de que en Cuba eran necesarias las transformaciones para salir adelante. Si su aspiración se quedó en hacer de Cuba una provincia más de la llamada Madre Patria, no puede obviarse su gesto de sentirse cubano y, sobre todo, su afán por llevar adelante empeños culturales de la mayor nobleza.

La Voz del Siglo, con el reformismo latente en sus páginas, fue también, dentro de esas posiciones, una voz, aunque en germen, de futuro.

 
 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.