La Habana. Año XI.
23 al 29 de JUNIO
de 2012

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Libertad Lamarque
La verdadera novia de América
Josefina Ortega • La Habana

Escribí recientemente en esta sección que fue en La Habana donde el ilustre barman Constantino Ribalaigua, propietario de El Floridita, creó el coctel Mary Pickford, inspirado en la famosa actriz norteamericana nacida en Canadá, a la que llamaban la Novia de América y cuya visita a la capital cubana en 1954 fue todo un suceso.

Pero más de un lector me advirtió —y alguno hasta molesto— que la verdadera Novia de América para los cubanos no fue aquella legendaria figura del cine mudo, sino la actriz y cantante argentina Libertad Lamarque, quien tuvo gran éxito en nuestro país y donde se dice fue bautizada con ese cariñoso epíteto.

Lo cierto es, y creo que nadie se atrevería a negarlo, que la gran dama del tango —nacida en la ciudad de Rosario, en 1908— fue una de las personalidades más queridas del público cubano, y su primera visita a nuestro país, entre enero y febrero de 1946, se catalogó como el acontecimiento artístico de la temporada.

Lo de Mary Pickford, sin duda, fue otra cosa.

Libertad Lamarque fue un ídolo del gran público de la Isla, que amaba sus tangos —casi tanto como los de Gardel, del que ella era su versión femenina—, y disfrutaba hasta el delirio de sus casi siempre lacrimógenas películas, muy al gusto de la época, de las que para entonces ya había protagonizado 17 en Argentina.

Por cierto, su melodrama Ayúdame a vivir —con argumento de la propia Libertad— y que le abrió las puertas del mundo, alcanzó tal popularidad que durante mucho tiempo se hizo costumbre en los cafés de La Habana pedir el socorrido café con leche con la voz de “ayúdame a vivir”.

Libertad Lamarque era una estrella de fama internacional cuando arribó a la capital cubana aquel 5 de enero de 1946 contratada por Amado Trinidad, presidente de la radioemisora RHC Cadena Azul, quien, según se comentó, le pagó una cifra exorbitante sobre la que ella no quiso hablar.

—Eso del dinero creo que no interesa al público… Yo hubiera venido hasta sin cobrar nada, le dijo al periodista Augusto Ferrer de Couto, del diario habanero Información, que la describió como una mujer encantadora, de indiscutibles encantos físicos: tiene línea; posee una distinción soberana, sus manos son como lirios; los ojos melancólicos y el cabello negro.


Libertad Lamarque y Pedro Infante

—Con este viaje —declaró la Novia la América— he realizado uno de mis más fervientes deseos. Conocer la República cubana era mi obsesión… Para venir he tenido que dejar incumplidos infinidad de contratos… pero, ya estoy aquí y muy a gusto por cierto.

En 1931 había sido nombrada la Reina del Tango en el teatro Colón de Buenos Aires. Y en 1940 recibió el Premio como la Mejor actriz extranjera por Puerta cerrada, nada menos que en la lejana Zagreb. Sus películas eran tan exitosas —se afirma— que solo los productores podían adquirir una de ellas si compraban varias de otros artistas. La Paramount Pictures de Hollywood llegó a ofrecerle un contrato por siete años, el cual ella rechazó argumentando que  prefería ser “cabeza de ratón a cola de león”.

A La Habana llegaba acompañada de su segundo esposo, el compositor y pianista argentino Alfredo Malerba. Con el primero y padre de su hija hay quienes afirman vivió una auténtica tragedia que la llevó a un intento de suicidio. Pero ya esos tiempos habían quedado atrás.

Ahora ella confesaba al periodista:

—Soy la mujer más feliz del mundo… y si lo tengo todo, ¿por qué he de quejarme? No se le olvide decir que me siento en Cuba como si fuera mi propia patria.

El recibimiento fue apoteósico. Sus admiradores no cesaban de mostrarle su afecto. El convertible en que hizo el recorrido desde el aeropuerto interrumpió el tráfico en más de una ocasión, lo que permitió a los fotógrafos fijar su imagen a sus anchas, mientras ella saludaba emocionada al público.

“Durante el mes que permanecimos en La Habana pasamos de un agasajo a otro; fueron días de verdaderas fiestas que no hemos olvidado”, escribiría años después en su autobiografía.

El 7 de enero debutó en el teatro América con un variado repertorio, con preferencia, por supuesto, de la música rioplatense, pero cerró el espectáculo con la canción “Facundo”, del cubano Eliseo Grenet, acogida con prolongados aplausos.

“Las funciones en el teatro América fueron —al decir del colega Leonardo Depestre— diarias y dobles, y la última, el domingo 20 de enero, fue nada menos que triple, es decir, ¡que hubo tres funciones ese día!”

Fue recibida por el presidente Ramón Grau San Martín, la festejaron en los más reconocidos restaurantes y centros nocturnos de la capital, entre estos últimos Tropicana. Se presentó también en Camagüey, Ciego de Ávila, Santa Clara, Holguín y Santiago de Cuba. Visitó hospitales y escuelas. Se despidió en el Anfiteatro Municipal de La Habana, donde fue ovacionada por cerca de 20 mil personas puestas de pie.

Diez años después, regresaría para hacer presentaciones por dos semanas.  

Otra vez La Habana le rindió sus honores.

Ya tenía 47 años, pero todavía conservaba su esplendor y sus ojos verdes deslumbraban. Su maravillosa voz se mantenía intacta. Todos se preguntaban, en especial las mujeres, sobre la fórmula que conservaba tan joven a la artista. Para muchos era un misterio.

Tal vez la respuesta la dio ella misma en aquella entrevista:

“Ni fumo, ni bebo vino ni champagne… No tengo más vicio que mi arte y amar a la familia…”

Activa hasta muy avanzada edad, Libertad Lamarque, la verdadera Novia de América, como me recordaron algunos de mis lectores, murió en el año 2000, recién cumplidos los 92. Dos años antes había sido “descubierta” por los jóvenes y encabezado titulares por su actuación en una telenovela.

 
 
 
 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.