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Escribí recientemente en
esta sección que fue en
La Habana donde el
ilustre barman
Constantino Ribalaigua,
propietario de El
Floridita, creó el
coctel Mary Pickford,
inspirado en la famosa
actriz norteamericana
nacida en Canadá, a la
que llamaban la Novia de
América y cuya visita a
la capital cubana en
1954 fue todo un suceso.
Pero más de un lector me
advirtió —y alguno hasta
molesto— que la
verdadera Novia de
América para los cubanos
no fue aquella
legendaria figura del
cine mudo, sino la
actriz y cantante
argentina Libertad
Lamarque, quien tuvo
gran éxito en nuestro
país y donde se dice fue
bautizada con ese
cariñoso epíteto.
Lo cierto es, y creo que
nadie se atrevería a
negarlo, que la gran
dama del tango —nacida
en la ciudad de Rosario,
en 1908— fue una de las
personalidades más
queridas del público
cubano, y su primera
visita a nuestro país,
entre enero y febrero de
1946, se catalogó como
el acontecimiento
artístico de la
temporada.
Lo de Mary Pickford, sin
duda, fue otra cosa.
Libertad Lamarque fue un
ídolo del gran público
de la Isla, que amaba
sus tangos —casi tanto
como los de Gardel, del
que ella era su versión
femenina—, y disfrutaba
hasta el delirio de sus
casi siempre
lacrimógenas películas,
muy al gusto de la
época, de las que para
entonces ya había
protagonizado 17 en
Argentina.
Por cierto, su melodrama
Ayúdame a vivir
—con argumento de la
propia Libertad— y que
le abrió las puertas del
mundo, alcanzó tal
popularidad que durante
mucho tiempo se hizo
costumbre en los cafés
de La Habana pedir el
socorrido café con leche
con la voz de “ayúdame a
vivir”.
Libertad Lamarque era
una estrella de fama
internacional cuando
arribó a la capital
cubana aquel 5 de enero
de 1946 contratada por
Amado Trinidad,
presidente de la
radioemisora RHC Cadena
Azul, quien, según se
comentó, le pagó una
cifra exorbitante sobre
la que ella no quiso
hablar.
—Eso del dinero creo que
no interesa al público…
Yo hubiera venido hasta
sin cobrar nada, le dijo
al periodista Augusto
Ferrer de Couto, del
diario habanero
Información, que la
describió como una mujer
encantadora, de
indiscutibles encantos
físicos: tiene línea;
posee una distinción
soberana, sus manos son
como lirios; los ojos
melancólicos y el
cabello negro.
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Libertad
Lamarque y Pedro
Infante |
—Con este viaje —declaró
la Novia la América— he
realizado uno de mis más
fervientes deseos.
Conocer la República
cubana era mi obsesión…
Para venir he tenido que
dejar incumplidos
infinidad de contratos…
pero, ya estoy aquí y
muy a gusto por cierto.
En 1931 había sido
nombrada la Reina del
Tango en el teatro Colón
de Buenos Aires. Y en
1940 recibió el Premio
como la Mejor actriz
extranjera por Puerta
cerrada, nada menos
que en la lejana Zagreb.
Sus películas eran tan
exitosas —se afirma— que
solo los productores
podían adquirir una de
ellas si compraban
varias de otros
artistas. La Paramount
Pictures de Hollywood
llegó a ofrecerle un
contrato por siete años,
el cual ella rechazó
argumentando que
prefería ser “cabeza de
ratón a cola de león”.
A La Habana llegaba
acompañada de su segundo
esposo, el compositor y
pianista argentino
Alfredo Malerba. Con el
primero y padre de su
hija hay quienes afirman
vivió una auténtica
tragedia que la llevó a
un intento de suicidio.
Pero ya esos tiempos
habían quedado atrás.
Ahora ella confesaba al
periodista:
—Soy la mujer más feliz
del mundo… y si lo tengo
todo, ¿por qué he de
quejarme? No se le
olvide decir que me
siento en Cuba como si
fuera mi propia patria.
El recibimiento fue
apoteósico. Sus
admiradores no cesaban
de mostrarle su afecto.
El convertible en que
hizo el recorrido desde
el aeropuerto
interrumpió el tráfico
en más de una ocasión,
lo que permitió a los
fotógrafos fijar su
imagen a sus anchas,
mientras ella saludaba
emocionada al público.
“Durante el mes que
permanecimos en La
Habana pasamos de un
agasajo a otro; fueron
días de verdaderas
fiestas que no hemos
olvidado”, escribiría
años después en su
autobiografía.
El 7 de enero debutó en
el teatro América con un
variado repertorio, con
preferencia, por
supuesto, de la música
rioplatense, pero cerró
el espectáculo con la
canción “Facundo”, del
cubano Eliseo Grenet,
acogida con prolongados
aplausos.
“Las funciones en el
teatro América fueron
—al decir del colega
Leonardo Depestre—
diarias y dobles, y la
última, el domingo 20 de
enero, fue nada menos
que triple, es decir,
¡que hubo tres funciones
ese día!”
Fue recibida por el
presidente Ramón Grau
San Martín, la
festejaron en los más
reconocidos restaurantes
y centros nocturnos de
la capital, entre estos
últimos Tropicana. Se
presentó también en
Camagüey, Ciego de
Ávila, Santa Clara,
Holguín y Santiago de
Cuba. Visitó hospitales
y escuelas. Se despidió
en el Anfiteatro
Municipal de La Habana,
donde fue ovacionada por
cerca de 20 mil personas
puestas de pie.
Diez años después,
regresaría para hacer
presentaciones por dos
semanas.
Otra vez La Habana le
rindió sus honores.
Ya tenía 47 años, pero
todavía conservaba su
esplendor y sus ojos
verdes deslumbraban. Su
maravillosa voz se
mantenía intacta. Todos
se preguntaban, en
especial las mujeres,
sobre la fórmula que
conservaba tan joven a
la artista. Para muchos
era un misterio.
Tal vez la respuesta la
dio ella misma en
aquella entrevista:
“Ni fumo, ni bebo vino
ni champagne… No tengo
más vicio que mi arte y
amar a la familia…”
Activa hasta muy
avanzada edad, Libertad
Lamarque, la verdadera
Novia de América, como
me recordaron algunos de
mis lectores, murió en
el año 2000, recién
cumplidos los 92. Dos
años antes había sido
“descubierta” por los
jóvenes y encabezado
titulares por su
actuación en una
telenovela. |