Sacudida
Los que llegan nada
saben de la espera,
ni del viaje detrás
de las figuras que
fueron al océano
a indagar por las
naves del encuentro,
a vadear los escollo
para evitar
naufragios. Las olas
nada entienden,
remontaron astucias.
Ahora es mejor
aplacar este sol
con aguas de
silencio, con
helados hechizos.
No hay inexistencia
porque nada existía.
Alguien se adelanta
buscando la
respuesta
fantasiosa.
Nadie sabe ahora
sumergirse
a descubrir el final
de la novela.
Simiesco es el
detalle.
Entre las algas
parpadean los
asombros, se han
dormido.
el efecto del
somnífero es
certero. Deshago
pareceres,
vierto en río
pequeño este
descreimiento
contra todo el amor.
Y espanto las moscas
de la espera
con leves manotazos
que lanzo a la
tristeza.
Y echa a caminar
cada día un corazón
Que si debió ser
como todos plantean,
que si la tarde
se enmascara con
brumas, que si el
reloj es un martirio
cuando no deja que
el tiempo se pare en
la hora señalada.
Que si este mar no
tiene dársenas para
amarrar
el minuto feliz de
esas naves. Que si
la palabra no fue
inscripta
en documentos donde
el amor se asienta.
Nada interpretará el
huidizo secreto
y esta lluvia vuelve
a desesperarnos
cuando por cada gota
ascienden los
despojos y el ojo de
la soledad nos mira
fijamente.
Estamos estrenando
costumbres
para consentir lo
irremediable de
estos espejismos
que abrevamos para
intentar
purificarnos,
como fue purificada
Santa Juana de Arco
porque la fe en sí
misma le hizo oír
esas voces
de San Miguel
Arcángel y otros
santos.
Y salvó a su país,
como quise salvar
este pequeño patio,
donde sigo oyendo
las voces de los
duendes,
nacen y mueren los
augurios,
y echa a caminar
cada día un corazón
con patitas de
paloma, y sube a los
asientos
para mirar al pájaro
que, como entonces,
se mece en lo más
alto de aquel pino.
A través de las alas
del pájaro
Está extraviado el
tiempo:
me asomo a
contemplarlo
ahora que veo pasar
algún rayo de luz
a través de las alas
del pájaro
que huye de mi
presencia.
En esta escena no
está Sísifo
subiendo con su roca
a la espalda.
Yo la porto sobre la
flaqueza
de un hombro
descarnado por otra
maldición
que me mantiene
bajando a recogerla
hasta el fondo del
Tártaro
al que intento
romperle,
con los puños del
sueño,
su infinito.
Carmen Serrano
Coello:
Poeta.
Sagua de Tánamo,
Holguín, 1939.
Licenciada en
Filología por la
Universidad de
Oriente, es miembro
de la Unión de
Escritores y
Artistas de Cuba
(UNEAC). Residió por
muchos años en
Baracoa, Guantánamo,
donde fue fundadora
del Taller Literario
y Directora de la
Revista literaria
Maguana. Ha
publicado los
poemarios:
Por este medio,
Talleres del Consejo
Nacional de Cultura,
1973;
Por el cauce de mi
río,
(Antología
personal), Ediciones
Unión, 2004;
Una paloma de espuma,
(poesía para niños),
Ediciones Holguín,
2008;
Por aquí andan mis
ángeles,
Colección Mariposa,
Editorial Oriente,
2008;
Esas ovejas que nos
balan dentro,
Colección La rueda
dentada, Ediciones
Unión, 2010;
Canción para
arrullar a un árbol,
Ediciones
Extramuros, 2011.