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Confirmación de sendos y
diferentes actos de
osadía artística por
parte de sus
realizadores, y prueba
de la madurez
intelectual de la
institución que los
propulsó, y representa,
el tardío estreno en
salas de los singulares
largometrajes de ficción
que son Chamaco,
rodada por Juan Carlos
Cremata hace tres o
cuatro años, y La
piscina, que Carlos
M. Quintela realizó en
2009, tienen mucho que
ver con la corriente más
subversiva
(narrativamente
hablando) y menos
complaciente del cine
cubano en cuanto a los
temas que tratan y al
modo en que los
desarrollan.
La piscina
llega a la pantalla de
los cines luego de un
agotador y larguísimo
proceso de posproducción
en Venezuela, y después
de ser estrenada,
injusta y
subrepticiamente fuera
de competencia en el
Festival Internacional
del Nuevo Cine
Latinoamericano de La
Habana. Luego, en marzo
pasado, fue exhibida de
nuevo en el Festival de
Cine Pobre en Gibara,
Holguín, donde alcanzó
el Premio a la Mejor
Ópera Prima, y en la
Muestra Joven del ICAIC,
cuyo jurado decidió
distinguirla con el
Premio Especial del
Jurado al riesgo y la
búsqueda artística, de
modo que la ópera prima
de Carlos M. Quintela ha
tenido varias
exhibiciones antes de
este ciclo que se supone
sea su estreno.
Chamaco también
conoció una serie de
preestrenos y
exhibiciones en eventos
previos a su actual
estreno, y además el
contacto de la película
con el público, en
salas, fue saboteada por
la piratería, pues
circuló prolijamente una
copia de trabajo que
Cremata deslegitimaba,
pero que vio todo el que
estaba interesado a
través de discos
“quemados” y memorias
flash.
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Creo que existe una
especie de obstinación
(comprensible) entre los
cineastas que se niegan
a estrenar en digital y
esperan para hacerlo en
celuloide, y mientras
tanto, las películas
envejecen como producto
cultural, son
pirateadas, las ve todo
el público potencial, y
cuando arriba el estreno
ya ha disminuido
considerablemente el
número de espectadores
interesados. Tal vez
haya que inventar otra
estrategia, más
discreta, para presentar
las películas, y hacer
menos preestrenos,
presentaciones
especiales y
exhibiciones
festivaleras que lastran
el interés del auditorio
a la hora del verdadero
estreno.
A partir del relato de
un día cualquiera de las
vacaciones de cuatro
adolescentes, todos
ellos con alguna
minusvalía o dificultad,
La piscina
demuestra, como mínimo,
que existen varias
opciones de fluencia
narrativa para el cine
nacional, y es una
película elogiable,
cuando menos, por su
noble y elocuente
capacidad de observación
y absoluta facilidad
para comprometerse con
el destino momentáneo de
esos personajes que no
hacen casi nada, aparte
de ser ellos mismos, y
que encarnan con
asombrosa naturalidad
los adolescentes Mónica
Molinet, Felipe García,
Carlos Javier Martínez,
Marcos Costa, además de
Raúl Capote, quien
interpreta al
entrenador, y que ya
había impactado a muchos
por su notable desempeño
en Molina’s Ferozz.
En algún momento
califiqué de audaz e
inusual La piscina,
y sigo pensándolo, sobre
todo porque me parece
idóneo su ritmo
narrativo, y la mayor
parte de sus códigos
fotográficos, para
revelar la historia que
cuenta, y descubrirnos
personajes que son como
los del neorrealismo
italiano, el cinema
verité francés o el free
cinema británico, al
mismo tiempo comunes y
extraordinarios. Debo
aclarar que siempre me
ha parecido idiota la
posición de ciertos
críticos, espectadores y
realizadores encargados
de fundar altares en
torno a ciertos filmes
solo en virtud de su
lento desarrollo y
soporífico acontecer. No
es ese el caso de La
piscina, una
película capaz de
atenerse a una distancia
focal bastante radical,
y así y todo continuar
revelando una manera de
“actuar”, en sus
personajes-intérpretes,
distanciada de todo
vedetismo o imagen
prediseñada. Las
limitaciones para
comprenderse y convivir
de estos jóvenes
aterrillados por el sol
son las mismas que
suscitan discusiones y
conflictos en las
películas “normales”:
inseguridades, problemas
con el poder y la
autoridad, necesidad de
libertad y
autoafirmación, deseos
inarticulados e
imposibles, urgencias
del cuerpo y de la
mente, solo que Quintela
y su guionista, Abel
Arcos, eligieron el
camino más sinuoso y
complicado, y optaron
por un discurso que
elude elementos
explicativos y
cruciales, se apoyaron
en diálogos mínimos y en
una dimensión narrativa
que parece tiempo real,
aunque no lo sea.
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La
piscina, Carlos
M. Quintela |
Tragedia más que
policiaco, como pudieran
pensar algunos desde su
sinopsis, Chamaco
también nos presenta a
un actor joven y
talentoso, Fidel
Betancourt, acompañado
por acreditados nombres
del cine, la televisión
y el teatro cubanos (Aramís
Delgado, Luis Alberto
García, Laura Ramos,
quienes ofrecen lo mejor
de sí mismos) todos
empeñados en conferirle
profundidad y pathos a
sus personajes
retorcidos, frustrados,
anhelantes y en busca de
satisfacción, y tal vez
amor, en los bajos
fondos de la noche
habanera. Todos los
personajes van a estar
relacionados, de alguna
manera, con el asesinato
de un joven en el Parque
Central, y luego aparece
una serie de bien
estructuradas
retrospectivas que
explican las
circunstancias y
personajes en torno al
crimen.
Con una sólida
estructura narrativa,
fraguada en el guion
coescrito por
Cremata y Abel González
Melo, autor de la obra
teatral homónima,
Chamaco se sumerge
en dos temas nunca
suficientemente
explorados desde la gran
pantalla: la crisis de
valores de la familia
cubana y los
intersticios de la doble
moral, al nivel filial y
social. La fotografía de
Lily Suárez, la edición
de Adrián García, la
música de Amaury Ramírez
Malberti, el sonido de
Rubén Valdés y Camilo
Machado, y la dirección
artística de Guillermo
Ramírez Malberti
describen un mundo
oscuro, opresivo y sin
salida, además de
describir relaciones
gobernadas por la
manipulación, el
chantaje, la violencia y
el fingimiento. Tal vez
lo grave del tema haya
ocasionado un
tratamiento muy
discreto, imperceptible
a ratos, en todos los
códigos antes
mencionados y así, por
ejemplo, la fotografía
está gobernada por el
estatismo y la edición
está puesta en función
de la transparencia
narrativa.
Producida
por El Ingenio, pero
igualmente estrenada en
la red nacional de
salas, Chamaco
aparecerá en DVD,
también realizado por el
ICAIC, en una fecha que
nunca excederá lo que
queda de año. Y así, la
principal productora de
cine en Cuba arropa y
promueve una parte de
los audiovisuales más
significativos generados
en la Isla, aunque no
haya participado
directamente en su
producción.
Entre los proyectos de
Cremata, se cuenta el
largometraje Mar de
muchos, integrado
por tres cuentos
titulados “En
fin el mal”;
“Más
allá del bien y del mar”;
“En
el mal la vida es más
sabrosa”,
que será estrenado como
maqueta de proyecto en
la Muestra de Jóvenes
Realizadores, y
recientemente fue
aprobada la producción
de su próximo filme
Fe de ratas.
En cuanto a su versión
de
Contigo pan y cebolla,
popular obra teatral de
Héctor Quintero, se
estrenará en un teatro,
y conservará las
características de
puesta en escena.
Respecto a otros
proyectos del cine
cubano, Isabel Santos y
Jorge Perugorría
protagonizarán bajo las
órdenes de Fernando
Pérez su nuevo proyecto,
La pared de las
palabras, que está a
punto de comenzar su
rodaje en producción
independiente con
participación de la
española Wanda Films.
Coescrita por Pérez
junto con la escritora
Zuzel Monné, La pared
de las palabras
incluye en su reparto
también a Verónica Lynn
y Laura de la Uz, y
cuenta con Erick Grass
como director de arte y
vestuario.
También se anunció en
conferencia de prensa la
conclusión del rodaje de
Esther en alguna
parte, la adaptación
de la novela homónima de
Eliseo Alberto Diego
García-Marruz que dirige
para el cine Gerardo
Chijona con guion de
Eduardo Eimil,
fotografía de Rafael
Solís, música de José
María Vitier y
producción del ICAIC,
SONTRAC de Perú y el
apoyo de IBERMEDIA.
Entres los actores
implicados, se cuentan
Reinaldo Miravalles,
quien regresa al cine
realizado en Cuba luego
de larga ausencia,
Enrique Molina, Daisy
Granados, Luis Alberto
García, Laura de la Uz y
Héctor Medina, con
actuaciones especiales
de Eslinda Núñez, Elsa
Camps, Paula Alí, Alicia
Bustamante y Raúl
Pomares, entre otros.
Por otra parte, Enrique
Álvarez tiene un largo
de ficción a punto de
concluir su
posproducción (Jirafas)
y otro a punto de
iniciar su rodaje:
Venecia. En
Jirafas, Lía y
Manuel viven ilegalmente
en una casa cerrada.
Tania intenta recuperar
sus derechos sobre el
espacio que su tío le
dejó y se propone
desalojarlos. Pero la
pareja no está dispuesta
a irse, y Tania decide
atrincherarse en el piso
alto de la casa. La
guerra que comienza
terminará acercándolos.
Jirafas está
producido por KA
Producciones, Galaxia
311, Producciones
Largasluces y Open Roads
Media, y será estrenada
el segundo semestre de
2012. El mismo equipo
creativo en agosto
rodará Venecia,
escrito por la joven
actriz y guionista de
Jirafas y Marina,
y que cuenta la historia
de tres mujeres,
trabajadoras de una
peluquería estatal, que
el día del cobro deciden
acompañar a una de ellas
a comprarse un vestido.
Se inicia así un
itinerario de sucesos
imprevistos que las
llevará a pasar la noche
juntas, y al amanecer
tienen el sueño común de
abrir un salón de
belleza al cual
nombrarán Venecia. |