La Habana. Año XI.
16 al 22
de JUNIO de 2012

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Miguelito Valdés: Míster Babalú
Josefina Ortega • La Habana

Dicen quienes bien lo conocieron que estaba dominado por la impaciencia. Y que era amigo de sus amigos no importa donde se encontrara ni en las circunstancias que fueran.
 


Miguelito Valdés

Lo cierto es que en mi natal Cayo Hueso, todavía en los años 60 y 70 del pasado siglo se reconocía a este excepcional músico cubano nacido el 6 de septiembre de 1912 —aunque otros afirman que en 1916— como uno de los vecinos más apreciados en este popular barrio habanero, cuna de soneros y rumberos.

En lo que me toca, pude ser testigo de una acalorada conversación en plena calle que tuvo como centro a este ídolo “cayohuesero”, hoy injustamente olvidado. Uno decía que Miguelito quería ser cantante cuando no levantaba una vara del suelo, que llevaba la música en la sangre; otro precisaba, para asombro de algunos, que también gustó del boxeo en sus días de adolescente mientras se ganaba la vida en un taller de reparación de autos.

“—Oye, te lo digo —decía uno de los vecinos—, Miguelito probó suerte como boxeador y logró buenos resultados en la división welter. Cuando aquello vivía en Cayo Hueso, en el Pasaje Aurora, cerca del solar África, donde estaba Chano Pozo, con quien se escapaba para rumbear. Yo era chamaco y me iba con ellos. Y vi también sus peripecias en el boxeo. Claro, la música, donde fue grande entre los grandes, lo atrapó para siempre.”
 


Miguelito y Chano

Ya en los años 60 y los 70 de mis recuerdos, Miguelito no vivía en Cuba desde hacía muchísimos años, y tal vez no se imaginara que en el barrio de Cayo Hueso aún era un personaje muy especial, del que los más viejos contaban historias suyas con admiración y respeto:

“Miguelito Valdés, hombre a todo” como se decía.

“De Chano nunca se separó, ni en las buenas ni en las malas”.

La verdad es que Miguel Ángel Eugenio Lázaro Zacarías Izquierdo Valdés Hernández —tal era su nombre— nació de padre español y madre yucateca en el barrio habanero de Belén, pero se crió en Cayo Hueso, donde se mudó con su familia siendo muy pequeño.

Comenzó su carrera artística en un sexteto, en el cual cantaba y tocaba diferentes instrumentos, como la guitarra, el tres, el contrabajo y las maracas. Entró como cantante al Sexteto Jóvenes del Cayo desde su fundación en 1929. Desde entonces, Miguelito, hombre inquieto como pocos, pasó a integrar sucesivamente numerosos grupos musicales del país. Estuvo en las charangas de Ismael Díaz y en la Gris, y con la orquesta Habana. Hasta incursionó con el Sexteto Occidente de María Teresa Vera.

Luego de su primer viaje al exterior, con la orquesta del chileno Lucho Azcárraga, que lo llevó a Panamá, ingresó en Cuba en la de los Hermanos Castro, en la que permaneció hasta 1936.

Un año después, fundó con un grupo de amigos la orquesta Casino de la Playa, de la que, sin duda, fue su principal atracción y con cuyas grabaciones estableció su popularidad dentro y fuera de Cuba. Estas obras, como dicen los especialistas, expresan su versatilidad y sus magníficas dotes como intérprete, dueño de un estilo carismático y personal en diversos géneros de nuestra música: bolero, afro, son, rumba, guajira, pregón, conga y canciones.

No pasará mucho tiempo para que Miguelito quiera probarse en otras latitudes y abandone la Casino de la Playa para viajar a los EE.UU. Antes,  trabaja por un corto tiempo con la Riverside, dirigida a la sazón por Enrique González Mantici.

A finales de abril de 1940, se estableció en Nueva York, donde se agrupaban numerosos músicos cubanos. Allí se presentó con la orquesta del pintoresco catalán Xavier Cugat en el teatro Paramount y en el exclusivo Hotel Waldorf Astoria. Por cierto, la orquesta de Cugat trabajaba seis días a la semana y realizaba grabaciones una vez al mes.
 


Miguelito y Xavier Cugat

“Aunque no dejaba de volver a su Habana, cada vez que lo solicitaban para alguna actuación de relevancia —como dice el periodista y amigo Bladimir Zamora Céspedes—, Miguelito se enraizó en Nueva York y al igual que en su patio natal, no calentaba demasiado su sillón en sitio alguno. Por eso, cuando consideró que no era bien pagado por Cugat, cogió la puerta y se dispuso a otras aventuras, cada vez más seguro de que había llegado a ser una figura de trascendencia por sí mismo.”

En 1942 cantó con Machito y sus Afrocubans, con quienes grabaría después un importante número de piezas para la firma Decca. Tan solicitado llegó a estar Miguelito en Nueva York, que en 1945 se quedó sin voz y regresó a La Habana consternado. Y aunque los médicos norteamericanos le habían dicho que no podría volver a cantar, se repuso y se fue para seguir cumpliendo con sus múltiples compromisos.

Miguelito Valdés llegó a ser en los comienzos de la década de los 50 del siglo pasado uno de los cantantes latinos más respetados y mejor pagados de Nueva York. Participó, además, en varias películas.

Fue llamado Míster Babalú por la interpretación de la obra homónima de Margarita Lecuona, que lo consagró como uno de los cantantes más populares de América Latina y en casi todo EE.UU.

Murió el 9 de noviembre de 1978 fulminado por un ataque al corazón mientras cantaba en el Salón Monserrate del Hotel Tequendama de la capital colombiana.

El cubano Miguelito Valdés, durante su larga carrera artística, fue aplaudido en los más diversos escenarios y países, no solo compuso y cantó congas, sino también otros géneros como el bolero, el son, la guaracha… “y todos —al buen decir de Bladimir Zamora Céspedes— los supo defender con su potente timbre y con una expresión de vecino de toda la vida”.

No por gusto se crió en el musicalísimo barrio de Cayo Hueso.

 
 
 
 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.