Combinar texto, imágenes
y sonidos con una
pedagogía interactiva,
en un campo inédito,
rompe barreras y
obligará a hablar de un
antes y un después de la
obra que acaba de
recibir el Gran Premio
Cubadisco 2012 y el
Primer Premio
Discográfico del ALBA.
Veinte pianos,
un disco que se lee y un
libro que se escucha en
soporte digital, es una
obra multimedia que
comenzó como idea de
texto en Ernán
López-Nussa y que,
gracias a la imaginación
y osadía de Martha
Bonet, actual directora
de la casa discográfica
Colibrí, terminó en el
álbum más galardonado de
los últimos años en
Cuba, grabado en los
estudios Abdala.
El propio pianista,
compositor y líder
musical, informó que su
propósito inicial era
hacer un libro con
partituras para la
enseñanza artística, con
“la intención de acercar
los estudiantes a la
música popular” a través
de obras que ha
realizado a lo largo de
su carrera, incluso
algunas que ideó para
jóvenes en particular.
Ese es el caso de sus
sobrinos, Harold y Ruy
López-Nussa, hijos del
baterista hermano de
Ernán.
La idea se fue ampliando
y derivó en un disco con
20 de sus obras, a cargo
de 16 intérpretes, la
mayoría estudiantes de
distintos niveles de
enseñanza musical y unos
pocos relevantes ya
egresados.
Al material sonoro
convencional, del sello
Cinquillo, se añadió un
DVD que contiene, en
tres idiomas, la
filmación de los
encuentros de Ernán con
cada uno de sus jóvenes
intérpretes, un
documental de la
realización de ese sueño
sonoro-pedagógico
titulado Revelaciones,
de Ileana Rodríguez, y
una multimedia con las
partituras y otros
contenidos como el
gráfico.
Tuve contacto con la
monumental obra durante
los trabajos del jurado
de Cubadisco 2012, en el
cual ganó en tres
categorías (Didáctico,
CD-DVD y Documental) y
aspiró a otras como
Diseño, Nota
discográfica (a cargo de
Roberto Chorens) y
Grabación, en las que
primó una alta calidad.
Desde el primer momento,
me impresionó el alcance
del propósito: llevar la
creación de un artista
con sólida formación
académica, pero muy
involucrado con la
música extraclásica
—desde las baladas
hasta el jazz— a
quienes en las aulas no
reciben información de
ese tipo.
Porque conozco a Ernán
desde hace años no me
sorprendía su ambicioso
empeño por educar
musicalmente a los que
seguirán sus huellas,
dotándolos de
herramientas para
expandir sus alas. Lo
notable fue conocer un
segmento significativo
del inmenso caudal de
talentos que ya están en
ese camino.
El alto nivel técnico y
artístico de sus pupilos
se complementó con una
dinámica especial. Ellos
asimilaban los consejos
e indicaciones del
tutor-autor, pero no
eran simples receptores
de enseñanzas.
Interactuaban con sus
criterios para, como
dijo el propio Ernán,
transformar el material
que se les confiaba… y
eso, para mí, es jazz.
La rigurosa y conocedora
Nery González Bello,
musicóloga y presidenta
del Jurado de Cubadisco,
explicó que —y cito a la
Agencia de Información
Nacional: “Veinte…
es un producto muy
completo y una obra
necesaria para las
escuelas de música por
el repertorio
seleccionado y su
propósito de llevar a
las aulas piezas
contemporáneas
facturadas por autores
cubanos”.
Por ello, reviste
especial significado el
donativo de este disco
que hicieron Ernán y
Colibrí a las escuelas
de arte del país, una
invitación de facto
a que se le utilice más
allá de programas
académicos centrados en
la preparación de sus
estudiantes en la
vertiente clásica de la
música.
Todos los que de una
forma u otra hemos
estado en contacto con
la formación y/o
desarrollo musical en
Cuba, hemos sentido la
inexistencia de puentes
en nuestros
conservatorios, escuelas
y otras instituciones
que vinculen el estudio
de lo clásico con otras
vertientes, lo que cada
vez es más incongruente
con el potencial
creativo de los cubanos.
Una cátedra de música
popular, incluso, no
resulta suficiente en un
mundo en el que esferas
como la jazzística
cuentan con escuelas a
nivel latinoamericano,
por no hablar de otros
ámbitos geográficos.
La temprana madurez de
los jóvenes que se
suman al proyecto de
Ernán convertido en
disco multipropósito,
posible por el momento
tecnológico que se vive,
alegra el ánimo y amplía
el horizonte de la bien
llamada “música cubana
contemporánea de
concierto”.
¿Habrá llegado el
momento en que lo
clásico y lo popular se
den las manos en las
aulas cubanas? Si fuera
así, habrá que hablar en
el futuro sobre
Veinte pianos como
un punto de inflexión
entre el ayer y un
mañana aún más
promisorio para la
música cubana.
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José Juan Ortiz
Brú,
representante de
la Organización
de Naciones
Unidas para la
Infancia en
Cuba, en un
encuentro con
periodistas,
expuso
antecedentes
menos conocidos
de la labor del
creador cubano,
cuyo valor ha
sido reconocido
por la propia
UNICEF al
designarle como
uno de sus cinco
Embajadores de
Buena Voluntad.
Los otros son
Raúl Paz, Lizt
Alfonso, La
Colmenita y X
Alfonso. El
propio Ortiz Brú
se encargó de
darle el mejor
título que se le
puede conferir
hoy a Ernán
López-Nussa al
calificarle como
“ilusionador de
nuevos
talentos”.
JDS/12.06.2012
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