La Habana. Año XI.
16 al 22
de JUNIO de 2012

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Ante un hito no solo discográfico

Veinte veces Ernán, un gran ilusionador

José Dos Santos • La Habana

Combinar texto, imágenes y sonidos con una pedagogía interactiva, en un campo inédito, rompe barreras y obligará a hablar de un antes y un después de la obra que acaba de recibir el Gran Premio Cubadisco 2012 y el Primer Premio Discográfico del ALBA.  
 

Veinte pianos, un disco que se lee y un libro que se escucha en soporte digital, es una obra multimedia que comenzó como idea de texto en Ernán López-Nussa y que, gracias a la imaginación y osadía de Martha Bonet, actual directora de la casa discográfica Colibrí, terminó en el álbum más galardonado de los últimos años en Cuba, grabado en los estudios Abdala.  

El propio pianista, compositor y líder musical, informó que su propósito inicial era hacer un libro con partituras para la enseñanza artística, con “la intención de acercar los estudiantes a la música popular” a través de obras que ha realizado a lo largo de su carrera, incluso algunas que ideó para jóvenes en particular. Ese es el caso de sus sobrinos, Harold y Ruy López-Nussa, hijos del baterista hermano de Ernán.  

La idea se fue ampliando y derivó en un disco con 20 de sus obras, a cargo de 16 intérpretes, la mayoría estudiantes de distintos niveles de enseñanza musical y unos pocos relevantes ya egresados.  

Al material sonoro convencional, del sello Cinquillo, se añadió un DVD que contiene, en tres idiomas, la filmación de los encuentros de Ernán con cada uno de sus jóvenes intérpretes, un documental de la realización de ese sueño sonoro-pedagógico titulado Revelaciones, de Ileana Rodríguez, y una multimedia con las partituras y otros contenidos como el gráfico.  

Tuve contacto con la monumental obra durante los trabajos del jurado de Cubadisco 2012, en el cual ganó en tres categorías (Didáctico, CD-DVD y Documental) y aspiró a otras como Diseño, Nota discográfica (a cargo de Roberto Chorens) y Grabación, en las que primó una alta calidad.  

Desde el primer momento, me impresionó el alcance del propósito: llevar la creación de un artista con sólida formación académica, pero muy involucrado con la música extraclásica  —desde las baladas hasta el jazz— a quienes en las aulas no reciben información de ese tipo.  

Porque conozco a Ernán desde hace años no me sorprendía su ambicioso empeño por educar musicalmente a los que seguirán sus huellas, dotándolos de herramientas para expandir sus alas. Lo notable fue conocer un segmento significativo del inmenso caudal de talentos que ya están en ese camino.  

El alto nivel técnico y artístico de sus pupilos se complementó con una dinámica especial. Ellos asimilaban los consejos e indicaciones del tutor-autor, pero no eran simples receptores de enseñanzas. Interactuaban con sus criterios para, como dijo el propio Ernán, transformar el material que se les confiaba… y eso, para mí, es jazz.  

La rigurosa y conocedora Nery González Bello, musicóloga y presidenta del Jurado de Cubadisco, explicó que —y cito a la Agencia de Información Nacional: “Veinte… es un producto muy completo y una obra necesaria para las escuelas de música por el repertorio seleccionado y su propósito de llevar a las aulas piezas contemporáneas facturadas por autores cubanos”.

Por ello, reviste especial significado el donativo de este disco que hicieron Ernán y Colibrí a las escuelas de arte del país, una invitación de facto a que se le utilice más allá de programas académicos centrados en la preparación de sus estudiantes en la vertiente clásica de la música.  

Todos los que de una forma u otra hemos estado en contacto con la formación y/o desarrollo musical en Cuba, hemos sentido la inexistencia de puentes en nuestros conservatorios, escuelas y otras instituciones que vinculen el estudio de lo clásico con otras vertientes, lo que cada vez es más incongruente con el potencial creativo de los cubanos. Una cátedra de música popular, incluso, no resulta suficiente en un mundo en el que esferas como la jazzística cuentan con escuelas a nivel latinoamericano, por no hablar de otros ámbitos geográficos.  

La temprana madurez de los jóvenes que se suman  al proyecto de Ernán convertido en disco multipropósito, posible por el momento tecnológico que se vive, alegra el ánimo y amplía el horizonte de la bien llamada “música cubana contemporánea de concierto”.  

¿Habrá llegado el momento en que lo clásico y lo popular se den las manos en las aulas cubanas? Si fuera así, habrá que hablar en el futuro sobre Veinte pianos como un punto de inflexión entre el ayer y un mañana aún más promisorio para la música cubana.

 

José Juan Ortiz Brú, representante de la Organización de Naciones Unidas para la Infancia en Cuba, en un encuentro con periodistas, expuso antecedentes menos conocidos de la labor del creador cubano, cuyo valor ha sido reconocido por la propia UNICEF al designarle como uno de sus cinco Embajadores de Buena Voluntad. Los otros son Raúl Paz, Lizt Alfonso, La Colmenita y X Alfonso. El propio Ortiz Brú se encargó de darle el mejor título que se le puede conferir hoy a Ernán López-Nussa al calificarle como “ilusionador de nuevos talentos”.

JDS/12.06.2012

 
 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.