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Decididamente, el
rescate de nuestra
memoria musical
—cuestión a la que no
pocos le otorgan escasa
o nula importancia—
mucho le debe en años
recientes al quehacer de
Jorge Rodríguez desde
los archivos de la
EGREM. Quizá algún día
entre nosotros llegue a
valorarse en su exacta
dimensión cultural, lo
hecho por esta figura
como productor de
numerosas compilaciones
discográficas,
realizadas a partir de
un riguroso estudio de
lo que se conserva en
materia de grabaciones
en la vieja institución
de San Miguel 410, entre
Campanario y Lealtad.
Una de las maravillas
editadas en fecha
reciente, como parte de
esa apuesta por la
preservación del
riquísimo legado de
nuestra música, es el
disco titulado Primer
concierto de la Orquesta
Cubana de Música
Moderna,
perteneciente a la
Colección Cuba en
vivo. Estamos ante
un fonograma de
obligatoria audición
para todo aquel que
desee entender mucho de
lo que en materia sonora
sucediese entre
nosotros, con
posterioridad a los
finales del decenio de
los 60 del pasado
siglo.
Entre las buenas cosas
que antes hacía la EGREM
y que por desgracia se
han perdido, estaba el
hecho de asistir con un
estudio móvil a los
sitios donde se llevasen
a cabo conciertos o
festivales, a fin de
registrarlos y conservar
para el futuro un
testimonio de lo
acaecido. Gracias a
ello, hoy podemos
disfrutar de un CD como
este, grabado en 1967 en
el teatro Amadeo Roldán,
durante la primera
presentación llevada a
cabo por la mítica
Orquesta Cubana de
Música Moderna, bajo la
dirección del maestro
Armando Romeu.
Los siete cortes
recogidos en el
fonograma —diseñado por
Arnulfo Espinosa— ponen
de manifiesto el
altísimo rigor con el
que se proyectaba a
fines de los 60 la
Orquesta Cubana de
Música Moderna. Cuando
uno piensa en el hecho
de que la tecnología de
grabación de aquel
momento era muy limitada
en comparación con los
recursos que se disponen
hoy, no queda menos que
admirarse por lo hecho
en dicha época. En el
disco, uno escucha a la
perfección cada
instrumento de la
formación, los
diferentes planos, las
intenciones
interpretativas y todos
los detalles según los
concibiese el
arreglista. Ello es
resultado del trabajo de
Armando Romeu como
director y de que estos
instrumentistas aquí
recogidos sabían
matizar, algo que hoy no
es muy común.
“El manisero” (Moisés
Simons), “Room 43” (Ken
Jones), “The man I love”
(George Gershwin), “Voy
abajo” (N. Mancini),
“Pastilla de menta”
(Rudy Toombs), “Réquiem”
(Rafael Somavilla) y “Mi
guajirita guantanamera”
(J. Fernández / R.
Gómez), las piezas
incluidas en el álbum y
tomadas de aquella
presentación del ya
lejano 1967, suenan con
absoluta frescura, como
si hubieran sido
orquestadas e
interpretadas en los
días que corren.
Lamento, eso sí, que una
vez más la EGREM ponga
en el mercado un
material como este de
tanta valía artística,
sin una indispensable
información en su
libreto. Sé que desde
hace tiempo la disquera
tiene dificultades para
poder encargar notas
discográficas a
periodistas o
musicólogos dada la
imposibilidad de
poderles pagar por dicho
concepto, una realidad
incomprensible si se
piensa en que otros
sellos del país sí lo
hacen, pero en fin, así
son y no son las cosas,
y lo cierto es que
fonogramas como el
denominado Primer
concierto de la Orquesta
Cubana de Música Moderna,
en los que el sentido
del dato histórico posee
un peso fundamental, se
resiente de manera
ostensible cuando salen
al mercado carentes del
mínimo de información
posible tanto para los
melómanos comunes, como
para los especialistas.
Digo yo. |