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El lugar muestra la
imagen ideal que cumple
el objeto social para el
que ha sido pensado:
servir de lugar de
esparcimiento, descanso
y vía de tránsito para
transeúntes apurados.
Esa es la estampa que
hoy brinda el Parque
José Martí, de la ciudad
de Palma Soriano, en
Santiago de Cuba: paz,
belleza, urbanismo… Sin
embargo, el sitio fue
una vez escenario de
horas tristes para los
buenos cubanos.
Seis días después de su
caída en combate el
cadáver de José Martí
fue expuesto para
escarnio público en esa
misma área. Entonces el
lugar era una rústica
plaza de armas empleada
por las tropas españolas
para sus alardes
militares, sobre todo,
por los efectivos del
cuartel de milicias
ubicado en una de las
esquinas de la plaza
justo en la posición que
hoy ocupa una
institución bancaria.
La Plaza de Armas era
solo un terreno cuadrado
en el centro del
entonces poblado de
Palma Soriano que desde
1880 había adquirido la
condición de tal, sin
otra referencia notable
que dos hileras de
árboles conocidos como
salvaderas en la cara
noroeste del
emplazamiento. Justo al
lado de tales árboles
fue expuesto el cuerpo
sin vida de Martí en la
mañana del 25 de mayo.
Cuentan testigos que
luego de caer abatido
por balas españolas el
19 de mayo de 1895 su
cuerpo fue recogido por
los soldados como trofeo
de guerra para iniciar
un largo y penoso
recorrido hacia Santiago
de Cuba que tuvo entre
sus primeras paradas el
caserío conocido como
Remanganagua, situado en
el trayecto entre Dos
Ríos y Palma Soriano.
Hasta allí llegó el 20
de mayo a lomo de
caballo el cadáver que
fue enterrado en fosa
común, sin ramo de
flores ni bandera,
contrario a como hubiera
querido quien cayera de
cara al sol como
predijo. Tres días
después, tras la
decisión de continuar
viaje a Santiago de
Cuba, se ordena exhumar
el cadáver pero el
avanzado estado de
descomposición obligó al
médico Pablo de Valencia
a extraer las vísceras
que quedaron sepultadas
en el lugar. La marcha
de la columna española
con el triste botín
reinició su camino hasta
arribar en los primeros
claros del día 25 a
Palma Soriano. Durante
toda la mañana estuvo
expuesto al lado de la
salvadera el cadáver del
Héroe Nacional de Cuba.
Sin embargo, en momentos
de la tarde y como para
reafirmar la triste
noticia que significaba
la muerte de uno de los
principales jefes de las
fuerzas mambisas, su
cadáver fue colocado en
el centro de la Plaza de
Armas con la cabeza
hacia el lado sureste,
pero al anochecer
temiendo que se
produjera un ataque del
Ejército Libertador fue
llevado dentro del
cuartel, donde
permaneció toda la noche
bajo fuerte custodia.
Dos días más tarde
partieron hacia Santiago
de Cuba las fuerzas
españolas con el amargo
botín de guerra.
En 1898, culminada la
dominación colonial
española, la Plaza de
Armas de Palma Soriano
quedaba bautizada como
parque José Martí. Años
después, el patriota
José Rafael Estrada
iniciaba una campaña
para recolectar fondos a
fin de levantar un
monumento a la memoria
del Apóstol de la
independencia de Cuba.
Primero se pensó en
colocarlo en Dos Ríos,
por ser el lugar de su
caída en combate,
incluso también en
Remanganagua; pero en
ambos casos las
difíciles condiciones de
traslado motivaron que
se escogiera finalmente
el parque José Martí de
Palma Soriano.
Cuentan que en la noche
del 19 de mayo de 1913
dieron inicio las
actividades por la
inauguración del
Monumento, y al
siguiente día, en una
solemne ceremonia, en el
sitio sagrado, el
general Jesús Rabí
“descorrió el velo”.
La obra de carácter
funerario, realizada en
mármol de carrara por el
escultor italiano
Umberto Dibiando, está
compuesta por un
obelisco de nueve metros
de altura y un grupo
escultórico que le
antecede en su frente.
La figura de una mujer,
la Madre Patria, con
todos sus atributos,
deposita las flores, y
el soldado, rodilla en
tierra, deja caer
suavemente la bandera
sobre un rudimentario
sarcófago, dando así
cumplido homenaje al
deseo de Martí expresado
en sus famosos versos,
que pueden leerse en la
placa frontal: “Yo
quiero cuando me muera
sin Patria pero sin amo
tener en mi tumba un
ramo de flores y una
bandera”.
El conjunto monumentario
tiene como base una
estrella de cinco
puntas. Fue declarado
Monumento Nacional el 28
de enero de 2003, a
propósito de cumplirse
150 años del nacimiento
de Martí. Desde
entonces, una placa que
así lo atestigua se
agregó al complejo
escultórico que
permanece totalmente
fiel al original.
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