|
Joel Suárez es un “trovadicto”,
empedernido enamorado de
las descargas y los
juglares. Aunque no sabe
cantar y desafina
escandalosamente, se
sabe muchos textos
antológicos y la
historia de la trova
cubana, especialmente,
la de Silvio, Noel,
Vicente y de quienes
luego le siguieron en
afanes y
descubrimientos. Amigo
de Santiaguito Feliú y
Frank Delgado persigue
sus discos como panes
calientes. Pero más allá
de cuestiones
generacionales, lo
cierto es que la trova
forma parte de las
esencias del Centro
Luther King y de la
gente que por toda Cuba
ha sido formada en todos
estos años. Son muchas y
profundas las esencias
compartidas: búsqueda
humana, cuestionamientos
de sentido, belleza y
persistencia crítica y
comprometida por hacer
perfectible nuestro
proyecto social.
Es raro entrar al Centro
y no encontrar una
canción de la trova en
una pared, un mural o en
las dinámicas de trabajo
de los grupos que allí
se reúnen en los
talleres de educación
popular para parir un
nuevo mundo desde sus
prácticas cotidianas.
Por eso, hablar de la
trova lleva
inexorablemente al
Centro, y el Centro
lleva en su piel y su
corazón a la trova
cubana, cubanísima…
|
¿Cuál ha sido, en estos
años, la relación del
Centro con la Nueva
Trova y de la Nueva
Trova con el Centro
Martin Luther King?
Las relaciones del
Centro con la Nueva
Trova tienen las mismas
raíces, los mismos
antecedentes que otras
muchas cosas. El Centro
es hijo de un proceso
que hoy puede verse, a
la luz de la historia,
como muy singular en
Cuba: la aparición de
redes y/o movimientos
sociales en el campo
religioso,
fundamentalmente en el
campo religioso de
matriz protestante.
Recuerdo que ya fundado
el Centro la música de
muchos trovadores pasan
a formar parte del
trabajo de diferentes
proyectos.
Sí, pasan a formar parte
orgánica del Centro de
varias maneras. Uno: el
uso intencionado de su
obra. Como compartimos
la plataforma ética y
política que está detrás
de la discursividad
poética de Silvio y
otros autores de la
Nueva Trova, los
procesos de formación
socioteológicos y en
Educación Popular y que
se realizan en el Centro
la han usado con mucha
intensidad en diversos
momentos. Es muy
frecuente su empleo en
el momento motivador que
llamamos “la mística”.
Dos: la presencia de
muchos de estos
trovadores en las
actividades celebrativas
del Martin Luther King:
Santiago, Frank,
Gerardo, otros más
jóvenes, el propio
Silvio. Y toda esta
historia termina cuando
Silvio Rodríguez les
dedica Cita con
ángeles al reverendo
Raúl Suárez y a su
familia, que somos todos
nosotros.
|

El Reverendo
junto al
cantautor Silvio
Rodríguez |
Recuerdo a Vicente Feliú
ayunando con ustedes
frente a la Sección de
Intereses de los EE.UU.
Por todo lo que he
contado, fue natural que
en el año 93, cuando un
grupo de líderes
eclesiales y ecuménicos
nos fuimos frente a la
Sección de Intereses,
donde está hoy la
Tribuna Antimperialista,
para realizar un ayuno
por la vida en
solidaridad con la
huelga de hambre de
Lucius Walker y un grupo
de hermanos de Pastores
por la Paz en Laredo,
Texas, —dentro de un
ómnibus que había sido
confiscado y que después
vino para Cuba y forma
parte hasta hoy del
parque automotor del
Martin Luther King—, fue
natural, te repito, que
Vicente Feliú se sumara
y nos acompañara en
aquel ayuno por la vida,
y que en el momento en
que nos llegó la noticia
de que los Pastores por
la Paz, con la
solidaridad de la Isla,
habían ganado aquella
batalla, los setenta y
tantos ayunantes
cantáramos con Vicente
Feliú una vez más una
canción tan movilizadora
de los sentimientos y
del compromiso como
“Créeme”.
Hay que añadir a todo lo
anterior que, en el
trabajo político
internacional, el Centro
se ha encargado de
animar la presencia de
trovadores y músicos
cubanos en determinados
espacios y eventos. Por
ejemplo, el Centro se
vio involucrado en el
acompañamiento al
proyecto de la revista
América Libre,
que incluía los
seminarios de reflexión
que se organizaban en
torno al 8 de octubre en
Argentina y después en
Brasil. Claudia Korol,
argentina, era la
secretaria de redacción
de la revista, y el
director era nuestro
hermano y amigo Frei
Betto. El proyecto
reunía a una pléyade de
intelectuales,
combatientes, militantes
y artistas, que formaban
parte de su Consejo de
Redacción. Recuerdo
cuando Claudia Korol
vino a Cuba, y Silvio,
bajo un torrencial
aguacero, con unas botas
de goma que le llegaban
a las rodillas, vino al
Centro a conocer a
Claudia y a dar su
aceptación para ser
miembro del Consejo de
América Libre.
En 1996, en ocasión del
seminario de la revista
en Buenos Aires nos
reunimos, como era
costumbre, los miembros
presentes del Consejo de
Redacción y otros
invitados extranjeros
para diseñar el plan
editorial del próximo
año, los problemas
siempre dramáticos de la
distribución continental
de la revista y qué
íbamos a hacer en el
trigésimo aniversario
del asesinato del Che en
Bolivia.
Ahí se planteó que si
los brasileños llevaban
a Chico Buarque, los
cubanos nos
comprometíamos a llevar
a Silvio. ¡Imagínate tú!
Yo fui a ver a Silvio, y
ante una petición de tal
magnitud, en una fecha
de tal magnitud y en una
revista con la que él ya
se había comprometido
anteriormente, la única
respuesta de Silvio,
lógicamente, era que si
no había ningún
compromiso con las
celebraciones
nacionales, él
participaba. Y en la
cancha de Ferro recuerdo
el concierto de Chico
Buarque con su banda y
de Silvio Rodríguez, que
tuvieron de teloneros
nada más y nada menos
que a Santiago Feliú,
Víctor Heredia, Miguel
Ángel Estrella, Daniel
Viglietti… Todavía ese
concierto es famoso.
También activistas
chilenos tomaron
contacto con nosotros
porque querían hacer
algo a propósito del Che
en Chile. Tuve la
oportunidad de estar en
el estadio Nacional, que
fue centro de represión
y tortura, donde fue
asesinado Víctor Jara.
Creo que ahí tuve una
nueva comprensión de lo
que era Silvio
Rodríguez.
Chile es quizá el país
donde Silvio es más
reverenciado. Me
sorprendí cuando empecé
a relacionarme con
chilenos del interior
posgolpe: se sabían más
canciones de Silvio que
yo.
La historia fue parecida
en el 2003, en el
trigésimo aniversario
del golpe de Estado y
del asesinato de Allende
en Chile. Organizaciones
chilenas hermanas, la
revista América Libre
y el Centro
Martin Luther King
coauspiciamos un
seminario. Silvio,
Santiago, Gerardo,
Vicente y otros
participaron en ese
concierto.
Y ahí tengo que
mencionar el trabajo
mancomunado con Vicente
Feliú para la
participación de
trovadores cubanos y de
otros trovadores
latinoamericanos en los
Foros Sociales
Mundiales, en los Foros
Sociales de las
Américas, en los
Encuentros Hemisféricos
de Lucha contra el ALCA,
en la Cumbre de los
Pueblos. Se trata de una
relación de trabajo
internacional ya
bastante orgánica en los
últimos tiempos a la que
se ha adicionado la
gente que se mueve
dentro de la matriz del
hip hop y del rap
cubano.
Por otro lado —o por el
mismo—, el movimiento de
producción cubana de una
cancionística y una
himnología tanto para
los momentos
celebrativos, como de
música para ser cantada
especialmente por
agrupaciones o por sus
propios autores ha
continuado, y hay una
nueva hornada de
cantautores cristianos,
entre ellos Amós López,
que es pastor de la
Iglesia de Marianao. El
momento cimero de esa
“contaminación” mutua
entre la himnología
producida por el
movimiento de renovación
litúrgica al interior
del movimiento ecuménico
cubano y la Nueva Trova
es la misa cubana de
Hebert Romero. Hay
otras. La más reciente
es la de José María
Vitier, y está también
la de Clara Luz Ajo y
Pedro Triana, que fue
grabada por el grupo
Nuestra América.
Pero la de Hebert ha
sido de uso masivo en
las iglesias cubanas y
el movimiento ecuménico.
Es la que tiene “Al
despuntar en la loma el
día”. Tiene zapateo,
tiene son, tiene una
canción muy linda al
estilo Nueva Trova…
Hay otra conexión del
Centro con la Nueva
Trova, que pasa por el
zapatismo.
El Centro, por razones
obvias, tenía vasos de
comunicación con todo el
proceso que se produjo
durante muchos años en
Chiapas, en particular
con la diócesis de
Chiapas y el obispado de
Samuel Ruiz.
Rápidamente, después de
1994, el Centro se sumó
a la solidaridad con el
zapatismo. Por tanto,
como parte de esa
solidaridad, fuimos a
Chiapas en 1996 con el
interés de hacer una
producción documental
sobre el zapatismo desde
una mirada cubana. En
aquel momento no cuaja,
por la situación que
atravesaba el conflicto
en el sudeste mexicano:
nuestros hermanos
zapatistas no estaban
disponibles para hacer
un documentalito, aunque
fuera de una
organización hermana
como el Centro Memorial
Martin Luther King. Pero
en el año 2000 fuimos
una de las
organizaciones invitadas
a acompañar la Marcha
Color de la Tierra desde
San Cristóbal hasta el
Distrito Federal, que
culmina con la presencia
de comandantes
zapatistas en el
Congreso mexicano.
A la hora de producir
ese documental, su
realizadora, Lily
Suárez, lo que hace no
es otra cosa que poner a
dialogar la poética del
discurso político
zapatista y la poética
de la Nueva Trova que, a
su vez, ha formado parte
y ha sido expresión de
los esfuerzos solidarios
del pueblo cubano.
Pero antes fue el disco.
En la celebración de una
jornada Camilo Torres
con la presencia de
Vicente, Santiago y
otros trovadores, se nos
ocurre la idea de hacer
un disco —que es el
único que ha juntado a
Vicente y a Santiago
Feliú en una grabación
directa— en solidaridad
con los zapatistas. El
disco tomó el nombre de
la canción “Ansias del
alba”, de Santiago Feliú.
Para ese disco, Santiago
tomó el breve, poético y
militante texto del
subcomandante Marcos
llamado “Declaración de
principios del EZLN” que
musicalizó, y la canción
ha aparecido en otras
antologías, incluida la
que sacó el EZLN por los
20 años de fundación del
EZ y por los diez años
del levantamiento
zapatista.
A ese disco le siguió el
documental y una
selección de lecturas,
todos con el mismo
nombre: Ansias del
alba.
En este terreno de los
discos, hay que decir
que el Centro apoyó, en
una producción de
economía solidaria donde
intervino la EGREM
poniendo los estudios
gratuitos, el ya famoso
disco de canciones
infantiles de Liuba
María Hevía, Travesía
mágica en el que
participan también
Silvio, Carlos Varela,
Santiago, Amaury, Miriam
Ramos, entre otros. Esas
son las dos modestas
producciones
discográficas que ha
hecho el Centro Martin
Luther King.
|