La Habana. Año X.
5 al 11 de MAYO de 2012

Correo Canal RSS Canal en Twitter Facebook Flirck You Tube

 

BÚSQUEDA AVANZADA   . . .

ENLACES

SUSCRIPCIÓN
 
 

 

entrevista con el reverendo Raúl Suárez
La realización de un sueño
Elizabet Rodríguez  • La Habana
Foto: Cortesía del Centro Memorial Martin Luther King

El Centro Memorial Martin Luther King, Jr. celebró este 25 de abril su aniversario 25 de fundado. Con el reverendo Raúl Suárez Ramos —director de esa emblemática organización de la sociedad civil cubana, y diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular por el barrio de Pogolotti— conversamos sobre los orígenes y los aportes a la sociedad y la cultura cubanas de este Centro de inspiración cristiana.

Antes de hablar de los orígenes del Centro, no creo cometer ningún “pecado” si le pido que comience hablándome en primera persona…

Resulta curioso porque los orígenes del Centro, su propio nombre y mi historia personal están muy relacionados. Es decir, el pensamiento y la obra de Martin Luther King están muy ligados a mi identidad cristiana y a mi vocación pastoral, pues el triunfo de la Revolución me desafió éticamente. En aquel tiempo era víctima de un esquema ideológico-religioso que me impedía vivir a plenitud, comprender y practicar mi fe en la nueva situación que se abría para nuestro pueblo.

De un lado, tenía un incentivo fuerte para integrarme a la obra de la Revolución; sin embargo, racionalmente el anticomunismo, que había sido introducido tan profundamente en la mente de tantos cristianos cubanos, me impedía participar en las actividades revolucionarias. En esas circunstancias personales, comencé a conocer las ideas de Martin Luther King, Premio Nobel de la Paz, un pastor negro, bautista que luchaba por los derechos civiles. Claro, debido al aislamiento que vivía nuestro país en la década del 60, me era imposible adquirir literatura que hablara de él, pero al fin comenzaron a llegar algunos libros y en la medida que fui profundizando en su pensamiento y su obra, empezaron a aparecer signos para comprender el verdadero papel de un cristiano con su sociedad.

Esa fue la razón principal por la que al crear el Centro le nombramos Memorial Martin Luther King, Jr., cuyo fundamento estuvo siempre muy unido a mi deseo personal, al de mi compañera Clarita, y al de otros hermanos, de buscar una base bíblica y teológica que ayudara a integrarnos al proceso revolucionario sin contradicción con nuestra fe cristiana.

Beber del pensamiento de Luther King me dejó una enseñanza esencial: era posible que un pastor bautista como yo dedicara su vida al ministerio pastoral y a la vez luchara por su pueblo, por la justicia social, por la equidad y la dignidad humanas sin necesidad de abandonar su fe. Así llegué a identificarme plenamente con el pensamiento del pastor bautista negro. 

En un momento de muchas contradicciones, me preguntaba cómo cambiar esquemas teológicos presentes en mi realidad eclesial y el que había heredado de la Convención Bautista del Sur de los EE.UU. que era muy racista, de una subjetividad muy intimista y una pastoral que se dedicaba casi totalmente al intramuros eclesial, donde vivir la fe significaba vivirla solo en lo religioso. Entonces me decía: cómo vencer ese esquema. Eso fue un proceso donde el pensamiento de Martin Luther King desempeñó un papel importantísimo, así como también la teología latinoamericana de la liberación y la reflexión que se desarrollaba en el ámbito teológico en la Cuba de aquella época.

A ese proceso personal, que fue conflictivo, agónico, viene a contribuir decisivamente la manera en que Fidel Castro analiza las coincidencias entre el movimiento de Jesús de Nazaret y el movimiento socialista. Aquella interpretación genuina, sincera, expuesta de modo explícito me hizo ver con mayor claridad que no hay que oponer a la Revolución los sentimientos religiosos ni oponer a los creyentes por sus ideas revolucionarias.


Raúl Suárez junto a Fidel en un desfile por el 1ro. de Mayo

El año 1984 fue significativo, comenzaba lo que se conoce como la política de rectificación de errores y tendencias negativas. Vino Jesse Jackson a Cuba, Fidel visitó nuestra iglesia local —la Bautista Ebenezer de Marianao—; un año después, en 1985 se publicó el libro Fidel y la religión, del fraile dominico brasileño Frei Betto. Fue una época de mucha apertura y comprensión, se creó el clima propicio para el nacimiento del Centro. Junto con el conocimiento de la vida y obra de Martin Luther King, iniciado desde nuestra iglesia y las actividades desarrolladas en Cuba sobre su pensamiento, Clara Rodés y yo, junto con hermanos y hermanas, iniciamos la construcción de un local que llevaría por nombre el del pastor bautista negro, defensor de los derechos civiles y de la no violencia pacífica.

Recuerdo con alegría que al ser presentada la propuesta del nombre frente a los miembros de nuestra iglesia local, el aplauso fue rotundo sobre todo porque el centro, que entonces nacía, se ubicaba en Pogolotti, un barrio negro, humilde y obrero. Nosotros nos ganamos a nuestro pueblo más cercano, a nuestro barrio; pero el barrio también nos ganó a nosotros.

¿Cuáles fueron los propósitos esenciales que marcaron la fundación del Centro aquel 25 de abril de 1987?

Originalmente fueron, por una parte, promover la concepción y el desarrollo de un pensamiento socioteológico. Es decir, que la fe cristiana no se convirtiera en algo etéreo, abstracto sino como dijera el Che al hablar del amor: hay que expresarlo en acciones concretas. Nosotros decimos lo mismo de la fe: podemos convertirla en algo visible, palpable, cercana a las múltiples y complejas realidades materiales y espirituales de las personas, de nuestro pueblo.

Por otra, también partimos de buscar aquellas esferas, espacios donde hacer realidad el ejercicio humano y cristiano de ser útiles a nuestra sociedad. Y así fue surgiendo el servicio a la comunidad: cómo trabajar con los niños, con las personas de la tercera edad. Luego vino nuestro contacto con la educación popular, el trabajo con las iglesias y el movimiento ecuménico cubano, con la solidaridad internacional, con organizaciones y movimientos sociales de América Latina, con los propios ciudadanos de los EE.UU. en un programa de sensibilización “pueblo a pueblo” para que conocieran de primera mano la realidad de nuestro país, los efectos del inhumano bloqueo impuesto por la nación del Norte contra nuestra pequeña Isla. En ese sentido, han sido muy importantes, en todos estos años, las Caravanas de la Amistad de Pastores por la Paz.

Nuestro Centro nació de una profunda inspiración cristiana y sustenta su quehacer en los valores del Reino de Dios y del proyecto revolucionario cubano: la justicia social, la paz, la solidaridad, una participación consciente y una comunicación liberadora que invita al diálogo de saberes y toma en cuenta la diversidad de rostros y pensamientos que nos caracteriza como cubanos para seguir construyendo, juntos, espacios de servicio y participación comprometida con nuestra sociedad.

La Iglesia Bautista Ebenezer fue el espacio institucional que nos permitió hacer realidad este sueño. El inicio de nuestro pastorado en Marianao en 1971 fue el punto de partida de una nueva pastoral. Sin la comprensión y el acompañamiento consecuente de los hermanos de nuestra iglesia jamás hubiéramos logrado lo que ha sido y es nuestro Centro.

Fue en el interior de nuestra congregación donde se fraguó la motivación, el compromiso y las primeras acciones en nuestro barrio. Pogolotti se convirtió, con su acogida y su firmeza solidaria, en el espacio social que nos permitió una nueva visión sobre el ministerio diacónico de la iglesia. Su población sencilla y humilde nos ofreció la conciencia y convicción de sentirnos parte esencial del pueblo.

¿Cuáles son los aportes esenciales que el Centro ha hecho a la sociedad cubana?

Me parece que fue ayer cuando el primer secretario del Partido en Marianao, el compañero Ceballos, y el entonces presidente de la Asamblea Municipal del Poder Popular, Carlos Franco, llamaron a nuestra puerta y en la sala del viejo caserón de la casa pastoral nos extendieron la mano del compañerismo, a la vez que nos invitaban, a Clarita y a mí, a dar un recorrido por distintos lugares del territorio y solicitar nuestra cooperación y solidaridad. Con estas experiencias y otros acontecimientos de la vida nacional, en el año 1985 comenzamos a demoler la “casa vieja” y colocar los cimientos de la nueva construcción.

Inaugurado el Centro, una de nuestras primeras decisiones y acciones fue invitar a nuestro vecino, Bartolomé Menéndez, para que nos ofreciera una conferencia sobre su hermano Jesús Menéndez. Durante sus primeros años el Centro estaba centrado en cursos de capacitación teológica a pastores y laicos de algunas iglesias bautistas y pentecostales.

El trabajo realizado a partir de los primeros años de la década de los 90 por el Centro Memorial Martin Luther King y a través del Programa de Educación Popular y Acompañamiento a Experiencias Locales —con la colaboración de más de 350 personas en todo el país— es una evidencia de lo mucho que podemos alcanzar en este momento histórico para los cubanos.

Si hablamos de aportes, uno sería el “acompañamiento” a nuestro pueblo, a las iglesias, a la familia y a diversos proyectos y experiencias que se están desarrollando en el país.

Es muy correcto que el programa de Educación Popular y Acompañamiento a las Experiencias Locales hayan usado la palabra “acompañar” para animar una parte de su quehacer.

Nosotros no llegamos como unos extraños a Pinar del Río ni a la iglesia local de Marianao ni a Manicaragua ni a La Marina, sino que somos parte de esas experiencias.

Con la gente de esos territorios y sus proyectos hemos formado a sus líderes, hemos compartido, los conocemos. Juntos y unidos a una experiencia caminamos con ella. ¿Para qué? Para que la gente desarrolle su propio poder y potencialidades, para que sean sujetos conscientes, creativos y, de conjunto con los demás, echen a andar.

Por tanto, en este sentido, el Centro es en primer lugar la realización de un sueño, como me gusta decir.

Con el tiempo nos dimos cuenta de que además de propiciar espacios de formación presenciales, es decir, en nuestra sede en Pogolotti, Marianao, también podíamos ir a los lugares y crear capacidades en la gente para que formara a otros en sus sitios de residencia y de trabajo. Así surgieron los primeros “acompañamientos” a la biblioteca municipal de Jagüey Grande; luego vino la experiencia de Pinar del Río, de La Marina, un barrio negro, de los mal llamados marginales.

Fuimos avanzando con un resultado paralelo muy positivo, que significa que hemos desarrollado ya un programa dirigido a la formación de educadores populares a distancia.

Cuando en 1987 nos atrevimos a pedirle a la iglesia que el nuevo local llevara por nombre Martin Luther King, Jr., fue además de un gesto de solidaridad con nuestro barrio negro de Pogolotti, uno de los aportes más significativos, no solo en beneficio de nuestra sociedad, sino del movimiento afroamericano porque con ello hemos contribuido a la recuperación de la voz profética de Martin Luther King. La sociedad norteamericana está enferma y ha querido convertir al profeta en un santo, claro el santo es inofensivo, a nadie le preocupa; pero lo que sí causa inquietud porque quema la conciencia, es la presencia de los profetas. Y eso es lo que el Centro ha tratado de hacer en todos estos años: recuperar para los EE.UU., para Cuba y para el mundo entero esa voz, que fue el tambor mayor de la justicia.

¿Para usted, en lo particular, y para el Centro Martin Luther King, qué significa la ecumenía?

Significa trabajar para que en la casa ocupada, es decir, ese espíritu oikouméne del que se habla en la Biblia, se viva en armonía, en justicia social tanto en las iglesias, como en los pueblos donde se hallan las iglesias. Y esa tradición ecuménica la hemos heredado del movimiento ecuménico internacional, regional y de nuestro Consejo de Iglesias de Cuba. Uno de los teólogos que más se ha referido al valor del ecumenismo, ha sido el católico alemán Hans Küng. Él sostiene que sin una ética mundial no hay sobrevivencia, sin la paz no es posible esa sobrevivencia, y ella no se puede lograr sin el diálogo entre las diversas religiones. En ese sentido, ha trabajado durante todos estos años, nuestro Centro, una organización macroecuménica de inspiración cristiana que promueve la unidad más allá de las fronteras de la Iglesia.

Don Pedro Casaldáliga, el obispo catalán que tantos años trabajó en Brasil, dijo que el primer requisito para entrar en el diálogo macroecuménico es una identidad bien definida. Si las convicciones y los principios que animan la vida han sido el resultado de una opción honesta, auténtica, se puede entrar en relaciones con todas las personas. Nuestro Centro, que se encuentra en Pogolotti, en Marianao, donde muchas personas practican religiones cubanas de origen africano, ha trabajado junto al barrio en proyectos de beneficio social como el alumbrado público, la construcción y reparación de viviendas, el saneamiento ambiental, y la promoción de una cultura de respeto hacia la naturaleza y las relaciones armoniosas de convivencia y participación social. ¿Quieres mejor ejemplo de ecumenía?

Al llegar a esta fecha, como director siento un profundo agradecimiento por cada compañero, hermano que encontraron en este sueño un espacio en el cual el sentido de la vida, el amor y el servicio a nuestro pueblo pudieron enriquecer la comprensión y vivencia de la expresión más alta de la ecumenía humana, que no se agota, ni se reduce al intramuros religioso eclesiástico, pero sí en la obra nuestra de cada día.

 
 
 
 


GALERÍA de IMÁGENES

25 aniversario del
Centro Memorial
Martin Luther King

 
 
.
© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.