La Habana. Año X.
7 al 13 de ABRIL de 2012

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En el bicentenario de la conspiración de josé antonio Aponte

Un conspirador de ébano  en tiempos de tormentas

Eduardo Torres-Cuevas • La Habana

"Más malo que Aponte", es la frase que acuñó el colonialismo español y los temerosos esclavistas cubanos para desvalorar a la figura que representa la primera conspiración independentista y de transformación social cubana. La imagen de un despiadado negro, sediento de sangre e inspirado en el odio, fue la proyectada para ocultar sus verdaderas ideas y el proyecto social que él representaba y que estaba expandido por todo el Caribe. El prejuicio —que condiciona el juicio— fue utilizado para una aceptación acrítica de la calumnia y de la infamia. El temor sirvió para solidificar fronteras sociales y raciales. Pero la historia, como materia de un conocimiento, es mucho más compleja que las simplificaciones manualistas de la historia como conocimiento de esa materia. ¿Por qué se presentó a Aponte como el más monstruoso personaje de nuestra historia?

Revolución en el Caribe

La Revolución de Haití es la primera de las revoluciones del ciclo independentista latinoamericano y caribeño. Su importancia no solo reside en este aspecto cronológico sino en algo más importante: el cambio del contenido conceptual de las revoluciones europeas y la profunda revolución social, más allá de la política, que implicó. Inicialmente inspirada en las ideas de la Revolución Francesa, pronto se demostró la desigualdad de la igualdad proclamada en la metrópoli con respecto a sus intereses coloniales. Toussaint Louverture es traicionado y encarcelado por Napoleón, es restituida la esclavitud y el general Leclerc invade la Isla. Un esclavo, Jean Jacques Dessalines, encabeza la resistencia. En 1805 es proclamada la República de Haití (nombre arauco que sustituye el de la antigua colonia francesa de Saint Domingue), después de vencer al ejército más poderoso de su época. Un lector avezado podrá constatar que esta primera derrota de las divisiones napoleónicas, antes que en Rusia y España, es invisibilizada en la mayoría de los textos europeos que tratan de estos temas. Si era honroso perder frente a un general europeo, resultaba bochornosa la derrota frente a un ejército negro.

La Revolución Haitiana ofrecía otro legado de trascendencia histórica. En Europa, conceptos como libertad y esclavitud eran utilizados como metáforas en los discursos políticos. Se trata de la libertad política y jurídica del "género humano". Pero la paradoja mayor residía en la condición del esclavo real y no metafórico. El esclavo real, el que existía en Haití, en Cuba y, en general, en América, era, en lo filosófico, un objeto no un sujeto; en lo económico, una mercancía que se compra y se vende; y en lo jurídico, una propiedad; por esas razones, carecían de la "condición humana". La Revolución Francesa había utilizado la metáfora de la esclavitud para lanzar a los sans coulote contra el Antiguo Régimen o monarquía absoluta. Lemas como "es preferible la muerte a la esclavitud" formaban parte del lenguaje revolucionario. En Haití, las ideas de libertad e igualdad, para lograr la fraternidad, pasaban por una realidad muy diferente. Al luchar por la independencia y la libertad de los esclavos, lo hacían contra un cuerpo jurídico que establecía, como inviolable, el derecho de propiedad. Los esclavos eran propiedad de los amos. Con la independencia y la eliminación de la esclavitud, los esclavos pasaron a sujetos de su propia historia, a emancipadores de hombres, expresión más alta de la condición humana. La primera constitución de nuestra América, la implantada por Toussaint Louverture, que abolía la esclavitud y declaraba a todos los hombres iguales, independiente del color de su piel, merece un destaque especial en estas conmemoraciones por los bicentenarios americanos. El ejemplo haitiano, y su contenido social y conceptual, estuvo en las bases de los debates posteriores en torno a las independencias y a los proyectos de sociedades nuevas americanas.

En el epicentro de las tormentas


En un tiempo histórico relativamente corto, la Isla de Cuba sería partícipe de convulsos procesos internacionales. El primero de ellos, la guerra de independencia de las Trece Colonias Inglesas de Norteamérica que darían lugar al surgimiento de los Estados Unidos (1776-1783). En esta contienda participaron los batallones de milicias de pardos y morenos (negros y mulatos) de La Habana, y su puerto sería base de operaciones contra los ingleses y de apoyo a los independentistas. Hombres que posteriormente tendrían un papel notable participaron en estos acontecimientos desde Cuba como Francisco de Miranda, iniciador de la independencia latinoamericana. El segundo, la Revolución Francesa (1789-1799), que desvertebró el equilibro político, no solo en Europa, sino, en especial, en el Caribe. La Revolución Haitiana (1791-1805), el tercero, introdujo un nuevo elemento en el escenario político: por primera vez en la historia un ejército de esclavos obtenía un éxito rotundo y, al independizar al país, creó un Estado diferente a los hasta entonces establecidos.

El cuarto, y de especial significación para Cuba, fue la crisis española iniciada con la ocupación napoleónica (1808), el inicio de su guerra de independencia, la creación de las juntas regionales y el proceso constitucionalista de Cádiz (1812). Por primera vez en su historia, España era regida por una constitución que colocaba la soberanía en el pueblo, en el sentido limitado que tenía este concepto para la burguesía en ascenso. Era la crisis del Antiguo Régimen o monarquía absoluta. La aristocracia esclavista cubana se vio, por sus relaciones de poder en la metrópoli, involucrada en todos estos acontecimientos: el ministro de la guerra español lo era el poderoso azucarero cubano, Gonzalo O’ Farrill y Herrera, quien es una de las figuras principales en la alianza con Francia. Por otra parte, cuando el 2 de mayo de 1808 los artilleros de Madrid se enfrentan a las tropas francesas e inician la guerra de independencia española, de los tres héroes, uno es el cubano Rafael de Arango y Núñez del Castillo, junto a los mártires Luis Daoíz y Pedro Velarde. En el proceso constitucionalista de Cádiz, los esclavistas cubanos estuvieron representados en las personas de Juan Bernardo O’ Gaban y Andrés de Jáuregui. A los procesos anteriores se unió el desencadenamiento de los movimientos que conducirán a las revoluciones independentistas latinoamericanas.

La época en Cuba tuvo particulares características. Producto de la Revolución Industrial inglesa, del desarrollo científico y tecnológico en la agricultura y de la Revolución Haitiana, que implicó la destrucción de sus plantaciones azucareras y cafetaleras, hasta entonces la primera productora de azúcar del mundo, los azucareros y cafetaleros cubanos se lanzaron a la conquista del mercado mundial. Francisco de Arango y Parreño, el ideólogo de los esclavistas cubanos, trazaba el reto de convertir a Cuba "en la Albión de América". Para ello, en la época, existía una relación: para producir más azúcar eran necesarios más esclavos. Y efectivamente, sería esta la etapa de nuestra historia en la que se introdujo la mayor cantidad de esclavos africanos. Se calcula que entre 1763 y 1845 entraron a la Isla 636 mil 465 esclavos. En 1826, cuando ya Haití no aportaba azúcar al mercado mundial, Cuba rompía sus récords históricos y sobrepasaba la producción más alta alcanzada por Saint Domingue en 1791.

Aunque las razones esgrimidas para la introducción de esclavos eran las necesidades productivas, en realidad el destino de gran parte de ellos fue otro. Tomando el censo de 1846, solo el 23 % de ellos estaban en las plantaciones azucareras y el 14 en los cafetales. El 45 % estaba en actividades urbanas y el 18 en sitios, vegas y estancias. Este aspecto resulta significativo. Cierta historiografía puso el acento en el barracón, que si es el aspecto más deshumanizado de la esclavitud, ocultaba el importante papel que en las ciudades tenían estos esclavos en la coloración de la cultura, de los hábitos, de los comportamientos sociales y del sincretismo de creencias. Por otra parte, los "libres de color", término de época, conforman el artesanado y los obreros calificados en las ciudades, principalmente en las ciudades-puertos. Recuérdese que, por entonces, el trabajo manual era despreciado por los sectores blancos con pretensiones de ascenso social. Sastres, peineteros, carpinteros, músicos, entre otros muchos oficios y artes, van modelando un nuevo gusto, sustrato profundo de una nueva cultura. Las ciudades-puertos son un verdadero vertedero de información. Marinos, viajeros, aventureros, científicos, militares, inmigrantes de los más diversos países, circulan por sus calles y dialogan con las más diversas clases y capas sociales. Entre otras mercancías, a veces prohibidas, están los inapreciables libros, folletos, manifiestos, relatos, que llegan de Estados Unidos, Francia y de la propia Haití. Son ciudades bien informadas. Entre los "libres de color" está un carpintero ebanista, de respeto y valor, que marcará nuestra historia con un sello único, José Antonio Aponte.

Un conspirador de ébano


La década final del siglo XVIII muestra en Cuba un inusitado movimiento de sublevaciones, levantamientos y los primeros intentos de conspiraciones. Si los levantamientos y sublevaciones inquietaban a esclavistas y autoridades, mucho más preocupaban las conspiraciones. Las primeras eran explosiones espontáneas, llevadas muchas veces por la desesperación, pero carentes de organización y de una plataforma política y social. Las conspiraciones, en cambio, implicaban proyectos unificadores de carácter político y social. A su vez, partían de planes de acción pensados y organizados. En 1795 es descubierta una conspiración en Bayamo con una extraña composición. En ella estaban involucrados el negro de 56 años Nicolás Morales y el joven blanco de 21 años Gabriel José Estrada.

El siglo XIX se inicia bajo la contradictoria influencia de las revoluciones y sus reflujos. El 17 de diciembre de 1804, ve luz, la primera logia masónica creada para Cuba, Le temple des Versus Teologales, fundada por franceses emigrados de Haití y criollos. Pronto cambió su nombre al español, ya con una mayoría criolla. En 1809 las autoridades españolas descubren en esta logia una conspiración que ha sido denominada en nuestra historia como la de Román de la Luz. Uno de los conspiradores, que logra escapar, lo es el abogado bayamés José Joaquín Infante. En 1811, un año antes que la española de Cádiz, Infante publica en Caracas el primer proyecto de constitución para Cuba independiente. Es probable que la misma tuviera una cierta inspiración en sus antecesoras haitianas y caraqueña. Lo cierto es que en ella se establece ya el estado laico y la separación de la Iglesia y el Estado, aspecto que estará presente en todas las constituciones cubanas posteriores. Estos conspiradores estuvieron en estrecho contacto, a través de uno de ellos, Luis Francisco Bassave, con los negros y mulatos. El Capitán General de la Isla lo acusa de: "que convocaba y excitaba a los negros y mulatos y a la hez del pueblo para sublevarse". Existen elementos suficientes para suponer que Aponte estuvo relacionado con esta conspiración y que el movimiento conspirativo, quizás en vertientes distintas, ya tenía cierta extensión en la Isla.

Era José Antonio Aponte un negro libre que tenía, entre otros oficios, el de carpintero. Casado, con seis hijos, había sido cabo primero de las milicias habaneras en el batallón de morenos, del cual ya se hallaba retirado cuando fue descubierto como conspirador. La leyenda popular le atribuye haber participado en las tropas negras de La Habana que dirigía el general Gálvez durante la guerra de independencia de Estados Unidos. Algunos aseguran que participó en la batalla definitiva de Yorktown pero, hasta ahora, no existen pruebas documentales de ello.

Aponte poseía especial prestigio entre la población de negros y mulatos libres de La Habana por dirigir el cabildo negro Shangó Tedum y por poseer en el orden religioso lucumí la categoría de Oni-Shangó. Como en el caso del sacerdote de vudú Boukman, parece relacionar la organización de los cabildos negros con las logias masónicas. Se sabe que las logias de Burdeos en Francia, que prohijaron o se asociaron con las logias haitianas, tenían las características de admitir a hombres de todas las razas o relacionarse con ellos. Aponte, a quien se ha presentado como un negro inculto, realmente poseía un espíritu inquieto que lo había llevado a la lectura de obras que, en su época, se consideraban fundamentales o clásicas. En su casa, cuando se practicó el registro por las autoridades españolas, se halló una biblioteca donde se mezclaban libros como Descripción de Historia Natural, Arte de Nebrija, con Estado Militar de España, Maravillas de la ciudad de Roma y Sucesos memorables del mundo.

Los objetivos de la nueva conspiración, según la documentación, eran la abolición de la esclavitud y de la trata negrera. A ello, se añadía derrocar la tiranía colonial y crear un gobierno sin discriminaciones. Uno de los pasos dados por el conspirador y sus compañeros fue contactar, en 1811, con el brigadier negro Gil Narciso y otros oficiales de las tropas negras, que al mando de Jean François habían combatido en Santo Domingo, si bien en el bando opuesto a Toussaint Louverture. La entrevista con estos oficiales en La Habana les permitió a los conspiradores criollos determinar la táctica que debían seguir. Por los oficiales pudieron conocer lo que más les interesaba: cómo los esclavos de Haití lograron apoderarse de las armas de los franceses y qué sistema utilizaron para ocupar pueblos y ciudades. Otro logro de las entrevistas radicó en que el brigadier Gil Narciso se comprometiera a ponerse al frente de los insurrectos, cuando estos tuvieran las armas en sus manos. Bajo el pretexto de fiestas religiosas Aponte, en su casa, adiestraba a los hombres y les hablaba de la Revolución Haitiana.

Lo que más llamó la atención de esta conspiración es que estaba extendida por diversas partes del país —Puerto Príncipe (Camagüey), Bayamo y Remedios—, algo inusitado por entonces, e incluía a personas de diversas razas.

El lunes 16 de marzo de 1812 se produce una reunión de los principales conspiradores en la casa de Aponte. En ella se fraguó el plan de acción, consistente en la toma de algunas de las principales fortalezas y cuarteles de la ciudad. Aponte manifestó a los reunidos, entre quienes se encontraban algunos que dudaban del éxito de la empresa, que "en el Guarico los de su clase habían hecho la revolución y conseguido lo que deseaban".

El 19 de marzo, una delación puso sobre la pista a las autoridades españolas y poco después eran detenidos Aponte y algunos de sus compañeros más cercanos. El 7 de abril de 1812 fueron condenados, sin juicio, a muerte. El día 9 son ahorcados José Antonio Aponte, Clemente Chacón, Salvador Ternero, Juan Bautista Lisundia, Estanislao Aguilar, Juan Barbier, negros libres, y los esclavos Esteban, Tomás y Joaquín Santa Cruz. La cabeza de Aponte se puso en exhibición en una jaula de hierro a la entrada de La Habana por el camino de Jesús del Monte.

Si bien Aponte fue estigmatizado como lo peor, la conspiración fue utilizada por el poder colonial para sembrar el llamado "temor a una insurrección negra" y, esta, presentada como "una guerra despiadada de razas". En realidad, lo que más había atemorizado de la conspiración de Aponte era que, aunque se presentó como una conspiración que solo quería repetir el proceso de Haití, era un movimiento que buscaba integrar a diversos sectores sociales, con independencia de la raza y de la condición social, en los principios de abolición de la esclavitud, de la independencia política y de la igualdad social. Arango y Parreño, con certera visión, expresó donde estaba el peligro para su clase: "Contamos, no obstante, en todo caso y estudio con los grandes propietarios, con esos buenos vasallos y malísimos soldados. Y ¿los demás? Los jóvenes, los aventureros, los descamisados, la gente de color, los esclavos... ¡Cuántos enemigos, si un ejército de revolucionarios enarbola en nuestras playas la bandera de recluta!".

En el bicentenario de la muerte de Aponte, rendirle tributo de recordación es más que una conmemoración, es iniciar un proceso de justicia histórica.
 
 
 
 
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