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En el
bicentenario de la conspiración de josé
antonio Aponte |
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Un
conspirador de ébano en tiempos de
tormentas |
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Eduardo
Torres-Cuevas • La Habana |
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"Más malo que Aponte",
es la frase que acuñó el
colonialismo español y
los temerosos
esclavistas cubanos para
desvalorar a la figura
que representa la
primera conspiración
independentista y de
transformación social
cubana. La imagen de un
despiadado negro,
sediento de sangre e
inspirado en el odio,
fue la proyectada para
ocultar sus verdaderas
ideas y el proyecto
social que él
representaba y que
estaba expandido por
todo el Caribe. El
prejuicio —que
condiciona el juicio—
fue utilizado para una
aceptación acrítica de
la calumnia y de la
infamia. El temor sirvió
para solidificar
fronteras sociales y
raciales. Pero la
historia, como materia
de un conocimiento, es
mucho más compleja que
las simplificaciones
manualistas de la
historia como
conocimiento de esa
materia. ¿Por qué se
presentó a Aponte como
el más monstruoso
personaje de nuestra
historia?
Revolución en el Caribe
La Revolución de Haití
es la primera de las
revoluciones del ciclo
independentista
latinoamericano y
caribeño. Su importancia
no solo reside en este
aspecto cronológico sino
en algo más importante:
el cambio del contenido
conceptual de las
revoluciones europeas y
la profunda revolución
social, más allá de la
política, que implicó.
Inicialmente inspirada
en las ideas de la
Revolución Francesa,
pronto se demostró la
desigualdad de la
igualdad proclamada en
la metrópoli con
respecto a sus intereses
coloniales. Toussaint
Louverture es
traicionado y
encarcelado por
Napoleón, es restituida
la esclavitud y el
general Leclerc invade
la Isla. Un esclavo,
Jean Jacques Dessalines,
encabeza la resistencia.
En 1805 es proclamada la
República de Haití
(nombre arauco que
sustituye el de la
antigua colonia francesa
de Saint Domingue),
después de vencer al
ejército más poderoso de
su época. Un lector
avezado podrá constatar
que esta primera derrota
de las divisiones
napoleónicas, antes que
en Rusia y España, es
invisibilizada en la
mayoría de los textos
europeos que tratan de
estos temas. Si era
honroso perder frente a
un general europeo,
resultaba bochornosa la
derrota frente a un
ejército negro.
La Revolución Haitiana
ofrecía otro legado de
trascendencia histórica.
En Europa, conceptos
como libertad y
esclavitud eran
utilizados como
metáforas en los
discursos políticos. Se
trata de la libertad
política y jurídica del
"género humano". Pero la
paradoja mayor residía
en la condición del
esclavo real y no
metafórico. El esclavo
real, el que existía en
Haití, en Cuba y, en
general, en América,
era, en lo filosófico,
un objeto no un sujeto;
en lo económico, una
mercancía que se compra
y se vende; y en lo
jurídico, una propiedad;
por esas razones,
carecían de la
"condición humana". La
Revolución Francesa
había utilizado la
metáfora de la
esclavitud para lanzar a
los sans coulote contra
el Antiguo Régimen o
monarquía absoluta.
Lemas como "es
preferible la muerte a
la esclavitud" formaban
parte del lenguaje
revolucionario. En
Haití, las ideas de
libertad e igualdad,
para lograr la
fraternidad, pasaban por
una realidad muy
diferente. Al luchar por
la independencia y la
libertad de los
esclavos, lo hacían
contra un cuerpo
jurídico que establecía,
como inviolable, el
derecho de propiedad.
Los esclavos eran
propiedad de los amos.
Con la independencia y
la eliminación de la
esclavitud, los esclavos
pasaron a sujetos de su
propia historia, a
emancipadores de
hombres, expresión más
alta de la condición
humana. La primera
constitución de nuestra
América, la implantada
por Toussaint
Louverture, que abolía
la esclavitud y
declaraba a todos los
hombres iguales,
independiente del color
de su piel, merece un
destaque especial en
estas conmemoraciones
por los bicentenarios
americanos. El ejemplo
haitiano, y su contenido
social y conceptual,
estuvo en las bases de
los debates posteriores
en torno a las
independencias y a los
proyectos de sociedades
nuevas americanas.
En el epicentro de las
tormentas
En un tiempo histórico
relativamente corto, la
Isla de Cuba sería
partícipe de convulsos
procesos
internacionales. El
primero de ellos, la
guerra de independencia
de las Trece Colonias
Inglesas de Norteamérica
que darían lugar al
surgimiento de los
Estados Unidos
(1776-1783). En esta
contienda participaron
los batallones de
milicias de pardos y
morenos (negros y
mulatos) de La Habana, y
su puerto sería base de
operaciones contra los
ingleses y de apoyo a
los independentistas.
Hombres que
posteriormente tendrían
un papel notable
participaron en estos
acontecimientos desde
Cuba como Francisco de
Miranda, iniciador de la
independencia
latinoamericana. El
segundo, la Revolución
Francesa (1789-1799),
que desvertebró el
equilibro político, no
solo en Europa, sino, en
especial, en el Caribe.
La Revolución Haitiana
(1791-1805), el tercero,
introdujo un nuevo
elemento en el escenario
político: por primera
vez en la historia un
ejército de esclavos
obtenía un éxito rotundo
y, al independizar al
país, creó un Estado
diferente a los hasta
entonces establecidos.
El cuarto, y de especial
significación para Cuba,
fue la crisis española
iniciada con la
ocupación napoleónica
(1808), el inicio de su
guerra de independencia,
la creación de las
juntas regionales y el
proceso
constitucionalista de
Cádiz (1812). Por
primera vez en su
historia, España era
regida por una
constitución que
colocaba la soberanía en
el pueblo, en el sentido
limitado que tenía este
concepto para la
burguesía en ascenso.
Era la crisis del
Antiguo Régimen o
monarquía absoluta. La
aristocracia esclavista
cubana se vio, por sus
relaciones de poder en
la metrópoli,
involucrada en todos
estos acontecimientos:
el ministro de la guerra
español lo era el
poderoso azucarero
cubano, Gonzalo O’
Farrill y Herrera, quien
es una de las figuras
principales en la
alianza con Francia. Por
otra parte, cuando el 2
de mayo de 1808 los
artilleros de Madrid se
enfrentan a las tropas
francesas e inician la
guerra de independencia
española, de los tres
héroes, uno es el cubano
Rafael de Arango y Núñez
del Castillo, junto a
los mártires Luis Daoíz
y Pedro Velarde. En el
proceso
constitucionalista de
Cádiz, los esclavistas
cubanos estuvieron
representados en las
personas de Juan
Bernardo O’ Gaban y
Andrés de Jáuregui. A
los procesos anteriores
se unió el
desencadenamiento de los
movimientos que
conducirán a las
revoluciones
independentistas
latinoamericanas.
La época en Cuba tuvo
particulares
características.
Producto de la
Revolución Industrial
inglesa, del desarrollo
científico y tecnológico
en la agricultura y de
la Revolución Haitiana,
que implicó la
destrucción de sus
plantaciones azucareras
y cafetaleras, hasta
entonces la primera
productora de azúcar del
mundo, los azucareros y
cafetaleros cubanos se
lanzaron a la conquista
del mercado mundial.
Francisco de Arango y
Parreño, el ideólogo de
los esclavistas cubanos,
trazaba el reto de
convertir a Cuba "en la
Albión de América". Para
ello, en la época,
existía una relación:
para producir más azúcar
eran necesarios más
esclavos. Y
efectivamente, sería
esta la etapa de nuestra
historia en la que se
introdujo la mayor
cantidad de esclavos
africanos. Se calcula
que entre 1763 y 1845
entraron a la Isla 636
mil 465 esclavos. En
1826, cuando ya Haití no
aportaba azúcar al
mercado mundial, Cuba
rompía sus récords
históricos y sobrepasaba
la producción más alta
alcanzada por Saint
Domingue en 1791.
Aunque las razones
esgrimidas para la
introducción de esclavos
eran las necesidades
productivas, en realidad
el destino de gran parte
de ellos fue otro.
Tomando el censo de
1846, solo el 23 % de
ellos estaban en las
plantaciones azucareras
y el 14 en los
cafetales. El 45 %
estaba en actividades
urbanas y el 18 en
sitios, vegas y
estancias. Este aspecto
resulta significativo.
Cierta historiografía
puso el acento en el
barracón, que si es el
aspecto más
deshumanizado de la
esclavitud, ocultaba el
importante papel que en
las ciudades tenían
estos esclavos en la
coloración de la
cultura, de los hábitos,
de los comportamientos
sociales y del
sincretismo de
creencias. Por otra
parte, los "libres de
color", término de
época, conforman el
artesanado y los obreros
calificados en las
ciudades, principalmente
en las ciudades-puertos.
Recuérdese que, por
entonces, el trabajo
manual era despreciado
por los sectores blancos
con pretensiones de
ascenso social. Sastres,
peineteros, carpinteros,
músicos, entre otros
muchos oficios y artes,
van modelando un nuevo
gusto, sustrato profundo
de una nueva cultura.
Las ciudades-puertos son
un verdadero vertedero
de información. Marinos,
viajeros, aventureros,
científicos, militares,
inmigrantes de los más
diversos países,
circulan por sus calles
y dialogan con las más
diversas clases y capas
sociales. Entre otras
mercancías, a veces
prohibidas, están los
inapreciables libros,
folletos, manifiestos,
relatos, que llegan de
Estados Unidos, Francia
y de la propia Haití.
Son ciudades bien
informadas. Entre los
"libres de color" está
un carpintero ebanista,
de respeto y valor, que
marcará nuestra historia
con un sello único, José
Antonio Aponte.
Un conspirador de ébano
La década final del
siglo XVIII muestra en
Cuba un inusitado
movimiento de
sublevaciones,
levantamientos y los
primeros intentos de
conspiraciones. Si los
levantamientos y
sublevaciones
inquietaban a
esclavistas y
autoridades, mucho más
preocupaban las
conspiraciones. Las
primeras eran
explosiones espontáneas,
llevadas muchas veces
por la desesperación,
pero carentes de
organización y de una
plataforma política y
social. Las
conspiraciones, en
cambio, implicaban
proyectos unificadores
de carácter político y
social. A su vez,
partían de planes de
acción pensados y
organizados. En 1795 es
descubierta una
conspiración en Bayamo
con una extraña
composición. En ella
estaban involucrados el
negro de 56 años Nicolás
Morales y el joven
blanco de 21 años
Gabriel José Estrada.
El siglo XIX se inicia
bajo la contradictoria
influencia de las
revoluciones y sus
reflujos. El 17 de
diciembre de 1804, ve
luz, la primera logia
masónica creada para
Cuba, Le temple des
Versus Teologales,
fundada por franceses
emigrados de Haití y
criollos. Pronto cambió
su nombre al español, ya
con una mayoría criolla.
En 1809 las autoridades
españolas descubren en
esta logia una
conspiración que ha sido
denominada en nuestra
historia como la de
Román de la Luz. Uno de
los conspiradores, que
logra escapar, lo es el
abogado bayamés José
Joaquín Infante. En
1811, un año antes que
la española de Cádiz,
Infante publica en
Caracas el primer
proyecto de constitución
para Cuba independiente.
Es probable que la misma
tuviera una cierta
inspiración en sus
antecesoras haitianas y
caraqueña. Lo cierto es
que en ella se establece
ya el estado laico y la
separación de la Iglesia
y el Estado, aspecto que
estará presente en todas
las constituciones
cubanas posteriores.
Estos conspiradores
estuvieron en estrecho
contacto, a través de
uno de ellos, Luis
Francisco Bassave, con
los negros y mulatos. El
Capitán General de la
Isla lo acusa de: "que
convocaba y excitaba a
los negros y mulatos y a
la hez del pueblo para
sublevarse". Existen
elementos suficientes
para suponer que Aponte
estuvo relacionado con
esta conspiración y que
el movimiento
conspirativo, quizás en
vertientes distintas, ya
tenía cierta extensión
en la Isla.
Era José Antonio Aponte
un negro libre que
tenía, entre otros
oficios, el de
carpintero. Casado, con
seis hijos, había sido
cabo primero de las
milicias habaneras en el
batallón de morenos, del
cual ya se hallaba
retirado cuando fue
descubierto como
conspirador. La leyenda
popular le atribuye
haber participado en las
tropas negras de La
Habana que dirigía el
general Gálvez durante
la guerra de
independencia de Estados
Unidos. Algunos aseguran
que participó en la
batalla definitiva de
Yorktown pero, hasta
ahora, no existen
pruebas documentales de
ello.
Aponte poseía especial
prestigio entre la
población de negros y
mulatos libres de La
Habana por dirigir el
cabildo negro Shangó
Tedum y por poseer en el
orden religioso lucumí
la categoría de Oni-Shangó.
Como en el caso del
sacerdote de vudú
Boukman, parece
relacionar la
organización de los
cabildos negros con las
logias masónicas. Se
sabe que las logias de
Burdeos en Francia, que
prohijaron o se
asociaron con las logias
haitianas, tenían las
características de
admitir a hombres de
todas las razas o
relacionarse con ellos.
Aponte, a quien se ha
presentado como un negro
inculto, realmente
poseía un espíritu
inquieto que lo había
llevado a la lectura de
obras que, en su época,
se consideraban
fundamentales o
clásicas. En su casa,
cuando se practicó el
registro por las
autoridades españolas,
se halló una biblioteca
donde se mezclaban
libros como Descripción
de Historia Natural,
Arte de Nebrija, con
Estado Militar de
España, Maravillas de la
ciudad de Roma y Sucesos
memorables del mundo.
Los objetivos de la
nueva conspiración,
según la documentación,
eran la abolición de la
esclavitud y de la trata
negrera. A ello, se
añadía derrocar la
tiranía colonial y crear
un gobierno sin
discriminaciones. Uno de
los pasos dados por el
conspirador y sus
compañeros fue
contactar, en 1811, con
el brigadier negro Gil
Narciso y otros
oficiales de las tropas
negras, que al mando de
Jean François habían
combatido en Santo
Domingo, si bien en el
bando opuesto a
Toussaint Louverture. La
entrevista con estos
oficiales en La Habana
les permitió a los
conspiradores criollos
determinar la táctica
que debían seguir. Por
los oficiales pudieron
conocer lo que más les
interesaba: cómo los
esclavos de Haití
lograron apoderarse de
las armas de los
franceses y qué sistema
utilizaron para ocupar
pueblos y ciudades. Otro
logro de las entrevistas
radicó en que el
brigadier Gil Narciso se
comprometiera a ponerse
al frente de los
insurrectos, cuando
estos tuvieran las armas
en sus manos. Bajo el
pretexto de fiestas
religiosas Aponte, en su
casa, adiestraba a los
hombres y les hablaba de
la Revolución Haitiana.
Lo que más llamó la
atención de esta
conspiración es que
estaba extendida por
diversas partes del país
—Puerto Príncipe
(Camagüey), Bayamo y
Remedios—, algo
inusitado por entonces,
e incluía a personas de
diversas razas.
El lunes 16 de marzo de
1812 se produce una
reunión de los
principales
conspiradores en la casa
de Aponte. En ella se
fraguó el plan de
acción, consistente en
la toma de algunas de
las principales
fortalezas y cuarteles
de la ciudad. Aponte
manifestó a los
reunidos, entre quienes
se encontraban algunos
que dudaban del éxito de
la empresa, que "en el
Guarico los de su clase
habían hecho la
revolución y conseguido
lo que deseaban".
El 19 de marzo, una
delación puso sobre la
pista a las autoridades
españolas y poco después
eran detenidos Aponte y
algunos de sus
compañeros más cercanos.
El 7 de abril de 1812
fueron condenados, sin
juicio, a muerte. El día
9 son ahorcados José
Antonio Aponte, Clemente
Chacón, Salvador
Ternero, Juan Bautista
Lisundia, Estanislao
Aguilar, Juan Barbier,
negros libres, y los
esclavos Esteban, Tomás
y Joaquín Santa Cruz. La
cabeza de Aponte se puso
en exhibición en una
jaula de hierro a la
entrada de La Habana por
el camino de Jesús del
Monte.
Si bien Aponte fue
estigmatizado como lo
peor, la conspiración
fue utilizada por el
poder colonial para
sembrar el llamado
"temor a una
insurrección negra" y,
esta, presentada como
"una guerra despiadada
de razas". En realidad,
lo que más había
atemorizado de la
conspiración de Aponte
era que, aunque se
presentó como una
conspiración que solo
quería repetir el
proceso de Haití, era un
movimiento que buscaba
integrar a diversos
sectores sociales, con
independencia de la raza
y de la condición
social, en los
principios de abolición
de la esclavitud, de la
independencia política y
de la igualdad social.
Arango y Parreño, con
certera visión, expresó
donde estaba el peligro
para su clase:
"Contamos, no obstante,
en todo caso y estudio
con los grandes
propietarios, con esos
buenos vasallos y
malísimos soldados. Y
¿los demás? Los jóvenes,
los aventureros, los
descamisados, la gente
de color, los
esclavos... ¡Cuántos
enemigos, si un ejército
de revolucionarios
enarbola en nuestras
playas la bandera de
recluta!".
En el bicentenario de la
muerte de Aponte,
rendirle tributo de
recordación es más que
una conmemoración, es
iniciar un proceso de
justicia histórica. |
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