La Habana. Año X.
10 al 16 de MARZO
de 2012

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Ahí está: María Zambrano y la arena mojada
Teresa Díaz Canals • La Habana

Usted ha sabido asumir la suprema dignidad,
allí donde no hay preguntas ni respuestas

Carta de José Lezama Lima a María Zambrano s/f


Hace unos cuantos años, recuerdo que en el Centro Dulce María Loynaz se convocó a una actividad donde los conocidos intelectuales cubanos Cintio Vitier y Fina García Marruz brindarían un testimonio de la estancia cubana de María Zambrano. Cuando leí la noticia sentí una alegría tremenda. A la mañana siguiente una cuestión de trabajo tronchó mi anhelo de presenciar una ocasión única. Le pedí a mi hijo que asistiera por mí y así poder paliar la angustia que eso me produjo; pero no pudo ser, había asistido en short a la actividad en una calurosa tarde de verano habanero y no lo dejaron entrar.  

Se preguntarán cuál es la relación de esta anécdota con el tema que hoy  nos convoca: María Zambrano. Pues, en primer lugar, quiero decirles que el pensamiento de ella era como un péndulo que va de un lado para otro, lo que Jesús Moreno Sanz denominó el “péndulo zambraniano”. Si observamos la llama de una vela, vemos que hay un cierto movimiento oscilatorio, que tiene un centro fijo. Solo me alivió no haber presenciado la conferencia de Fina y Cintio sobre Zambrano, una anécdota que leyó mi hijo acerca de Julio Cortázar, cuando en una playa le comunicaron que había llegado hasta allí un importante escritor francés, le invitaron a que lo conociera, lo que el creador de Rayuela rechazó. Asombrados por la negativa de este último, el mismo les explicó algo así como que a las águilas no se les molestaba. 

Existe una extensa bibliografía de esta autora en Cuba, escritos acerca de su estancia insular y, sin embargo, no está a la mano en las Ferias, en las librerías, al alcance de nuestra juventud. El libro Islas, editado y prologado  por Jorge Luis Arcos, es una preciosa compilación de todo lo escrito por ella en Cuba publicado por la Editorial Verbum en la colección Mayor que significa que la misma se dedica a obras de un contenido emblemático o universal en el 2007.  

Es conocido que María estuvo en Cuba en el año 1936 por primera vez, en tránsito hacia la ciudad de Santiago de Chile, en ocasión del trabajo que su esposo Alfonso Rodríguez Aldave, tenía que desempeñar allí como diplomático. Hubo una invitación a cenar por parte de algunos intelectuales solidarios y es en la Bodeguita del Medio donde conoce a un joven que se sentó a su derecha con una honda cordialidad y medida. Ese joven era José Lezama Lima, quien desde ese instante comenzó a pertenecer a la vida esencial de María.  Allí nació no una amistad corriente, sino el milagro de “un encuentro sin principio ni fin” como ella misma escribiera en su artículo: Breve testimonio de un encuentro inacabable1.En esta breve visita dicta una conferencia denominada “La filosofía de Ortega y Gasset” precisamente en el Lyceum Law Tennis Club. 

Regresa a España en 1937 y allí reseña una conferencia de Juan Marinello, escribe admirada por la poesía de Nicolás Guillén, porque hay un grupo de cubanos que habían asistido al II Congreso Internacional de Escritores para la defensa de la Cultura en Barcelona, Valencia y Madrid. Además de los mencionados, asistieron Félix Pita Rodríguez, Leonardo Sánchez Fernández y Alejo Carpentier. Cuando está en Valencia conoce a la pensadora francesa Simona Weil, quien influye en la obra de los origenistas, específicamente en Lezama, Cintio Vitier y Fina García Marruz. 

La autora de El Hombre y lo divino regresa en 1939 a La Habana, brinda otra conferencia sobre su maestro Ortega y Gasset también en el Lyceum Club. La Universidad habanera no le abre sus puertas y tiene que pasar a México, allí es aceptada en la Universidad San Nicolás de Hidalgo de Morelia, Michoacán e influye en el grupo origenista a través de las obras que escribe en esta ciudad, como Filosofía y poesía y el otro libro de importancia para la formación de los jóvenes escritores cubanos fue Pensamiento y poesía en la vida española. 

Regresa el 1ro. de enero de 1940 al país, esta vez invitada  por la Universidad de La Habana y el Instituto Cubano de Altos Estudios e Investigaciones Científicas por una gestión de Lezama con el sociólogo Roberto Agramonte que en ese momento era el Decano de la Facultad de Humanidades. Ese año, en el mes de marzo, imparte un ciclo de  cuatro conferencias denominado “La mujer y sus formas de expresión en Occidente” que salieron en la Revista Ultra. Estas fueron: La mujer en la cultura medieval (1ro. y 8 de marzo) “La mujer en el Renacimiento” (15 de marzo) y “La mujer en el Romanticismo” (24 de marzo). La cubana secreta imparte conferencias después en otras instituciones como el Lyceum.  

De la relación amistosa nace la petición de que ella colaborara con la revista de los origenistas y Cintio Vitier le pide que escribiera algo para publicar. María le contesta que sí, que hará mención en Europa y en América  sobre ellos, a lo que Vitier expresa de manera directa: No María, nosotros somos de aquí. Queremos ser reconocidos aquí.  Ese “ser de aquí” fue la expresión que le facilitó el nacimiento del importante trabajo de María para el pensamiento cubano: La Cuba secreta. Detrás del paisaje ella descubrió un ser de aquí no vinculado al modo de estar en el espacio las personas y las cosas, no la contemplación de la palma y su contorno, sino algo mucho más sagrado, más profundo, la famosa patria prenatal que en este caso no fue en la que nació, la que le trajo su destino y su vida personal, sino que su patria prenatal cubana fue su  poesía viviente, el fundamento poético de su vida, su secreto. Cuba fue su sustancia poética visible. 

Es importante destacar que en su obra está presente lo que ella llamó las formas o categorías íntimas de la vida, este indagar peculiar tiene coincidencia con F. Nietzsche, con Max Scheler, George Simmel, Miguel de Unamuno y el propio Ortega y Gasset con su razón vital.  Denuncia como terrible mal de nuestro tiempo la ausencia de lo sagrado: el alma, las pasiones, los sueños, los delirios, las creencias y las esperanzas. Esto la hace una pensadora del siglo XXI, por ser lo sagrado primordial. 

Quiero referirme a alguien que tuvo una amistad con María y que por demasiado tiempo ha sido sepultada en el silencio, pero la semilla pitagórica vuelve a resurgir inevitablemente. Para nosotros tomar conciencia de esto es un crecimiento de la conciencia, un aumento de luz. Hay dos aspectos importantes que toca María sobre la significación de la vida y la obra de Lydia Cabrera. Admira algo en ella que puede servir también de legado a la juventud cubana, que es la cuestión de la investigación realizada más que con ciencia y hay, indudablemente, ciencia en Lydia con conocimiento poético. Dice: no tuvo prisa en llegar porque no se proponía llegar a ninguna meta con sus investigaciones. Admira cómo los cuentos negros de Lydia surgieron de haber tenido una pedagogía fabulosa, que fue su nodriza, resaltando de esta manera a las sin voces, semejante a la sabiduría del “taita” de que hablara Lezama Lima. El otro aspecto es el análisis que hizo en dos trabajos que le dedica a esta autora nuestra Lydia Cabrera, poeta de la metamorfosis y El estilo en Cuba: la quinta San José. (1952) quien hiciera un aporte comparado al de Fernando Ortiz a la cultura cubana.  

Hace poco el ensayista Roberto Méndez Martínez en la revista Palabra Nueva publicó un texto excelente titulado Lezama y María Zambrano visitan la quinta San José donde expone que en el caso de Lezama fue uno de los autores que más enfatizó en el papel del hogar en la configuración de la personalidad y que mejor recogió en su obra el sentido de la unidad familiar frente a la dispersión y el caos del tiempo y los vendavales históricos2. Zambrano, como resultado de su muy largo exilio, residió aquí por 13 años alternados con Puerto Rico, también vivió en México, Roma, Suiza, en departamentos alquilados, siempre con la noción de la no instalación, de lo provisorio. Por eso la Quinta fabulosa para ellos no significó una ficción o un decorado escogido, un snobismo, sino sobretodo una actitud ante la cultura, porque Lydia y María Teresa de Rojas escogieron lo esencial en muebles y obras de arte y a ello se unía según Méndez una actitud espiritual de apertura, de lo esencial cubano recogido en la Casa por antonomasia. Ese estilo que ellas impusieron no tuvo solo entonces un valor estético, sino un valor moral, porque significa derroche de cuidado, de atención, de  sacrificio, de consumo en medios materiales, de conciencia vigilante. Hoy está en ruinas. 

Hay un artículo de la Zambrano que me parece algo espectacular escrito en la Isla, pues ante el avance del conocimiento científico, de las investigaciones de puro tecnicismo, de la violencia, la globalización de la enajenación, el terrorismo y el reunionismo, nos encontramos a una mujer que habla un lenguaje raro, porque exalta La metáfora del corazón. Parece muy pasado de moda este término, obsoleto. Pero el pensamiento de María nos llama a tener en cuenta que el corazón es una víscera que al ofrecerse no es para salir de sí mismo, sino para hacer adentrarse en él a lo que vaga fuera. Dice la filósofa: interioridad abierta; pasividad activa. En esa cultura el corazón no arde como fuego, sino como llama, llama que no produce dolor, sino felicidad. Hay cosas que no se pueden expresar directamente y la metáfora roza con lo inefable. Cuando decimos cultura, estamos hablando de la unidad de la más pura razón y otros modos de conocimiento, entre los que destaca  éste de las metáforas.3

Inducida por Fina García Marruz y por Cintio Vitier, María hace un estudio sobre la muerte de José Martí, quien viviera también como ella, gran parte de su vida en el exilio. Describe su admiración por el Diario de Cabo Haitiano calificándolo como uno de los testimonios más preciosos y raros que un ser humano pueda dejar, fue un itinerario de su morir, una paz profunda en el adiós. Le llama la atención y es uno de los análisis más bellos sobre nuestro Apóstol que en el diario escribe “…la lluvia pura sufrida en silencio” Está a la intemperie, la lluvia calándole los huesos sin protección, sin albergue. Explica que esas palabras muestran una forma de ser habitante del planeta, de ser universal, para dejar una Casa, una Casa para todos. Este mensaje no lo hemos sabido comprender hasta hoy. Y es María Zambrano una de las que interpreta la metafórica muerte martiana. Lezama interpreta también su muerte y destaca cómo fue a la guerra con un arma que no utilizó, murió antes de usarla y frente a un enemigo que amó más que odió. 

En 1939 ya María escribe con nostalgia de La Habana, recuerda el baile de negros al que fue llevada en Marianao por Lezama. Ayer conversaban sobre el rechazo de Zenobia Camprubí por quedarse en la Isla, hay una diferencia total en el caso de María. Hay una carta de ella fechada en 1951 a Josefina Taraffa donde escribe: “Yo tengo mucho que sacar de aquí, de Europa… pero parte de mi vida y de mi corazón están unidos a América y concretamente a un país más que a ningún otro que se llama Cuba. La idea de que yo me despida definitivamente me es insoportable y aunque tuviera millones, no lo haría, no podría renunciar a volver a ella, incluso a enseñar, sí, a enseñar a esas gentes que me han oído con lo mejor de su alma, con toda su atención, que me han ofrecido lo mejor que tenían y que han hecho surgir lo mejor que yo tenía para ofrecérselo… Así que estoy entre dos mundos, entre dos continentes; no soy la única y creo que se trata de una situación de privilegio desde el punto de vista moral e intelectual” Asimismo, hay añoranza cubana en una carta escrita en 1955 cuando le escribe a Lezama: “También yo veo una palma entre los cipreses y los pinos a la luz rosa del crepúsculo romano, y les recuerdo, mis amigos”. 

Alguien comentaba ayer que era lógico que los exiliados españoles rechazaran quedarse porque vivían en una situación precaria. Sin embargo, en otra carta a un amigo español le dice: no puedes imaginarte lo mal que vivo y lo bien que me siento. También se hizo referencia al mal carácter de Juan Ramón Jiménez. Quería comentar que además de la amistad con María por parte de un grupo de intelectuales cubanos, estaba la gran amistad con este poeta y gran creador de ambiente poético. Y la causa directa de que la revista Orígenes se disolviera fue precisamente por una rivalidad entre JRJ y otros españoles. Llega a Cuba esa confrontación y termina con la disolución del grupo que da paso a la fundación por José Rodríguez Feo de la Revista Ciclón y el rompimiento entre este último y Lezama. María cuando se entera de esto se molesta: ¡JR siempre hace lo mismo!, si yo hubiera estado allá eso no hubiera terminado así. Pero no seamos injustos con quien descubre en sus conversaciones en el Lyceum precisamente que existía en Cuba (¿existe?) una gran tragedia: la soledad, el aislamiento, el largo, larguísimo soliloquio inútil, que pugnan por neutralizar las más finas actitudes del espíritu, las mejores calidades de la inteligencia y la sensibilidad.  

Además, de JRJ son las palabras siguientes que tienen que ver con la necesidad de mantener el espíritu poético de una Isla y que se las leo por su vigencia y por la relación que tiene con la metáfora del corazón zambraniana. 

Para que una isla, grande o pequeña, lejana o cercana sea nación y patria poéticas  ha de querer su corazón, creer en su profundo corazón y darle a ese sentido el alimento necesario. Y para la poesía, el alimento es de cultivo más aún que de cultura, cultivo del elemento propio, del carácter propio que saca el acento propio. Cuando el mar de una isla no es solo mar para ir a otra parte, sino para que lo pasee y lo goce, mirando hacia dentro, el cargado de conciencia universal tanto como el satisfecho inconsciente, esa isla será alta y hondamente poética, no ya para los de fuera sino, sobre todo, para los de dentro. Hay que ir al centro siempre, no ponerse en la orilla a aullar a otra vida mejor o peor de nuestro mismo mundo, peoría o mejoría que puede ser la muerte.                                                                          

La trascendencia de la estancia de JRJ y de María Zambrano en nuestro país queda resumida en esta expresión de Lezama: A veces nos es necesario que alguien que pasa nos diga su coincidencia, pues sino el frío sería una muralla infinita. 

En 1979 reflexiona María en una carta a Cintio Vitier sobre su influencia en el pensamiento cubano con el aporte de la poesía y dice: “Y así, lo que yo le daba era lo que en mí ardía, la llamita de la resurrección ya que no hubiera ardido en mí con tanta inocencia si ustedes no la hubiesen abrigado….” Fue escuchada en América, su voz encontró la luz de la palabra, por eso habla de resurrección. 

Por último quiero terminar recordando unas palabras de Lezama sobre el futuro zambraniano en Cuba: 

Desde aquellos años Ud. está en estrecha relación con  la vida de nosotros, eran años de secreta meditación y desenvuelta expresión. La veíamos con la frecuencia necesaria y nos daba la compañía que necesitábamos. Éramos tres o cuatro personas que nos acompañábamos y nos disimulábamos la desesperación. Porque, sin duda, donde Ud. hizo más amistad secreta e inteligente fue entre nosotros. De ahí  empezamos ya a verla con sus ojos azules, que nos daba la impresión de algo sobrenatural que se hacía cotidiano. Yo recuerdo aquellos años como los mejores de mi vida. Y Ud. estaba y penetraba en la Cuba secreta, que existirá mientras vivamos y luego reaparecerá en formas impalpables tal vez, pero duras y resistentes como la arena mojada.



Notas:

1- Véase Islas María Zambrano  Editorial Verbum, S.L., 2007, p.234

2- Véase Roberto Méndez Martínez Lezama y María Zambrano visitan la quinta San José En: Revista Palabra Nueva Año XX, noviembre 2011. página 62-67.

3- La metáfora del conocimiento. María Zambrano Islas Editorial Verbum S.L., Madrid, 2007

 

Intervención en el Ciclo de Conferencias Viajeras en La Habana. Trayectos de ida y vuelta. Marzo de 2012, Centro Cultural Dulce María Loynaz.
 
 
 
 
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ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.