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Todo está bien, nos dice
desde la portada la
última producción
discográfica de Giraldo
Piloto y Klímax, y un
poco eso promete, en el
futuro inmediato al
menos, la sonrisa
amplísima del compositor
y arreglista, que
asegura que el tambor
sigue siendo la columna
vertebral de la música
cubana, mientras
descubre en conversación
con La Jiribilla
un conjunto de anécdotas
que recorren los inicios
de su carrera
profesional en la
Orquesta de Tropicana,
para llegar, con
naturalidad, a su
relación con NG La Banda
o a sus tiempos con
Isaac Delgado… historias
que siempre conducen a
nuevas preguntas y que,
inevitablemente, llevan
a la sorpresa. Comienza
entonces este diálogo
que en un principio
tenía líneas muy
definidas —indagar sobre
la celebración por estos
días del Festival Fiesta
del Tambor 2012 y del
Concurso Internacional
de Percusión Guillermo
Barreto in memoriam—
pero que deriva, sin
avisos previos, hacia la
etapa del músico en la
escuela de arte, la
influencia de Guillermo
Barreto en su formación
o el sello que defiende
Klímax. Pero no
adelantamos más,
conviene mejor invitar a
seguir la lectura…
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¿Cómo definiría el “son
progresivo” que dijo era
la sonoridad
característica de Klímax?
Eso del “son progresivo”
empezó como algo
gracioso a finales de
los 90, con un
periodista español… le
llamé a la música que
estaba haciendo de esa
forma. Actualmente
sostengo eso: lo que
hago es un desarrollo
del son de Arsenio, de
Chapotín, de todos
aquellos que hicieron
posible que hoy tengamos
una música tan rica y
buena.
El son es el género más
cercano a la timba. La
música cubana ha
transitado por muchas
influencias: si nos
remontamos a siglos
atrás tenemos que hablar
de la cultura yoruba, de
los primeros españoles
que llegaron a Cuba, de
la cultura
franco-haitiana… a
partir de diversas
confluencias se fue
conformando nuestra
música: surgieron el
danzón, el danzonete, el
son, el cha cha cha, el
mambo, el pilón, el
mozambique, y muchos
otros.
Pero el son, que tiene
un vínculo muy cercano a
la rumba, se convirtió
en nuestro favorito como
bailadores. Luego,
tomando como punto el
son, la clave dos-tres o
tres-dos, se empezaron a
utilizar la clave de
guaguancó, elementos de
la cultura africana y de
la propia rumba, de esa
manera fuimos cambiando
tumbaos, patrones
rítmicos a la hora de
arreglar para los
metales o escribir para
el bajo, que llevaron a
la música que defendemos
hoy en día, que es la
timba.
¿Qué pasa? Que la timba
es muy grande y, a mi
modo de ver, la historia
de la música cubana se
desarrolla y se da a
conocer con “Bacalao con
pan”, otras orquestas
tocaban timba pero
Irakere resumía lo que
estaban haciendo esos
grupos que no fueron tan
conocidos. En ese
momento, el mundo dijo:
¿qué es esto?, ¿qué está
pasando en Cuba? Músicos
de la Fania,
representantes de la
salsa en Puerto Rico,
Colombia o Nueva York
comenzaron a hacer un
estilo de música cubana
que le quisieron llamar
salsa.
Como punto de partida de
Klímax, para retomar la
pregunta que me
propones, tomo todas
estas experiencias,
corrientes y enseñanzas
que me sirvieron de
patrón para componer y
hacer arreglos.
Ahora mismo, igual que
Tito Puentes dijo que
salsa era lo que le
ponía a la comida, para
mí el son es mi
identidad, de lo que me
alimenté; pero hoy
estamos haciendo una
cosa más elaborada, con
armonías más
contemporáneas, tumbaos
renovadores y arreglos
para la sección de
vientos que no tienen
que ver con lo que se
estaba haciendo hasta
hace poco tiempo.
Guillermo Barreto fue
una figura cardinal en
su formación…
Básicamente su
influencia representa
dos cosas: perfección en
el instrumento —en este
caso la batería y los
timbales— y perfección a
la hora de hacer un
disco, porque mi tío
produjo varios para su
esposa, Mercedita
Valdés... Junto con él,
creciendo en este
ambiente, recibí una
información auditiva y
musical que me enseñó un
camino por el que podía
transitar la música
cubana.
Guillermo Barreto
significó enseñanza,
sabiduría, musicalidad,
una bandera y un punto
de mira en mi carrera…
todo. Tener en un evento
como la Fiesta del
Tambor su nombre, invita
a que los jóvenes
investiguen un poco
acerca de su labor:
muchas veces no pensamos
que como mismo las
escuelas de música
enseñan Bach o
Beethoven,
en la música cubana hay
que tomar elementos de
los grandes que hemos
tenido, hay que aprender
de ellos.
Ahora que habla del
Concurso Internacional
de Percusión Guillermo
Barreto in memoriam,
¿cómo participan los más
jóvenes en el evento?
Son los protagonistas
del concurso, las
escuelas de arte son la
principal cantera que
asiste y participa;
igualmente se acercan
personas de los barrios,
de grupos folclóricos…
pero queda mucho por
hacer, por ejemplo, en
las escuelas de arte no
se ha implementado un
programa para que los
alumnos tengan un
conocimiento total y
claro de todos los
géneros que defendemos
en este Festival; por
eso tenemos que
aprovechar su
vinculación a estos
espacios para enseñarles
cosas que desconocen y
para que puedan
comparar, a partir del
diálogo con otros
intérpretes, lo que han
aprendido en sus centros
de estudio.
Usted ha dicho en varios
momentos que la
percusión, el tambor
constituyen la raíz y
columna vertebral de la
música cubana…
Sin duda. Si ahora coges
al azar un número de
cualquier orquesta
cubana y le quitas los
instrumentos de
percusión, puedes
convertir ese tema en
una balada, un bossa
nova, una bachata o
en cualquier otro género
del mundo; por tanto, la
percusión identifica
nuestra música, desde
hace muchos siglos, y
tenemos que llamar la
atención sobre este
asunto porque aunque los
músicos lo conocen, el
público no lo maneja.
La rumba ha sido
recientemente declarada
Patrimonio cultural de
la nación, y es uno de
los géneros que se
impulsan desde la Fiesta
del Tambor.
Tenemos varios eventos
que defienden nuestra
música, pero cada grano
de arena cuenta.
Actualmente tenemos más
fuerzas y deseos, pues
la música es tomada en
cuenta como parte
fundamental de nuestra
cultura.
Es un deber de este
evento seguir
desarrollando la rumba,
tomando las palabras de
Miguel Barnet, quiero
decir que ningún otro
género de la música
cubana ha tenido la
posibilidad de perdurar
tanto tiempo en nuestra
cultura con esa fuerza y
esa pasión por parte del
público: es increíble
que en esta época, en
que con una computadora
se puede hacer un disco
en un día, con ritmos y
patrones ya establecidos
que se sabe van a
funcionar, la rumba siga
llenando espacios, como
cuando surgió hace
cientos de años. Y nos
corresponde defender
este legado para
nuestros nietos.
Regresando a Klímax, la
agrupación ha vinculado
a su propuesta artística
variados géneros como el
rap, el cha cha cha o el
bolero.
Disfruto la buena
música, y cuando un
número tiene una armonía
muy simple o es
musicalmente pobre,
sencillamente no me
interesa. En
determinados momentos un
representante de géneros
como el rap, el
reggaetón o el pop han
utilizado patrones en
algunos instrumentos que
me han interesado como
músico; o determinado
intérprete ha defendido
una idea que tiene que
ver con la manera en que
yo quisiera que la
música cubana se
desarrollara. Nuestro
interés, a pesar de no
tener una línea muy
comercial, es trazar
como Klímax una
propuesta para que el
público reciba una
música de calidad, un
camino que pienso que se
puede transitar, como lo
han demostrado
muchísimas otras
orquestas, puedo hablar
de la Aragón, de Jorrín,
de Manolito Simonet o
Van Van.
¿Cómo llegas a este
resultado, a estas
premisas?
Te voy a hacer una
confesión: antes de ser
defensor de la rumba yo
no seguía la música
cubana, porque la radio,
cuando yo era joven,
ponía muchos grupos
españoles de aquella
etapa como Los Bravos…
quería escuchar otra
cosa, y eso me llevó al
jazz, mi familia
creció en ese ambiente y
tenía en mi casa los
discos de los
principales exponentes
del jazz
americano, que siguen
siendo fundamentales en
la música universal.
Crecí oyendo también
mucha música brasileña,
que me encanta, y
escucho un buen tango y
es para mí algo de otra
galaxia… pero no me
interesaba lo que
pasaban por la radio en
los años 70.
La época de estudiantes
nuestra fue muy
compleja: no se permitía
que tocáramos música
cubana o jazz.
Todo lo que estuviera
fuera de lo clásico era
mal visto. Después
estuve con la Orquesta
de Tropicana, allí
aprendí muchísimo, pero
muchas de las
agrupaciones que tocaban
en el segundo show
no me gustaban, nosotros
como músicos teníamos la
inquietud de hacer algo
diferente, desde ahí
empezó esa idea de
querer modificar cosas.
He pasado por diferentes
momentos: la escuela,
Tropicana, NG La Banda,
después como director
musical de Isaac Delgado
y luego Klímax. En todas
esas etapas he tenido
muchísimas enseñanzas y
he aportado un poquito
de lo que voy
asimilando. Lo
importante es seguir
aprendiendo, porque
nunca nadie lo sabe
todo… y transiciones van
a seguir existiendo cada
vez que aparezcan nuevos
discos y proyectos.
Además, uno siempre
aprende del público, uno
toca y se debe a ellos.
Si me hicieran una
pregunta sobre mi
experiencia para
transmitir a los
directores jóvenes, les
diría que cuando estén
arriba de un escenario
vigilen siempre la cara
de los espectadores: uno
puede tener en su cabeza
el proyecto más
maravilloso del mundo,
pero si el espectador no
lo está entendiendo… A
manera de resumen, la
clave del éxito está en
mirar un poquito al
público.
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