La Habana. Año X.
3 al 9 de MARZO de 2012

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Giraldo Piloto

“Nunca nadie lo sabe todo: la clave está en mirar al público”

Celia Medina • La Habana

Todo está bien, nos dice desde la portada la última producción discográfica de Giraldo Piloto y Klímax, y un poco eso promete, en el futuro inmediato al menos, la sonrisa amplísima del compositor y arreglista, que asegura que el tambor sigue siendo la columna vertebral de la música cubana, mientras descubre en conversación con La Jiribilla un conjunto de anécdotas que recorren los inicios de su carrera profesional en la Orquesta de Tropicana, para llegar, con naturalidad, a su relación con NG La Banda o a sus tiempos con Isaac Delgado… historias que siempre conducen a nuevas preguntas y que, inevitablemente, llevan a la sorpresa. Comienza entonces este diálogo que en un principio tenía líneas muy definidas —indagar sobre la celebración por estos días del Festival Fiesta del Tambor 2012 y del Concurso Internacional de Percusión Guillermo Barreto in memoriam— pero que deriva, sin avisos previos, hacia la etapa del músico en la escuela de arte, la influencia de Guillermo Barreto en su formación o el sello que defiende Klímax. Pero no adelantamos más, conviene mejor invitar a seguir la lectura…

¿Cómo definiría el “son progresivo” que dijo era la sonoridad característica de Klímax?

Eso del “son progresivo” empezó como algo gracioso a finales de los 90, con un periodista español… le llamé a la música que estaba haciendo de esa forma. Actualmente sostengo eso: lo que hago es un desarrollo del son de Arsenio, de Chapotín, de todos aquellos que hicieron posible que hoy tengamos una música tan rica y buena.

El son es el género más cercano a la timba. La música cubana ha transitado por muchas influencias: si nos remontamos a siglos atrás tenemos que hablar de la cultura yoruba, de los primeros españoles que llegaron a Cuba, de la cultura franco-haitiana… a partir de diversas confluencias se fue conformando nuestra música: surgieron el danzón, el danzonete, el son, el cha cha cha, el mambo, el pilón, el mozambique, y muchos otros.

Pero el son, que tiene un vínculo muy cercano a la rumba, se convirtió en nuestro favorito como bailadores. Luego, tomando como punto el son, la clave dos-tres o tres-dos, se empezaron a utilizar la clave de guaguancó, elementos de la cultura africana y de la propia rumba, de esa manera fuimos cambiando tumbaos, patrones rítmicos a la hora de arreglar para los metales o escribir para el bajo, que llevaron a la música que defendemos hoy en día, que es la timba.

¿Qué pasa? Que la timba es muy grande y, a mi modo de ver, la historia de la música cubana se desarrolla y se da a conocer con “Bacalao con pan”, otras orquestas tocaban timba pero Irakere resumía lo que estaban haciendo esos grupos que no fueron tan conocidos. En ese momento, el mundo dijo: ¿qué es esto?, ¿qué está pasando en Cuba? Músicos de la Fania, representantes de la salsa en Puerto Rico, Colombia o Nueva York comenzaron a hacer un estilo de música cubana que le quisieron llamar salsa.

Como punto de partida de Klímax, para retomar la pregunta que me propones, tomo todas estas experiencias, corrientes y enseñanzas que me sirvieron de patrón para componer y hacer arreglos.

Ahora mismo, igual que Tito Puentes dijo que salsa era lo que le ponía a la comida, para mí el son es mi identidad, de lo que me alimenté; pero hoy estamos haciendo una cosa más elaborada, con armonías más contemporáneas, tumbaos renovadores y arreglos para la sección de vientos que no tienen que ver con lo que se estaba haciendo hasta hace poco tiempo.

Guillermo Barreto fue una figura cardinal en su formación…

Básicamente su influencia representa dos cosas: perfección en el instrumento —en este caso la batería y los timbales— y perfección a la hora de hacer un disco, porque mi tío produjo varios para su esposa, Mercedita Valdés... Junto con él, creciendo en este ambiente, recibí una información auditiva y musical que me enseñó un camino por el que podía transitar la música cubana.

Guillermo Barreto significó enseñanza, sabiduría, musicalidad, una bandera y un punto de mira en mi carrera… todo. Tener en un evento como la Fiesta del Tambor su nombre, invita a que los jóvenes investiguen un poco acerca de su labor: muchas veces no pensamos que como mismo las escuelas de música enseñan Bach o Beethoven, en la música cubana hay que tomar elementos de los grandes que hemos tenido, hay que aprender de ellos.

Ahora que habla del Concurso Internacional de Percusión Guillermo Barreto in memoriam, ¿cómo participan los más jóvenes en el evento?

Son los protagonistas del concurso, las escuelas de arte son la principal cantera que asiste y participa; igualmente se acercan personas de los barrios, de grupos folclóricos… pero queda mucho por hacer, por ejemplo, en las escuelas de arte no se ha implementado un programa para que los alumnos tengan un conocimiento total y claro de todos los géneros que defendemos en este Festival; por eso tenemos que aprovechar su vinculación a estos espacios para enseñarles cosas que desconocen y para que puedan comparar, a partir del diálogo con otros intérpretes, lo que han aprendido en sus centros de estudio.

Usted ha dicho en varios momentos que la percusión, el tambor constituyen la raíz y columna vertebral de la música cubana…

Sin duda. Si ahora coges al azar un número de cualquier orquesta cubana y le quitas los instrumentos de percusión, puedes convertir ese tema en una balada, un bossa nova, una bachata o en cualquier otro género del mundo; por tanto, la percusión identifica nuestra música, desde hace muchos siglos, y tenemos que llamar la atención sobre este asunto porque aunque los músicos lo conocen, el público no lo maneja.

La rumba ha sido recientemente declarada Patrimonio cultural de la nación, y es uno de los géneros que se impulsan desde la Fiesta del Tambor.

Tenemos varios eventos que defienden nuestra música, pero cada grano de arena cuenta. Actualmente tenemos más fuerzas y deseos, pues la música es tomada en cuenta como parte fundamental de nuestra cultura.

Es un deber de este evento seguir desarrollando la rumba, tomando las palabras de Miguel Barnet, quiero decir que ningún otro género de la música cubana ha tenido la posibilidad de perdurar tanto tiempo en nuestra cultura con esa fuerza y esa pasión por parte del público: es increíble que en esta época, en que con una computadora se puede hacer un disco en un día, con ritmos y patrones ya establecidos que se sabe van a funcionar, la rumba siga llenando espacios, como cuando surgió hace cientos de años. Y nos corresponde defender este legado para nuestros nietos.

Regresando a Klímax, la agrupación ha vinculado a su propuesta artística variados géneros como el rap, el cha cha cha o el bolero.

Disfruto la buena música, y cuando un número tiene una armonía muy simple o es musicalmente pobre, sencillamente no me interesa. En determinados momentos un representante de géneros como el rap, el reggaetón o el pop han utilizado patrones en algunos instrumentos que me han interesado como músico; o determinado intérprete ha defendido una idea que tiene que ver con la manera en que yo quisiera que la música cubana se desarrollara. Nuestro interés, a pesar de no tener una línea muy comercial, es trazar como Klímax una propuesta para que el público reciba una música de calidad, un camino que pienso que se puede transitar, como lo han demostrado muchísimas otras orquestas, puedo hablar de la Aragón, de Jorrín, de Manolito Simonet o Van Van.

¿Cómo llegas a este resultado, a estas premisas?

Te voy a hacer una confesión: antes de ser defensor de la rumba yo no seguía la música cubana, porque la radio, cuando yo era joven, ponía muchos grupos españoles de aquella etapa como Los Bravos… quería escuchar otra cosa, y eso me llevó al jazz, mi familia creció en ese ambiente y tenía en mi casa los discos de los principales exponentes del jazz americano, que siguen siendo fundamentales en la música universal. Crecí oyendo también mucha música brasileña, que me encanta, y escucho un buen tango y es para mí algo de otra galaxia… pero no me interesaba lo que pasaban por la radio en los años 70.

La época de estudiantes nuestra fue muy compleja: no se permitía que tocáramos música cubana o jazz. Todo lo que estuviera fuera de lo clásico era mal visto. Después estuve con la Orquesta de Tropicana, allí aprendí muchísimo, pero muchas de las agrupaciones que tocaban en el segundo show no me gustaban, nosotros como músicos teníamos la inquietud de hacer algo diferente, desde ahí empezó esa idea de querer modificar cosas.

He pasado por diferentes momentos: la escuela, Tropicana, NG La Banda, después como director musical de Isaac Delgado y luego Klímax. En todas esas etapas he tenido muchísimas enseñanzas y he aportado un poquito de lo que voy asimilando. Lo importante es seguir aprendiendo, porque nunca nadie lo sabe todo… y transiciones van a seguir existiendo cada vez que aparezcan nuevos discos y proyectos. Además, uno siempre aprende del público, uno toca y se debe a ellos.

Si me hicieran una pregunta sobre mi experiencia para transmitir a los directores jóvenes, les diría que cuando estén arriba de un escenario vigilen siempre la cara de los espectadores: uno puede tener en su cabeza el proyecto más maravilloso del mundo, pero si el espectador no lo está entendiendo… A manera de resumen, la clave del éxito está en mirar un poquito al público.

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.