La Habana. Año X.
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Bailes de la rumba
Caridad Santos y Nieves Armas • La Habana

Los bailes que integran el Complejo de la Rumba presentan diversas formas y modalidades, pero todos están encaminados a lograr el divertimento de los participantes. Es una expresión colectiva en la cual la música y la danza están estrechamente relacionadas.

Esta manifestación, de carácter laico, se desarrolló en las zonas urbanas, principalmente en los barrios suburbanos de la población, por eso su práctica es propia en solares o en cualquier local o esquina. Su composición o base musical está integrada por percusionistas, solistas y un coro, y es bailada por parejas o por solistas, según sea la variante o modalidad interpretada.

Cuando hablamos de rumba, nos referimos a la música y al baile. El canto es un elemento determinante en este género, ya que la comunicación y la relación entre los participantes se establece por medio de los cantos que improvisan los cantantes, que expresan los sentimientos y problemas sociales, políticos y culturales del país, de la comunidad o barrio donde se desarrolla. A su vez, estos mensajes son respondidos por el coro, que no es más que las voces de los participantes que conforman el rumbón, además de un pequeño grupo o coro que se sitúa cerca de los músicos, que generalmente son los que llevan la voz cantante.

En sus inicios, los ritmos que acompañaban estos cantos procedían de los sonidos producidos por los palos o cucharas sobre cualquier objeto; con posterioridad, fueron sustituidos por cajones o taburetes, y para percutir utilizaban bolillos o cucharas sobre una cajita y un hierro, que hacían sonar con una botella. Al resultado rítmico obtenido se le llamó "rumba de cajón" o "rumba de tiempo España". Lo característico es la cadencia y la lentitud rítmica que comienza con los cantos, y posteriormente se le une la percusión, así como el carácter mimético de sus bailes.

De estas rumbas, las más conocidas fueron: "Lala no sabe hacer na" en la que el solista se inspira en las labores domésticas, y la bailadora lo recrea, y la "Mamabuela", que tiene como motivo central el regaño que la abuela le hace al nieto que no desea ir a la escuela.

En una entrevista a la profesora e investigadora Bárbara Balbuena, manifestó que estos bailes de carácter mimético —donde por medio del canto y la gestualidad se narra algún hecho de la vida cotidiana— son, en sí mismos, un estilo específico de este género danzario.

Estas rumbas son las más antiguas de que se tienen referencias, y sus ritmos se enriquecieron con la sonoridad de las claves y el güiro. Los instrumentos de la rumba de cajón fueron sustituidos por tumbadoras y quintos, pues así ganaban en calidad.

El Complejo de la Rumba tiene tres formas o estilos principales de baile, estos son: el yambú, el guaguancó y la columbia, que expresan indistintamente la habilidad, el coqueteo y el galanteo.

Si el baile es de parejas, se caracteriza por la relación y la competencia que se establece entre ellos, así como por la agilidad y cadencia de sus movimientos.

Cuando el baile lo interpreta un solista, está presente la creatividad y la destreza en sus gestos y pasillos, así como la comunicación y relación de estos movimientos con los tambores.

En las tres modalidades de la rumba se manifiesta la expresividad y el regocijo que los bailadores le imprimen a la interpretación. La improvisación está presente, sobre, todo en la columbia y en la jiribilla, donde el solista marca sus pasos y pasillos, seguidos por el tocador de quinto; se establece un careo entre baile y música, entre movimientos y toque, entre bailador y tocador, en una evidente controversia de habilidades.

En los movimientos corporales —contracciones, ondulaciones, flexiones, saltos y giros—, que están en función de los pasos y del ritmo, se logra una mayor belleza y fluidez en el sentido del baile, expresado sobre todo en el coqueteo y en el galanteo, así como en la comunicación y en la proyección de cada uno de ellos.

El yambú, el guaguancó y la columbia son los tres bailes más conocidos y popularizados de este género en el país. Estos estilos de baile generaron otras variantes y modalidades —que han enriquecido estas formas danzarias—, como la jiribilla, la mañunga o baile de la botella, la rumba con cuchillos o machetes y la managua, entre otras.

De los bailes del Complejo de la Rumba, el yambú se considera el más antiguo y se estima, en la actualidad, que es una rumba de viejos debido a la lentitud y suavidad de su ritmo y movimientos. Sus bailadores tienen una estrecha relación, que se caracteriza por el galanteo, el coqueteo y por sus movimientos suaves y cadenciosos. Su ritmo de ejecución es lento, aunque en ocasiones la música puede cambiar a un ritmo algo más rápido, en el cual prima la percusión, y el hombre comienza a desarrollar un baile más libre. Esta danza no tiene gestos bruscos, y la caracteriza la frase “en el yambú no se vacuna” —movimiento erótico que hace el hombre hacia la pelvis de la mujer—, que utilizan los cantantes solistas de la rumba. El hombre agasaja y destaca a su pareja con sus movimientos; le pasa el brazo por los hombros y el pañuelo alrededor del cuello o de la cintura, y en posición de cuclillas —piernas semiflexionadas— bailan uno alrededor del otro.

El guaguancó es otro de los bailes principales que integra este complejo. Aquí prima el coqueteo, el galanteo, el regocijo y el carácter erótico. Se interpreta en pareja y ambos deben lograr un acople en los movimientos y en la comunicación totalmente espontánea e improvisada. La mujer, durante la ejecución del baile, coquetea constantemente con el hombre y lo provoca, mientras que se mantiene atenta a sus movimientos para impedir la “vacunación”, elemento esencial del mismo. Realiza ligeros gestos con la cabeza hacia adelante y mueve los hombros y brazos en coordinación con el movimiento de la saya, unido a contracciones laterales y giros que le ayudan a evitar el “vacunao”.

El hombre, con un pañuelo en la mano, persigue todo el tiempo a su pareja, juega con ella y la engaña, con el propósito de vacunarla, y si lo logra, ella debe acceder a su entrega y reconocer la agilidad y habilidad de su pareja. El gesto de vacunar lo puede ejecutar el hombre con cualquier parte de su cuerpo o con un pañuelo, cuando lo dirige hacia la pelvis de su compañera.

La rumba managua, propia de Trinidad, presenta características muy similares al guaguancó, por lo que puede considerarse como una variante. Aquí también se realiza el “vacunao”, aunque con la diferencia que solo se ejecuta con los movimientos de hombros. El hombre da vueltas alrededor de la mujer, con un paso más acentuado, y con movimientos parecidos a los bailes de antecedente bantú, posiblemente motivados por la influencia de esta manifestación cultural en la zona.

La columbia es, junto con el guaguancó, uno de los bailes más populares. La interpretan hombres solistas frente a los instrumentos, y se caracteriza por la habilidad, creatividad e improvisación del bailador, y por el careo que se establece entre este y el tocador de quinto. El bailador de columbia es capaz de incorporar todo tipo de juegos y acrobacias, siempre en función de lograr una destacada interpretación. Dos muestras en las que se aprecia el alarde en la columbia es cuando se baila con un vaso de agua o una vela en la cabeza, lo que requiere gran habilidad, concentración y equilibrio, pues en ambos casos se puede realizar cualquier movimiento con los pies, pero el torso, el cuello y la cabeza tienen que permanecer erectos.

La jiribilla, que es un baile de solista, puede considerarse como una variante de la columbia, pues también se caracteriza por sus movimientos libres y rápidos y por su improvisación. Puede incluir la creación, el juego y las imitaciones. Se baila con un pañuelo en el cuello o en la mano, mientras los brazos se mueven libremente; las piernas no se flexionan como en el resto de los bailes.

El baile de la botella (o mañunga) podemos considerarlo, en la actualidad, como una modalidad de la columbia, aunque al parecer es muy antiguo. Puede adoptar diversas formas de ejecución en su relación con el mencionado objeto. Mientras que en la región oriental, por lo general, se baila alrededor de una botella de bebida vacía; si se deja caer tiene que pagarse con una llena. En la región de Trinidad y en el municipio de Yaguajay, provincia de Sancti Spíritus, existe una versión de esta manifestación denominada baile de la botella o del "como no", que se ejecuta sujetando este objeto con los pies, al son del canto que dice: "¡el que la rompe la paga!".

"La rumba de los cuchillos" o "machetes" es otro de los bailes considerados como modalidad de la columbia. Aquí se manifiesta la destreza en el manejo de los cuchillos, y en menor medida, de los machetes. En Yaguajay es conocido como "rumba contacué", y se ejecuta con cinco cuchillos; en estos momentos se mantienen como proyección artística.

De todos los bailes mencionados, la columbia es el que más sobresale por la riqueza de sus movimientos corporales, por las posibilidades y la incorporación de la acrobacia.
 

Capítulo del libro Danzas populares tradicionales. Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello. La Habana, 2002.

 
 
 
 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.