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Los bailes que integran
el Complejo de la Rumba
presentan diversas
formas y modalidades,
pero todos están
encaminados a lograr el
divertimento de los
participantes. Es una
expresión colectiva en
la cual la música y la
danza están
estrechamente
relacionadas.
Esta manifestación, de
carácter laico, se
desarrolló en las zonas
urbanas, principalmente
en los barrios
suburbanos de la
población, por eso su
práctica es propia en
solares o en cualquier
local o esquina. Su
composición o base
musical está integrada
por percusionistas,
solistas y un coro, y
es bailada por parejas o
por solistas, según sea
la variante o modalidad
interpretada.
Cuando hablamos de
rumba, nos referimos a
la música y al baile. El
canto es un elemento
determinante en este
género, ya que la
comunicación y la
relación entre los
participantes se
establece por medio de
los cantos que
improvisan los
cantantes, que expresan
los sentimientos y
problemas sociales,
políticos y culturales
del país, de la
comunidad o barrio donde
se desarrolla. A su vez,
estos mensajes son
respondidos por el coro,
que no es más que las
voces de los
participantes que
conforman el rumbón,
además de un pequeño
grupo o coro que se
sitúa cerca de los
músicos, que
generalmente son los que
llevan la voz cantante.
En sus inicios, los
ritmos que acompañaban
estos cantos procedían
de los sonidos
producidos por los palos
o cucharas sobre
cualquier objeto; con
posterioridad, fueron
sustituidos por cajones
o taburetes, y para
percutir utilizaban
bolillos o cucharas
sobre una cajita y un
hierro, que hacían sonar
con una botella. Al
resultado rítmico
obtenido se le llamó
"rumba de cajón"
o
"rumba de tiempo España".
Lo característico es
la cadencia y la
lentitud rítmica que
comienza con los cantos,
y posteriormente se le
une la percusión, así
como el carácter
mimético de sus bailes.
De estas rumbas, las más
conocidas fueron:
"Lala no sabe hacer na"
en la que el solista se
inspira en las labores
domésticas, y la
bailadora lo recrea, y
la
"Mamabuela",
que
tiene como motivo
central el regaño que la
abuela le hace al nieto
que no desea ir a la
escuela.
En una entrevista a la
profesora e
investigadora Bárbara
Balbuena, manifestó
que estos bailes de
carácter mimético —donde
por medio del canto y la gestualidad se narra
algún hecho de la vida
cotidiana— son, en sí
mismos, un estilo
específico de este
género danzario.
Estas rumbas son las más
antiguas de que se
tienen referencias, y
sus ritmos se
enriquecieron con la
sonoridad de las claves
y el güiro. Los
instrumentos de la rumba
de cajón fueron
sustituidos por
tumbadoras y quintos,
pues así ganaban en
calidad.
El Complejo de la Rumba
tiene tres formas o
estilos principales de
baile, estos son: el
yambú, el
guaguancó y la
columbia, que
expresan indistintamente
la habilidad, el
coqueteo y el galanteo.
Si el baile es de
parejas, se caracteriza
por la relación y la
competencia que se
establece entre ellos,
así como por la agilidad
y cadencia de sus
movimientos.
Cuando el baile lo
interpreta un solista,
está presente la
creatividad y la
destreza en sus gestos y
pasillos, así como la
comunicación y relación
de estos movimientos con
los tambores.
En las tres modalidades
de la rumba se
manifiesta la
expresividad y el
regocijo que los
bailadores le imprimen a
la interpretación. La
improvisación está
presente, sobre,
todo en
la columbia y en la
jiribilla, donde el
solista marca sus pasos
y pasillos, seguidos por
el tocador de quinto; se
establece un careo entre
baile y música, entre
movimientos y toque,
entre bailador y
tocador, en una evidente
controversia de
habilidades.
En los movimientos
corporales
—contracciones,
ondulaciones, flexiones,
saltos y giros—, que
están en función de los
pasos y del ritmo, se
logra una mayor belleza
y fluidez en el sentido
del baile, expresado
sobre todo en el
coqueteo y en el
galanteo, así como en la
comunicación y en la
proyección de cada uno
de ellos.
El yambú, el guaguancó y
la columbia son los tres
bailes más conocidos y
popularizados de este
género en el país. Estos
estilos de baile
generaron otras
variantes y modalidades
—que han enriquecido
estas formas danzarias—,
como la jiribilla, la
mañunga o baile
de la botella, la
rumba con cuchillos
o machetes y la
managua, entre
otras.
De los bailes del
Complejo de la Rumba, el
yambú se considera el
más antiguo y se estima,
en la actualidad, que es
una rumba de viejos
debido a la lentitud y
suavidad de su ritmo y
movimientos. Sus
bailadores tienen una
estrecha relación, que
se caracteriza por el
galanteo, el coqueteo y
por sus movimientos
suaves y cadenciosos. Su
ritmo de ejecución es
lento, aunque en
ocasiones la música
puede cambiar a un ritmo
algo más rápido, en el
cual prima la percusión,
y el hombre comienza a
desarrollar un baile más
libre. Esta danza no
tiene gestos bruscos, y
la caracteriza la frase
“en el yambú no se
vacuna” —movimiento
erótico que hace el
hombre hacia la pelvis
de la mujer—, que
utilizan los cantantes
solistas de la rumba. El
hombre agasaja y destaca
a su pareja con sus
movimientos; le pasa el
brazo por los hombros y
el pañuelo alrededor del
cuello o de la cintura,
y en posición de
cuclillas —piernas
semiflexionadas— bailan
uno alrededor del otro.
El guaguancó es
otro de los bailes
principales que integra
este complejo. Aquí
prima el coqueteo, el
galanteo, el regocijo y
el carácter erótico. Se
interpreta en pareja y
ambos deben lograr un
acople en los
movimientos y en la
comunicación totalmente
espontánea e
improvisada. La mujer,
durante la ejecución del
baile, coquetea
constantemente con el
hombre y lo provoca,
mientras que se mantiene
atenta a sus movimientos
para impedir la
“vacunación”, elemento
esencial del mismo.
Realiza ligeros gestos
con la cabeza hacia
adelante y mueve los
hombros y brazos en
coordinación con el
movimiento de la saya,
unido a contracciones
laterales y giros que le
ayudan a evitar el “vacunao”.
El hombre, con un
pañuelo en la mano,
persigue todo el tiempo
a su pareja, juega con
ella y la engaña, con el
propósito de vacunarla,
y si lo logra, ella debe
acceder a su entrega y
reconocer la agilidad y
habilidad de su pareja.
El gesto de vacunar lo
puede ejecutar el hombre
con cualquier parte de
su cuerpo o con un
pañuelo, cuando lo
dirige hacia la pelvis
de su compañera.
La rumba managua,
propia de Trinidad,
presenta características
muy similares al
guaguancó, por lo que
puede considerarse como
una variante. Aquí
también se realiza el “vacunao”,
aunque con la diferencia
que solo se ejecuta con
los movimientos de
hombros. El hombre da
vueltas alrededor de la
mujer, con un paso más
acentuado, y con
movimientos parecidos a
los bailes de
antecedente bantú,
posiblemente motivados
por la influencia de
esta manifestación
cultural en la zona.
La columbia es,
junto con el guaguancó,
uno de los bailes más
populares. La
interpretan hombres
solistas frente a los
instrumentos,
y se caracteriza por la
habilidad, creatividad e
improvisación del
bailador, y por el careo
que se establece entre
este y el tocador de
quinto. El bailador de
columbia es capaz de
incorporar todo tipo de
juegos y acrobacias,
siempre en función de
lograr una destacada
interpretación. Dos
muestras en las que se
aprecia el alarde en la
columbia es cuando se
baila con un vaso de
agua o una vela en la
cabeza, lo que requiere
gran habilidad,
concentración y
equilibrio, pues en
ambos casos se puede
realizar cualquier
movimiento con los pies,
pero el torso, el cuello
y la cabeza tienen que
permanecer erectos.
La jiribilla,
que es un baile de
solista, puede
considerarse como una
variante de la columbia,
pues también se
caracteriza por sus
movimientos libres y
rápidos y por su
improvisación. Puede
incluir la creación, el
juego y las imitaciones.
Se baila con un pañuelo
en el cuello o en la
mano, mientras los
brazos se mueven
libremente; las piernas
no se flexionan como en
el resto de los bailes.
El baile de la
botella (o
mañunga) podemos
considerarlo, en la
actualidad, como una
modalidad de la
columbia, aunque al
parecer es muy antiguo.
Puede adoptar diversas
formas de ejecución en
su relación con el
mencionado objeto.
Mientras que en la
región oriental, por lo
general, se baila
alrededor de una botella
de bebida vacía; si se
deja caer tiene que
pagarse con una llena.
En la región de Trinidad
y en el municipio de
Yaguajay, provincia de
Sancti Spíritus, existe
una versión de esta
manifestación denominada
baile de la botella o
del
"como no", que
se ejecuta sujetando
este objeto con los
pies, al son del canto
que dice:
"¡el
que la rompe la paga!".
"La rumba de los
cuchillos"
o
"machetes"
es
otro de los bailes
considerados como
modalidad de la
columbia. Aquí se
manifiesta la destreza
en el manejo de los
cuchillos, y en menor
medida, de los machetes.
En Yaguajay es conocido
como
"rumba contacué",
y se ejecuta con
cinco cuchillos; en
estos momentos se
mantienen como
proyección artística.
De todos los bailes
mencionados, la columbia
es el que más sobresale
por la riqueza de sus
movimientos corporales,
por las posibilidades y
la incorporación de la
acrobacia.
Capítulo del libro
Danzas populares
tradicionales.
Centro de Investigación
y Desarrollo de la
Cultura Cubana Juan
Marinello. La Habana,
2002. |