La Habana. Año X.
3 al 9 de MARZO de 2012

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Amado
María del Carmen Mestas • La Habana
Fotos: Archivo Colibrí

La rumba ha sido para Amado de Jesús Dedeu el bazar de todos los sueños; por eso recuerda los tiempos de su niñez naufragando en la pobreza y vuelven nítidas las imágenes; la de la madre con su infinita ternura, la del altar en el solar iluminado por los dioses africanos, la del tambor con su voz ancestral.

En 1945, cuando Antonio María Romeo introduce el danzón cantado, Portillo de la Luz estrena Realidad y fantasía y Fernando Ortiz publica El engaño de las razas, nace Amado de Jesús Dedeu con el sino del investigador, percusionista, cantante y compositor que hoy es.

Su infancia corrió en el solar Los Palitos, en la calle Salud, que pertenece al barrio de Guadalupe. Pronto gustó de las buenas timbas, y aunque aquello se veía con prejuicio, se armó de las mejores razones para acudir a cada cita y traspasar aquel delirio de hogueras que lo seduciría para siempre.

Sintió que parte de su mundo estaba en esas manos callosas, que a veces sangraban batiendo la conga hasta el amanecer; en esas voces que cantaban historias con rostros de amantes y corazones desgarrados. Con el tiempo no quiso ser más espectador porque se sentía protagonista.

“Desde fiñe se me hicieron familiares las figuras de Caballerón, Manguín, Tío Tom, Guillermón. Los instrumentos los fui aprendiendo de la mano de Miguelito, a quien llamaban Cheo, el Muerto, porque en una ocasión lo invitaron al restaurante El Pacífico y se tomó una sopa de aletas de tiburón y, como le cayó mal, se desmayó. Mi amigo tenía más experiencia que yo en el canto, y me guiaba: “Coloca la voz así”, “entra suave con esta frase”…

“Me aprendí muchas rumbas viejas, e incluso un danzón que cantaba mi abuela, al que llevé a ese ritmo. Decía: “…tienes corazón de roca, miel de amores en la boca y veneno en tu mirada”. Íbamos a rumbear sobre todo a Los Sitios, San Leopoldo, Pueblo Nuevo; en esos trajines conocí a Los Pluma, a Maza, a quien llamaban El vive bien, por el popular guaguancó que hablaba de un hombre que vivía acomodado, era aquello de la sopita en botella, que en su época se escuchaba en todas las victrolas.

Luego hice dúo con Manuel del Pino, El Moro, y uno de nuestros escenarios principales fue el solar El África, núcleo de rumberos. Nos anunciábamos con un llamado: “Pero, señores presentes, oigan bien/ si la mujer con su humano proceder/ el hombre sin saberla comprender llegan a una niebla y se pierden en la oscuridad…” Por esa fecha el difunto Maza empezó a incorporar a la rumba números famosos de otro género. Nosotros lo hicimos con “Cuando calienta el sol” y “Yo soy aquel” y algunas canciones de Los Zafiros. Y sí, gustó aquella manera de interpretar.

En 1968 El Moro y yo conocimos en el barrio de Jesús María a Guillermo Triana y a Lázaro Rizo, y antes que salieran Los Ébanos de Milí, empezamos a cantar a cuatro voces, recibíamos infinidad de invitaciones a las que siempre asistíamos, porque cuando la timba suena nadie, que de verdad lleve esta música en la sangre, falta.

“Algo muy interesante que ocurrió en mi vida fue el encuentro con Santos Ramírez, El Niño, director de la comparsa El Alacrán, quien me enseñó melodías y secretos de la rumba, difíciles de penetrar. Fue un excelente cantante, uno de los mejores que he oído tanto por su fraseo, como por lo original de sus interpretaciones.

Clave y Guaguancó

Repiqueteo de tambores, Clave y Guaguancó ensaya en la casa de Amado, su director, con quien hablo sobre la historia de la gustada agrupación. Confieso que me sorprendió conocer cómo surgió.

El mismo grupo de amigos se daba cita el 2 de noviembre en el cementerio de Colón todos los años. Algunos llevaban pequeños ramos, tal vez cortados en un jardín ajeno; a otros solo lo acompañaba el sentimiento de homenajear a los seres queridos ausentes para siempre.

Entre aquellos asiduos visitantes al lugar en tan señalada fecha como el Día de los Fieles Difuntos se encontraba Agustín Pina, decimista del coro Los Dichosos; todos terminaban recordando a los rumberos famosos.

Agustín Pina, Flor de amor, llamado así porque siempre en el ojal de su chaqueta llevaba una rosa, contaba que en 1945, cuando finalizaba la Segunda Guerra Mundial, en el mismo camposanto habanero surgió la idea de formar un piquete para los fines de semana tomar unos rones y rumbear. Allí estaban Agustín Gutiérrez, del coro Paso Franco, Martín Rivas, El gallego, Gustavo Martínez y Mario Alán, entre otros.

Nacía Clave y Guaguancó, que comenzó como aquellas agrupaciones de coros de clave y rumba originadas a finales del siglo XIX y principios del XX, y a cuyo desarrollo tanto aportó Ignacio Piñeiro. Fue rápido el ascenso y pronto gozó de popularidad en las distintas barriadas habaneras. Su fama hizo que fueran contratados  para diversas  fiestas particulares, además de actuaciones en La Tropical. Luego el conjunto de rumberos languideció, pues varios de sus integrantes, como Agustín Gutiérrez y Mario Alán, pasaron a septetos de son. Después de 1959 los musicólogos Argeliers León, Odilio Urfé  y esa enciclopedia viviente que se llamó Eduardo Robreño lograron reorganizar nuevamente la agrupación, que volvió al panorama musical con renovados bríos.

En sus distintas etapas pasaron por Clave y Guaguancó figuras estelares del género como Roberto Maza, El vive bien; Alberto  Zayas, El melodioso;  Rolando Rodríguez, llamado Malanga, uno de  los grandes conocedores del complejo rumba; Calixto Callava, inspirado compositor, y el legendario Miguel Chapottin.

La reestructuración llevó a sus filas a la pareja de bailes formada por Peky Pérez y Angelita y a los cantantes Gloria Mora y Ramón Ordóñez; aunque con el tiempo los integrantes han ido variando.

No solo folclor

Para Amado la rumba no es una pieza de museo porque como todo hecho folclórico tiene que evolucionar. “Tiene que caminar con los tiempos porque si no se estanca; lo importante es saber tocarla, puedes usar los instrumentos más rudimentarios, y si no vives esa atmósfera, ni la sientes muy dentro del corazón, no aflora como es. Y eso lo precias cuando un extranjero la toca; tal vez la melodía sea fiel y esté en clave, pero le falta esa voz orgánica, interior, que yo resumiría con una palabra: sabor.

“Además, el género está en constante evolución tanto en las letras como en los instrumentos. Hay aportes nuevos como los de Francisco Hernández, Pancho Quinto, quien tocaba el cajón y simultáneamente el batá, enriqueciendo así el espacio sonoro.

“Clave y Guaguancó ha hecho un trabajo de renovación al incorporar el arará, yoruba,  bantú, carabalí, abakuá, todo lo cual lo diferencia de otros conjuntos que cultivan el género.

“En el ámbito musical, si lo analizamos morfológicamente, tenemos la base tradicional de la rumba, es decir, la célula rítmica no se altera, pero cambia el timbre, el color… Nos interesa el trabajo de fusión y hemos hecho muchos temas en ese sentido con jazz, rap, flamenco y elementos de la música campesina.

“En el repertorio hay piezas para rendir homenaje a Rita Montaner, Beny More, Merceditas Valdés y Celina González…”

Clave y Guaguancó fue seleccionado en 1993 como uno de los diez mejores de América Latina entre 700 concursantes del área para optar por el Premio Découvertes de Radio Francia Internacional. En 1994 recibió mención de honor por la Naird Award.

El colectivo tiene grabados los discos Cantaremos y bailaremos, Déjala en la puntica y La noche de la rumba. También ha participado en los CD de los cantantes Anais Abreu y Pío Leyva y en La rumba soy yo. All star de la rumba cubana (Premio Grammy Latino 2001) y La rumba de fin de siglo.

El grupo, con un estilo muy bien definido, ha tenido excelentes críticas en los países de Europa. En la gira de 1999 por Inglaterra, los rumberos hicieron un concierto único en el Barbican Center de Londres con el excelente músico africano Manu Dibango. Además, Amado y otros integrantes han  tenido la oportunidad de realizar talleres sobre nuestro folclor en EE.UU. A ese país y a Canadá viajaron en 1996 con la saxofonista Janne Bunnett para promocionar la placa Chamalongo en la que tocan varios números.

Con Amado Dedeu al frente, Clave y Guaguancó continúa su camino de experimentación y búsqueda dentro de la rumba, género entrañable para todos los cubanos.
 

Tomado del libro Pasión de rumbero, de María del Carmen Mestas.

 
 
 
 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.