La Habana. Año X.
3 al 9 de MARZO de 2012

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A propósito de un merecido reconocimiento
La rumba, patrimonio cultural
de la nación cubana
Virtudes Feliú • La Habana
Fotos: Archivo Colibrí

La expresión “se formó la rumba” infiere que se ha iniciado una fiesta o jolgorio popular. La frase es muy común en el argot cubano contemporáneo, sin embargo, si analizamos el término rumba llegamos a la conclusión de que se trata de un género cantable y bailable pero, sobre todo, es una manifestación musical. Esto no significa que, en efecto, la interpretación de una rumba no dé lugar a la convocatoria espontánea de los vecinos del lugar, en un improvisado momento de expansión y alegría popular.

La rumba es uno de los géneros más importantes de nuestro legado músico-danzario, el cual posee variantes conocidas como el yambú, el guaguancó y la columbia, razón por la que se le ha denominado Complejo de la rumba… ¿Cuál es la característica más importante de este cubanísimo complejo? Sin duda alguna, es su elaborado ritmo que pocas personas logran interpretar acertadamente, ya que se trata de una polirritmia magistralmente ejecutada por todos los instrumentos musicales que intervienen. La popularidad de la rumba se extendió en la década de los años 30 del siglo pasado a EE.UU. y Europa más bien como “Rumba de salón”, con coreografías profesionales que muchas veces fueron incluidas en famosos filmes y shows de cabarets. En Cuba, fue motivo también de acertadas producciones como “Rumba en el solar” del fallecido coreógrafo Alberto Alonso, quien logró plasmar en una obra teatral una versión en forma de dueto. En el siglo XIX este género cobró mucha popularidad, al punto de interpretarse en el teatro vernáculo, por lo que se le denominaba “Rumba de teatro” o “De pañuelo”.

Mucho se ha discutido acerca del origen étnico de la rumba, mas nadie puede negar que su influencia afro resulta evidente, prueba de ello es su marcado sentido erótico, presente en casi todos los momentos del baile.  Las variantes denominadas “Rumba de botella” y “La  jiribilla” se refieren más al baile que a la música, de igual forma la “Rumba de santo” se emplea en las ceremonias rituales propias de la Santería, sobre todo, al inicio y final de los toques dedicados a Changó, Ochún y Yemayá, ya que cada una de ellas tiene su rumba, las cuales son interpretadas por el juego de tambores batá consagrados, especialmente en el occidente  de nuestro país.

Es digno destacar que a pesar de las distintas variantes existentes, cada región posee una modalidad que la caracteriza, sobre todo en zonas urbanas, como es el caso del guaguancó en Occidente. Esta  ostenta coros desde el siglo XIX, vinculados siempre a los barrios más pobres de nuestra ciudad como El Pilar, Carraguao y Pueblo nuevo, sitios casi siempre de asentamientos de juegos abakuá.

Estas agrupaciones resultaron un instrumento de cohesión de las clases más humildes de cada comunidad, al incentivar su sentido de pertenencia por medio de su arte. Le cantaban a la dura vida que sobrellevaban en sus humildes solares, los problemas cotidianos que estaban obligados a enfrentar y de hecho se convirtieron en un vehiculo de denuncia social, y de la misma forma que las comparsas del carnaval se hacían representar por un gallardete que los identificaba.

Los coros actuaban los fines de semana y días festivos en diversos lugares públicos representando a sus barrios y no era extraño que lo hicieran varios en el mismo sitio. Al efecto se establecía una especie de competencia o duelo desde el punto de vista musical. Por medio de los cantos que entonaban, podían llegar a ofender al coro contrario y finalizar de mal modo el encuentro, por suerte no siempre fue así, se lograba confraternizar con intercambio de gallardetes y otros objetos alegóricos.

Ahora bien, ¿de qué forma se entonaban estos cantos que rememoraban a los antiguos coros de clave? Su rasgo fundamental era interpretar el canto de forma antifonal, a una décima interpretada por el solista le respondía el coro con un estribillo que se repetía hasta el final. Sin embargo, es de notar la maestría interpretativa que debe tener ese cantante que lleva el solo, pues casi siempre debe improvisar acertadamente sobre un tema determinado propio de su quehacer social y cultural.

 
 
 
 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.