|
Agradezco la oportunidad
de participar en este
importante panel y voy a
aprovechar la ocasión
para, deliberadamente,
lanzar una provocación.
La pregunta que quiero
hacer es: ¿está el
Caribe más lejos de Cuba
de lo que Cuba está del
Caribe?
Está claro que no estoy
hablando en sentido
geográfico. Los mapas
son los mismos, sin que
importe el idioma.
Tampoco estoy hablando
en términos políticos.
Las relaciones políticas
de Cuba con el resto del
Caribe son hoy tan
cálidas como lo han sido
durante los últimos 40
años de relaciones
diplomáticas. Las
cumbres Cuba-Caricom se
realizan cada tres años,
la más reciente tuvo
lugar hace solo unos
meses. Los países de
Caricom condenan
habitualmente el bloqueo
de EE.UU a Cuba. Hace
solamente tres años,
Fidel Castro fue honrado
con la Orden de la
Comunidad del Caribe y
hasta ahora es la
primera y única persona
que, sin ser natural de
uno de los países de la
Caricom, ha recibido
este honor.
En términos de
cooperación técnica,
cientos de cubanos
trabajan en países de la
Caricom como profesores,
médicos y profesionales
de la salud. Cientos de
nacionales de los países
de la Caricom estudian
en Cuba con becas
concedidas por el
gobierno de ese país.
Las personas de los
países que integran la
Caricom han percibido,
con gran agradecimiento,
la enorme contribución
hecha por la brigada
médica cubana en Haití,
tanto antes como después
del terremoto de enero
de 2010. Igualmente, los
ciudadanos de la Caricom
nunca olvidarán el
sacrificio realizado por
el pueblo cubano en aras
de eliminar el azote del
apartheid en el
continente africano. Un
sacrificio que fue
pagado con la sangre de
cientos de luchadores
cubanos. Nunca, nunca
olvidaremos eso.
Por el contrario, mi
interrogante en torno a
si el Caribe está más
lejos de Cuba de lo que
Cuba está del Caribe se
refiere a asuntos
relacionados con la
identidad y la
autodefinición, el
autoreconocimiento.
Yo argumentaría que uno
de los puntos de avance
más interesantes de los
últimos 50 años en el
Caribe anglófono ha sido
el desarrollo de una
conciencia caribeña que
también abarca a países
claves del Caribe no
anglófono. El sentido
emergente de una familia
caribeña incluye
marcadamente a Surinam y
a Haití, miembros ambos
de la Comunidad
caribeña, así como a
Cuba. Cuba es parte de
la familia caribeña, es
una afirmación que puede
verse con frecuencia
reflejada, por ejemplo,
en las declaraciones de
la Caricom sobre la
necesidad de reintegrar
por completo a Cuba a
las instituciones
hemisféricas y la
urgencia de poner fin al
bloqueo estadounidense.
Esta noción de familia
caribeña mucho debe al
trabajo de
historiadores,
escritores y
especialistas de las
ciencias sociales, como
los del New World Group
(Grupo Nuevo Mundo),
sobre el cual se
presentará un libro en
esta Feria.
La pregunta que quiero
hacer a mis colegas
cubanos es esta: ¿Cómo
se ajusta esta noción de
la pertenencia de Cuba a
la familia caribeña a la
autodefinición de
cubano? ¿Acepta Cuba que
pertenece a la familia
caribeña o, por el
contrario, se ve más
bien afiliada a una más
amplia familia
latinoamericana? ¿Cómo
se percibe la relación
con la una y la otra?
En este punto permítanme
hacer una importante
aclaración. No estoy
sugiriendo que haya
necesariamente una
contradicción entre ser
latinoamericano y ser
caribeño. A ello me
referiré más adelante.
No se trata de eso. A lo
que me refiero y estoy
tratando de expresar en
palabras con cierta
dificultad, es a lo que
podríamos llamar el
marco principal de
referencia de la
identidad regional.
Hay varias razones por
las cuales los cubanos
podrían considerarse a
sí mismos
latinoamericanos primero
y caribeños después, en
caso de serlo en alguna
medida. Las razones más
obvias son una
experiencia colonial
similar y un idioma
compartido. Otra razón
es el tamaño. Cuba, por
su población de 11
millones de personas, se
asemeja más a los
pequeños países
continentales que a las
islas del Caribe.
Sin embargo, me pregunto
también si en parte la
razón tiene que ver con
el asunto de cómo se
percibe la identidad
africana de Cuba, con el
patrimonio africano
presente en el sentido
que el cubano tiene de
sí mismo.
Por ejemplo: ¿hasta
dónde el concepto de
cubanidad asume el
elemento africano?
¿Hasta dónde asume el
elemento caribeño? ¿Qué
significa el Caribe en
la conciencia popular
cubana? ¿Hasta qué punto
la categoría caribeño se
identifica con
afrodescendiente?
Estoy consciente de que
estoy pisando un campo
minado, pero me
sorprende con cuánta
frecuencia escucho en
Cuba que Santiago es la
ciudad más caribeña de
Cuba. De hecho, los
santiagueros se jactan
de ello.
Esto es evidente para
cualquiera que entienda
el contexto en que se
hacen tales
afirmaciones, en las
cuales, quien habla,
quiere decir que
Santiago es la ciudad
donde la presencia
africana es más visible
y que tiene la más
fuerte influencia de la
cultura africana.
¿Quiere esto decir que,
para los cubanos, la
Cuba caribeña equivale a
la Cuba africana, en
contraposición con la
Cuba española, y que
esta última es el
elemento dominante en lo
que significa ser cubano
y, por extensión,
latinoamericano?
Es una pregunta
interesante para la cual
estoy seguro de que no
hay una respuesta fácil.
Tengo claro que esos
asuntos son objeto de
intenso debate dentro de
esta sociedad. Mi
objetivo aquí es poner
este aspecto del asunto
sobre la mesa,
presentarlo a mis
hermanas y hermanos
cubanos para abrir el
debate entre nosotros
sobre esta cuestión.
A propósito del tema de
lo español, he sabido
que el gobierno de
España ha ofrecido su
ciudadanía a los cubanos
que puedan probar su
ascendencia hispana. Un
pasaporte español es de
gran valor para aquellos
que desean viajar o
trabajar en la Unión
Europea o en los EE.UU.
Yo sería el último en
criticar a los cubanos
por aprovechar esta
oferta, en mi propio
país un pasaporte
norteamericano o una
tarjeta verde (Green
Card) es una de las más
valiosas posesiones que
pueda uno imaginarse. La
pregunta es: ¿cuáles
serán las implicaciones
para la sociedad cubana
si se confunde
ascendencia con
identidad?
Volvamos al asunto de la
presencia de África en
Cuba. Creo que fue en
1976 cuando en uno de
sus discursos durante la
misión cubana en Angola,
Fidel Castro declaró que
Cuba estaba pagando su
deuda histórica con el
pueblo africano, por los
miles de hijas e hijos
esclavizados de África
que fueron traídos a
trabajar en las
plantaciones cubanas.
Hizo esta declaración
frente a cientos de
miles de cubanos
reunidos: “Nosotros [los
cubanos] no solo somos
un país latinoamericano,
sino que somos también
un país latinoafricano”
La declaración tuvo eco
en la prensa jamaicana y
quedó grabado en mi
memoria. Es una
declaración
extraordinaria teniendo
en cuenta el contexto,
pues fue mucho antes de
que los movimientos
afrodescendientes
comenzaran a tener
impacto en la política
latinoamericana.
Creo que esa declaración
hecha por el líder de la
Revolución Cubana fue un
paso de transcendental
importancia para
comenzar a aceptar la
forma intrínseca en que
la presencia africana
rezuma por los poros de
la sociedad cubana. No
es un fenómeno
santiaguero sino una
parte consustancial a
todo lo que implica ser
cubano. Y está claro que
esto es lo que vincula a
Cuba con el Caribe y que
hace a Cuba —a toda
Cuba— un país tan
caribeño como cualquier
otro.
Quiero insistir en el
hecho de que ser
caribeño en este
sentido, no implica
contradicción alguna con
ser latinoamericano.
Lloyd Best, quien ya no
está entre nosotros,
solía decir que “lo más
importante de América
Latina es que no es
latina.” ¡Así es! Es que
América Latina es
indígena. América Latina
es ibérica, América
Latina es africana, es
asiática, es europea del
norte, es mediterránea,
es criolla.
Si seguimos atrapados en
los antiguos nombres que
nos dábamos a nosotros
mismos quedaremos
atrapados en las formas
antiguas de pensamiento.
Personalmente, me siento
atraído por la idea de
Nuestra América aportada
por José Martí. Nuestra
América resalta nuestra
relación de pertenencia
con nuestro espacio.
Nuestra América abarca
una multiplicidad de
experiencias unidas por
una experiencia común.
Nuestra América es una
afirmación de la
soberanía de la mente y
de la imaginación, según
el concepto creado por
George Lamming.
Este es un punto desde
el que debemos seguir
abordando el pensamiento
que distingue lo
latinoamericano de lo
caribeño. Nuestra
realidad histórica es
que lo concebido por
nosotros como
experiencia caribeña es
una parte integral de lo
que concebimos como la
experiencia
latinoamericana. Es esa
parte que se centra en
la experiencia de la
esclavitud y en el
sistema de la
plantación, del azúcar,
del café y del tabaco, a
lo que se suma la
presencia africana y
asiática.
El Caribe es islas y
archipiélagos, pero es
mucho más. El Caribe
puede encontrarse en
Brasil. El Caribe está
en Perú, está en
Colombia y Venezuela,
está en Centroamérica.
Algo que debemos
considerar es enseñar
nuestras historias
nacionales insertadas en
la matriz de la
experiencia del Caribe
como un elemento
integral de la
experiencia de los
pueblos de Nuestra
América. Asumir esta
perspectiva para
observar nuestro devenir
histórico, desde Nuestra
América, lidia con las
problemáticas del
imperialismo y el
colonialismo, y aquellas
relacionadas con la
forma en que se
incorpora el trabajo a
los sistemas de la
explotación capitalista,
habla de la resistencia,
de la afirmación, de la
creación.
La Revolución Cubana,
como bien sabemos, tiene
sus raíces en las
guerras de independencia
cubanas del siglo XIX.
La alimenta una
corriente que le llega
de las guerras de
independencia
latinoamericanas. Pero
antes que todo eso,
estuvo la Revolución
Haitiana. Como he dicho
en otras ocasiones,
Haití fue la primera
Cuba y Cuba fue el
segundo Haití.
Haití fue bloqueado por
los poderes esclavistas
imperiales durante
décadas después de que
proclamara su
independencia. Haití no
tenía una Unión
Soviética que la pudiera
ayudar. El bloqueo solo
comenzó a levantarse
después de que Haití
accediera a asumir una
enorme deuda con los
antiguos esclavistas por
concepto de la
“propiedad” que habían
perdido. La deuda lisió
sus finanzas públicas
por más de un siglo y
privó a Haití de
cualquier posibilidad de
desarrollo.
La Revolución Cubana es
heredera de la tradición
de Martí y Maceo, es
cierto; pero también lo
es de Bolívar y Miranda,
de Toussaint y
Dessalines. El
pensamiento nacionalista
y socialista cubano
puede ser localizado en
la matriz de su
resistencia intelectual
ante las relaciones de
poder, resistencia que
tiene su contraparte en
otras áreas de la
región.
Por eso, necesitamos más
publicaciones cruzadas
de textos en los idiomas
del Caribe para
documentar esa
resistencia, para
aprender unos de otros.
Iniciativas importantes
han sido asumidas por
editoriales cubanas con
libros de Eric Williams,
C.L.R. James, Lloyd Best
y Kari Levitt, Arthur
Lewis y Emilio Jorge
Rodríguez. Los libros
presentados en esta
Feria probablemente se
conviertan en
contribuciones de
inestimable valor.
Mientras que en el
Caribe anglófono,
debemos comprometernos
más con el pensamiento
de Martí, Ortiz,
Fraginals, Guillén y
Fidel.
Debemos ir más allá de
ver la “cultura
caribeña” a través del
lente de una perspectiva
eurocéntrica en la que
la cultura tradicional
está separada de la alta
cultura. La cultura
caribeña es la realidad
que vive nuestra gente,
dando el frente a la
vida, afirmando y
creando.
Debemos inundar a Cuba
con profesores de otras
partes de la región que
puedan compartir su
experiencia de
resistencia, de
creación, de similitud y
diversidad en las
escuelas secundarias y
en las universidades,
también de jóvenes a
todo lo largo y ancho de
la Isla.
Se trata de un viaje de
conquista mutua de
nuestra mismidad
colectiva. ¿Qué viaje
podría ser más
emocionante? Este no
tiene destino final. La
dicha radica en el viaje
en sí.
Para cerrar permítanme
agradecer a la
Revolución cubana, por
ser la Revolución
Cubana.
Traducción de Anabel
Fernández Santana y
Edición Graciela
Chailloux 23 de febrero
2012.
Intervención en el panel
“El Caribe y Cuba a 40
años de relaciones
diplomáticas” y la
presentación del libro
El Caribe a 50 Años
de la Revolución Cubana,
selección y compilación
de Milagros Martínez y
Jacqueline Laguardia de
la Editorial Nuevo
Milenio, en la Feria
Internacional del Libro
de La Habana. 11 de
febrero de 2012. |