La Habana. Año X.
25 de FEBRERO
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¿Está el Caribe más lejos de Cuba
de lo que Cuba está del Caribe?

Norman Girvan • La Habana

Agradezco la oportunidad de participar en este importante panel y voy a aprovechar la ocasión para, deliberadamente, lanzar una provocación. La pregunta que quiero hacer es: ¿está el Caribe más lejos de Cuba de lo que Cuba está del Caribe?

Está claro que  no estoy hablando en sentido geográfico. Los mapas son los mismos, sin que importe el idioma. Tampoco estoy hablando en términos políticos. Las relaciones políticas de Cuba con el resto del Caribe son hoy tan cálidas como lo han sido durante los últimos 40 años de relaciones diplomáticas. Las cumbres Cuba-Caricom se realizan cada tres años, la más reciente tuvo lugar hace solo unos meses. Los países de Caricom condenan habitualmente el bloqueo de EE.UU a Cuba. Hace solamente tres años, Fidel Castro fue honrado con la Orden de la Comunidad del Caribe y hasta ahora es la primera y única persona que, sin ser natural de uno de los países de la Caricom, ha recibido este honor.

En términos de cooperación técnica, cientos de cubanos trabajan en países de la Caricom como profesores, médicos y profesionales de la salud. Cientos de nacionales de los países de la Caricom estudian en Cuba con becas concedidas por el gobierno de ese país. Las personas de los países que integran la Caricom han percibido, con gran agradecimiento, la enorme contribución hecha por la brigada médica cubana en Haití, tanto antes como después del terremoto de enero de 2010. Igualmente, los ciudadanos de la Caricom nunca olvidarán el sacrificio realizado por el pueblo cubano en aras de eliminar el azote del apartheid en el continente africano. Un sacrificio que fue pagado con la sangre de cientos de luchadores cubanos. Nunca, nunca olvidaremos eso.

Por el contrario, mi interrogante en torno a si el Caribe está más lejos de Cuba de lo que Cuba está del Caribe se refiere a asuntos relacionados con la identidad y la autodefinición, el autoreconocimiento.

Yo argumentaría que uno de los puntos de avance más interesantes de los últimos 50 años en el Caribe anglófono ha sido el desarrollo de una conciencia caribeña que también abarca a países claves del Caribe no anglófono. El sentido emergente de una familia caribeña incluye marcadamente a Surinam y a Haití, miembros ambos de la Comunidad caribeña, así como a Cuba. Cuba es parte de la familia caribeña, es una afirmación que puede verse con frecuencia reflejada, por ejemplo, en las declaraciones de la Caricom sobre la necesidad de reintegrar por completo a Cuba a las instituciones hemisféricas y la urgencia de poner fin al bloqueo estadounidense.  

Esta noción de familia caribeña mucho debe al trabajo de historiadores, escritores y especialistas de las ciencias sociales, como los del New World Group (Grupo Nuevo Mundo), sobre el cual se presentará un libro en esta Feria.

La pregunta que quiero hacer a mis colegas cubanos es esta: ¿Cómo se ajusta esta noción de la pertenencia de Cuba a la familia caribeña a la autodefinición de cubano? ¿Acepta Cuba que pertenece a la familia caribeña o, por el contrario, se ve más bien afiliada a una más amplia familia latinoamericana? ¿Cómo se percibe la relación con la una y la otra?

En este punto permítanme hacer una importante aclaración. No estoy sugiriendo que haya necesariamente una contradicción entre ser latinoamericano y ser caribeño. A ello me referiré más adelante. No se trata de eso. A lo que me refiero y estoy tratando de expresar en palabras con cierta dificultad, es a lo que podríamos llamar el marco principal de referencia de la identidad regional.

Hay varias razones por las cuales los cubanos podrían considerarse a sí mismos latinoamericanos primero y caribeños después, en caso de serlo en alguna medida. Las  razones más obvias son una experiencia colonial similar y un idioma compartido. Otra razón es el tamaño. Cuba, por su población de 11 millones de personas, se asemeja más a los pequeños países continentales que a las islas del Caribe.

Sin embargo, me pregunto también si en parte la razón tiene que ver con el asunto de cómo se percibe la identidad africana de Cuba, con el patrimonio africano presente en el sentido que el cubano tiene de sí mismo.

Por ejemplo: ¿hasta dónde el concepto de cubanidad asume el elemento africano? ¿Hasta dónde asume el elemento  caribeño? ¿Qué significa el Caribe en la conciencia popular cubana? ¿Hasta qué punto la categoría caribeño se identifica con afrodescendiente?

Estoy consciente de que estoy pisando un campo minado, pero me sorprende con cuánta frecuencia escucho en Cuba que Santiago es la ciudad más caribeña de Cuba. De hecho, los santiagueros se jactan de ello.

Esto es evidente para cualquiera que entienda el contexto en que se hacen tales afirmaciones, en las cuales, quien habla, quiere decir que Santiago es la ciudad donde la presencia africana es más visible y que tiene la más fuerte influencia de la cultura africana.  

¿Quiere esto decir que, para los cubanos, la Cuba caribeña equivale a la Cuba africana, en contraposición con la Cuba española, y que esta última es el elemento dominante en lo que significa ser cubano y, por extensión, latinoamericano?

Es una pregunta interesante para la cual estoy seguro de que no hay una respuesta fácil. Tengo claro que esos asuntos son objeto de intenso debate dentro de esta sociedad. Mi objetivo aquí es poner este aspecto del asunto sobre la mesa, presentarlo a mis hermanas y hermanos cubanos para abrir el debate entre nosotros sobre esta cuestión.

A propósito del tema de lo español, he sabido que el gobierno de España ha ofrecido su ciudadanía a los cubanos que puedan probar su ascendencia hispana. Un pasaporte español es de gran valor para aquellos que desean viajar o trabajar en la Unión Europea o en los EE.UU. Yo sería el último en criticar a los cubanos por aprovechar esta oferta, en mi propio país un pasaporte norteamericano o una tarjeta verde (Green Card) es una de las más valiosas posesiones que pueda uno imaginarse. La pregunta es: ¿cuáles serán  las implicaciones para la sociedad cubana si se confunde ascendencia con identidad?

Volvamos al asunto de la presencia de África en Cuba. Creo que fue en 1976 cuando en uno de sus discursos durante la misión cubana en Angola, Fidel Castro declaró que Cuba estaba pagando su deuda histórica con el pueblo africano, por los miles de hijas e hijos esclavizados de África que fueron traídos a trabajar en las plantaciones cubanas. Hizo esta declaración frente a cientos de miles de cubanos reunidos: “Nosotros [los cubanos] no solo somos un país latinoamericano, sino que somos también un país latinoafricano”  

La declaración tuvo eco en la prensa jamaicana y quedó grabado en mi memoria. Es una declaración extraordinaria teniendo en cuenta el contexto, pues fue mucho antes de que los movimientos afrodescendientes comenzaran a tener impacto en la política latinoamericana.

Creo que esa declaración hecha por el líder de la Revolución Cubana fue un paso de transcendental importancia para comenzar a aceptar la forma intrínseca en que la presencia africana rezuma por los poros de la sociedad cubana. No es un fenómeno santiaguero sino una parte consustancial a todo lo que implica ser cubano. Y está claro que esto es lo que vincula a Cuba con el Caribe y que hace a Cuba —a toda Cuba— un país tan caribeño como cualquier otro.

Quiero insistir en el hecho de que ser caribeño en este sentido, no implica contradicción alguna con ser latinoamericano. Lloyd Best, quien ya no está entre nosotros, solía decir que “lo más importante de América Latina es que no es latina.” ¡Así es! Es que América Latina es indígena. América Latina es ibérica, América Latina es africana, es asiática, es europea del norte, es mediterránea, es criolla.

Si seguimos atrapados en los antiguos nombres que nos dábamos a nosotros mismos quedaremos atrapados en las formas antiguas de pensamiento.

Personalmente, me siento atraído por la idea de Nuestra América aportada por José Martí. Nuestra América resalta nuestra relación de pertenencia con nuestro espacio. Nuestra América abarca una multiplicidad de experiencias unidas por una experiencia común. Nuestra América es una afirmación de la soberanía de la mente y de la imaginación, según el concepto creado por George Lamming.

Este es un punto desde el que debemos seguir abordando el pensamiento que distingue lo latinoamericano de lo caribeño. Nuestra realidad histórica es que lo concebido por nosotros como experiencia caribeña es una parte integral de lo que concebimos como la experiencia latinoamericana. Es esa parte que se centra en la experiencia de la esclavitud y en el sistema de la plantación, del azúcar, del café y del tabaco, a lo que se suma la presencia africana y asiática.

El Caribe es islas y archipiélagos, pero es mucho más. El Caribe puede encontrarse en Brasil. El Caribe está en Perú, está en Colombia y Venezuela, está en Centroamérica.

Algo que debemos considerar es enseñar nuestras historias nacionales insertadas en la matriz de la experiencia del Caribe como un elemento integral de la experiencia de los pueblos de Nuestra América. Asumir esta perspectiva para observar nuestro devenir histórico, desde Nuestra América, lidia con las problemáticas del imperialismo y el colonialismo, y aquellas relacionadas con la forma en que se incorpora el trabajo a los sistemas de la explotación capitalista, habla de la resistencia, de la afirmación, de la creación.

La Revolución Cubana, como bien sabemos, tiene sus raíces en las guerras de independencia cubanas del siglo XIX. La alimenta una corriente que le llega de las guerras de independencia latinoamericanas. Pero antes que todo eso, estuvo la Revolución Haitiana. Como he dicho en otras ocasiones, Haití fue la primera Cuba y Cuba fue el segundo Haití.

Haití fue bloqueado por los poderes esclavistas imperiales durante décadas después de que proclamara su independencia. Haití no tenía una Unión Soviética que la pudiera ayudar. El bloqueo solo comenzó a levantarse después de que Haití accediera a asumir una enorme deuda con los antiguos esclavistas por concepto de la “propiedad” que habían perdido. La deuda lisió sus finanzas públicas por más de un siglo y privó a Haití de cualquier posibilidad de desarrollo.

La Revolución Cubana es heredera de la tradición de Martí y Maceo, es cierto; pero también lo es de Bolívar y Miranda, de Toussaint y Dessalines. El pensamiento nacionalista y socialista cubano puede ser localizado en la matriz de su resistencia intelectual ante las relaciones de poder, resistencia que tiene su contraparte en otras áreas de la región.

Por eso, necesitamos más publicaciones cruzadas de textos en los idiomas del Caribe para documentar esa resistencia, para aprender unos de otros. Iniciativas importantes han sido asumidas por editoriales cubanas con libros de Eric Williams, C.L.R. James, Lloyd Best y Kari Levitt, Arthur Lewis y Emilio Jorge Rodríguez. Los libros presentados en esta Feria probablemente se conviertan en contribuciones de inestimable valor. Mientras que en el Caribe anglófono, debemos comprometernos más con el pensamiento de Martí, Ortiz, Fraginals, Guillén y Fidel.

Debemos ir más allá de ver la “cultura caribeña” a través del lente de una perspectiva eurocéntrica en la que la cultura tradicional está separada de la alta cultura. La cultura caribeña es la realidad que vive nuestra gente, dando el frente a la vida, afirmando y creando.

Debemos inundar a Cuba con profesores de otras partes de la región que puedan compartir su experiencia de resistencia, de creación, de similitud y diversidad en las escuelas secundarias y en las universidades, también de jóvenes a todo lo largo y ancho de la Isla.

Se trata de un viaje de conquista mutua de nuestra mismidad colectiva. ¿Qué viaje podría ser más emocionante? Este no tiene destino final. La dicha radica en el viaje en sí.

Para cerrar permítanme agradecer a la Revolución cubana, por ser la Revolución Cubana.
 

Traducción de Anabel Fernández Santana y Edición Graciela Chailloux 23 de febrero 2012.
 

Intervención en el panel “El Caribe y Cuba a 40 años de relaciones diplomáticas” y la presentación del libro El Caribe a 50 Años de la Revolución Cubana, selección y compilación de Milagros Martínez y Jacqueline Laguardia de la Editorial Nuevo Milenio, en la Feria Internacional del Libro de La Habana.  11 de febrero de 2012.

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.