La Habana. Año X.
25 de FEBRERO
al 2 de MARZO de 2012

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Alexis Leiva Machado, Kcho:

“La vida de los cubanos está dibujada por el mar”

Estrella Díaz • La Habana

Fotos: R. A. Hdez.

Sentados sobre el brazo derecho de  “El David” —pieza realizada en el 2009 y que durante unos seis meses estuvo encajada (cual embarcadero) en  balneario de Varadero y que ahora forma parte de la exposición Sacrificio en la encrucijada—, transcurrió el siguiente (y apresurado) diálogo entre Kcho y esta periodista.  

La conversación se sucedió minutos después de una breve conferencia de prensa en la que Alexis Leiva Machado (Isla de la Juventud, febrero 1970), conversó sobre Sacrifico en la encrucijada que desde el domingo 12 de febrero y hasta el 11 de abril puede verse en la tercera planta del Gran Teatro de La Habana, un espacioso, hermoso e iluminado salón, pero que nada tiene que ver con una galería de arte.

¿Qué pretendes con esta muestra?

Mi deseo mayor es que los cubanos conozcan mi trabajo. Realmente lo que le ha llegado a la gente de mí es solo un eco: “Kcho está en tal museo o en más cual subasta”, pero nunca el público cubano —y en parte esa responsabilidad es mía— ha tenido la oportunidad de ver mi trabajo en esta dimensión. Por eso hice esta exposición, para compartir en una sola línea de pensamiento lo que narro, lo que siento y lo que soy como artista, es decir, cuáles son mis preocupaciones y cuáles son mis caminos como creador. Esta es una exposición cuidada hasta el más mínimo detalle, aquí nada es por gusto y quiero que la gente cuando venga aquí sienta que va a aprender algo.

¿Crees que eso sea posible, es decir, que la gente entienda con claridad todos tus mensajes?

Creo que sí porque el cubano es muy inteligente y, a la vez, muy sutil de pensamiento.

Esa misma sutileza de pensamiento ha llevado a decir que tu obra es lo mismo con lo mismo…

No lo creo y, además, eso nunca me lo han dicho. Y el que diga eso es porque no conoce mi obra: ese es el lío y por eso digo que la gente ve a Kcho como un eco y eso, quizá, se deba  a que vieron en la televisión unos cuantos ladrillos, pero nunca un cubano ha visto mi obra de manera integral. Por ejemplo, la gente comenta que hay una obra mía en el MOMA y otra en el Reina Sofía, pero no la han visto. Creo que uno de los mayores logros de esta exposición es que puedes ir estudiando, paso a paso, mi desarrollo como artista. No te puedes guiar por lo que ves en la televisión —que repiten y repiten hasta el cansancio un mismo spot hecho hace ya unos años atrás—: uno es responsable de eso y por eso Sacrificio en la encrucijada da la medida totalizadora de todo mi trabajo.

¿Cuáles son tus temas?  

Mis temas son varios. Por ejemplo, “El carrusel” creo que lo expresa todo porque es la historia de Cuba, que es una isla. Toda nuestra historia vino por el mar. ¿Por qué los barcos?, pues porque la vida de los cubanos está dibujada por el mar y no entiendo por qué no se quiere aceptar eso. Nuestra isla emerge de una roca que sale del mar, las primeras plantas vinieron por mar, los aborígenes se dice que llegaron en canoa, la Virgen de la Caridad llegó y apareció en el mar, la esclavitud también fue traída en barco. Todo; el yate Granma, la inmigración… todo tiene que ver con el mar que nos rodea.   

A lo largo de la historia del arte, los artistas se han pintado a sí mismos ¿qué quisiste transmitir con tu “Autorretrato”?

Me estoy retratando a mí mismo. Yo no boto nada y todo lo guardo; tengo contenedores de cosas que parecen basura, pero no lo son porque considero que son desechos de mi vida. El ser humano es el único en el planeta tierra que tiene una sensibilidad suficiente que le permite convertir la basura en otra cosa, en arte.

La ropa que aparece en “Autorretrato” es vieja y debería terminar en la basura, pero la guardo y la reutilizo y, poco a poco, le voy incorporando más cosas a la obra. Tengo una pieza que está en el Museo de Indianápolis que  se llama “Obras escogidas” y que está conformada por mis libros de la primaria hasta los que utilicé en la Escuela Nacional de Arte —hay textos de física, de matemáticas, de marxismo, de geografía, ¡de todo!—. Se trata de construir algo para transmitir una energía con cosas que, aparentemente, son basura y que puedes tener metida en una caja. Pero no es así.

Sin duda eres un artista de la plástica exitoso. Se ha dicho que después de Wifredo Lam eres el que más te has posicionado en los circuitos internacionales…  

Más que vender lo importante es entender que el mercado del arte es como un oleaje, es como el mar: cambiante y, sobre todo, en época de crisis. Pero Lam es grande no porque vendió o vende caro sino porque culturalmente hablando él expresa en su obra esencias de la cultura y se las mostró al mundo. Lam dijo varias veces que si algún valor tenía su obra era que había desconocido al Modernismo y eso es muy importante. Es decir, Lam es grande culturalmente hablando. Desde muy joven me tocó ser una cara visible de la cultura cubana; con solo 25 años de edad entré al MOMA y el único que estaba allí era Lam con “La Jungla” y en cada museo del mundo en que he estado, ya Lam estaba. Es decir, Lam ha sido la persona que me ha hecho el camino posible.

Pero, de todas maneras es una responsabilidad.

Lo es, pero es una responsabilidad que no tiene que ver con el comercio, ¿sabes que Wifredo Lam desfiló en la primera marcha del pueblo combatiente que se hizo en Cuba?

Sí, ¡y lo recuerdo en silla de ruedas!

Con eso tengo que ver con Lam, mucho más que con el mercado.

¿Qué sueños tienes?, ¿qué te falta por hacer que te gustaría?

Seguir trabajando. Estoy convencido de que el arte es una responsabilidad y el trabajo lo es todo para mí. Trabajo todos los días porque todos los días pienso y hago dibujos en mis cuadernos. A mí me queda mucho por hacer y no creo que mi vida se inició el día en que el Museo de Arte Moderno compró una obra mía y terminó cuando me invitaron a exponer en la Bienal de Venecia. No. Quiero reiterar que considero, firmemente, que esta es la exposición más importante de mi carrera y está ocurriendo en Cuba y no en otro lugar del mundo. Y es que me he propuesto que la gente comprenda cómo surgen y cómo se desarrollan mis ideas.

Es como desnudarse en público, ¿no te da vergüenza?

No, en absoluto, no me da vergüenza que la gente vea cómo trabajo.

Lo digo porque, por lo general, los artistas muestran lo que consideran mejor y no el proceso de trabajo…

Yo lo que quiero mostrar son todas mis energías. En esta exposición estoy exhibiendo “El carrusel”, que estuvo emplazada en la Plaza de San Francisco de Asís en la pasada Bienal y también en Austria e, igualmente, “Núcleos del tiempo” se vio en el 2004 en una pequeña expo en la galería Villa Manuela, aquí, en La Habana y también en Salzburgo, Austria en 2005, todo lo demás es nuevo, es inédito y jamás ha sido mostrado.

¿Acaso no faltará un poco de dibujo en Sacrifico en la encrucijada

No hace falta porque están los cuadernos y eso es lo primordial. En Bellas Artes hay dibujos míos y la gente los ha visto, sin embargo mis cuadernos son algo muy íntimo y que nadie conocía hasta ahora. ¡Hasta el MOMA me los quería comprar! Pero aquí están. El domingo 12 cumplo 42 años y voy a continuar creciendo como artista, como ser humano, como hombre.

¿Te sientes más cómodo haciendo obra instalativa o bidimensional?

Siempre me siento cómodo porque todo forma parte de un proceso de pensar.

Si  tuvieras  que  reconocer tu mayor influencia, en el arte, ¿quién sería?, ¿a quién legitimas como tu maestro?

¡A muchos!  Desde la persona que me dio las asignaturas elementales hasta artistas desconocidos. No creo que un artista pueda decir que la influencia mayor ha sido de un determinado maestro; en un artista influyen muchas cosas. En mi caso, por ejemplo, reconozco a mis primeros maestros y a todos les agradezco, como por ejemplo a Juan Carlos Garriga, Otto Pandolfi, Agustín Villafaña. Pero, insisto, uno acumula del camino de mucha gente y eso es lo más importante.

¿Qué obra quieres hacer?... aquella que ni siquiera te has atrevido a revelar.

Sinceramente, eso va con el tiempo. No tengo la menor idea de lo que voy a hacer cuando tenga 50 años, pero lo que sí te aseguro es que voy a seguir creciendo. Te pongo un ejemplo: “El David” fue una obra complicadísima de pensarla y de construirla y todo el mundo me decía: ¡tú estás loco! Y aquí está. Eso me demuestra que puedo ir mucho, mucho, mucho más allá.

¿Por qué dices que la prensa cubana es lagrimosa? 

Porque lees un artículo sobre cualquiera y todo es para alabar. Estás en Italia, por ejemplo, y pones Cubavision Internacional y ves un reportaje en el que uno que estudió cultura física se dice un gran artista. Ese tipo de cosa es muy frecuente.

Pero contigo también la prensa ha sido muy benévola…

No quiero que sea benévola sino que sea prensa. En otros países a la prensa la sigue todo el mundo y se convierte en la policía de los artistas, en  la policía de los políticos y en la policía de los ciudadanos. A veces suceden cosas en el mundo que por todos los medios se trata de que no lleguen a los periódicos ni a la televisión porque la prensa en poder y es muy fuerte.

Ese pedacito de Cuba que es la Isla de la Juventud ¿qué es para ti?

¡Todo! Es el lugar a donde siempre quiero regresar. Tengo 42 años y nunca he cambiado. Aún hoy mi dirección está en la Isla de la Juventud y muestro mi carnet de identidad con tremendo orgullo. Yo en la Isla no soy el artista, ni el diputado, soy —simplemente— el hijo de Marta y eso para mí es una felicidad tremenda. Mi madre no solamente me marcó a mí sino a mucha gente y allí en la Isla se le recuerda todo el tiempo.  Sigo siendo el hijo de Marta, ¡y me encanta!

 
 
 
 


GALERÍA de IMÁGENEs

Sacrificio en la encrucijada

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.