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siempre
más abajo, hasta saber
el peso de su isla,
el peso de una isla en
el amor de un pueblo.
Virgilio Piñera
Obra en construcción,
almacén, bodega,
capilla, silo, cuarto de
desahogo, templo,
camerino, casa,
toilette,
carpintería, enigma,
barracón, tribuna,
biblioteca, laberinto,
cabaret, teatro, sótano,
sacristía, cuarto fambá,
confesionario, ínsula
dentro de la Isla,
altar, campo después de
la batalla, museo de la
eterna memoria,
falansterio, facilidad
temporal, tumba, espejo.
Todo eso y mucho más es
esta muestra. No se
engañe, no se trata de
una caótica acumulación
de objetos anticuados.
Todo está vivo, todo
vibra, todo se mueve,
todo habla. No se trata
de respuestas, aquí se
juntan preguntas: ¿De
dónde son los cantantes?
¿Qué y cómo recordamos?
Dos interrogantes que
son una desencadenan la
peculiar investigación
en torno al ser nacional
que han emprendido Nelda
Castillo y su colectivo
El ciervo encantado. Sus
puestas, signadas por un
altísimo nivel
artístico, han explorado
lo nuestro,
profundizando en zonas y
figuras muchas veces
olvidadas. Recuperar
esos fragmentos
dispersos de lo que
somos ha sido para este
grupo el mejor camino en
la búsqueda de una
identidad propia. Esa
indagación les ha
permitido también
conectar con el presente
y plantear, sin
concesiones de ningún
tipo, problemáticas
sociales, económicas y
políticas de la Cuba de
hoy. El ciervo
encantado (1996),
De donde son los
cantantes (1999),
Pájaros de la playa
(2001), Visiones de
la cubanosofía
(2005) Variedades
Galiano (2010) y
Cubalandia (2011)
—obras a las que se
suman un conjunto de
pequeñísimas piezas que
se han ido incorporando
al Café-Teatro y
también algunos
performances y
happenings— dan cuenta
de esa postura ética
sobre el teatro y
también sobre la
participación del
artista en lo social,
postura siempre
sustentada por una muy
rigurosa propuesta
estética.
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Cubalandia,
2011.
Foto: Maribel
Amador |
En 15 años de trabajo El
ciervo encantado ha
propuesto a los
espectadores un
repertorio de gran
coherencia, el cual, al
decir de la actriz
Mariela Brito, se
desarrolla en espiral,
ampliando o concentrando
el foco de atención,
unas veces sobre
aspectos más generales,
otras en relación con
zonas más específicas de
lo cubano. El mejor
espectador de El ciervo
encantado es aquel que
ha sabido acompañar a
los creadores en su
expedición tras ese
animal fabuloso,
tremendamente
escurridizo, siempre en
fuga. Es por eso que de
ningún modo podríamos
plantearnos una
exposición que diera
cuenta del devenir del
colectivo como
representación o como
simple resumen. Quienes
hemos estado cerca de
este grupo sabemos que
cada elemento, cada
objeto, tiene para estos
creadores una dimensión
sagrada. Las máscaras
están vivas, no son
disfraz, y todo lo que
las rodea forma parte
inalienable de ese ser
que se convoca. Abierto
el cuerpo-canal del
actor-médium todo
conecta, todo propicia
el trance, todo conduce
a lo esencial. Es por
eso que aun sin los
actores esta muestra
habla como una nganga:
SI MIRA BIEN PODRÁ VER,
SI ESCUCHA ATENTAMENTE
OIRÁ.
La obra escénica de
Nelda Castillo se
encuentra sin duda entre
las más importantes del
teatro cubano de fines
del siglo XX e inicio
del XXI. La singularidad
de sus búsquedas, el
peculiar trabajo con el
actor y su comprometida
y constante indagación
en los márgenes de
nuestra cultura, son
aspectos que jerarquizan
su trabajo; al tiempo
que connotan la poética
de esta creadora como
una de las más sólidas
que se exhibe hoy en
nuestros escenarios. Al
frente de El ciervo
encantado desde que
decidió en 1996 fundar
un colectivo propio,
Nelda Castillo ha sabido
liderar un espacio de
creación y libertad que
en buena medida ha
superado la noción de
centro productor de
espectáculos para,
puesto el énfasis sobre
los procesos de
investigación y
creación, concebir un
laboratorio permanente
en el que confluyen la
pedagogía, la reflexión
y el pensamiento en
torno al teatro y a la
cultura toda: un espacio
imantado para pensar
(pesar) la Isla y sus
irradiaciones, para
soñar historia y
porvenir, para vivir y refundar la utopía.
Palabras
en el catálogo de
la exposición
A la
eterna memoria. 15 años
de El ciervo encantado.
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