La Habana. Año X.
25 de FEBRERO
al 2 de MARZO de 2012

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Refranes: sabiduría de bolsillo
Josefina Ortega • La Habana

Ars longa, vita brevis: “El arte es largo, la vida es breve”, nos enseñó la cultura grecolatina. Y según afirmaba uno de sus más brillantes exponentes, el fabulista griego Esopo “Cuando se necesitan brazos, el socorro en las palabras no sirve de nada”. Pero en verdad las palabras han resuelto más de un conflicto desde que el humano aprendió a manejarlas con destreza.

Cuando descubrió que además podía resumir su experiencia en frases cortas, convirtiéndola en sabiduría de bolsillo, creó entonces el refrán. Con el tiempo sistematizó conceptos y creó el proverbio. Más tarde necesitó mostrarse civilizado y elaboró sentencias que encierran “una doctrina o una moralidad”, y al comprender que debía ajustarse el cinturón de la cordura inventó la máxima para recordarse a sí mismo lo que debía hacer o no en cada caso.

Y cuando se volvió esclavo de las musas el humano poetizó su sapiencia y entonces produjo epigramas.

El denominador común de todas las variantes es la economía de palabras; y  la esencia que las embellece está en el ingenio.

Y el ingenio, en verdad, define.

Tal vez sea el refrán el que mejor simbolice toda la gnosis humana según estos cánones.

Se asegura que la palabra refrán proviene del idioma occitano —hablado aún en algunas regiones de Francia—, y al parecer significó en sus orígenes estribillo. Pero los diccionarios modernos conceptualizan al refrán como “dicho didáctico o sentencioso de uso popular y estructura invariable”.

Y de eso se trata.

A Cuba nos llegaron de modo marinero navegando en el habla castellana de los conquistadores, es decir popular y arraigado en tradiciones del mediterráneo en el que vertieron sus saberes “cien pueblos, de Algeciras  Estambul”.

Y Cuba tiene ya su propio refranero,  pulido y “aplatanado”.

La profesora habanera Romelia Llerena recién regaló a los lectores su Breve Refranero Popular Cubano (Editorial Academia) con más de 300 refranes en los que el rastro patrimonial de siglos se enreda en la realidad cubana. Como dijo un grande de las letras: son tantas huellas que ya no hay huellas.

Pero entre tantos refranes hay algunos más cubanos que otros.

Pensemos sino en aquel que advierte la edad de alguien con una frase maciza: “Es más viejo que el Morro.

El viejo castillo a la entrada de la bahía habanera es referente incuestionable de identidad y permanencia.

Otros dos,  por referirse a sucesos y toponimia cubanos entronizados en el imaginario popular, pudieran tener sucedáneos en la Argentina o en el Brasil, pero cuando se dice que aquello acabó como la fiesta del Guatao o Se quedó como el gallo de Morón,  sin plumas y cacareando, no solo hay una experiencia cubana. Hay todo una simbología en la historia nacional.

En cambio Chivo que rompe ‘tambó’, con su pellejo paga tiene impronta africana: chivo es el nombre cubano con que llamamos a las cabras machos y cuyo pellejo curado era ideal para los tambores de los esclavos.

El refrán fue usado por el gran Ignacio Villa Bola de Nieve en una memorable canción llena de cubanía que advierte divertido que “quien la hace, la paga”.

Se dice que es muy hispana la admonición “Los niños hablan cuando las gallinas mean”, pero no conozco muchos latinoamericanos que hayan escuchado el refrán, muy común en los campos cubanos.

Y en verdad de lo que se trata es que lo cubano está no solo en el gracejo sino en el uso de vocablos que lo siembran en el imaginario popular.

De todos los conocidos tal vez haya —como ya dijimos— algunos más cubanos que otros.

Los lectores dirán:

—“Por alto que vuele el aura, siempre el pitirre la pica”.

—“La Yagua que esta pá uno, no hay vaca que se la coma”.

—“Todos los pájaros comen arroz pero el totí siempre carga con la culpa”.

—“Está como platanito para sinsonte”.

—“Se echó a Malanga y su puesto de viandas”.

—“La caña está a tres trozos”.

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.