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Con una ovación cerrada
que puso en pie al
público del Teatro Real
de Madrid, debutó Danza
Contemporánea de Cuba (DCC)
en el gran coliseo
español el pasado 16 de
febrero de 2012. El
programa, compuesto por
Demo-n/Crazy del
catalán Rafael Bonachela,
Folía del
holandés Jan Linkens y
Mambo 3XXI del
cubano George Céspedes,
defendido por la tropa
de excelentes bailarines
que lidera Miguel
Iglesias, está incluido
en medio de una
temporada de altísimo
nivel en el Real, que al
ser esencialmente un
espacio para la ópera
acoge solo lo más
exclusivo de la danza a
nivel internacional con
el patrocinio de la
Fundación Loewe, como
pueden demostrarlo las
compañías que han subido
a ese escenario en años
recientes: Nederlands
Dans Theater, Béjart
Ballet, Stuttgart
Ballet, Víctor Ullate o
Ballet del Bolshoi.
Capaz de asumir los
estilos varios por los
que transitan las
coreografías,
contaminando lo
contemporáneo con
disímiles estéticas o
maneras, haciendo de sus
incursiones neoclásicas
alardes de virtuosismo y
de los ritmos populares
cubanos una deliciosa
escuela, sin un minuto
de pausa y sin
permitirnos a los
espectadores disociarnos
de la escena, el elenco
de DCC muestra un
talento técnico y un
despliegue energético
verdaderamente
sorprendentes. Saltos,
canto, dúos y solos,
combinaciones corales
que “contaminan” lo
contemporáneo y lo abren
y refuncionalizan, han
fascinado a los cientos
de espectadores
asistentes a la función
de estreno.
La estrategia de Miguel
Iglesias de recorrer
cada año toda Cuba para
fichar a los mejores
bailarines graduados de
escuelas de arte, ofrece
una oportunidad única
para focalizar y
defender el talento sin
fatalismos geográficos,
a la par que garantiza
una eficiencia absoluta
en todo el cuerpo de
baile, tan entrenado,
disciplinado y preciso
que da gusto y orgullo
contemplarlo. El trabajo
sistemático con grandes
coreógrafos y maestros
de todo el mundo,
ejemplo de lo cual es el
propio programa que en
esta ocasión DCC regala,
hacen de la función un
derroche de rigor.
Las tres piezas
seleccionadas para el
programa cuentan con
diseños de vestuario
que, en su síntesis,
permiten a los
intérpretes “mostrar” su
fisicalidad en
movimiento, sin serles
un estorbo. Lo ajustado
de las telas en
Demo-n/Crazy, la
exultante belleza de las
faldas rojas de Folía
y las vestimentas de la
Cuba tradicional
repensadas dentro del
imaginario actual en
Mambo 3XXI, perfilan
el ámbito cromático
planteado en cada una de
estas obras. De
resaltar, por su
delicadeza y contraste,
es el espectacular
diseño de luces de
Manolo Garriga para
Demo-n/Crazy, una de
las piezas más
arriesgadas y ricas, en
su fragmentada
dramaturgia, que DCC
posee en su repertorio.
La música de Alexis de
la O Joya y Edwin
Casanova para Mambo
3XXI consigue un
auténtico collage que
corona la ambiciosa y
técnicamente
impresionante puesta en
espacio de George
Céspedes, quien se halla
en plena madurez
conceptual.
DCC, que recientemente
se ha presentado en
Roma, continuará su
recorrido por la
península ibérica con
actuaciones en teatros
de Barcelona, Lérida y
Bilbao, para luego ir a
Francia. La brillante
gestión de presencia
internacional de DCC
convierte a esta
compañía —perteneciente
al Consejo Nacional de
las Artes Escénicas de
Cuba— en la de mayor
proyección externa en su
especialidad y permite
que el mundo conozca el
virtuosismo de sus
bailarines, borrando
definitivamente la idea
de que solo el ballet
clásico o los bailes
folclóricos afrocubanos
pueden traspasar las
fronteras de la nación.
Hace ya varios años que
DCC está a la cabeza de
la danza —dígase danza
en su amplitud y no se
añada ningún apellido—
en Cuba. Este
impresionante programa
con que conquistan ahora
el Teatro Real de
Madrid, después de la
andadura por otros
prestigiosos recintos
europeos, habla de una
forma de bailar hoy lo
contemporáneo que es
aquello y más: es una
energía en activo, es un
costado de la Isla que
no para de pensarse y de
abrirse a infinitos
horizontes. |