La Habana. Año X.
11 al 17 de FEBRERO
de 2012

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Manuel Justo
(Santiago de Cuba, 1769-1805)

Silva cubana

Más suave que la pera
En Cuba es la gratísima Guayaba
Al gusto lisonjera,
Y la que en dulce todo el mundo alaba,
Cuya planta exquisita
Divierte el hambre y aun la sed limita.

El Marañón tragante
Más grato que la guinda si madura,
El color rozagante
¡Oh, Adonis! en lo pálido figura:
Árbol ¡oh, maravilla!
Que echa el fruto después de la semilla.

La Guanábana enorme
Que agobia el tronco con el dulce peso,
Cuya fruta disforme
A los rústicos sirve de embeleso,
Un corazón figura
Y al hombre da vigor con su frescura.

Misterioso el Caimito,
Con los rayos de Cintio reluciente,
En todo su circuito
Morado y verde, el fruto hace patente,
Cuyo tronco lozano
Ofrece en cada hoja un busto a Jano.

La Papaya sabrosa
Al melón en su forma parecida,
Pero más generosa
Para volver la vacilante vida
Al ético achacoso,
Árbol al apetito provechoso.

El célebre Aguacate
Que aborrece al principio el europeo,
Y aunque jamás lo cate
Con el verdor seduce su deseo,
Y halla un fruto exquisito
Si lo mezcla con sal el apetito.

La Jagua sustanciosa
Con el queso cuajado de la leche
Es aun más deliciosa
Que la amarga aceituna en escabeche;
No se prefiere el óleo que difunde
Porque acá la manteca lo confunde.

El Mamey Celebrado
Por ser ambos en la especie, una amarillo
Y el otro colorado,
En el sabor mejor es que el membrillo,
Y en los rigores de la estiva seca
La blanda fruta del Mamón manteca.

El Mamoncillo tierno
A las mujeres y a los niños grato:
Y pasado el invierno
Topo de los frutales el Boniato,
Y el sabroso ciruelo que sin hoja
Amarillo o morado el feto arroja.

Amable más que el guindo
Y que el árbol precioso de la uva
Es acá el Tamarindo: 
Licores admirables saca Cuba 
De su fruto precioso, que fermenta,
Al masico mejor que Horacio mienta.

El argos de las frutas
Es el Anón, que a Juno he consagrado,
Fruto tan delicado
Que reina en todas las especies brutas,
De ojos llena su cuerpo granujoso,
Al néctar comparable en lo sabroso.

La Piña, que produce
No Atis en fruta que prodiga el pino,
Que la apetencia induce,
Sino la Piña con sabor divino,
Planta que con dulcísimo decoro
Aforra el gusto con escamas de oro.

El Níspero apiñado
Por la copia del fruto y de la hoja,
En más supremo grado
Que las que el Marzo con crueldad despoja,
Árbol que, madurando, pende y cría
Dulcísimos racimos de ambrosía.

El Coco cuyo tronco
Ruidoso con su verde cabellera,
Aunque encorvado y bronco,
Hace al hombre la vida placentera
Y es su fruto exquisito
Mejor plato a la sed y al apetito.

El Plátano frondoso...
Pero ¡Oh Musa! qué fruto ha dado el orbe
Como aquel prodigioso
Que todo el gremio vegetal absorbe.
Al maná milagroso parecido,
Verde o seco del hombre apetecido.

No te canses ¡Oh Numen!
En alumbrar especies pomonanas,
Pues no tienen resumen
Las del cuerno floral de las Indianas.
Pues a favor producen de Cibeles
Pan las raíces y las canas mieles.


Manuel Justo de Rubalcava: Poeta y militar cubano. Nació en Santiago de Cuba en 1769. Estudió en el Seminario de San Basilio, en Santiago de Cuba. Además de su interés y estudios de la literatura, se interesó en otras artes, como la pintura y la escultura. Fue militar de profesión. Como miembro del Regimiento de Cantabria, estuvo estacionado en Santo Domingo por algún tiempo. Participó en el asalto a Bayajá. Más tarde, en 1793 pasó a Puerto Rico, en donde residió, como militar. En 1796 regresó a La Habana. Colaboró en varias revistas y periódicos, como El Noticioso. Fue autor de la conocida "Silva cubana" y, en particular, del largo poema "La muerte de Judas". Sobresale por sus temas morales y bíblicos, como los 91 cantos que componen su "La muerte de Judas". Falleció en 1805.

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.