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En junio de 2012
confluirán en Río de
Janeiro sentidos de
vida, intereses
económicos y proyectos
políticos diversos en lo
que será un momento de
definiciones de los
paradigmas y lógicas
dominantes en la próxima
etapa de la humanidad.
Con un largo recorrido
desde los días de la
Campaña por los 500
años, organizaciones y
movimientos sociales de
todo el mundo están
colocando la lucha por
la justicia social y
ambiental en el centro
de la articulación de
esfuerzos globales
contra el sistema
capitalista y ven en el
camino hacia Río +20,
una oportunidad para
rearticular el
movimiento global y
constituirse en bloque
popular con alternativas
capaces de interpelar al
sistema capitalista.
A partir de la
convocatoria del
gobierno boliviano a la
Cumbre de los pueblos en
Cochabamba, estuvo
públicamente sobre la
mesa y respaldada en un
documento construido
democráticamente, una
visión desde los pueblos
de la lógica sacrificial
del sistema capitalista,
expresada en ocupación
de territorios, la
militarización, el
saqueo de los recursos
naturales, la
mercantilización de los
bienes comunes, el
sacrificio de la
biodiversidad y otros
rostros diversos.
En Cochabamba se avanzó
en una plataforma
construida entre todos y
todas, el Acuerdo de los
pueblos que junto a los
Principios de Justicia
Climática de Bali,
siguen siendo hasta hoy,
plataformas para la
construcción de un
movimiento global.
A pesar de contar con
este documento producido
por la participación de
miles de personas, nada
sucedió con el Acuerdo
de Cochabamba. Las
Conferencias de las
Partes que lo sucedieron
en Cancún y Durban,
fueron escenarios en que
los países desarrollados
eludieron su
responsabilidad
histórica e impulsaron
cada vez con más nivel
de detalles, las falsas
soluciones a la crisis.
Todo parece más sencillo
que reducir emisiones de
gases de efecto
invernadero con
compromisos vinculantes
dentro de las fronteras
nacionales. El mercado
ha sido el verdadero
protagonista de estos
espacios oficiales que
han impulsado mecanismos
de comercialización de
bosques, y ahora también
zonas costeras,
agrícolas, todas
concebidas como
sumideros de carbono más
allá de sus aportes a la
vida en el planeta.
En lugar de pagar la
deuda climática, los
países desarrollados han
venido impulsando un
fondo verde para el
clima en el que
participan capital
privado y el Banco
Mundial. Los mismos
responsables de la
crisis están llamados a
resolverla con los
mismos métodos que la
crearon.
Las demandas de los
movimientos sociales se
basan en un supuesto
fundamental: no se trata
de ser más consciente o
más responsable con el
manejo del sistema. Hay
que cambiar el sistema,
y tiene que ser ahora.
Estas demandas están
relacionadas con el
compromiso de reducir
emisiones en un 50%
respecto a los niveles
de 1990, sin condición
alguna y excluyendo los
mercados de bonos de
carbono u otros
mecanismos
compensatorios, limitar
el calentamiento global
a un grado, detener los
REDDS, (mecanismos de
reducción de emisiones
por degradación y
deforestación de
bosques) y buscar el
compromiso del pago de
la deuda climática con
fondos de al menos el 6%
del PIB de los países
desarrollados, fondos
que deben ser públicos,
y alejados del manejo de
corporaciones privadas y
el Banco mundial.
Las organizaciones
sociales se enfrentan a
las soluciones falsas
como la geoingeniería,
la energía nuclear, las
mega-represas
hidroeléctricas, los
agrocombustibles, y
exigen el libre
intercambio de
tecnologías seguras y
comprobadas y la defensa
de los Derechos de la
Madre Tierra como camino
para restablecer la
armonía con la
naturaleza.
Como una vez fue
colonizada nuestra
tierra, hoy es
colonizada nuestra
atmósfera, ocupada por
las emisiones de gases
de efecto invernadero de
los países más ricos del
planeta, quienes en
complicidad con las
grandes trasnacionales,
provocan desencuentros
entre pueblos de uno y
otro lado del mundo;
intentan ganar en un
territorio las reservas
de veneno que van a
depositar en otro, y
fracturan la lucha de
los más afectados, para
distanciarlos y poder
hacer un mejor vuelo en
picada que les deje
llevarse consigo, más
que la mordida a una
tierra, el espíritu de
un pueblo.
La economía verde en el
camino hacia Río +20
Hacia Río+20 el debate
se quiere colocar en dos
ejes: la economía verde
y la gobernanza
ambiental, ambos marcos
que no permiten saltar a
un análisis sistémico
del modelo de
producción, distribución
y consumo que es lo que
debe ser revisado para
encaminar alternativas.
La economía verde con el
supuesto de que solo
aquello que es propiedad
de alguien, solo aquello
que se tiene, puede ser
cuidado y gestionado con
responsabilidad pretende
mercantilizar la vida y
ponerle precio en el
mercado a cada gota de
agua, cada centímetro de
tierra.
Los movimientos sociales
han recorrido un proceso
de aprendizajes en esta
ruta que comenzó hace
muchos años y han
acumulado saberes, entre
ellos, la importancia de
conectar las expresiones
globales con las luchas
locales frente a la
crisis, y de seguir
perfilando el rol del
imperialismo y las
estrategias de
dominación en una lucha
que es antisistémica.
Ser anticapitalista ya
no parece ser una
postura radical. El
discurso anticapitalista
aparece en palabras de
empresarios y de
campesinos al mismo
tiempo. Por eso, hay que
buscar las prácticas
reales detrás de las
palabras y como le
sirven y son funcionales
al sistema.
Escenarios muy cercanos
a nosotros en Cuba,
están marcados por
enfrentamientos
constantes a expresiones
múltiples y muy
concretas del capital:
empresas mineras, las
militaristas, grandes
represas. Compañeros de
todo el mundo libran
batallas diarias contra
las trasnacionales,
presionando a los
gobiernos para que no se
levante un foco más de
contaminación, una causa
más de sequía.
Diariamente son
reprimidos y
criminalizados hombres y
mujeres que no quieren
ser arrancados de su
tierra y su historia.
Por eso, hacia Río +20
debemos lograr una
movilización global
contra el sistema
capitalista que no quede
entrampada en la
economía verde. Es la
oportunidad para
interpelar al sistema
con toda la fuerza que
podamos reunir y de las
maneras más visibles que
podamos. La convocatoria
que se debatió en la
Asamblea mundial de
movimientos sociales en
el marco del Foro social
temático en Porto Alegre
es a tomar las calles de
nuestros países el 5 de
junio y mostrar la
crisis del sistema con
propuestas y
alternativas concretas.
Es el momento de que las
organizaciones
articuladas en la lucha
contra la minería
coloquen sus demandas en
claves de sistema, que
los territorios ocupados
militarmente defiendan
sus derechos a la paz y
la justicia social con
autonomía y
autodeterminación y lo
hagan conectando sus
luchas con otras
expresiones del sistema.
Todos y todas debemos
denunciar la lógica
sacrificial del
capitalismo en nuestro
universo más cercano.
¿Tenemos una
alternativa capaz de
interpelar al sistema en
la construcción de otra
sociedad?
Estamos caminando hacia
una plataforma política
unitaria para llegar a
Río +20, pero en
términos de alternativas
que se levanten con
solidez para una
sociedad nueva, nos
queda por reflexionar y
construir.
Los indígenas y los
campesinos están
mostrando sus propias
alternativas. Los
primeros defienden los
bosques como espacios en
los que se reafirma su
cosmovisión más que como
sumideros de carbono,
defienden el agua y los
recursos naturales no
solo como fuentes de
vida y sustento, sino
también como elementos
de construcción y
enriquecimiento de
identidad cultural. Los
campesinos proponen el
desarrollo de una
agricultura sustentable
con soberanía
alimentaria para enfriar
el planeta. La mayoría
de estos actores, son
desplazados y
expropiados de sus
tierras, criminalizados
y condenados al
desarraigo.
Sin embargo, cada vez
se hace más fuerte el
debate sobre la
recuperación de los
bienes comunes como
derechos de todos, la
utilización de otros
tipos de energía que
permitan dejar el
combustible fósil bajo
tierra, el desarrollo de
un sistema
agroindustrial cercano,
confiable, autónomo y
soberano, protagonizado
por campesinos,
indígenas, mujeres, con
acceso a las semillas y
a la tierra que permita
recuperar la materia
orgánica del suelo,
mejorar la producción
diversificada de
alimentos a pequeña
escala, expandir los
mercados locales, y
practicar una gestión
integrada de los
bosques. De ahí que sea
importante rescatar sus
territorios, mantener el
control sobre sus
tierras, acceder al agua
como bien común y
derecho humano, y al
derecho a usar e
intercambiar semillas, y
promover mercados
locales
descentralizados.
Desde estas
organizaciones que
históricamente han
participado en estas
luchas, va creciendo
una nueva subjetividad
que reconoce en la
Naturaleza la maternidad
absoluta, que rescata el
poder de la mística, la
emoción y la fe, que
practica la solidaridad,
que confía en lo
comunitario, lo local y
familiar, que defiende
la conexión entre todas
las cosas y seres que
coexisten en
interinfluencia
absoluta.
La nostalgia de un mundo
de colores y sabores
diversos, de olores que
guardan la memoria de
las lluvias que cayeron,
el sabor de la fruta
real con arrugas y
manchas, es más fuerte
que los discursos vacíos
y las falsas soluciones.
Para lograr interpelar
al sistema tenemos que
construir una agenda
común y dar pasos hacia
la plataforma política
que va a llevarnos a
Río. Ya estamos
acercándonos a esa
plataforma a partir de
los debates en el Foro
social temático en Porto
Alegre, una plataforma
política que debemos
tener cerrada en mayo.
Hay que trabajar en
plataformas nacionales y
en movilizaciones
locales que presionen a
los gobiernos de cada
país.
Al Proyecto de la
economía verde que
concibe a la
privatización de la
naturaleza como la clave
para su protección, se
enfrenta el Proyecto de
Declaración de los
derechos de la Madre
Tierra, que plantea que
la Tierra es un ser
vivo, con el cual
tenemos una relación
complementaria,
interdependiente y
espiritual…
Para que nuestra
alternativa sea capaz de
pelear en el sistema de
correlación de fuerzas
que marca los rumbos
elegidos debemos asumir
algunos retos:
-Contribuir en una lucha
colectiva, orgánica y a
largo plazo mientras la
sobrevivencia es un
logro de cada día.
-Reconocer y trabajar
con las diferencias
entre los ritmos de
actuación del capital y
los del movimiento
social, muchas veces,
más lento.
-Democratizar las
estructuras del Estado
como condición para la
participación y el
control popular en estos
temas y en otros.
-Construir un debate
profundo entre
movimientos sociales y
gobiernos que reconozca
todos los ejes que se
cruzan en estrategias y
políticas.
-Reconocer y contener
las diferencias entre
las contribuciones que
puede hacer el
movimiento social con
capacidad movilizadora y
las que hacen redes y
otras organizaciones
desde otra práctica
política.
-Profundizar en la
formación y la
comunicación de estos
temas.
-Ser permanentemente un
movimiento abierto,
inclusivo y diverso que
revise críticamente su
propio proceso de
construcción y
actuación.
-Concebir la unidad como
resultado complejo de
la integración de
diversidades en el que
cristaliza un acumulado
que no puede
desconocerse. La unidad
no puede ser una
consigna vacía, ni un
muro de cartón pintado
de acuarela.
Este movimiento sabe
bien, aunque con
diferencias, de donde
parte en este viaje y a
donde no quiere regresar
más, pero las metas,
los modelos, están por
construirse, lo que
exige de exploración,
de innovación, de
frescura, de
atrevimientos, del uso
de todos los saberes, de
la aceptación de las
curvas que aparecerán en
un camino que no puede
ser lineal, de la
tolerancia ante los
regresos o fracasos, y
sobre todo, de la
celebración ante las
victorias por pequeñas
que sean. Es necesario
contarse las victorias,
cada triunfo, y
compartir los pasos. Así
podrá ser más fuerte y
sano como organismo
vivo, resistente y capaz
de abrazar a los
millones que ya
despiertan en el difícil
parto de otro mundo.
La posición de las
organizaciones cubanas
en este debate
Las organizaciones
cubanas se insertan en
este debate de múltiples
modos y en diferentes
espacios. Recientemente
han debatido hasta
llegar a un consenso
amplio de cara a Río.
Esta posición común
parte de reconocer que
los acuerdos y retos
asumidos en la
Conferencia de Naciones
Unidas de medio ambiente
y desarrollo celebrada
en 1992, no han tenido
un seguimiento efectivo
en estos 20 años y por
el contrario se han
continuado agravando los
problemas del equilibrio
ambiental y la
sustentabilidad del
mundo. Defienden como
paradigma alternativo el
desarrollo sustentable
desde lo social, lo
económico y lo
ambiental.
Para las organizaciones
cubanas, la economía
verde es un concepto
controversial e
insuficiente, todavía en
construcción y carente
de un enfoque
multisectorial y
multidimensional, y lo
que es aun más
significativo, funcional
a la economía de
mercado. Por ello
defienden una economía
ecológica basada en el
desarrollo en acciones
ecológicas sustentables
a favor de la
erradicación de la
pobreza. Mientras no
haya un enfrentamiento
fuerte y global a las
trasnacionales
responsables de la
acumulación del capital
no caminaremos hacia la
verdadera justicia
social y ambiental.
Como consenso más fuerte
y compartido, es la hora
de construir un nuevo
orden económico mundial
y buscar mecanismos
concretos, efectivos,
integradores, de
cooperación y
complementación, que
sirvan a la erradicación
de la pobreza, evitar la
exclusión sin
inequidades, eliminar
las desigualdades sin
discriminación ni
violencia y valorizar
los derechos
fundamentales.
Las cubanas y cubanos
debemos buscar espacios
de debate en Cuba sobre
estos temas y
problematizar
concepciones y métodos,
principios y marcos
éticos pero también
decisiones concretas y
operativas que dan
cuenta y tributan a una
visión que puede ser
radicalmente distinta a
otra. Bajo la premisa de
que los medios hacen los
fines y no son los fines
los que justifican los
medios, debemos plantear
estos debates en el
campo de los paradigmas
como siempre hizo Fidel,
y debemos hacerlo entre
todos y todas con
verdadera participación
popular.
Las decisiones que se
tomen en estos terrenos,
las políticas que se
asuman, siempre
atravesadas por
complejidades propias de
luchas históricas, no
pueden estar bañadas de
pragmatismo. No podemos
darnos ese lujo. Más que
nunca antes, debemos
buscar referentes éticos
históricos de la
Revolución Cubana y
pensando en la Cuba que
soñamos contribuir en
este camino a Río +20,
un camino que debemos
hacer nosotros, los
pueblos.
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