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Dentro de la Historia
del arte en Cuba y sobre
todo en los años 60, hay
una manifestación
gráfica que no se puede
obviar, es el cartel,
que ocupa un espacio
fundamental debido a sus
conquistas expresivas y
conceptuales. Resulta
imprescindible definir
el cartel como un
anuncio con imágenes de
impacto visual o
sarcasmo que invite al
transeúnte a mirar y
reflexionar sobre lo que
se quiere transmitir,
que se imprima un número
determinado de veces y
se coloca en lugares
públicos con el objetivo
de divulgar lo que se
anuncia. En ese mismo
orden estético, el
artículo apuntará
solamente a las obras
que han trascendido por
sus valores artísticos a
la Historia del arte en
Cuba y no a los anuncios
ilustrados que se
publicitan como
carteles.
Aunque han sido muchas
las temáticas abordadas
en el cartel, nos
referiremos a las piezas
que tienen que ver con
la política
internacional de nuestro
pueblo y específicamente
los creados a partir de
los años 60 hasta
nuestros días. La
vocación
internacionalista que
tenemos se expresa en el
apoyo incondicional a la
lucha por la
emancipación de los
pueblos, después al
apoyo técnico,
educacional, más tarde
con la ayuda médica,
profesional y con
medicamentos a los
países que lo necesitan,
y desde hace unas
décadas, al llamado por
el cuidado del
ambiental y a la
necesidad de paz para
preservar la vida del
hombre en nuestro
planeta y ese criterio
se refleja en los
carteles realizados a lo
largo del recorrido
antes referido.
El primer cartel
internacionalista que
nos encontramos a lo
largo de la Historia del
cartel pertenece a
“Integralidad” alusión
al 1º de mayo (1959), de
Oscar Morriña Rodríguez
(No.1925). La obra
obtuvo el primer premio
en un Concurso
auspiciado por la
Central de Trabajadores
de Cuba (CTC). El
concurso convocó elegir
el mejor cartel que
festejara el Día
Internacional de los
Trabajadores. La obra
resulta un ejemplo de
la sincronía visual de
Cuba con el mundo. El
diseñador, que también
laboró muchos años como
profesor de Diseño en la
Carrera de Historia del
Arte, resolvió de manera
sencilla el título con
los atributos de trabajo
manual, con un lenguaje
moderno, sin caer en el
manido y tradicional
hombre fuerte que empuña
una herramienta de
trabajo.
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Más tarde, “Vietnam,
estamos contigo” (1963),
de Jesús Forján Boade,
(No. 193-2010), resulta
el primer cartel
dedicado a Vietnam con
que contamos. Un soldado
en un primer plano,
arenga a la lucha. La
diagonal del brazo,
junto a la bandera nos
transmite un sentimiento
de dinamismo,
complemento del grito de
lucha que se expresa en
el rostro del soldado.
Es el primer cartel
sobre Vietnam, que
inaugura una galería muy
prolíferas de carteles
con este pueblo hermano.
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Desde 1962, el Museo
Nacional de Bellas Artes
exhibía Salones de
Carteles, y en 1966,
hacen el IV Salón con
carácter competitivo y
los dos carteles que
ganan premios con tema
político son “Saludados
el VII aniversario de la
Revolución y la
Conferencia de la
Tricontinental”, de
Héctor Villaverde Afú
(No.1939) y el segundo
lugar lo obtuvo Alfredo
González Rostgaard (No.
1943-2004) con el mismo
título, pero con
diferente concepción.
Este último diseñador,
como trabajó en la
OSPAAL por mucho tiempo
hizo numerosas obras,
que se han convertido en
clásicas y antológicas
en la Plástica cubana.
Los salones del Museo no
continuaron, pero en
1969 se retoma el
concurso con el Salón de
carteles 26 de Julio,
auspiciado por la
comisión de Orientación
Revolucionaria del
Comité Central del
Partido Comunista de
Cuba.
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También resulta
importante la necesidad
de apoyo y solidaridad
del mundo con nuestro
pueblo, para ello se
escogió la fecha del 26
de Julio. En “26 de
julio / XIV aniversario
del Asalto al Moncada”
(1967), de Olivio
Martínez Viera
(No.1941), el diseñador
rasgó el papel negro y
dentro de las dos áreas
colocó un círculo
referenciando al sol, al
amanecer del día, pero
además utilizó los
colores de la bandera
del 26 de Julio, negro y
rojo con las siglas del
movimiento 26 de Julio:
M-26-7, con tan pocos
recursos, pero con mucha
originalidad Olivio hace
que miremos un cartel de
aniversario y nos
provoca mirarlo, verlo y
reflexionar sobre él con
sus soluciones
expresivas.
En 1967, Frémez José
Gómez Fresquet (No. 1937
y 2007) —realizó uno de
sus fotoimpreso “De la
canción americana” y más
tarde, viendo su impacto
visual como cartel lo
reprodujo un año más
tarde —1968— y se
conoció como “La modelo
y la vietnamita” como
serigrafía e invirtió la
imagen aprovechando el
hábito occidental de la
lectura de derecha a
izquierda. La mirada
entra por el lápiz
labial y termina en la
vietnamita golpeada y
sangrante en la boca,
sangre del mismo color
del creyón de la modelo.
El uso de los colores
rojo y amarillo le
brinda a la obra unidad
y cohesión, lo que
enriquece sus valores
formales y visuales. El
artista envió esta pieza
a competir en “La
exposición de La
Habana”, de 1969, donde
obtuvo una mención. La
Casa de las Américas
auspiciaba ese salón
desde 1962 hasta la
década de los 70,
después se llamó
Encuentro de Grabado,
ambos han potenciado las
artes gráficas en la
región del Caribe y
Latinoamérica.
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Otro cartel
paradigmático resulta
“Jornada de solidaridad
con Camilo Torres” —más
conocido como el
Cristo-guerrillero—
(1969), de Rostgaard. En
este título, el autor
utiliza por única vez en
su vida el óleo, y tal
parece una pintura, pero
el fusil al hombro del
Cristo, que lo enfatiza
en un fondo más claro y
la correa del fusil que
la que dota de un toque
de luz, le brinda a esa
obra el gancho a la
mirada que lo clasifica
como cartel, y no como
una pintura. El original
de esa pieza se
encuentra en el Museo
del Cartel de Wilanow,
en Polonia.
Resulta importante
señalar que la vocación
internacionalista de
nuestro pueblo continúa,
el mismo Rostgaard fue a
trabajar a Angola como
diseñador en diversos
periódicos y revistas en
la década de los 70.
“Día de la solidaridad
mundial con la lucha del
pueblo de Palestina”
(1972), de Olivio
Martínez Viera, fue un
trabajo antológico,
porque utilizó la
tempera sobre cartón
como si fuera un óleo,
pero el gancho de usar
el mismo palestino con
una cabeza y dos
rostros, a la vez con
dos fusiles para
decirnos que ese pueblo
tiene que andar así si
quiere vivir. Esa
solución le ofrece a la
obra un sentido
cartelístico, que
incluso le sobra el
lema, la tipografía. La
solución formal deviene
atrevida e intrépida sin
ser irreverente. Nos
hace mirar y volver a
mirar. Sobre el cartel
de Olivio debemos
señalar que Osmani
Cienfuegos, ejecutivo de
la OSPAAL y de la
revista
Tricontinental,
llevó el original a
nuestro comandante Fidel
y este se lo obsequió a
Yasser Arafat, jefe de
la Intifada.
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“Jornada de solidaridad
con los presos políticos
y contra las dictaduras
fascistas” (1975), de
Modesto Braulio Flórez
(194?) presenta una
imagen tan brutal para
darnos el símil con las
dictaduras fascistas y
los presos políticos.
Una mariposa con sus
alas desplegadas símbolo
de la libertad no puede
replegar su vuelo porque
unas gruesas puntillas
la fijan a una
superficie. Este cartel
no ganó premio en el
Salón Nacional de la
propaganda gráfica 26 de
Julio, aunque compitió,
sin embargo le otorgaron
el premio a otra obra
con el mismo tema, pero
con un lenguaje
expresivo de décadas
anteriores.
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Cuba manifiesta su apoyo
solidario a los países
amigos con colaboradores
y ayuda material o
profesional y ello se
expresa en los carteles
con otros elementos
formales. Nuestra
vocación no ha cambiado,
pero las condiciones de
los países han
evolucionado y se ha
dinamizado con el tiempo
y nosotros, sin
renunciar a nuestros
principios reflejamos la
solidaridad de otra
manera, pero apoyo y
ayuda al fin y al cabo.
Los maestros voluntarios
viajaron a Nicaragua
Sandinista para ofrecer
sus experiencias en la
erradicación del
analfabetismo, y ayudar
a mejorar el
conocimiento de adultos
hijos del pueblo
hermano, después del
triunfo sandinista en
marzo de 1979.
En la década de los 80
sigue empeorando la
situación económica en
la América Latina. La
deuda externa de los
países subdesarrollados
se acrecienta, pero en
esos momentos la deuda
adquirida multiplica en
el monto de lo prestado
en décadas anteriores.
Los bancos
internacionales insisten
en el pago y los países
no tienen con qué pagar.
Se debaten en el dilema:
si pagan no sobreviven.
“A pensar, a unirse y
buscar soluciones”
(1985), de Faustino
Pérez Organero, (No.
1942), solucionó la idea
con una fruta comida, y
de las mordidas sugieren
claramente la América
del Sur. La idea de
unidad, la necesidad de
unión para salir del
subdesarrollo y
conquistar la
autodeterminación de los
pueblos subdesarrollados
se patentiza en este
trabajo.
“La deuda externa”
(1987), de Rafael
Enríquez Vega (No.
1949), apunta a un
problema clave para los
países subdesarrollados.
Claro que tiene una
reminiscencia de la
crucifixión de Dalí,
pero el diseñador la
reinterpreta. El hombre
no lo pinta desde una
perspectiva cenital,
sino nadir, aunque la
luz entra por la derecha
para hacer más clara la
idea que se quiere
comunicar. Y también
reformula la cruz por el
signo del dólar. El
sarcasmo a la mirada no
puede ser más fuerte.
Los códigos conocidos,
subvertidos resultan
efectivos y directos al
transeúnte que se
detiene a mirar, a ver.
Como paliativo a la
crisis provocada por los
préstamos a los países
latinoamericanos se crea
el ALCA, pero se ha
comprobado que ha sido
una solución fallida, a
la esperanza que les
dieron a los pueblos los
gobernantes que cayeron
en las promesas de
mejoría y firmaron el
tratado que, a la
postre, empeoró la
situación económica de
los pueblos. “ALCA”
(2002), de Leonid Prado
Narajo (No. 1974) de
manera agresiva nos
transmite esa idea, y
con una fotografía que
se atienen a los
requerimientos del
cartel.
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Muchos fueron los
carteles que se
dirigieron a la figura
de Ernesto Guevara como
modelo de
internacionalista sobre
todo en la década de los
60, el de Rostgaard, el
de Helena Serrano, el de
Ñiko, pero quiero
detenerme en “Hasta la
victoria siempre”
(1997), de París Volta
Rodríguez (No.
1971-2003) que utiliza
una degradación de color
para dirigirnos el
sentido de la mirada
hacia el cielo. En el
área inferior, parte de
los ojos del Guerrillero
Heroico es para
convertir la imagen de
dos sables cruzados de
la emblemática boina del
Che, —referente: la
fotografía de Alberto
Díaz Gutiérrez (Korda)
—con cierta
reminiscencia a un ave,
pero aún no conformada.
Después sigue
ascendiendo y convierte
el símbolo en un ave,
hasta que echa a volar
una paloma blanca en el
cielo azul, entre las
montañas, que por su
tratamiento asemejan la
boina del Guerrillero
Heroico.
En la cumbre de Río de
Janeiro, Brasil, nuestro
comandante en jefe Fidel
Castro advirtió que la
especie humana estaba en
peligro de extinción.
Era importante concretar
acuerdos para preservar
el planeta y con él al
hombre. El cuidado del
medio ambiente debía ser
un renglón
imprescindible en la
agenda de los jefes de
estado para mantener la
vida en el mundo, pero
no siempre se logra que
los países que expulsan
más sustancias tóxicas a
los mares u otros países
firmen los acuerdos
necesarios para evitar
este daño a la
humanidad.
La carrera armamentista,
la amenaza nuclear
unidas a la crisis
financiera internacional
no permiten la
convivencia pacífica y
resulta imprescindible
un llamado a la paz,
para lograr un mundo
donde podamos respirar y
vivir. De eso trata este
cartel que pertenece a
un tríptico: “Por la
paz, el humanismo,
contra la amenaza
nuclear” (1990), de
Emilio Gómez Cruz (No.
1939) y Asela Pérez
Bolado (1931-2001),
donde por contraste se
da la idea. En la parte
inferior, el armamento y
en la superior un sol
rojo. Las guerras en el
Oriente Medio nos
conmueven porque son
pretextando las armas
nucleares, pero
realmente los
imperialistas quieren
conquistar el petróleo a
cambio de la pérdida de
vidas humanas. La paz no
es un lema, es una
necesidad vital para el
hombre.
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El cartel como
manifestación artística
necesita una nueva
mirada, una mejor
valoración estética y
más justa en nuestro
país. Son múltiples los
aportes del cartel a la
historia del arte
cubano, lo hemos visto
como ejemplo de
sincronía visual con el
mundo; por el uso de un
mínimo de recurso y un
máximo de impacto
visual; por el contraste
y la coherencia en sus
soluciones; por el
original manejo de la
pintura, que la
subvierte como cartel;
por el uso tan novedoso
y directo del símil; por
la reinterpretación
creativa de códigos ya
probados, pero
renovados. En este
sentido, la pequeña
galería ahora presentada
de carteles constituye
la memoria gráfica del
internacionalismo en el
cartel político cubano y
de manera específica
vemos que el lenguaje
expresivo ha
evolucionado junto al
proceso de solidaridad
de Cuba con los pueblos
del mundo. |