La Habana. Año X.
11 al 17 de FEBRERO
de 2012

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      La lamentable Europa de estos tiempos

Guillermo Rodríguez Rivera • La Habana

Durante muchos años, los latinoamericanos que ansiábamos un destino digno para nuestros países, al menos uno que no avergonzara a nuestros próceres, a un Simón Bolívar, a un José Martí, vivíamos avergonzados de lo que era la Organización de Estados Americanos.

La OEA, fundada después de la Segunda Guerra Mundial y a continuación de las Naciones Unidas, no podía ser otra cosa que la suma de gobiernos que la integraban.

Juan José Arévalo hablaba del tiburón y las sardinas, para describir las diferencias de poder y las relaciones entre los poderosos EE.UU. y las repúblicas que, junto a ellos, conformaban la membresía del organismo regional.

De este lado del mundo, el gobierno estadounidense y la Agencia Central de Inteligencia, habían expulsado con absoluta libertad a todos los presidentes latinoamericanos que habían sido capaces de molestar —así fuera en lo más mínimo— a los múltiples, diversos, omnipresentes intereses norteamericanos, repartidos por todas las esferas de la vida.

Liquidaron regímenes nacionalistas como los de Getulio Vargas en Brasil, y Juan Domingo Perón en la Argentina; al democráticamente electo Jacobo Árbenz lo derrocaron por haber hecho una reforma agraria que afectaba a la Mamita Yunai, la dueña de todas las tierras de Guatemala; a Salvador Allende, el Premio Nobel de la Paz le organizó un golpe de Estado regenteado por el fascista Pinochet; a República Dominicana la invadieron —con el pronto concurso de la OEA— cuando los constitucionalistas quisieron reponer en la presidencia al libremente electo y derrocado Juan Bosch. En fin, la lista es demasiado larga.

Pero la OEA cambió porque cambió la mayoría de los gobiernos latinoamericanos, que ya no son los alabarderos que EE.UU. iba colocando en el poder en nuestras repúblicas.

América Latina ha creado incluso la CELAC, una unión de las repúblicas latinoamericanas, sin EE.UU. ni Canadá.

La que en estos tiempos recuerda a la vieja OEA es la Unión Europea, integrada por gobiernos de derecha o con algunos regímenes socialdemócratas que se diferencian de los conservadores en… nada.

Para calibrar cuál es la Europa que existe hoy, no hay más que leer la página editorial del ilustre diario español El País.

En un reciente editorial, el diario español ve una agresión a la causa de la “dignidad” (le llama “veto infame”) al veto que en el Consejo de Seguridad de la ONU han dado Rusia y China a la resolución que quería convertir a Siria en el próximo país invadido por la OTAN. Para El País, era una resolución “moderada”. Lo era también la que no vetaron los dos países y significó arrasar a Libia con inacabables bombardeos y linchar a Muamar el Ghadafi. En eso la convirtieron los países de la OTAN, con EE.UU. a la cabeza.

Ahora, el diario madrileño ha descubierto que “no es operativo” el Consejo de Seguridad de la ONU. No lo vio cuando EE.UU. vetó por años el ingreso de la República Popular China en la ONU, o cuando veta, en solitario, cualquier sanción contra Israel. Menos mal que allí, también con derecho a veto, están Rusia y China, para que los EE.UU. no puedan hacer lo que quieran con cualquier gobierno que no le satisfaga. Cuando logra hacerlo, detrás van los enanitos europeos, acompañando a su Snow White, que más bien parece la reina bruja. En fin, que ya EE.UU. tiene una OEA de repuesto.

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.