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En el mundo actual,
sujeto a dinámicos y
complejos procesos de
globalización, la
cuestión ambiental es
resultado de la
generalización sistémica
de problemas puntuales,
locales, que los hace
trascender a otras
escalas hasta alcanzar
dimensiones planetarias.
En los lugares en que
habitamos los hombres y
las mujeres, se originan
muchos de esos problemas
y con nuestra actividad
habitual, contribuimos,
de modo más o menos
consciente a su
incremento.
Cotidianamente lidiamos
con la contaminación del
aire o del agua que
consumimos, con la
degradación del entorno
físico construido, con
deficiencias del
saneamiento de nuestro
hábitat, y con muchos
otros problemas de salud
o de las relaciones
interpersonales que
atentan contra la
armonía de la compleja
ecología humana.
El 5 de junio de cada
año se celebra en todo
el mundo el Día del
Medio Ambiente. En 2011
la celebración se enfocó
en la relación entre la
salud de los ecosistemas
forestales y la salud
humana, partiendo de que
el
bienestar físico, mental
y social tiene que ver
con la eficacia con que
se integran los seres
vivos en su entorno. El
desarrollo sostenible de
los
bosques es un tema
clave, pues constituyen
el hábitat de alrededor
de dos tercios de todas
las especies sobre la
tierra
y las dificultades que
representan las
estrechas relaciones
entre
la deforestación, que
implica hasta un 20 por
ciento de las emisiones
globales de gases de
efecto invernadero, los
cuales incrementan el
calentamiento global y
en consecuencia
contribuyen al cambio
climático.
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Se
trata así de enfatizar
la integración del
hombre en y con los
ecosistemas forestales,
en la visión ecológica
de estos últimos,
irreductible a la mera
condición de recursos
naturales económicos, ya
que, además, proveen
múltiples servicios como
la depuración de las
aguas y el aire, moderan
el clima y ofrecen un
entorno apropiado para
la satisfacción de
necesidades de descanso
y recreación,
importantes para el
sostenimiento de
las capacidades
cognitivas y emocionales
que demanda la vida
cotidiana y la
integración social de
cada individuo, grupo
humano o la Humanidad
toda, en el inmenso y
complejo conjunto de
relaciones sistémicas
que es el Universo.
En este sentido
integrativo, el
conocimiento es un
factor de la
sensibilidad, de la
conciencia de que la
humanidad es parte de la
naturaleza con un modo
específico de
adaptación: la cultura,
nos hace conscientes de
la relación con el
ambiente del cual somos
parte;
conscientes de, además
de conocimientos, un
saber ético que
fundamenta la
consideración de las
consecuencias de
nuestros actos
cotidianos, cultura que
nos permite la
valoración ecológica de
nosotros mismos en
nuestro hábitat y
estipula nuestras
decisiones y acciones.
¿De qué modo se
desarrolla la conciencia
individual y colectiva
sobre el papel que
jugamos en la generación
de los problemas; en el
modo de prevenirlos; en
la remisión de los
reversibles o en la
mitigación de sus
efectos? ¿Cómo vernos
cada uno de nosotros en
esa totalidad global
contradictoria y única
que “fragmentamos” en
la noción incompleta
del medio ambiente?
El modo especial —propio
de la especie— en que
los seres humanos se
relacionan en el
ecosistema que habitan,
es esencialmente
cultural. La cultura
manifiesta la condición
humana al regular las
múltiples relaciones
ecológicas que el ser
humano establece en su
hábitat. Las relaciones
ecológicas del hombre no
son solo materiales o
tecnológicas propias de
la actividad económica,
las relaciones
ecológicas de la especie
humana son múltiples y
diversas y se extienden
por todo su hábitat;
piensa acerca de sus
ideas, reflexiona sobre
sus ideas en un proceso
mental que le ayuda a
interpretar y
comprenderse a sí mismo
en su entorno y a
comprender el sentido y
los resultados de sus
acciones y de su modo de
ser en ese entorno, le
orienta en su actividad
cotidiana. La actuación
sistemática y reflexiva
es esencialmente propia
de la condición humana.
Reflexionar —pensar
detenidamente en algo
con la finalidad de
sacar conclusiones
basadas en las ideas
resultantes—
es un proceso mental que
nos da capacidad de
comprender e interpretar
tanto los hechos de la
realidad que percibimos
como la información que
nos llega por diferentes
vías. Pensar
críticamente sobre esa
información, cuestionar
su validez y sacar
nuestras conclusiones,
lograr ideas que emergen
de esa reflexión
personal, orienta la
filosofía personal del
individuo y su voluntad
de decidir y actuar
conscientemente en la
transformación del
mundo, su mundo, su
ecosistema, su barrio,
su entorno, su ciudad,
su familia, colectivo de
trabajo o cualquiera que
sea el contexto en que
cada individuo se vea a
sí mismo según la
trascendencia de la
compleja trama de
relaciones sociales que
despliega en su
actividad cotidiana.
La perspectiva del
individuo sobre sí mismo
se entrama en la
compleja red de
relaciones sociales que
establece. La
generalidad de cubanos y
cubanas entiende y
expresa que medio
ambiente es “todo”,
concepción que se
corrobora en los
resultados las
investigaciones
realizadas sobre
percepción ambiental en
Cuba. Los sesgos, las
diferentes posiciones
individuales desde las
cuales se concibe, se
percibe el ambiente como
totalidad, se evidencian
cuando se profundiza en
esa concepción. Son una
minoría quienes expresan
el natural sentido de
totalidad —que incluye
al ser humano— y muchos
menos quienes conciben,
se representan y
expresan al ser humano
como parte de esa
totalidad con un modo
especial y complejo de
adaptación al medio: la
cultura.
La realidad alimenta el
modo de pensar desde la
actividad, así cualquier
hombre o mujer se piensa
a sí mismo, y reflexiona
y actúa desde su
condición de género,
edad, además desde su
filiación a las más
disímiles instituciones
a las que se refiere
como ser social, desde
la pareja, la familia
―unidad
básica de la sociedad―
y su rol en ella,
pasando por la condición
de residente de un lugar
específico, practicante
de una creencia o
religión, como
trabajador de una
determinada
organización, ya empresa
estatal, cooperativa o
cuentapropista,
ingeniero, campesino,
profesor; diferentes
esferas y modos de
actividad que se
conjugan en un mismo
individuo.
La formación de
conciencia acerca de la
relación entre nuestra
actividad social
cotidiana, la génesis de
pequeños problemas
ambientales locales y la
generalidad de la
cuestión ecológica
global, se basa en la
concepción holística
sistémica del universo y
de nosotros mismos en
este y pasa por la
concepción de la
existencia de la
ecología individual que
nos integra a la
ecología social y global
interpenetrados.
Los referentes globales
contemporáneos de la
cuestión ecológica
tienen implicaciones en
nuestra realidad que se
anidan en las
condiciones locales
presentes en el contexto
nacional. Pensar sobre
los problemas de nuestra
realidad es
imprescindible.
Un espacio público para
exponer, explicar y
debatir ideas son los
talleres sobre temas de
medio ambiente y
sociedad que organiza
cada año el Grupo de
Estudios sobre Medio
Ambiente y Sociedad
(GEMAS) del Instituto de
Filosofía, en los que se
expresan las ideas sobre
ecología en la sociedad
cubana, se polemiza
acerca de las relaciones
socioecológicas que se
establecen en Cuba,
desde las más diversas
prácticas presentes en
todas las esferas de
actividad posibles.
Concebidos como
“espacios de creación
ínter subjetiva” son
coauspiciados por la
Sección de Medio
Ambiente de la Sociedad
Económica de Amigos del
País y contribuyen a
“investigar, estudiar y
promover la discusión
sobre aspectos teóricos,
metodológicos e
ideológicos de las
investigaciones
concernientes a las
interrelaciones de los
subsistemas sociales
del medio en los
subsistemas físicos ―ya
sean naturales o
construidos―
desarrollando vías para
abordar la investigación
de la dimensión humana
del medio ambiente en
varias escalas de
aproximación”; misión
definida desde el año
2000 por y para el
GEMAS.
El GEMAS es un grupo
abierto a la
participación individual
y colectiva en el
Instituto de Filosofía
que investiga el
pensamiento ecológico,
ecológico político,
ambiental educacional y
en general realiza
aportes autóctonos al
saber ambiental, un
campo del saber sobre el
“sistema complejo y
dinámico de
interrelaciones
ecológicas,
socioeconómicas y
culturales de la
sociedad, que
coevoluciona a través
del proceso histórico”
en perenne construcción.
Algunos de los
resultados de
investigación
sociofilosófica logrados
por el grupo tratan
temas de la
participación popular en
la gestión ambiental
local, los fundamentos
teóricos, pensamiento
sociofilosófico
ambiental, y
constructos teóricos y
su aplicación en Cuba.
Un importante producto
de la investigación es
el CDROM:
Sociedad/Entorno Cuba,
disponible en el centro
de documentación de la
Institución.
Al lograr un pensamiento
reflexivo sobre
cuestiones ecológicas de
interés universal vista
desde la perspectiva
cubana
―una
sophia cubana,
irreductible a una
filosofía académica―
el GEMAS propicia el
desarrollo de conciencia
individual y colectiva
sobre el papel que
jugamos en la generación
de los problemas
ecológicos, sobre el
modo de prevenir esos
problemas y sus efectos,
y en la mitigación de
aquellos que sea
posible.
El pensamiento ambiental
abarca muchísimos otros
problemas globales
actuales como la
pobreza, el desarrollo,
la cuestión del poder
político, el
conocimiento científico,
el saber cotidiano, la
educación, la ética y la
bioética global
contemporáneas. La
generalidad del
pensamiento universal
que se ocupa de las
ideas acerca de las
relaciones humanas en la
naturaleza de la cual
forma parte
―la
ecosofía―
abarca todas las
diferentes cosmovisiones
de todas las culturas,
conectándolas mediante
los valores universales
del “fondo de oro de la
humanidad” como premisas
básicas comunes,
abriendo una perspectiva
axiológica
―no
la única―
al diálogo entre
civilizaciones a partir
de valores como la
justicia, sistematizados
con otros como la
autonomía, la
solidaridad y la
autorresponsabilidad
ecológica. |