La Habana. Año X.
4 al 10 de FEBRERO
de 2012

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Sara González en los mares del porvenir
Ni en el portal ni en el sillón
Pedro de la Hoz • La Habana
Fotos: R. A. Hdez. (La Jiribilla)

Los obituarios son parte del oficio periodístico. Quién sabe cuántos habré escrito y los que me faltan por escribir. Pero esta vez la muerte toca demasiado cerca y uno termina por decir cosas que no ha querido. Al menor picuísmo de la prosa, o a la primera frase de conmiseración, Sara es capaz de rearmarse desde las cenizas y con su voz única, rotunda e irrepetible, soltarme un improperio.

Una de las mejores maneras de evitar el exabrupto pasa por el ordenamiento cronológico de su vida y obra artísticas. Saltar etapas de formación y observarla en el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC —la más joven trovadora del equipo—, bajo las enseñanzas de Leo Brouwer y Federico Smith, y la tutela de los más crecidos: Silvio, Pablo, Noel, Sergio, Emiliano, Eduardo. O contemplarla en la pantalla del Noticiero ICAIC, de Santiago Álvarez, donde ratificó con la "Canción de los CDR", de Eduardo Ramos, la conjugación de épica y lozanía.

Sara empinó su canto desde diversas facetas. La que grabó, para la Casa de las Américas, su primer disco de larga duración con los versos de Martí. La cantautora que interpretó las canciones de otros y otras. La voz que conquistó el teatro Alcázar, de Madrid, y el Auditorio Nacional, de México. La que integró una fenomenal triada caribeña junto a Sonia Silvestre y Lucecita Benítez. La que despachó los boleros del filin y las guarachas más sabrosas. La que nos mató de la risa con su incursión en el Conjunto Nacional de Espectáculos, al lado de Virulo, Tatica, Carlos Ruiz de la Tejera y el chileno Jorge Guerra. La que afianzó hermandades con el combativo Andrés Gómez y los directores de las bandas que tuvo, Pepe Guaicán y el inefable Pucho López.

Así fue hasta ahorita mismo, derrotada por la enfermedad, pero jamás vencida. Con su compañera Diana Balboa, artista extraordinaria, urdía nuevos planes para el Jardín de la Gorda, que embelleció con pinturas y dibujos de la vanguardia pictórica y de algún que otro amigo, como Sigfredo y Abel. Y pensaba en Marta Campos y Heidi Igualada para seguir tales andanzas y girar nuevamente por las ciudades de la isla con exposiciones de Diana y trovadas de Angelito Quintero y los juglares de la localidad y los muchachos de las escuelas de arte. Solo espero que el Jardín continúe floreciendo y el itinerario nacional no concluya.

Quiero hacer visible el Ángel de la Jiribilla —ah, Lezama—, que siempre acompasó su ternura y hasta los estallidos de cólera, estados de ánimo en los que transparentó la tremendísima humanidad de su persona.

Es la Sara que este último sábado en la mañana recomenzó su leyenda cuando sus cenizas fueron esparcidas en las aguas de la Corriente del Golfo, frente al litoral habanero. En la plataforma de popa de uno de los buques de mayor porte de la Marina de Guerra Revolucionaria, una escuadra de muchachas guardiamarinas presentó armas tras el toque de silencio y dos trompetistas de la Banda del Estado Mayor General entonaron un pasaje de "Girón: la victoria". Y mientras las flores tapizaban las olas que bañaron las cenizas, el aire se inundó con la voz de Sara en ese luminoso y desgarrador bolero de Marta Valdés, "Palabras".


Cuando Sara cantó, por impulso propio, a la lucha por la emancipación de la mujer en una pieza que aplaudió más de una vez Vilma, dijo en un verso que no concebía que a ellas las confinaran al portal y al sillón. Sabia metáfora instalada ahora en los mares del porvenir. Desde las aguas, Sara no se detiene y canta.
 
 
 
 

GALERÍA de IMÁGENEs
Ceremonia donde fueron depositadas
las cenizas de Sara González en el mar


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Sara González


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Sara: tu nombre es pueblo


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Homenaje a Sara

GALERÍA DE IMÁGENES

sARA GONZÁLEZ
(Selección de canciones)

 

Amor de millones
Sara González
Querer tener riendas-Silvio Rodríguez

Su nombre es pueblo-Eduardo Ramos

De dónde viene el amor-Pepe Ordaz
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.