La Habana. Año X.
28 de ENERO al
3 de FEBRERO de 2012

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La catedral de los negros
(Fragmentos)

Marcial Gala (La Habana, 1964)

Berta:

El 27 de febrero del 2007, empezó el aparecido a atormentarme. La primera vez que lo vi, sentado en la entrada de la cuartería miraba hacia delante muy concentrado, como si esperara algo. Supe que estaba muerto porque tenía los ojos en blanco y estaba desnudo. Eran casi las seis de la tarde, hora en la cual los muchachos juegan futbol y la calle está llena de adultos que regresan del trabajo o van a sus negocios. Nadie se daba cuenta. Solo yo lo percibí, muy fuerte de cuerpo, tenía tatuado un escorpión en el hombro derecho y una serpiente  alrededor del ombligo, era alto y hubiera sido bonito si una herida de bordes abiertos no le cruzara el cuello de un lado a otro. Se señaló la herida con el índice de la mano derecha y los ojos llenos de lágrimas. Yo eché a correr.

Ese día no comí.

—Se me apareció un muerto en cueros  —le dije a mi madre.

—Tú siempre con tus bromas —dijo ella— deberías meterte a humorista.

—En serio.

—Pues tráelo para que cocine, tú no sabes hacer nada y yo ya estoy cansada de la peste a manteca.

No corras, me llamo Aramís y soy de Cabaiguán, me dijo la segunda vez que lo vi, un martes de mucho calor. Yo estaba en la escuela y le había pedido permiso al profesor de Química para ir al baño, no había hecho más que sentarme en la taza cuando se aparece él y me dice eso. Yo solo atiné a mirarlo y a decirle, tú no existes, luego cerré los ojos y al abrirlos ya no estaba, cuando regresé al aula estaba tan pálida que parecía Michel Jackson.

—Ya te iba a mandar a buscar —dijo el profesor— pensé que te habías ido por la taza del baño.

—Me siento mal, vi un muerto.

—Se notadijo él con una sonrisa, pero luego me autorizó a que me fuera.

Fui para mi casa, aproveché que mi mamá no estaba, cogí dos pastillas de diazepam, me las tomé, me senté en uno de los sillones de la sala y me balanceé hasta que las pastillas empezaron a hacerme efecto, entonces cuando ya los ojos se me cerraban, fui a acostarme y allí en la cama estaba el muerto.

—Me llamo Aramís y  soy de Cabaiguán, vine a Cienfuegos buscando una moto porque quería darle la sorpresa a Araceli, que me viera en moto quería, pero ya vez, me mataron y no encuentro la forma de regresar a mi pueblo y decirle que estoy muerto, llego a la terminal, pero no puedo montarme en la guagua, cuando pongo el pie en la escalerilla la guagua se hace humo y me vuelvo a ver en esa casa donde me hicieron esto.

El muerto se llevó la mano al cuello y luego pidió:

—Ayúdame.

 

Fragmento de la novela La catedral de los negros, de Marcial Gala, Premio Alejo Carpentier
de Novela 2012.

Marcial Gala. Narrador y poeta. Es autor de los libros de cuento Enemigo de los ángeles (1991); El juego que no cesa (1993); Dios y los locos (1995) y Es muy temprano (Editorial Letras Cubanas, 2010), así como de la trilogía Cienfuegos, capital del mundo, de la cual forman parte además Sentada en su verde limón y Monasterio. Es miembro de la UNEAC. Su texto La catedral de los negros recibió el Premio Alejo Carpentier 2012 en la categoría Novela.

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218—0869. La Habana, Cuba. 2012.