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El acercamiento de nuestros músicos
al legado martiano
Guille Vilar • La Habana

“…que se acerquen a Martí sin pena, sin pensar que se acercan a un dios, sino a un hombre más grande que los demás hombres, más sabio y más sacrificado que los demás hombres, y pensar que lo reviven un poco cada vez que piensen en él, y lo reviven mucho cada vez que actúan como él quería que actuaran”. Este fragmento, tomado de un discurso1 pronunciado por el Comandante Ernesto Che Guevara a un grupo de jóvenes durante un homenaje al Apóstol el 28 de enero de 1960, constituye el basamento que nos permite refrendar que cada día los músicos cubanos evocan la prédica martiana con el desarrollo de sus respectivas trayectorias artísticas. Es tal el alcance de las consideraciones martianas en torno a las profundas implicaciones de los conceptos Amor y Patria, o la necesidad de honrar la belleza que, en este tiempo de defensa de la ética que nos sostiene como sociedad, sus palabras funcionan como privilegiada brújula para nuestros principios. Muchos son los ejemplos que justifican tal afirmación, algunos de ellos quedarán en estas líneas.

Para quienes reconocen que sin comer es posible vivir, pero no sin amor2, la obra de Miriam Ramos es un manifiesto de su consagración a este sentimiento, de acuerdo con la definición martiana del mismo; esta idea persiste en cualquiera de sus discos  —es el caso del CD Siempre en mi corazón, dedicado a la obra de Ernesto Lecuona, empeño de excelencia que Miriam ha compartido con el talento del pianista Ernán López-Nussa, una verdadera joya del patrimonio de la nación cubana.

No hay razón para sorpresas, cuando idénticas sensaciones nos embargan con la música popular bailable ejecutada por Adalberto Álvarez y su Son, ejemplo del valor de lo verdadero que tanto alabó el Maestro3. Durante más de 35 años de una carrera marcada por la voluntad de hacer bailar con su música, Adalberto ha establecido códigos imprescindibles para tocar con las manos del corazón la raíz de nuestra cubanía. Desde “A Bayamo en coche” hasta “Bailando en La Tropical”, sin obviar la antológica “¿Y qué tú quieres que te den?”, representan propuestas válidas que muestran cómo la contagiosa alegría que provoca un sabroso son, para nada está reñida con el aliento que identifica al buen gusto.

Por otra parte, X Alfonso, joven cultor de géneros con referencias musicales actuales, se nos revela como un apasionado seguidor de la connotación que le otorga Martí a lo nacido del alma4. Sin necesidad de acudir a un inventario de su trabajo, la herramienta imprescindible para aprehender la obra toda de X Alfonso, es, sencillamente, comprender que Cuba se manifiesta como una constante ineludible. Su apego a la cubanidad profunda se manifiesta como una energía invisible que hábilmente conduce por territorios inexplorados, incluso de latitudes lejanas, pero que al final hace perceptible la huella de sus orígenes.

Tradicionalmente las reflexiones martianas en torno al tratamiento adecuado de la figura femenina5, han tomado cuerpo en la conducta inequívoca de nuestros músicos. Desde Sindo Garay y Beny Moré hasta Silvio Rodríguez —aunque cada cual en su estilo— el acercamiento a la mujer permanece rodeado por una esmerada poética que propicia imaginativas estrofas, henchidas de admiración y respeto. Agrupaciones como Buena Fe —que goza de gran popularidad en estos momentos— cuando enfocan el tema del amor de pareja, lo hacen con un lirismo tal que nos colmamos de orgullo por tratarse de una auténtica muestra del comportamiento predominante que, en relación con este tema, se manifiesta en la sociedad cubana contemporánea.

También aclamada es la continuidad por parte de los cubanos de hoy de la vibrante entrega del Apóstol a la Patria6. Entre nosotros tenemos a un trovador que podemos imaginar fácilmente lo mismo con la guitarra terciada al hombro en una de las temidas cargas al machete de la caballería mambisa en nuestras guerras de independencia que en una trinchera entonando su canción “Créeme”, el himno redentor de Vicente Feliú, desbordado de amor por nuestra tierra.

En ocasión del concierto por el aniversario 25 de vida artística de Liuba María Hevia, ante tanto desborde de emociones para celebrar lo hermoso de la vida, me tomé la licencia de recrear cuánto habrían disfrutado de este espectáculo aquellos para quienes la percepción de la belleza como un principio esencial de la ética resulta tan vital como la respiración. Entonces, permítaseme evocar al Maestro sentado entre la multitud que colma la sala del capitalino teatro Karl Marx, arrobado por la distinción y delicadeza de la música de Liuba y su grupo, esa melodía que nos hace cerrar los ojos para adentrarnos en una frescura como la del viento que anima nuestra cubana campiña. Sin embargo, tengo la certeza de que José Martí estaría igualmente complacido al presenciar otros conciertos de nuestros artistas por su alto rango profesional y en ese instante podría reiterar, con pleno conocimiento de causa, su afirmación “la música es la más bella forma de lo bello”7.
 

Notas:

1- Siete enfoques marxistas sobre José Martí. Editora Política. La Habana, 1978. Pp. 71-76

2- “Y sin pan se vive: - sin amor- ¡no!”. José Martí. Cuadernos de Apuntes.  T. 21, p. 130)

3- “Solo lo genuino es fructífero. Solo lo directo es poderoso. Lo otro que nos lega es como manjar recalentado”. José Martí. El Poema del Niágara, Nueva York, 1882. T.7, p.230

4-
“Solo va al alma lo que nace del alma”. José Martí. Cuadernos de Apuntes. T. 21, p.110

5- “¿De mujer? Pues puede ser/ que mueras de su mordida; / ¡Pero no empañes tu vida/Diciendo mal de mujer. José Martí. Versos Sencillos. 1889, T.16, pp. 16-17

6- “No se miente cuando se lleva a la Patria en el corazón”. José Martí. “Adelante juntos”, Patria. Nueva York, 11 de junio de 1892, T.2, p.16


7- “White”. José Martí.  Revista Universal. México, 13 de mayo de 1875. T.5, p. 293.

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.