La Habana. Año X.
28 de ENERO al
3 de FEBRERO de 2012 

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Demasiado en la sombra
Omar Valiño • La Habana

I

                                                                                                             Para K.

Dos importantes figuras del teatro cubano nos dejaron recientemente, demasiado en la sombra.

El 2012 teatral se abrió con la triste noticia de la muerte, en su Santiago de Cuba, de Ramiro Herrero Beatón, justo cuando se abre un año conmemorativo por el centenario de Virgilio Piñera, de quien él tomó Dos viejos pánicos y la devolvió lustrosa como una formidable puesta en escena, en la cual brillaron Nancy Campos y Dagoberto Gaínza.

Ramiro desplegó una intensa labor en varios frentes, todos imantados en torno al teatro. Profesor dentro y fuera de Cuba, escribió libros y artículos para distintas publicaciones nacionales sobre la historia del teatro en Santiago. Tablas lo tuvo entre sus páginas y entre los colaboradores primordiales de nuestro coloquio “Teatro de relaciones, de ayer a hoy”, que realizamos hace algún tiempo en la Casa de las Tradiciones, en el Tivolí. 

Su contribución esencial fue, sin dudas, participar del esplendor del Cabildo Teatral Santiago donde dirigió, entre otras, De cómo Santiago Apóstol puso los pies en la tierra y Cefi y la muerte, ambas de Raúl Pomares, las dos insoslayables en la poética del teatro de relaciones creado por esta gran agrupación.

Años después dirigió la polémica Asamblea de mujeres y en la “era” de los proyectos fue cómplice de varios de ellos y lideró Gestus, agrupación con la que realizó sus últimas puestas en escena. Valdrá la pena rescatar y reunir sus textos de creación y de pensamiento, pues resultarán imprescindibles para seguir la valiosa saga del teatro santiaguero, la que él mismo contribuyó a escribir, en un doble sentido, como uno de sus protagonistas.

II                                                      
                                               

  
 Para E.

El 25 de diciembre pasado, en su natal San Antonio de los Baños, actual provincia de Artemisa, falleció Félix Dardo.

Pícaro como era, cuentero natural, hombre de un gran sentido del humor, imprimió esas marcas en lo que fue la mayor realización de su vida: el grupo Los Cuenteros. Aunque no estuvo en el debut del colectivo, entró tan pronto que se considera igualmente fundador del colectivo que luego dirigió, lideró y sostuvo por 40 años.

Desde La guarandinga de Arroyo Blanco o El extraño caso de la zorra gallina disfruté sus espectáculos que traían siempre el olor de la campiña cubana en su particular manera de proyectarse mediante el comportamiento y el decir sabichoso de los títeres, la natural y desenfadada actuación y la veta cómica, hasta hilarante, de las situaciones.

Como director, Félix “Dardo” Santos, conseguía ese estilo sea cual fuere la procedencia del texto. No olvidaré sus acostumbradas introducciones, ataviado con boina o sombrero, antes de cada función de sus montajes. Con ellas dejaba listas las coordenadas desde las que el público, infantil o adulto, debía asimilar la representación.

Parece que su condición de hijo de San Antonio de los Baños lo había flechado con el humor.

En los últimos años eslabonó una cadena de puestas en escena que recogieron bien ganadas distinciones, en especial en el Festival Nacional de Teatro de Camagüey. Entre otras Romelio y Juliana, El barrio de la Martina y Arroz con maíz, de distintos autores cubanos, son ejemplo de ello.

Pero hay un factor que me admiró más al conocer de cerca al grupo en fecha reciente. Y es cómo Dardo, junto con los de más experiencia, conseguía con “facilidad” esa marca de agua de Los Cuenteros en los jóvenes actores recién incorporados al mismo y muchas veces sin formación previa alguna; signo de su talento y dedicación.

También recordaré a Félix Dardo haciendo chistes, ese don tan particular. Animando con sus cuentos las noches de cualquier evento en provincia con su popular estilete humorístico en la punta de la lengua. Su autenticidad no será nunca vacío si Los Cuenteros mantienen y renuevan a su debido tiempo, una estética que ellos representan como nadie.

 
 
 
 
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.