La Habana. Año X.
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3 de FEBRERO de 2012

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Los danzantes del tiempo. Antología poética,
de Kamau Brathwaite
Fundando un ritmo mayor
Ingry González • La Habana

“Mi poesía es un registro de una experiencia en un contexto histórico”, refiere el escritor barbadense Kamau Brathwaite en entrevista, al responder a la pregunta de si sus poemas están creando una nueva historia. El ante todo poeta, aunque también ensayista, crítico, editor, activista cultural, historiador, maestro, se muestra humilde en su respuesta, pues su poesía viaja más allá del esencial “registro de una experiencia”. Es reflejo, pero también revalorización de símbolos, mitos y ritmos caribeños.
 

El estudio de la historia oficial y alternativa nutre toda su poesía. Como parte de sus estudios académicos exploró a fondo el concepto de negritud presentado ya desde 1939 por Aimé Césaire en su Regreso a la tierra natal. La necesidad vital del hallazgo de sus raíces orienta su obra creativa hacia la incorporación de estos saberes que se hallaban aún en proceso de emersión. Dispone que la teoría no debe preceder la expresión de su experiencia y en la práctica misma de la escritura poética irradia sus señas de identidad.
 

Un artista caribeño no puede comenzar con una teoría, con un modelo; siempre debe empezar a partir de su relación con lo que ‘está ahí’” —dice. Esta certeza es la que trae ante nosotros la antología Los danzantes del tiempo, Premio de Poesía José Lezama Lima, que se erige en prontuario de las tradiciones, el pensamiento, el arte, en fin, la cultura del espacio antillano.
 

La antología entrega una densa y variada producción poética, presentada no de manera cronológica, sino siguiendo una gradación temática. En ella se funden poemas de The Arrivants, su famosa trilogía integrada por los poemarios Rights of Passage (1967), Masks (1968) e Islands (1969), pasando por Other Exiles (1975), Black & Blues, (Premio Casa 1976), Jah Music (1986), Mother Poem (1977), Third World Poems (1983), X/Self (1987), Middle Passages (1992), y Words Need Love Too (2000).
 

Su poesía refiere la experiencia del negro: son una constante los sentimientos de angustia, frustración, alienación, denuncia, pero también están presentes la celebración de la cultura africana, el hallazgo feliz de las raíces, la vivencia de la memoria perdida y recobrada. Cada palabra es portadora de poderes secretos, está cargada de significados trascendentes que evocan los espíritus del lugar, la flora, la fauna, la topografía, los dioses. Por eso en ocasiones la sola mención del objeto es suficiente para recrear realidades.
 

Algunas figuras-signo frecuentan su poesía de manera continuada, como el tambor, quien manifiesta una presencia sagrada al punto de que “Dios es mudo hasta que el tambor habla”, o Ananse, espíritu arácnido que “destella en lo oscuro y atrapa nuestros subterráneos miedos”, a veces Ananse misma toca las fibras del tambor para hacer surgir la lengua propia, así: “se acuclilla en las puntas / de nuestro lenguaje / negro zumbido de enigmas / arrinconado ojo de fantasmas, antiguas historias / teje redobles / de tambor, plateadas madejas / redes de sonido por las aldeas”, o la libertad, el grillete, la muerte, el huracán, el limbo, la danza, los registros del saxofón, el espacio azul, “el mar por fin reconocido”.
 

Junto a estas señas de identidad, claramente entroncadas con el remoto pasado africano, Brathwaite evidencia un rico bagaje de referencias históricas, artísticas y bíblicas de origen europeo, que convierte su obra poética en una de las muestras más acabadas del sincretismo cultural.
 

Particularmente notable es la importancia que cobra la música en su estilo de escritura poética, al punto de imitar en ella un ritmo irregular que recuerda la improvisación característica del jazz o los sonidos típicos de la música folclórica africana, y que funciona igualmente como reflejo de este espacio fracturado, de este “fragmento-todo”, apropiándome ajustando el concepto de Glissant, que es las Antillas.
 

La traducción ha logrado en gran medida reproducir estos juegos sonoros y espaciales ajustándose fielmente a la métrica original y al contenido de los poemas. La labor de los traductores Adriana González Mateos y Christopher Winks evidencia dominio de los recursos retóricos y gramaticales.
 

Sabemos que la poesía es un lenguaje complejo debido a su poder de condensación. Si a esta premisa añadimos la concepción del nation-language de Kamau Brathwaite —que posibilita al poeta la comprensión y expresión de la realidad cultural del Caribe, pero que responde a una estructura de lenguaje otra donde perviven voces ancestrales, fuentes orales, que transforman la sintaxis para sugerir nuevos significados—, entenderemos la labor titánica de los traductores al enfrentarse en ocasiones a versos cuasi intraducibles.
 

Kamau lleva una y otra vez a la práctica poética la teoría de que “Fue en la lengua donde quizá el amo aprisionó más exitosamente al esclavo, y fue en el (mal)uso de esta donde quizá el esclavo se rebeló más efectivamente”, una idea que elaboró a partir de la lectura de ese ensayo fundamental de George Lamming que es Los placeres del exilio.
 

El hecho de que esta edición sea bilingüe ayuda al lector a introducirse a fondo en el texto original, disfrutando a la vez de los aciertos de la traducción.
 

Hasta el momento los acercamientos más importantes a la obra de Brathwaite realizados en Cuba han estado asociados, directa o indirectamente, a la labor realizada por la Casa de las Américas: me refiero a la edición de su poemario Black and Blues, Premio Casa 1976 en la modalidad de Literatura caribeña en inglés y creole, publicado simultáneamente en dos ediciones distintas: una en el idioma originariamente escrito (inglés), y otra en una traducción al castellano; su libro de ensayos Roots, también Premio Casa en 1986; el estudio que realiza el poeta y ensayista Roberto Fernández Retamar del poema “Caliban”, perteneciente al poemario Islands, de 1969, donde Retamar aborda cuestiones fundamentales que contextualizan la obra de Brathwaite, al legitimar no solo la asunción de la figura del esclavo de Shakespeare como sujeto revolucionario, sino también el papel de la Revolución Cubana como modelo de emancipación política, económica y cultural en la región; y por último, la presentación que realiza el investigador Félix Valdés García, en ocasión del aniversario 80 de Kamau Brathwaite y como parte del curso que busca las insondables texturas del Caribe, esa vez dedicado a Caliban y Barbados.
 

En cada uno de estos abordajes, Bratwaite se visualiza dejando las mismas huellas de Césaire, Fanon, Glissant, George Lamming, Eric Williams, Derek Walcott, Keith Ellis y tantos otros protagonistas de esta recreación, queda demostrado que sin límites ya, de las islas caribeñas.
 

De modo que solo resta conminarlos a que disfruten de este nuevo regalo de la Casa el cual, como apunta su título, nos invita a danzar en el tiempo para juntos fundar un ritmo mayor.

 
 
 
 


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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.