La Habana. Año X.
28 de ENERO al
3 de FEBRERO de 2012

Correo Canal RSS Canal en Twitter Facebook Flirck You Tube

 

BÚSQUEDA AVANZADA   . . .

ENLACES

SUSCRIPCIÓN
 
 

Entrevista con el pintor ecuatoriano Enrique Estuardo

Esa pasión por pintar nunca se ha separado de mí

Lore Martín • La Habana

Casi en la escalerilla del avión que lo conduciría de regreso a su natal Ecuador, sostuve este encuentro con Enrique Estuardo. Joven artista que al decir del Excelentísimo Señor Edgar Ponce, Embajador de Ecuador en Cuba, “aprendió a pintar antes que a hablar”. Y aquellas no fueron meras palabras dichas el pasado 6 de enero con motivo de la inauguración de la exposición El sur, Cartografías desde dentro en la Casa Oswaldo Guayasamín, porque el propio Estuardo asegura que, en efecto, empezó a hablar tardíamente “casi a los tres años, dice. Mis padres estaban muy preocupados por ese problema. Yo en cambio me sentía muy bien, pues había aprendido a comunicarme con ellos mediante dibujos. Con esos dibujos expresaba qué quería, qué sentía, en fin, todo cuanto necesitaba. No conservo ni recuerdo ninguno de aquellos que imagino serían garabatos, pero lo cierto es que fueron un excelente medio de comunicación en mis primeros años de vida”.   


"Unusmundus", de la serie Encuentros y desencuentros, 2000

Creador multilaureado y protagonista de más de una docena de exposiciones individuales y colectivas exhibidas en México, EE.UU., Chile, Argentina, Cuba y en su propio país, para Enrique Estuardo “el acto de pintar viene a constituirse en el fluir de la vida misma”. Por ello es “el ser humano como tal en diferentes circunstancias y en los más disímiles laberintos”, el común denominador en todas sus obras. Confiesa asimismo este creador nacido en las serranías del Ecuador que siempre buscó retratar en sus piezas “lo que estaba cerca, la crisis de identidad que me cercaba”. Mientras su intención ha sido siempre “remover arquetipos y así generar reflexiones sobre las escalas de valores”.

Si a los dos o tres años expresabas ya sentimientos y emociones con la utilización de dibujos, ¿puede tomarse esa época como punto de partida de la carrera como pintor de Enrique Estuardo?

No, realmente no. Aquellos eran garabatos. Sin embargo, a los seis años cuando empecé a ir a la escuela di riendas sueltas a mi pasión por la pintura. Allí sí pinté y mucho. De esos dibujos conservo algunos y considero que tienen buen nivel si se tiene en cuenta la edad que tenía entonces. En ellos se ve cierta habilidad.

Mi madre me estimulaba mucho. Ella era maestra y siempre me traía pinturas, lápices de colores, papel, para que yo realizara mis dibujos. En ese primer año escolar no atendía a la maestra porque casi todo el tiempo lo dedicaba a pintar. Mientras ella explicaba las clases yo dibujaba a mis compañeros, lo que veía por la ventana, o cualquier cosa que se me ocurría. Por esa razón la maestra consideró que todavía no estaba en condiciones de asistir a la escuela.

Mi madre, directora en aquel momento de una escuela rural cercana a una ciudad al sur de Quito, comenzó a llevarme a su trabajo. Como era en el campo, allí estaba totalmente libre y dedicaba casi todo el día a dibujar en la Plaza del pueblo. Este sitio era muy grande con piso de tierra y hacía mis dibujos de un extremo a otro. Llenaba la Plaza de dibujos. Ese era mi pasatiempo mientras mi madre realizaba su trabajo. Esa pasión por pintar nunca se ha separado de mí.

A pesar de ello fue la Arquitectura y no precisamente las Artes Plásticas la especialidad escogida en los estudios superiores. ¿Por qué?

Estudié Arquitectura y me gradué. Era la posibilidad en aquel momento, pero seguía aferrado a la pintura. Como arquitecto trabajé en zonas rurales dirigiendo construcciones y ayudando a los campesinos a construir sus propias viviendas. En esas labores me desempeñé por un tiempo hasta que tuve la oportunidad de ganarme una beca para estudiar Artes Visuales en México y dentro de ellas dediqué especial atención a la pintura porque la traía dentro de mí desde que era infante. No obstante, realicé estudios mucho más amplios que incluían fotografía, video, serigrafía, es decir, todo lo que hoy se concibe en el Arte Contemporáneo. Pero tratando siempre de que fuera la pintura el punto de partida para realizar otro tipo de cosa. Entonces, a pesar de que sea un lenguaje contemporáneo el utilizado en una instalación, en un video o igual en una fotografía, siempre será la pintura el punto de partida.

Uno de mis mayores retos cuando me gradué en esa Maestría, fue reivindicar un poco el tema pictórico, porque considero que todavía se puede conmover, se pueden decir cosas con esta modalidad artística.

¿Cuáles son las técnicas empleadas en la vasta obra de Enrique Estuardo?

La propuesta inicial fue conjugar algunas técnicas, porque incluso en muchas de mis obras está presente el grabado, las serigrafías. Es decir, ha sido una fusión de formas expresivas, aunque es el acrílico lo que básicamente he desarrollado. También tengo obras que han sido hechas en óleo, mientras otras son dibujos como tal, y de la misma manera existen algunas que son grabados sobre papel.

Se asegura que más allá de ser observadores, de percibir algún mensaje, los espectadores son observados por cada pieza salida de la creación de Estuardo. ¿Consideras acertada esa opinión de algunos especialistas?

En las pinturas, la gente siempre busca un mensaje, pero en mis obras no muestro ningún lenguaje verbal, lineal, literal. Lo que trato de buscar es lo que siente el espectador ante la pieza. Trato de transmitir emociones, que se produzca más bien un diálogo interno, emocional entre la obra y quien se enfrenta a ella antes que un mensaje que pueda ser leído. Que el espectador sienta al artista en cada pincelada, en los emplastos. Eso es, a mi juicio, la principal riqueza de la pintura.

La exposición El sur, Cartografías desde dentro, fue inaugurada a propósito del XIX aniversario de la fundación de la Casa que lleva el nombre del entrañable Maestro, también ecuatoriano, Oswaldo Guayasamín. ¿Cuál es la temática principal abordada en esta muestra?

Cartografías desde dentro es una compilación de obras realizadas a lo largo de mi carrera artística. Es la síntesis de una trayectoria recorrida. Está conformada por 14 obras hechas entre 1994 y 1996 y otras mucho más recientes que corresponden al último período. Fueron creadas en el año 2005 para una instalación de arte público. La integran además seis fotografías y un video arte.  Felizmente esta es una responsabilidad de Carina Pino Santos quien fue la gestora de esta exposición. A ella también pertenece el título de la muestr

Aunque las obras pertenecen a diferentes etapas de mi carrera, todas tienen un hilo conductor: el ser humano, el ser como tal inmerso en los más disímiles laberintos y enlazado incluso con el contexto social. La búsqueda del ser, del ser como tal.


"Evocación del medio día", De la serie México, 1996

¿Cuáles exposiciones recuerdas con más agrado?

Creo que todas, porque en todas he puesto todo mi empeño como creador, como artista. En Quito, por ejemplo, he realizado alrededor de 12 exposiciones. Igual tengo una en México, otra en Costa Rica, en Argentina, una muestra antológica en EE.UU. y ahora en La Habana, con diferentes obras.

La última exposición en Quito fue en 2009, que más bien fueron obras destinadas a una serie de instalaciones. Y lo más reciente, aunque no lo tomo como exposición, fue una intervención de arte público que se hizo en Quito. Consistió en un gran mural mediante el cual se rescató la memoria de mujeres próceres de la historia del Ecuador que no han sido reconocidas como realmente merecen.

Ese mural fue ubicado en una parte en que confluyen tres vías importantes de la ciudad. Mide 20 metros de alto por 50 de ancho, es inmenso. En su parte central está Manuela Sáenz, quien fue hecha en mosaicos de 14 metros de alto por 10 de ancho. Esta intervención es en realidad monumental. Tanto como los 32 rostros en vallas expuestos a lo largo de ocho kilómetros de carretera de la autopista General Rumiñahui, también en Quito, entre 2007 y 2008.

¿Proyectos futuros?

Cuando llegue a Quito prepararé una muestra que justamente da continuidad al trabajo iniciado con las mujeres próceres de nuestra historia, porque lo que se exhibe en el mural son reproducciones, pero estas imágenes tienen originales. Estos originales serán exhibidos en la galería de una institución muy importante en mi país, especialmente en Quito, es el Centro Cultural Metropolitano. Allí serán expuestas estas obras junto a una serie de registros fotográficos de lo que fue el trabajo del mural.

La confección del mural fue un trabajo verdaderamente complicado que se extendió por más de dos años, durante los cuales hubo que vencer serios obstáculos. La exposición será inaugurada en la galería del Centro Cultural el 18 de marzo. Para esa misma fecha y abordando el mismo tema de las mujeres próceres será publicado un libro. Se trata de una antología de todas ellas.

Para llegar a la creación de estas 11 personalidades del siglo XIX fue necesario un duro trabajo de investigación de vestuario, joyería, peinados, porque en los archivos apenas encontramos información y fue necesario entonces recurrir a la imaginación. De cualquier manera resultará un trabajo muy interesante.

¿Qué impresión te llevas de La Habana en esta tu primera visita?

A mi juicio, La Habana es un centro de cultura que está en movimiento, que está surgiendo, que está saliendo de la crisis. La gente es alegre y considero que eso es importantísimo para poder llevar adelante el proceso que se han propuesto. Como también es importante el hecho de que la gente cree, confía en lo que hace. Es una ciudad magnífica, monumental, es ciertamente un Patrimonio de la Humanidad. Sin embargo, me produce nostalgia, mucho dolor, que debido a un uso inadecuado lleguen a destruirse algunas instalaciones, que puedan perderse muchos elementos arquitectónicos de gran valor.

Medalla de Oro, Premio por Excelencia Artística, Medalla Doctor Vicente Rocafuerte al Mérito Artístico otorgada por el Congreso Nacional de Ecuador, Primer Premio en la Segunda Exposición Iberoamericana de Arte Religioso en Nueva Cork, en esta propia ciudad Premio Grant conferido por la Fundación Pollock the Krasner…, figuran entre otros muchos en la larga lista de lauros conquistados por Enrique Estuardo a lo largo de su carrera artística. Y aunque en su opinión los galardones son en realidad un reconocimiento a la labor realizada por un artista, considera igualmente que existen otras maneras de reconocer el quehacer de un creador. “Cuando se me pidió, por ejemplo, que hiciera el mural en aquella céntrica zona de Quito, fue un reconocimiento, un premio muy importante porque en esa como en otras obras,  se me ha dado la libertad de crear, de interpretar”.

Asimismo confiesa, no sin tristeza, no contar todavía con el Premio más ansiado por cualquier artista: el reconocimiento popular, porque, afirma, “entrar en el imaginario popular es muy difícil”. Ello obedece según su criterio a que “penosamente en buena parte del mundo el arte serio está dirigido todavía a cierto público. Por desgracia, en Latinoamérica la educación no es lo suficientemente abarcadora como para permitirle a la población tener acceso a disfrutar de una obra de arte, de un concierto de música clásica, de una función de ballet, porque no lo entienden, no cuentan con las herramientas para entenderlo”.

Y con la certeza de que ya en su Ecuador se dan pasos seguros que coadyuvarán a la obtención del galardón más anhelado, a Enrique Estuardo le resulta muy gratificante el hecho de “que la gente se sintoniza cuando se inaugura una muestra, siente algo, se emociona con lo que ve. Eso es para mí muy alentador”.

 
 
 
 
ARTÍCULOS RELACIONADOS:

Sobre identidad, transparencias
y fugacidades
Al encuentro con la obra de Enrique Estuardo

Carina Pino Santos

.
© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.