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3 de FEBRERO de 2012

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Jorgelina Cerritos, jurado en la categoría teatro
De lo humano y lo latinoamericano
en el teatro de hoy
Mabel Machado • La Habana
Foto: R. A. Hdez.

Jorgelina Cerritos ha experimentado a veces la sensación de vacío que embarga a Dorotea, un número en los censos, una anciana sola que no sabe por qué vivir y qué buscar en el mundo. Jorgelina Cerritos la dramaturga alimentó al personaje en la obra Al otro lado del mar, y constató que su odisea personal podía reflejar el drama de muchas mujeres en El Salvador. Jorgelina Cerritos la actriz no fue, sin embargo, la primera en llevar a Dorotea a las tablas. Al anunciarse el Premio Casa de las Américas para la pieza en 2010, su grupo, Los del quinto piso, se encontraba en un rumbo de exploración diferente.

“Nos denominamos un grupo de procesos largos, no cambiamos de espectáculo cada semestre. Víctor Candray, el director, sentía la necesidad de madurar más en su carrera para enfrentar un texto de la magnitud de este, diferente de los otros que hemos estrenado, que han surgido de un proceso de exploración bilateral entre actor y director/dramaturgo. Para Víctor esta es la mejor obra que he escrito y le seduce enormemente la idea de dirigirla, pero coincide con los dos actores, en que las vidas internas de los dos personajes de la pieza tienen que ser representada por actores que estén cercanos a la edad y la vivencia humana de los personajes. Dorotea es una mujer al borde de la jubilación, y Pescador es un hombre al borde de los 40 años, y nosotros estamos lejos de la carga individual y de conocer el peso de la vida que debieran aproximarnos a los personajes.

“Tuvimos la oportunidad de ver Al otro lado del mar en escena por otro grupo. No sucedió de inmediato que algún director se acercara para montarla. Tal vez esto tuvo que ver más con los procesos de cada grupo. Roberto Salomón, quien finalmente se encargó de estrenar la pieza, es el director artístico de un teatro independiente en El Salvador. Él mismo escogió los actores y lo consultó conmigo, pero la programación de su grupo en carteleras es de corta duración, y las piezas no se mantienen en constante presentación al público. En ese sentido, una obra no crece, no se desarrolla hasta donde puede llegar, apenas comienza a agarrar forma cuando ya se tiene que guardar. En aquel momento, la obra tuvo impacto, pero como su paridora, creo que merece una vida escénica más prolongada y constante.”

¿Esta conclusión suya tiene que ver con el hecho de haber sometido la obra a un proceso de “evaluación” a través de lecturas públicas?

Tiene mucha relación. Haberme dedicado a un proyecto de teatro leído fue muy importante para mí, porque me di cuenta del diálogo efectivo que se lograba entre el público y los personajes. La gente la recibió y se identificó muy bien, la expectativa para el momento del estreno fue muy grande, mucha gente que la fue a ver, la había escuchado antes. Estamos convencidos de que la gente también comprará el libro cuando se publique este febrero en El Salvador, porque ha gustado mucho. Las lecturas fueron un termómetro que de una u otra forma logró medir la empatía entre los personajes, la dramaturgia y el público, por lo que creo que la pieza puede dar mucho más, crecer de otro modo y ser montada en otro momento por elencos distintos o por el propio grupo Los del quinto piso.

I

Jorgelina Cerritos, la mujer, ha escrito sobre Dorotea porque le preocupa la situación de desigualdad que enfrentan las mujeres en una sociedad machista como la de su país. Jorgelina Cerritos, la salvadoreña, compara el desconcierto de su personaje con el de una nación que prefiere olvidar su pasado a vivir con él. Jorgelina Cerritos, la Premio Nacional de Teatro Infantil y Premio Nacional de Dramaturgia, considera que las diferencias de género (un tema recurrente en el teatro contemporáneo y horizontal en la producción latinoamericana más reciente), así como la revalorización de la memoria histórica, son dos grandes temas dentro de la dramaturgia actual.

“Una de las líneas que el teatro debe abordar es la de la mujer en todas sus voces y edades posibles, en todos sus conflictos, los que decimos y los que no. En ese sentido, la dramaturgia y el hecho escénico, están ahí para enfrentar a la mujer con la misma mujer, al hombre con la mujer, a la mujer dentro de la sociedad.

“Personalmente puede verse hasta el momento que mis obras llevan un hilo conductor con el tema femenino. En mi teatro para niños está presente: por mucho que parezca un juego, para Antonia, una niña de diez años, es importante luchar por su derecho a jugar y no solo dedicarse a los encargos domésticos que le han enseñado como propios de las mujeres. Desde esas ideas, que pueden parecer muy lúdicas, distantes del “gran tema”, estamos conformando la mujer futura. Así sucede con las intenciones que atraviesan a las diferentes mujeres que aparecen en mi dramaturgia, porque todos los días y en cada momento (la calle, la escuela, los medios, etc.) escuchamos la voz masculina.

“Tener espacios artísticos para obligar a escuchar la voz de la mujer actual que necesita expresarse y transformar la realidad para hacerla más justa, más equitativa, es necesario y vital. Me encuentro en esa consonancia con otras mujeres que están tratando de decir lo mismo en diferentes lugares, entonces no se trata de una necesidad individual, sino de un fenómeno cultural latinoamericano y universal. En la medida que desde mi voz pueda aportar a la visibilización de la mujer en sus diferentes contextos, seguiré trabajando el tema.

¿Cómo valora el desfasaje temporal que existe en el tratamiento de la violencia política, el gobierno militar o el tema de los desaparecidos,  con respecto a lo que viene ocurriendo desde  hace años en otros  países como Argentina y Chile?

He pasado tiempo pensando que nos hemos tardado en abordar estos temas, pero en los últimos meses —quizá porque me he visto ya escribiendo sobre ellos y he presenciado espectáculos que hablan de lo mismo— he concluido que no estamos tarde, sino que apenas estamos despertando la necesidad de tratar el tema de la memoria desde un plano artístico.

Tal vez, unos diez años atrás, cuando estaba tan fresca aquella situación, el lindero entre lo artístico y el panfleto podía ser muy frágil. Ahora nos distanciamos más, estamos celebrando ya los 20 años de los acuerdos de paz. En este momento, mi generación está madurando la palabra y la poética artística. Estamos en el justo momento para abordar estos temas.

Habrá que pensar más todavía si esto es algo que nos va a mover, puesto que hemos sido una sociedad bombardeada por la consigna de que el pasado debe dejarse atrás. Somos una sociedad que se ha conducido a pensar así, al punto de que la gente se expresa de manera indiferente ante el asunto de la guerra, como si no tuviera ningún nexo con lo que sucedió. Perdernos puede ser muy fácil, ojalá asumamos nuestra responsabilidad, nuestro compromiso artístico social en esa temática, porque indiscutiblemente tenemos que ser registro de esa memoria histórica, de ese ejemplo de lo que no queremos que se repita.

No abriremos heridas, porque las heridas no están cerradas. Basta ponernos  hablar un poquito y se nos llenan los ojos de lágrimas, se nos quiebra la voz; mucha gente se niega a hablar justamente porque le duele aquel hijo que nunca apareció, aquel que nunca pudieron enterrar, aquella mujer que dejó a sus hijos. Las heridas están ahí esperando curación.

II

Jorgelina Cerritos, hasta llegar a la edad del retiro como Dorotea, trabajará en el teatro. Solo que el teatro en El Salvador no recibe subvenciones del gobierno, no ofrece estudios superiores ni cuenta con salas suficientes para mostrarse.

¿El hecho de producir teatro independiente de las estructuras que pueden facilitar presupuestos, implica también la asunción de un concepto de teatro independiente desde la propia preparación de los textos y las puestas en escena?

Tal vez en El Salvador nos llamamos grupos independientes por un deseo de posicionarnos como tal, por evidenciar la situación del teatro en un país donde no existe un teatro estatal, ni una compañía nacional o una escuela nacional de teatro. Lo decimos como estandarte de nuestro esfuerzo.

“Hago teatro independiente” significa que hago teatro sin ningún tipo de apoyo económico para una producción, para un alquiler de un espacio para ensayos, e incluso sin habernos formado profesionalmente con nivel superior dentro de nuestro país.

No quiere decir que en El Salvador no existan espacios para el teatro, pero estos son mayormente eventos que duran muy poco. Durante la Muestra Nacional de Teatro, financiada por el estado, el público puede vernos sin costo alguno o con un costo simbólico. Esos espacios existen, pero son proyectos muy puntuales de compra de funciones que benefician al público fundamentalmente.

Independiente significa que somos nosotros mismos quienes trabajamos por nuestras producciones, por nuestras ideas artísticas (no preconcebidas o impuestas). Significa que hemos conseguido un espacio prestado para trabajar o lo pagamos de nuestros bolsillos. Significa que nos autogestionamos temporadas. Significa también a veces llevar nuestro público al teatro.

Significa además competir con una dinámica comercial de entretenimiento que es mucho más atractiva…

Efectivamente. El Salvador no tiene demasiado movimiento cultural. En San Salvador solamente tenemos tres salas de teatro, una de ellas independiente. Esos tres lugares son los que llevan la oferta teatral de toda la cuidad a lo largo del año. Se da el caso de que los grupos buscan espacios alternativos para presentarse, alquilan otros auditorios, van a las escuelas, etc., pero la escasez de los espacios fijos atenta también contra la difusión de nuestro trabajo.

III

Jorgelina Cerritos recibió el Premio Casa de las Américas gracias a Dorotea y ahora la Casa le ha pedido que venga a Cuba como jurado del certamen literario. A partir de los textos que ha podido leer y sus diálogos con otros dramaturgos de la región en los días del Premio, identifica algunos de los rasgos predominantes en las propuestas de los latinoamericanos para la escena hoy.

“Nos ha llamado la atención la diversidad de temáticas: algunas llevan una carga evidentemente política, otras se ocupan de manera más general sobre los temas sociales, algunos abordan las cuestiones de pareja o familia disfuncional. En cuanto al estilo, sobresale el absurdo, las situaciones que juegan con el receptor haciendo pasar unas ideas por otras, etc.

“Por otra parte, la naturaleza del teatro que se está escribiendo es predominantemente realista, naturalista, que dice las cosas tal y como son, sin buscar recursos demasiado poéticos para contar la anécdota. En este sentido, predominan las historias de vida cotidiana.

“Se debe hacer notar que participaron muchas mujeres en el concurso, algo que ha celebrado muchísimo el jurado.

“En general ha sido muy interesante escuchar las voces de Latinoamérica y reconocer cómo cada quien tiene su propia mirada, pero de una forma u otra todos hablamos en los mismos términos.”

El reflejo de lo cotidiano, la aparición de un mayor número de personajes “naturales”,  ¿pudiera apuntar hacia la posibilidad de una mayor incidencia artística y social de las formas de teatro más barriales, del teatro comunitario, de las dinámicas de participación y educación popular?

Podría decirse que sí en el sentido de que el personaje, entre más cercano a la realidad, tiene menos significados que revelar y una fácil entrada o empatía con el público, que se ve reflejado en él.

Mi experiencia con Los del quinto piso tanto en El Salvador, como en los otros países donde hemos actuado (muchas de esas funciones se han dado en comunidades) es que, si bien al principio pareciera que lo que hacemos no va a entrarle a la gente tan directamente como otro tipo de teatro, al final la gente se sienta con nosotros y comienza a exponer sus propios códigos para descifrar, para traducir lo que está viendo en escena. La gente de repente se da cuenta que un personaje aparentemente simbólico y alejado de él o de ella, tiene con él conflictos en común. Es otro nivel de abstracción para la gente, pero no alejado de la gente. Son canales distintos. No es imposible llegar a la comunidad, al teatro popular, por una vía más simbólica, porque la gente está en su plena capacidad de desentrañar códigos y darles sus propios significados a las escenas, sobre todo porque independientemente de la poética, lo que está viendo en escena es humano y le está hablando de problemas humanos. Si eso se logra, siempre llega el momento del encuentro, o al menos eso es lo que tenemos que pretender.

 
 
 
 


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Edición 53 del Premio
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1478 MB, exposición de la artista cubana María Magdalena Campos Pons

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Casa, Vida, Arte
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La Casa de nuestra América (Aniversario 50 de Casa de las Américas)

 

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Un certamen que se rejuvenece
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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
ISSN 2218-0869. La Habana, Cuba. 2012.