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Estimados amigos:
Eduardo Galeano está con
nosotros. Y el Centro
Onelio, que lo recibió
en su última visita hace
más de diez años, y
escuchó en aquella
ocasión una inolvidable
charla, envuelve en un
abrazo fraterno a este
extraordinario escritor:
narrador, periodista,
gran maestro del cuento
breve, poeta de la
prosa, uruguayo
universal, que
nuevamente se reúne con
nuestros alumnos para
regalarnos el placer de
su palabra.
Ayer, al arribar a
nuestra Patria, Eduardo
afirmó: “Siento que
vuelvo sin haberme ido.
Cuba siguió siempre viva
dentro de mí”. Para
nosotros tampoco tú te
fuiste nunca, y si de
algo me siento orgulloso
—y perdónenme la alusión
personal— en una amistad
que dura ya más de 40
años, es que en cada
encuentro nuestro por
los caminos del mundo
siempre traté de
mantener eternamente
viva la imagen, el
afecto y la emoción de
Cuba y los cubanos por
tu ejemplo de dignidad,
de fidelidad a los
principios y coraje
intelectual.
Aquí estamos entonces,
querido Eduardo, en
nuestro Centro, casa de
los jóvenes narradores
cubanos, donde según tus
propias palabras: “Me
consta que aquí se
enseña aprendiendo y se
aprende enseñando, en un
vaivén fraternal y
creativo que hace
posible el libre vuelo
de las palabras”.
Queridos amigos:
Los dejo con el libre
vuelo de las palabras de
Eduardo Galeano. |